México

México

Banda “Los Panchitos”: Antecedentes socioeconómicos

0
Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival
Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival "Los Buk." Fotos: Cortesía del autor.

En los años 70s a nivel mundial se llevaron cambios en todos los sentidos, alcanzando éstos a los adolescentes y jóvenes en la búsqueda de nuevas oportunidades en los campos laborales, estudiantiles, culturales, etc., siendo los movimientos estudiantiles los más activos.

En México los movimientos no se podían quedar atrás, y en el año 1968 ocurren con el fin de pedir la desaparición del cuerpo de granaderos por ser un grupo de la policía que en lugar de ser preventivo era represor, pues en esa época ser joven era sinónimo de delincuente.

Dicho movimiento tuvo su máxima expresión del mes de julio al mes de agosto de 1968, el cual culmina con el movimiento estudiantil que trajo como consecuencia una matanza el 2 de octubre, lo que significó un parteaguas en la vida política del Estado.

Así es como la experiencia que dejó la organización de los jóvenes de esa época se traslada a las colonias populares que van creciendo en los llamados cinturones de pobreza ubicados a las orillas de la gran ciudad de México, mientras que en el sur poniente surge una forma nueva de organizarse de los “chavos”. Sin embargo, éstos fueron reprimidos por la policía por el simple hecho de ser pobres y tener el gusto por la música de rock.

Estos jóvenes representaban a los hijos de familia que venían del interior de la república en busca de mejores oportunidades para tener un estilo de vida digno. Sin embargo, se van dando cuenta que al llegar a la ciudad a sus padres los vejan sin darles la seguridad a la que la policía estaba obligada, y es cuando como un grito de protesta y rebeldía surge la banda conocida inicialmente como los “Sex Panchitos”, y que posteriormente se limita únicamente al nombre de “Los Panchitos”, movimiento que confronta al Estado represivo de las autoridades y la sociedad en general en esos tiempos.

Parte 2: ¿Cómo nace la Banda Los Panchitos”?
Parte 3: Formación y trayectoria de José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”
Parte 4: ¿Qué motivó el surgimiento de la Asociación Movimiento el Hacha

En Empalme, Sonora, esperando “El tren de los sentimientos”

0
La entrada a Emplame, Sonora, México, en donde se encuentra el Monumento al Centenario de Empalme 1905-2005. Foto: Especial
La entrada a Emplame, Sonora, México, en donde se encuentra el Monumento al Centenario de Empalme 1905-2005. Foto: Especial

Empalme, Sonora, es un pueblo tranquilo a la orilla del mar. Es espiritual. Mágico. Se deja llevar, desde que recuerdo, por las influencias sagradas que sopla por sus calles -muchas sin pavimentar- la brisa marina.

Hace tiempo, los empalmenses recibían la creencia y también la incredulidad, que traían a bordo del tren, los cuentos y las anécdotas de los ferrocarrileros, que ahí tenían el taller general más importante de México.

Los empalmenses siempre hemos sido receptivos. Platicadores. Vivimos la conversación. Somos diferentes a los del Macondo-pueblo-imaginado por el ex cronista de cine García Márquez, pues los empalmenses, vivimos y los que han muerto, han alcanzado la muerte de tanto vivir. Empalme es real.

Hasta la fecha, al caer las tardes, salen de sus casas y se instalan enfrente, simplemente para platicar y mirar, quién, quiénes y con quién, vienen o van las muchachas y muchachos, los señores y las señoras.

Es costumbre también, en días de verano fresco-húmedo, quedarse entrada la noche platicando, y de esa vigilia, habrá “material” para los comentarios al día siguiente: “fíjate que regresaron ya después de las once… y él venía desfajado y ella, con los zapatos en la mano…”

Empalme es un pueblo sano. Los pobladores todavía platican entre ellos. No los ha chingado la televisión ni los ha hipnotizado el o la Internet. Lo que si practicamos, es la “interneta”: estamos dedicados históricamente, a la neta de lo interno. Lo profundo, lo que vale. Por algo, ahí se fraguaron movimientos sociales que hoy son parte de la historia: la huelga ferrocarrilera de 1959, y el Movimiento Armado Revolucionario. De este último, estuve con ellos en la escuela.

Desde niño, este reportero, se dio cuenta que los viejos -“los jubilados”- les dicen, escogen sus esquinas favoritas donde esperan a los amigos y a la dama misteriosa que les llevará, en el último tren resoplando memorias, y llorarán los que se queden, suspirando al imaginarse que ese tren regresará por alguno de ellos, y miran con la vista cansada, hacia el lado donde termina el cerro y por donde da la curva del tren hacía lo que le llaman, “piedra volada”.

Hace años, durante el tiempo de la actividad frenética del tren de pasajeros, “los jubilados”, se reunían en las bancas del sindicato ferrocarrilero o al cruzar la calle, en el restaurante de “La Guille” Ocampo, otros en la Plaza Centenario o en El Tinaco, que fue un recipiente gigante para guardar agua para el pueblo y para el ferrocarril -monumento único en la República- pero todos coincidían en una ceremonia inolvidable, que se quedó marcada en las lozas de la memoria de este reportero: entre la 1 y 2 de la tarde, (los ex ferrocarrileros de distintas épocas dicen aún “las trece y las catorce”), caminaban con la rapidez que sus edades les permitían, hacia la estación del tren, que era una bellísima casona de madera de “machambre” pintada parcialmente de amarillo, con techo negro y pisos de madera desigual, hinchada por los años y por las pisadas de muchos que ya no caminan.

Me causaba curiosidad que al piso de la estación, lo untaban de “chapopote”, -petróleo crudo rebajado traído de los talleres-, que esparcían con unas estopas pegadas a un grueso palo cilíndrico quedando muy brillante y renegrido, y la última pasada, apurados los trabajadores, se la daban a los pisos cuando se escuchaba a lo lejos el pitido de la máquina ferrocarrilera, anunciando su llegada, aviso que todo el pueblo podía escuchar.

Y “los jubilados”, al escuchar el resoplido del tren en la curva del hospital hacia el sur, o adelante de la curva del cerrito, hacia el norte, algunos se agachaban pisando sus cigarros sobre los maderos negros, movían de un lado a otro la punta de su zapato sobre la colilla, se ajustaban sus pañuelos rojos sobre sus cuellos, luego, casi a un mismo tiempo, ponían la mano izquierda atrás de las “cachuchas” ferrocarrileras de mezclilla con rayas blancas y con la derecha, un jalón firme y rápido de la visera terminando el ajuste a sus cabezas, y se iban cruzando la primera fila de rieles y caminaban a un lado de las grandes moles de hierro, con el único afán de esperar que terminara de frenar, resoplando, y ver quién llegaba o quién se iba, “o qué noticias hay de ‘fulano de tal’, que lo internaron en el hospital ferrocarrilero en Guadalajara”.

Había mucho movimiento cuando llegaba el tren, aunque en el pueblo esos años, tenía algunos 13 mil habitantes.

Una media hora después de la llegada del convoy, luego que se cargaba principalmente agua, hielo y los bolsones del correo, ya los pasajeros acomodados y algunos de última hora tomados de la barandilla de las escalerillas, la máquina resoplaba una vez más como un gigante esforzándose, y pitaba con nostalgia para unos y alegrías para otros y con lentitud, la mole empezaba a moverse muy despacio: “ta-ca-taca… tuchú-tuchú, taca-taca-taca-taca”, y al cruzar la calle donde los rieles siempre me parecieron que estaban ladeados a un costado del restaurante El Danubio Azul, se veían uno o dos ferrocarrileros, tomados de una mano de la “agarradera” de hierro y los dos pies firmes en la escalerilla del último vagón, con el brazo izquierdo alargado, mientras que al derecho en cuya mano llevaba un guante de cuero grueso, le daba vuelta como abanico, señalando al maquinista, para que le diera velocidad al gigante rodante de hierro.

La expresión de los viejos rieleros, al irse el tren, cambiaba. Sus caras se ponían serias. Ya no hablaban tanto. Sus manos, tan elocuentes que acentuaban las anécdotas antes, ahora las llevaban metidas en las bolsas de sus pantalones “overol” de mezclilla y otros, sobre sus pecheras. Sus cabezas agachadas, su vista enfocada en el suelo, su caminar aún mas lento que hacía que hasta las cadenas de sus relojes reglamentarios que muchos ex ferrocarrileros siguen sujetando a su cinto, casi ni se movieran.

Era como que la partida del tren, al que con alegría fueron a recibir, se convertía en una señal de despedida. Despedida de sus vidas. Anunciándose a ellos mismos, que en la estación del tiempo, se acercaba el horario de la llegada de su último tren. Y no sólo la llegada: la salida del último viaje en el bellísimo tren de los sentimientos. Y ese magnífico ferrocarril de luces y paz, nunca ha salido del pueblo: rueda en rieles que no son de acero, y vaga por calles y callejones de mi pueblo mágico, repartiendo flores a sus hijos, en forma de recuerdos…

Tlatelolco 1968: Cómo matar un movimiento social – 3

0
Esta fotografía de un autor anónimo muestra al parecer a miembros del Ejército Mexicano sobre la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. A la derecha se ve el edificio “Chihuahua”, en donde sucedieron muchos de los hechos relacionados a la matanza de estudiantes la noche del 2 de octubre de 1968..
Esta fotografía de un autor anónimo muestra al parecer a miembros del Ejército Mexicano sobre la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. A la derecha se ve el edificio “Chihuahua”, en donde sucedieron muchos de los hechos relacionados a la matanza de estudiantes la noche del 2 de octubre de 1968.

→ continúa…  La cercana e inminente celebración de los XIX Juegos Olímpicos en México, vino a representar un poderoso símbolo tanto como para el gobierno como para los estudiantes, pero con significado diferente. Para el estudiantado, celebrar un evento deportivo y cultural de gran resonancia mundial y millonaria infraestructura en México, era una escandalosa paradoja. Ellos comprendían que mientras el gobierno trataba de dar una impresión de progreso al resto del mundo, éste había fallado al pueblo en cumplir con las necesidades más elementales de vivienda, servicios del cuidado de la salud y educación básica.

Por su lado, el gobierno deseaba aprovechar la oportunidad de ser el anfitrión de los juegos de verano para poner a México en el mapa del avance económico y la prosperidad. Por tanto, Díaz Ordaz percibió el movimiento estudiantil no sólo como una amenaza a su poder absoluto, una afrenta a su autoridad, y como un problema serio, sino también como una pésima imagen en los precisos momentos en que los ojos del mundo se posaban sobre México.

Los estudiantes, persuadidos, se concentraban en obtener una solución al conflicto, por tanto y en medio de golpes y opresión, las peticiones del Comité Nacional de Huelga se centraban en los agentes y el mecanismo de esa represión: la liberación de los presos políticos, reformas al código penal, abolición del cuerpo de granaderos, renuncia de los jefes policíacos, investigación de los abusos y los actos de brutalidad, y la liberación de las instalaciones educativas tomadas por el Ejército. Al exigir esto en su pliego petitorio, los estudiantes demostraban que aún reconocían la autoridad del gobierno y que precisaban de su intervención para satisfacerlas. De hecho, el movimiento pedía esencialmente el reconocimiento de los derechos constitucionales y garantías civiles, no respetadas por el gobierno.

Las fuerzas evolutivas del movimiento estudiantil dieron lugar a un ente de lucha más fundamental y definido, la cual vino a centrarse en el malestar social generalizado por cómo se habían ordenado las prioridades económicas del pueblo y de forma distorsionada por la elite gubernamental. Los millones gastados en una fiesta olímpica en medio de millones de hambrientos y desempleados era una terrible discrepancia entre las verdaderas y urgentes reformas sociales de los mexicanos. Y eran, para colmo del gobierno despótico de Díaz Ordaz, quien quería dar una impresión de país progresista y una falsa nación moderna y democrática, los jóvenes estudiantes quienes encabezaban la protesta.

"A LOS COMPAÑEROS CAÍDOS…” En el lugar donde sucedió la masacre estudiantil de 1968, un monumento erigido en la Plaza de las Tres Culturas en 1993 conmemora a las víctimas del 2 de octubre. Foto: Eduardo Barraza Barriozona Magazine © 2007
“A LOS COMPAÑEROS CAÍDOS…” En el lugar donde sucedió la masacre estudiantil de 1968, un monumento erigido en la Plaza de las Tres Culturas en 1993 conmemora a las víctimas del 2 de octubre. Foto: Eduardo Barraza Barriozona Magazine © 2007

Ante tal divergencia, el movimiento se avocó a tratar de quitar la careta de hipocresía y falsedad de democracia simulada del gobierno, y creó una cultura juvenil de protesta y descontento ante la falta de oportunidades de superación. Los estudiantes se dieron cuenta de sus limitaciones sociales para abrirse paso en una sociedad, a menos que pasaran a formar parte de la maquinaría oficial y corrupta del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que los tenía en esa situación en primer lugar. Finalmente, estos jóvenes comprobarían en su propia carne, que cuando no hay alianza con el monstruo represivo del poder, el monstruo aplasta sin clemencia.

El fracaso momentáneo de los métodos represivos del gobierno, y el inminente comienzo de los Juegos Olímpicos, le llevaron a tomar la decisión terminante: utilizar la violencia a gran escala. Su ultimátum fue perpetrar una masacre brutal en contra de la multitud indefensa y desarmada que se había reunido para un mitin pacifico en la Plaza de las Tres Culturas, en la unidad habitacional de Tlatelolco. Ese evento bien planeado sucedió el fatídico 2 de octubre de 1968, sólo diez antes del comienzo de la olimpiada. Todas las tácticas de disuasión que no le habían funcionado al gobierno en contra de los estudiantes, la obtuvo mediante la fuerza bruta y terminante.

Esa acción masiva ejecutada por la operación conjunta del ejército y la fuerzas paramilitares, no sólo causaron la muerte de lo que se estima fueron cientos de personas y miles de heridos; también provocó que cundiera el terror entre los estudiantes y la población en general, y principalmente que el movimiento estudiantil se desarticulara mortalmente. Así, el estruendo de las armas de alto calibre acalló las voces de disensión y mató de golpe la organización de los estudiantes.

Mes y medio después de la matanza, el CNH pidió a los estudiantes que regresaran a clases. Muchos dirigentes se encontraban presos o desaparecidos. Los nuevos líderes carecerían de la cohesión ideológica para volver a revivir el movimiento. Su pensamiento de acción giraría solamente alrededor de realizar marchas multitudinarias y manifestaciones, mismas que los sangrientos acontecimientos del 2 de octubre de 1968 habían demostrado su impotencia y su ineficacia.

Las olimpiadas se celebrarían en el marco de miles de palomas blancas revoloteando, símbolo de paz aparente y yuxtapuesto a una lucha muerta y a un luto sofocado.   Regresar a la Página 1 | Página 2

Tlatelolco 1968: Cómo matar un movimiento social – 2

0
Carteles como este de apoyo al movimiento estudiantil de 1968 denunciaban a las fuerzas del orden del gobierno como responsables de la represión en contra de los estudiantes. Imagen: “La policía y el ejército a tus mejores hijos, 1968”. Xilografía creada por autor anónimo.
Carteles como este de apoyo al movimiento estudiantil de 1968 denunciaban a las fuerzas del orden del gobierno como responsables de la represión en contra de los estudiantes. Imagen: “La policía y el ejército a tus mejores hijos, 1968”. Xilografía creada por autor anónimo.

→ continúa…   El antagonismo entre centros educativos rivales —vocacionales y preparatorias, semilleros del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) respectivamente— que había causado las peleas entre estudiantes que dieron existencia al movimiento, paradójicamente se desvanecería por la necesidad común de unirse a un frente único. Su disparidad se canalizó de esta manera en una cooperación inter-estudiantil para enfrentar la represión de la que ambos bandos eran víctimas.

Los intentos unificados de sistematizar el movimiento formalmente dieron lugar a la formación del Comité Nacional de Huelga (CNH). Mediante esta estructura organizacional, los mítines, las protestas, y las huelgas estudiantiles, se convirtieron en el principal método de acción para confrontar las acometidas del gobierno de Díaz Ordaz y del regente de la Ciudad de México, Alfonso Coronal del Rosal, aliado del presidente. Mediante la dirección del CNH, el fuego del movimiento se propagaría a incorporar a un total de 128 escuelas y 250 representantes.

El Comité dio forma y rumbo al movimiento. Lo transformó de una serie de protestas desunidas en una verdadera fuerza social. Escuelas públicas y privadas formaban parte de esta comisión que estableció comités de lucha y brigadas de acción. Miembros de la Izquierda y de la oposición se adhirieron por igual. Mediante las acciones organizadas de la junta estudiantil, el mensaje de su causa comenzó a llevarse a la opinión pública a través de la creación clandestina de pósteres, panfletos, y de discursos callejeros. La organización estudiantil seguía principios democráticos en la forma de libre asamblea, libre expresión, y democracia participativa.

El gobierno autoritario, sin embargo, no reconoció estos elementos democráticos, ni mucho menos los respetó. El progreso y las tácticas del movimiento, representaron un desafío serio y directo para el gobierno, que a pesar de su actitud represiva no podía detener el auge que los estudiantes estaban tomando. Díaz Ordaz, en su informe de gobierno ese septiembre de 1968, dejó en claro que no toleraría ni permitiría que los estudiantes siguieran retando su gobierno, su orgullo y su exigua paciencia. Tajantemente, no habría negociación.

MORDAZA La represión del gobierno al movimiento estudiantil, particularmente con la masacre del 2 de octubre fue representada por dibujantes anónimos —en carteles populares como este— como una censura a la libre expresión.
MORDAZA La represión del gobierno al movimiento estudiantil, particularmente con la masacre del 2 de octubre fue representada por dibujantes anónimos —en carteles populares como este— como una censura a la libre expresión.

A través de un método de liderazgo plural, rotativo y cambiante, el Comité de huelga impidió a las autoridades identificar a un sólo dirigente a quien dirigir sus represalias. Lamentablemente, este criterio de liderazgo múltiple utilizado para comandar el movimiento, se convertiría después en su propia penitencia. A pesar del éxito temporal de este estilo de dirigencia, los arrestos y las torturas continuaron en prejuicio de todo sospechoso que caía en manos de la policía; ser estudiante equivalía a ser subversivo y agitador. El gobierno, aunado a unos medios de comunicación amordazados o vendidos, trató de pintar el movimiento como el de un grupo estudiantes inconformes que eran usados por fuerzas extranjeras subversivas y comunistas.

No obstante los intentos de las autoridades para extinguir la flama de la lucha estudiantil, ésta se avivaba y ganaba más adeptos a las filas de su atrevida militancia. Muchos ciudadanos de la población en general comenzaron a sentirse atraídos debido al descontento popular predominante, y a simpatizar con el arrojo de los estudiantes. Otros muchos coincidieron en señalar que el movimiento estudiantil era la oportunidad para generar un profundo cambio social en México. Así, lo que significó una pesadilla local para el gobierno de Díaz Ordaz, se convirtió en un anhelo nacional de cambio.

La cercana e inminente celebración de los XIX Juegos Olímpicos en México, vino a representar un poderoso símbolo tanto como para el gobierno como para los estudiantes, pero con significado diferente. Para el estudiantado, celebrar un evento deportivo y cultural de gran resonancia mundial y millonaria infraestructura en México, era una escandalosa paradoja. Ellos comprendían que mientras el gobierno trataba de dar una impresión de progreso al resto del mundo, éste había fallado al pueblo en cumplir con las necesidades más elementales de vivienda, servicios del cuidado de la salud y educación básica.

Por su lado, el gobierno deseaba aprovechar la oportunidad de ser el anfitrión de los juegos de verano para poner a México en el mapa del avance económico y la prosperidad. Por tanto, Díaz Ordaz percibió el movimiento estudiantil no sólo como una amenaza a su poder absoluto, una afrenta a su autoridad, y como un problema serio, sino también como una pésima imagen en los precisos momentos en que los ojos del mundo se posaban sobre México. → Sigue leyendo… Continúa en la Página 3 | Página 1

Tlatelolco 1968: Cómo matar un movimiento social

0
Soldados y tanques del Ejército Mexicano en el Zócalo de la Ciudad de México durante el movimiento estudiantil de 1968.
Soldados y tanques del Ejército Mexicano en el Zócalo de la Ciudad de México durante el movimiento estudiantil de 1968.

La historia es conocida ampliamente: lo que llegó a constituirse en un movimiento social de grandes y trágicas proporciones en México, se gestó a raíz de un irrelevante pleito callejero entre estudiantes de escuelas rivales. El Movimiento Estudiantil de 1968 en la Ciudad de México comenzó de esa manera: violencia a una escala menor, y degeneró en una masacre de proporciones atroces. Hoy, a casi cuatro décadas del sanguinario 2 de octubre de 1968, los hechos que tiñeron de sangre la Plaza de las Tres Culturas permanecen aún en la consciencia social de los mexicanos como un hecho irredimible.

En su intento por mantener el orden social y la estabilidad política, la presidencia del mandatario Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) tomó una decisión drástica que cumplió con su nefasto propósito: matar el movimiento estudiantil. Su respuesta letal en contra de una multitud de jóvenes marcaría para siempre a la sociedad mexicana con una de las más brutales acciones de represión gubernamental en contra de civiles desarmados.

El uso de fuerza excesiva por parte de los “granaderos” —cuerpo especial de policías para suprimir protestas o disturbios— tornó aquella pelea de estudiantes contra estudiantes, en un conflicto de granaderos contra estudiantes, y más tarde en una espiral de conflicto, en gobierno contra pueblo. La brutalidad empleada por esta fuerza de choque desencadenó así las primeras protestas estudiantiles, las cuales nadie imaginó, al principio de estas, que darían lugar a un movimiento estudiantil de grandes dimensiones. De ahí en adelante, los choques entre estudiantes y fuerzas del orden vendrían a ser la característica principal en la interacción entre un movimiento social de jóvenes y un gobierno represivo resuelto a desarticularlo.

El constante y creciente uso de fuerza desmedida agudizó la indignación y el enojo de los estudiantes, y les forzó a responder en la medida de sus limitados recursos. En su intento de reprimir, el gobierno se precipitó a tratar de detener los crecientes brotes de protesta estudiantil, pero su fuerza bruta causó un efecto a la inversa, aumentando con ella la intensidad de la lucha, así como la participación de más y más estudiantes que se fueron uniendo al naciente movimiento. Los encontronazos entre granaderos y soldados contra los estudiantes comenzaron así a dar como resultado los primeros jóvenes arrestados, heridos y muertos.

FUERZA SOCIAL Decenas de personas se congregan alrededor de un camión secuestrado en las calles de la Ciudad de México durante una de las muchas protestas callejeras durante el movimiento estudiantil.
FUERZA SOCIAL Decenas de personas se congregan alrededor de un camión secuestrado en las calles de la Ciudad de México durante una de las muchas protestas callejeras durante el movimiento estudiantil.

Como fuerza social, los estudiantes carecían del nivel de experiencia y preparación en la organización de movilizaciones de ese tipo, necesaria para encauzar y calibrar la magnitud de un movimiento que crecía con fuerza y día a día delante de ellos. Sin embargo, el espiral ascendente de su lucha, atizada por la represión, comenzó a proporcionarles un fuerte sentido de identidad como grupo homogéneo, y contribuyó a que concibieran —en el mismo núcleo de sus protestas— una causa más sólida, más profunda y de mayores consecuencias. Pero su activismo temerario, irreverente y subversivo, en ojos del gobierno, los convertiría en un blanco inevitable de la ira gubernamental.

Si bien es cierto que el grado de represión y la agitación causadas por la violencia en su contra les ayudó a crear un frente común para responder a las tácticas del gobierno, las estrategias iniciales de resistencia de los estudiantes — secuestro y quema de autobuses, toma de instalaciones de centros de estudio, y pintas en paredes y camiones— demostraron al mismo tiempo su propia vulnerabilidad.

Los jóvenes se encaminaban a un callejón sin salida en donde les esperaba la aplastante opresión de un gobierno dispuesto a todo, incluso a matarlos. Los métodos primitivos y limitados del gremio estudiantil formaron débiles compuertas que el gobierno avasallaría eventualmente. La decisión de los estudiantes de conducir el movimiento por cauces democráticos —lo cual quedó demostrado cuando formularon un pliego petitorio— les proporcionaría impulso y fuerza, pero el gobierno sólo interpretaría su proceder como una amenaza directa. → Sigue leyendo… Continúa en la Página 2 | Página 3

Brad Will, documentalista independiente asesinado en Oaxaca

0
El documentalista independiente Brad Will en el centro de Oaxaca poco después de su llegada a cubrir el conflicto entre el gobierno y el magisterio oaxaqueño. Días después perdería la vida durante una manifestación. Foto: Indymedia
El documentalista independiente Brad Will en el centro de Oaxaca poco después de su llegada a cubrir el conflicto entre el gobierno y el magisterio oaxaqueño. Días después perdería la vida durante una manifestación. Foto: Indymedia

Uno de muchos acontecimientos trágicos sucedidos en el estado de Oaxaca durante el conflicto de maestros en el año 2006, fue la muerte del ciudadano estadounidense Brad Will. Brad se había trasladado a esa entidad a principios del mes de octubre, con el propósito de documentar los acontecimientos que ahí se venían suscitando desde finales del mes de mayo de ese año. Su trabajo periodístico independiente se había caracterizado por cubrir manifestaciones de protesta relacionadas a varios movimientos sociales en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Sus reportes escritos y videos eran difundidos a través del Centro de Medios Independientes, Indymedia, una red global de periodistas autónomos, la cual se especializa en generar información independiente relacionada a la justicia social en todo el mundo.

Aunque después de su muerte era descrito principalmente como camarógrafo y reportero, Brad Will era esencialmente un activista radical de pensamiento anarquista. Su postura rebelde criticaba la política del gobierno de Estados Unidos, el capitalismo, y la globalización, entre otros. Habiéndose graduado con una Licenciatura en Inglés de una universidad en Pensilvania, Brad se inclinó hacia la literatura y la poesía. La semilla de su activismo comenzó a brotar en la universidad, pero no fue hasta que su gusto por la literatura lo llevó a reunirse con grupo de poetas activistas, que comenzó a desarrollar un pensamiento político y a dar salida a sus sentimientos de inconformidad.

En 1999, Brad Will tomó parte activa como organizador de las históricas protestas callejeras en contra de la Organización Mundial del Comercio, en la ciudad de Seattle, en el estado de Washington, las cuales representaron el surgimiento del movimiento en contra de la globalización. Brad fue arrestado entre cientos de otros activistas a causa de sus enfrentamientos con la policía, pero su participación fue una fuente de inspiración en su búsqueda del cambio social, especialmente porque el movimiento fue exitoso en abrir espacios de consenso y autonomía en contra del capitalismo. Compuestos mayormente por jóvenes radicales, otros grupos en los cuales participó Brad con bloqueos de carreteras, eran agrupaciones de eco-anarquismo de base, los cuales se oponían a la tala de bosques.

Los ideales de Brad continuaron afirmándose cuando vivió con grupos de anarquistas en Nueva York, en donde participó en las actividades de varios grupos como el de “Reclama las Calles” (RTS). Mucho de su trabajo lo enfocó a Nueva York y en contra de las políticas del alcalde Rudolph Giuliani. El activista norteamericano también formó parte de un movimiento basado en llevar un estilo de vida frugal y al margen de la economía tradicional. Dicha ideología consiste en recoger y comer alimentos que almacenes y fábricas de comida han retirado, y así mantenerse y sobrevivir sin necesidad de dinero. El activismo de Brad lo llevó a ser parte de otros movimientos relacionados a la justicia social, los derechos humanos, y otras causas a favor de la defensa del medio ambiente en varias ciudades de Estados Unidos. Al regresar de sus viajes continuaba su activismo en Nueva York.

En los años más recientes, Brad se avocó a la tarea de hacer documentales para el Centro de Medios Independientes y otros medios alternativos, dedicándose principalmente a grabar manifestaciones y marchas, participando a la vez en varias protestas y actividades de eco-activismo. Brad se interesó en el periodismo independiente a causa de su disconformidad con la manera en que los medios de comunicación corporativos cubren y manejan la información, para así influenciar la percepción de la gente y controlar el circulación de ideas. Negándose a ser parte de lo que él consideraba un juego mediático, Brad se inclinó por medios no comerciales, sin fines de lucro, y de base comunitaria. Esta postura lo llevó a tener su propio programa de radio, así como a integrase a espacios independientes como Indymedia.

A principios de octubre del 2006, interesado en la huelga de maestros y sus implicaciones, Brad se trasladó a Oaxaca para documentar sucesos relacionados al conflicto. Anteriormente, él había viajado a países como Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Venezuela, y al estado de Chiapas, también en México. De igual manera, en el año 2000 viajó a Praga, en la Republica de Checoslovaquia, para manifestarse en contra de la Cumbre del Fondo Monetario Internacional. Su primer reporte desde Oaxaca, publicado el 17 de octubre bajo el encabezado “Muerte en Oaxaca”, describe entre otros eventos el asesinato de Alejandro García Hernández, un oaxaqueño que trató de impedir el paso de un vehículo con paramilitares en el sitio de en una de las muchas barricadas instaladas por miembros de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca).

Los hechos que acarrearon la violenta muerte del activista y periodista de Indymedia se desenlazaron la tarde del 27 de octubre, en una área conocida como Colonia Calicanto, en el Municipio de Santa Lucía del Camino. Gracias al video grabado por el mismo Brad minutos y justo antes de su muerte, es posible saber que francotiradores identificados como oficiales de gobierno y manifestantes se enfrentaron en las calles aledañas al sitio de una barricada. El audio del video de Brad capta los estruendos de numerosos disparos de bala, así como la rápida y desesperada concentración de individuos que al parecer tratan de confrontar a quienes les disparan.

Siguiendo a los manifestantes y corriendo a la par con ellos, y después de grabar cómo se utiliza un camión de construcción para derribar el  portón de una casa, Brad sorpresivamente grita de dolor, al tiempo que la imagen de su cámara se vuelve inestable, escuchándose el caos sobrevenido cuando tratan de ayudarlo. Los últimos segundos del video logran recoger el fuerte sonido de múltiples disparos armas de fuego. Por otra parte, fotografías captadas por el reportero gráfico de El Universal, Raúl Estrella, logran identificar a quienes disparaban en contra de los manifestantes. Las imágenes muestran al policía Juan Carlos Soriano Velasco, apodado “El Chapulín”, al jefe de personal del municipio, a Manuel Aguilar, y Avel Santiago Zárate, quien fungía como regidor de Seguridad Pública.

La noticia de la muerte de Bradley Will se propagó por todo el mundo, causando conmoción e indignación por la inhabilidad tanto del gobierno estatal como del federal para resolver la crisis de maestros. Sin embargo, ante el recrudecimiento de la violencia, acentuado por las imágenes captadas por el mismo Brad, la irresolución del gobierno del presidente Vicente Fox finalmente terminó, cuando policías federales antimotines tomaron progresivamente el control de la ciudad.

Brad Will, fue recordado en numerosos eventos alrededor del mundo, los cuales también incluyeron vigilias y protestas en ciudades como Nueva York. En enero del 2007, aún se continuaba tratando de esclarecer la muerte de Brad, mientras su familia del activista ha creado la “Fundación Brad Will”, la cual operará como una organización no lucrativa para preservar su memoria, celebrar su vida y trabajo, y continuar propagando su misión de hacer del mundo un lugar mejor.

El nombre completo de Brad fue Bradley Rolland Will, y era oriundo de Evanston, Illinois, un pequeño poblado al norte de Chicago, siendo criado en Kenilworth, otro pueblo del mismo estado, en donde asistió a escuelas locales, graduándose como Licenciado en Inglés de una universidad en Pensilvania. Brad contaba con 36 de edad al morir.

Oaxaca en llamas: Memoria de un conflicto – 3

0
La represión de la policía en contra del movimiento magisterial en Oaxaca fue utilizada como propaganda en contra del gobierno de Ulises Ruiz, como lo muestra este póster popular.
La represión de la policía en contra del movimiento magisterial en Oaxaca fue utilizada como propaganda en contra del gobierno de Ulises Ruiz, como lo muestra este póster popular.

Meses antes de la entrada de las fuerzas federales, Flavio Sosa Villavicencio, activista oaxaqueño, líder la organización llamada Nueva Izquierda de Oaxaca, miembro de la APPO, y quien se había involucrado en el conflicto magisterial desde su comienzo, era ya uno de los integrantes más visibles del movimiento. Su rostro era plenamente identificado con la dirigencia de la APPO. A causa de su militancia, su oficina en Oaxaca fue incendiada el 26 de noviembre, al tiempo que su hermano Eric fue detenido y enviado a una prisión en el estado de Tamaulipas. Tres días después de la toma de protesta del nuevo presidente Felipe Calderón, el 4 de diciembre, Flavio Sosa se encontraba en la Ciudad de México, a donde había acudido a dar una conferencia de prensa sobre la represión en Oaxaca. Al salir del Centro Nacional de Comunicación Social, se le aplicó una orden de detención en su contra acusado de los delitos de robo específico, robo calificado con violencia, daños dolosos, daños en propiedad ajena, lesiones, secuestro, lesiones calificadas, sedición e incitación a la violencia Junto con él, fueron arrestados también dos de sus hermanos, Horacio e Ignacio Sosa, así como a Marcelino Coache, otro afiliado de la APPO.

Flavio Sosa declaró no ser el líder principal de la APPO, arguyendo que la dirigencia de la organización consiste de un liderazgo a nivel miembros, y no en un sólo individuo. El diario “El Universal” de México, había informado que el 30 de noviembre, cuatro días antes de su arresto, Flavio se había rasurado la barba y escondido su larga cabellera dentro de una gorra, para tratar de ocultarse y así poder salir de Oaxaca rumbo a la Ciudad de México, para lo cual también se transportó en diferentes vehículos. Ante el cambio de gobierno efectuado el 1 de diciembre, varios dirigentes de la APPO dieron a conocer que estaban reiniciando las negociaciones con los nuevos funcionarios de Secretaría de Gobernación. Su demanda era la misma: exigir la desaparición de poderes, la salida del gobernador Ulises Ruiz Ortiz, y la liberación de los miembros arrestados de su movimiento.

Después de que las fuerzas federales tomaron el control de la ciudad de Oaxaca, muchos de los daños causados durante los seis meses se hicieron más evidentes. Vestigios de los incendios, grafiti sobre paredes de edificios gubernamentales y otras estructuras de valor cultural e histórico, estragos como decenas de autobuses y autos quemados, quedaron como testimonio del movimiento magisterial. Los edificios del Tribunal Superior de Justicia del Estado y del Poder Judicial Federal, el famoso Teatro Juárez, y la sede de la Secretaría de Turismo, también habían sido incendiados. Otras estructuras dañadas fueron las de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del Registro Público de la Propiedad, la Facultad de Sociología de la Universidad, y la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de la entidad. El hotel Camino Real y otras dos casonas sufrieron por igual daños causados con bombas molotov. Todo lo anterior sin contar el sinnúmero de saqueos a propiedades públicas y privadas.

Por otro lado, el precio en materia económica que Oaxaca ha pagado por el conflicto magisterial, se vio más reflejado en la industria del turismo. Se estima que se perdieron grandes cantidades de divisas normalmente generadas por turistas nacionales e internacionales. El 18 de enero del 2007, el gobierno de los Estados Unidos bajó el nivel de alerta para viajar a Oaxaca, recomendado a sus ciudadanos “ser cautos”, reemplazando así la advertencia emitida durante el conflicto, de evitar del todo viajar a ese estado. En materia educativa, más de un millón de estudiantes fueron perjudicados sin recibir enseñanza por más de medio año. Irónicamente, y a pesar de la percepción del movimiento como lucha del pueblo, un gran número de padres de familia cuyos hijos asisten a las escuelas públicas, consideraron que se vieron afectados negativamente por la huelga.

Muchos ciudadanos oaxaqueños no están de acuerdo con las peticiones de los trabajadores de la educación, argumentando que el gremio de los maestros es uno de los que gozan de más beneficios, mismos que otros empleados públicos carecen. Estos padres de estudiantes objetan que los docentes exigen aumentos salariales anualmente, más tiempo de vacaciones, e incrementos a su aguinaldo (gratificación de dinero al fin de año) mientras demandan, a su vez, menos días trabajo. Muchos padres de familia y algunos maestros jubilados optaron por matricular a sus hijos en escuelas de otros estados contiguos, o por impartir la educación en casa. Durante el conflicto, padres de familia pertenecientes al movimiento de la APPO llegaron al extremo de soldar las entradas de las escuelas para impedir que los estudiantes pudieran regresar a clases. La gran mayoría de las escuelas en Oaxaca fueron reabiertas paulatinamente a mediados del mes de noviembre; Oaxaca iría recuperando gradualmente la normalidad.

Un poster de propaganda de la APPO que llama al movimiento magisterial a continuar la lucha y a la solidaridad. Cartel anónimo
Un poster de propaganda de la APPO que llama al movimiento magisterial a continuar la lucha y a la solidaridad. Cartel anónimo

A principios del 2007, la APPO continúa exigiendo la salida de Ulises Ruiz, pero mucho de su activismo se ha centrado en denunciar las detenciones de muchos de sus dirigentes, así como en demandar la liberación de sus miembros arrestados durante el conflicto y después de él. Asimismo, la Asamblea efectuó una marcha el 17 de enero, en la cual participaron activistas de organizaciones de derechos humanos, sociales, indígenas, estudiantiles, así como de miembros de la Sección 22. La manifestación tuvo el propósito de confirmar que el Consejo Popular seguirá luchando hasta que el gobernador oaxaqueño sea removido. En un comunicado, la APPO estableció que al final del mitin, tres activistas fueron detenidos, por lo cual ampliarán sus protestas con el fin que se respeten las garantías individuales y cese la represión que asegura el gobierno lleva en contra de quienes componen su Asamblea.

La administración de Ulises Ruiz no ha cedido a las demandas originales del pliego petitorio presentado en mayo del 2006, postura que desencadenó una de las peores crisis del pueblo oaxaqueño, y que dio pie al surgimiento de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Viene de la Página 2  |  Página 1 →

Oaxaca en llamas: Memoria de un conflicto – 2

0
Las consecuencias inmediatas del conflicto entre gobierno y trabajadores de la educación, fueron el recrudecimiento de las protestas. Los choques entre la policía y los manifestantes se tornaron violentos. Foto: APPO
Las consecuencias inmediatas del conflicto entre gobierno y trabajadores de la educación, fueron el recrudecimiento de las protestas. Los choques entre la policía y los manifestantes se tornaron violentos. Foto: APPO

Para el mes de septiembre, el conflicto magisterial había bien ya trascendido de la esfera local y estatal al ámbito nacional, y en la medida en que intensificaban los enfrentamientos, las hostilidades obtenían la atención de la prensa mundial. Las movilizaciones multitudinarias también se trasladaron a la Ciudad de México, efectuándose una marcha, llamada “marcha-caminata por la dignidad de los pueblos de Oaxaca”, la cual partió el 21 de septiembre de ese estado, y arribó a las inmediaciones del Senado de la República el 9 de octubre. Los hechos de violencia en Oaxaca continuaron, y ante la creciente presión por su destitución, el gobernador Ulises Ruiz amenazó a los disidentes con rescindirles su contrato. Por otra parte, un paro laboral solicitado por la iniciativa privada no tuvo éxito, ante la baja participación del sector comercial.

Después de varios fracasos en las negociaciones entre líderes de la APPO y funcionarios del Gobierno Federal y el de Oaxaca, el 26 de octubre se logró mediante el diálogo, un acuerdo tentativo entre la APPO y la Sección 22 del SNTE, para que las clases en las escuelas se reanudaran después de cinco meses de huelga. Dentro del contexto del conflicto, ya existía un descontento generalizado por la inhabilidad del magisterio para terminar con el paro escolar. Sin embargo, a causa de la intensidad y del grado de violencia al que se llegó en Oaxaca, el plan de dar inicio a las clases se abortó. El 27 de octubre, el conflicto social ascendería a su índice más violento desde su inicio en el mes de mayo, arrojando el trágico saldo de cuatro personas asesinadas, entre ellos el reportero y camarógrafo del Centro de Medios Independientes, el norteamericano Bradley Rolland Will, así como un miembro del magisterio, el maestro Emilio Alonso Fabián. Ambos recibieron impactos de balas. Los hechos ocurrieron en la Colonia Calicanto del Municipio de Santa Lucía del Camino.

La turbadora realidad de la violencia se hizo patente cuando el video captado por el mismo Brad Will -en el cual se grabaron los acontecimientos previos así como el momento preciso en que es impactado- fuera difundido por la televisión y en Internet. El tiroteo, atribuido a francotiradores siguiendo órdenes del gobierno de Ulises Ruiz, sucedió en un área en donde la APPO había colocado una barricada. Después de grabar algunos testimonios, el camarógrafo estadounidense logró captar escenas en las que se ve a un grupo de hombres disparando. El audio del video registra a Brad previniendo a los manifestantes acerca de un individuo de camisa blanca que está disparando. Docenas de personas −en su mayoría jóvenes y adolescentes− caminan por las calles armados con piedras, machetes, palos, tubos, y resorteras, mientras fuertes disparos de armas de fuego continúan escuchándose.

El reportero de medios independientes siguió a un grupo de jóvenes, algunos con los rostros cubiertos con paliacates y con mochila sobre sus espaldas, quienes arrojaban piedras en dirección de donde suponía se encontraban los francotiradores, y al notar que estos entran a una casa, varios de ellos patean y golpean la puerta metálica para abrirla sin lograrlo. Minutos más tarde, un camión rojo de volteo es manejado en reversa por la calle, el cual es usado para derribar la puerta, chocándolo contra la casa en donde se cree se parapetaban los francotiradores. Pocos minutos después, se escucha el grito de dolor de Brad Will cuando es impactado por una bala en la boca del estómago. Su cámara continuó grabando automáticamente los momentos posteriores al caos que se desata cuando varias personas tratan de ayudarlo, mientras se continúan oyendo fuertes disparos. La noticia de la muerte del ciudadano estadounidense se propagó internacionalmente, causando la intervención del gobierno federal.

El 29 de octubre, dos días después del tiroteo, la Policía Federal Preventiva (PFP) entró a Oaxaca mediante el uso de tanquetas antimotines. Abriéndose paso a las entradas de la plaza principal de la ciudad, el Zócalo, los escuadrones policíacos se posicionaron paulatinamente en las calles y áreas ocupadas por la APPO. Al perder el control de la zona, los miembros de la Asamblea se replegaron a las instalaciones de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Aunque el reporte oficial del gobierno informó que el operativo federal para retomar el Zócalo no arrojó muertos, José Luís Soberanes, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, reveló en un reporte inicial que aparentemente dos personas habían perdido la vida durante el avance de la policía y el repliegue los manifestantes.

La ofensiva de los policías se basó en la utilización de toletes, granadas de gas lacrimógeno, y chorros de agua a presión disparados desde las tanquetas, mientras que los simpatizantes de la APPO trataban de repeler la avanzada lanzando bombas molotov y piedras. La remoción de las barricadas abrió el centro de la ciudad, pero causó que miembros de la APPO procedieran a la quema de autobuses y otros vehículos e inmuebles. El saldo del enfrentamiento fue de varios heridos en ambos bandos, así como la detención de aproximadamente cincuenta manifestantes. Un sector de la ciudadanía expresó su aprobación a la intervención de las fuerzas federales.

Poster de propaganda en contra de la APPO y sus miembros. Cartel anónimo
Poster de propaganda en contra de la APPO y sus miembros. Cartel anónimo

Hacia mediados del mes de noviembre, informes de la APPO indicaban que como consecuencia de los choques con la Policía Federal, diecisiete personas habían sido asesinadas, y se había detenido aproximadamente a cuarenta militantes. Durante ese mes, los choques violentos entre miembros de la APPO y la PFP continuaron, pero el día 29, la operación del gobierno federal logró retirar los vehículos usados para bloquear las arterias de tránsito y otras barreras que obstaculizaban puntos de entrada a la ciudad y que limitaban el acceso en instalaciones como las de Radio Universidad. Las autoridades realizaron también la limpieza de las calles para restaurar el tránsito vehicular y de peatones, y restablecer el orden público.

Semanas antes, durante los días 10, 11, y 12 del mismo mes, la APPO había llevado a cabo su congreso constitutivo, contando con la asistencia de aproximadamente 600 delegados, para buscar constituir formalmente su organización y aprobar sus “estatutos, principios, programa y propósitos para asegurar la continuidad de la lucha popular, dar orden y certidumbre a las actividades del Movimiento Popular Oaxaqueño”. La APPO instó a “defender los espacios de la lucha política pacífica de masas, espacios que el pueblo de Oaxaca y de México ha conquistado a lo largo de su historia”,(citas tomadas de la Convocatoria del Congreso Constitutivo de la APPO). → Continúa en la Página 3  |  Viene de la Página 1

Oaxaca en llamas: Memoria de un conflicto

0
Un póster popular de propaganda en contra del gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, que circuló en Internet durante el conflicto magisterial de 2006.
Un póster popular de propaganda en contra del gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, que circuló en Internet durante el conflicto magisterial de 2006.

El año 2006 vio surgir en Oaxaca, estado al sureste de México, un nuevo conflicto magisterial que en sólo unos meses sacudiría los cimientos del orden social y al gobierno del estado de Oaxaca. La pugna sociopolítica se desenvolvió en torno a la negativa del gobierno estatal de satisfacer demandas laborales por parte del sindicato de trabajadores de la educación. Ante la negativa del gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, la inconformidad de los maestros se tradujo en protestas, acciones que a su vez dieron lugar a la lucha organizada que se desencadenaría en la crisis que mantuvo a Oaxaca sitiada por seis meses.

Las medidas tomadas para estructurar el movimiento magisterial originaron, a su vez, el surgimiento de una coalición que vendría a identificar y caracterizar la lucha de maestros. Mejor conocida por sus siglas −APPO− la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca emergió a raíz de una crisis educativa en esa entidad. Los fundamentos que dieron forma a ésta organización y que provocaron uno de los más profundos conflictos que se hayan visto en Oaxaca, fueron las acciones de apoyo que la APPO llevó a cabo a favor de los trabajadores del sistema educativo oaxaqueño.

El gremio −agrupado oficialmente bajo la estructura y el nombre de Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE, por su abreviatura)− presentó el 1 de mayo del 2006 −el Día del Trabajo− un pliego petitorio al gobernador del estado, Ulises Ruiz, en el que solicitaban beneficios laborales encaminados, principalmente, a recibir un aumento salarial para sus miembros. En respuesta a la denegación del gobernador de satisfacer sus peticiones, veintiún días después, cientos de trabajadores de la educación de la Sección 22 ocuparon las calles del centro histórico de la ciudad de Oaxaca en protesta, declarando una huelga indefinida en todos los centros educativos públicos. A los trabajadores de la educación se sumarían otras organizaciones civiles.

Días antes, el 18 de mayo, Moisés Cruz, líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y dirigente de la Red Internacional de Indígenas Inmigrantes Oaxaqueños, había sido asesinado a balazos por pistoleros que lo emboscaron al salir de una fonda en su pueblo natal, San Juan Mixtepec, Oaxaca. La muerte de Cruz, aunque no relacionada inherentemente al movimiento de maestros, fue una señal de lo que líderes magisteriales denunciaron como un ciclo autoritario caracterizado por el incremento de crímenes por pugnas sociopolíticas y el aumento en las detenciones arbitrarias contra dirigentes sociales.

Durante las siguientes dos semanas, para aumentar su presión sobre el gobierno, miles de trabajadores de la educación y otros ciudadanos de Oaxaca, llevaron a cabo acciones de resistencia civil, así como marchas multitudinarias. El gobierno oaxaqueño respondió dándoles un plazo para terminar la huelga y reanudar las clases. El 14 de junio, el gobierno intentó desalojar el plantón, pero las autoridades estatales fracasaron en dispersar a los trabajadores. El choque violento entre maestros y policías estatales, agudizaría y marcaría al movimiento, y conduciría a los disidentes a elevar sus demandas al gobierno federal.

De acuerdo a la información enunciada por la propia APPO, su fundación se inició el 17 de junio, en respuesta a la “brutal represión” del gobierno para intentar el desalojo. Su composición se basó en la unificación de 365 organizaciones sociales, representativas de todo el estado, e inclusiva de las 16 etnias de Oaxaca. La Asamblea aglutinó a los diversos movimientos sociales, políticos, de derechos humanos, ecologistas, estudiantiles, de género, y sindicales de Oaxaca, en “una organización colectiva de movimiento social, y acordó encausar la exigencia del magisterio democrático oaxaqueño”.

Una pinta en contra del gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, en las calles de Oaxaca durante el conflicto magisterial de 2006. Foto: Indymedia
Una pinta en contra del gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, en las calles de Oaxaca durante el conflicto magisterial de 2006. Foto: Indymedia

Las consecuencias inmediatas del conflicto entre gobierno y trabajadores de la educación, fueron el recrudecimiento de las protestas, las marchas realizadas por ambos bandos, la destitución de oficiales del gobierno de Ulises Ruiz, así como la pérdida de casi la totalidad de los distritos que ocupaba el partido oficial, el PRI, en la elecciones del 2 de julio. Bajo la estrategia de la APPO, se decidió continuar con el plantón y asimismo se modificaron las demandas originales del pliego petitorio, incluyendo una nueva: la remoción o la renuncia voluntaria del gobernador, quien ya había sido desconocido por los miembros de la Sección 22.

A partir del mes de agosto, las acciones de la APPO consistieron en la toma por la fuerza de instalaciones de medios de comunicación del gobierno, la colocación de retenes y barricadas en las carreteras, y el control de los principales puntos de entrada a la ciudad. Al mismo tiempo, se comenzaron a producir incidentes en los que se reportaban detonaciones y disparos en algunos de los sitios tomados, y se llevó a cabo el desalojo de algunas instalaciones ocupadas por las APPO. Las estaciones de radio y de televisión se usaron para impulsar el movimiento y diseminar información sobre la planeación de eventos y acerca de acontecimientos suscitados. La ofensiva en contra de la lucha civil en Oaxaca resultó en la muerte de miembros de la APPO, particularmente en la zona de la Mixteca, en donde varios indígenas de esa región empobrecida fueron asesinados. La policía estatal respondió con disparos en diversas manifestaciones causando la muerte de varios militantes. → Continúa en la Página 2  |  Página 3

El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Conclusión

0
Una sociedad tan mixta, plural y heterogénea como la de México, necesita de un sistema multipartidista, y no de un unipartidista. El hecho que una sociedad heterogénea haya sido gobernada por un sólo partido durante 71 años, deja en claro que el sistema político de México −hasta antes del año 2000− no podía llamarse “democracia de mayoría” sino “dictadura de mayoría”.
Una sociedad tan mixta, plural y heterogénea como la de México, necesita de un sistema multipartidista, y no de un unipartidista. El hecho que una sociedad heterogénea haya sido gobernada por un sólo partido durante 71 años, deja en claro que el sistema político de México −hasta antes del año 2000− no podía llamarse “democracia de mayoría” sino “dictadura de mayoría”.

¿Del presidencialismo hacia una democracia de mayoría presidencial?

Después del fin de la Revolución Mexicana, sin duda muchos historiadores se habrán preguntado: ¿hemos pasado de dictadura a democracia? Si observamos la historia de México de 1929 a 2000, no dudaremos en negar esta pregunta.

De acuerdo al análisis de Lijphart, la primera condición que permite catalogar a un sistema político − ya sea en un modelo de mayoría o de consenso − es la forma del sistema de partidos. En el sistema político de México, según mi punto de vista, hay dos elementos importantes que avalan la teoría de Lijphart: primero, México cuenta con un sistema unipartidista, por lo que se trata de un modelo de mayoría. No está de más mencionar que el PRI fue fundado desde el principio por una elite política. El segundo elemento más importante es el hecho de que la población mexicana se compone por aproximadamente 60% de indígenas, cuyos idiomas, dialectos y tradiciones se encuentran fuertemente arraigados. Esta población indígena ha sido siempre discriminada e ignorada por el partido-estado elitista.

Esto exige invariablemente que una sociedad tan mixta, plural y heterogénea como la de México, necesite de un sistema multipartidista, y no de un unipartidista. El hecho que una sociedad heterogénea haya sido gobernada por un sólo partido durante 71 años, deja en claro que el sistema político de México − hasta antes del año 2000 − no podía llamarse “Democracia de Mayoría” sino “Dictadura de Mayoría”.

A todo esto podemos preguntarnos: ¿qué nos trajo la Revolución? Indudablemente, gracias a la Revolución hubo muchos cambios en el país, pero básicamente cambiamos del “Porfiriato” a una “Dictadura de Mayoría.”

El cambio-evolución de tres variables:

1. El sistema de partidos
A lo largo del Siglo XX, no fueron solamente los intereses de las clases sociales más bajas y de los indígenas los que fueron ignorados, sino también los de la clase media, aunque a menor grado. Esto ocasionó inevitablemente que el dominio y la casi-dictadura de un único partido crecieran de forma acelerada. En las elecciones presidenciales del año 1994 (ver gráfica en la cuarta parte de esta serie), el número de votos a favor del PAN se elevó de 1988 a 1994, esto es, del 16.79% al 27%. No está de más mencionar que en 1994, las elecciones fueron calificadas, por primera vez, como “limpias”.

En aquella ocasión tuvo lugar en la historia de México una contienda electoral auténtica y real. El camino de un sistema unipartidista hacia un multipartidista había comenzado. Con la pérdida del PRI de su mayoría en el Congreso en las elecciones de 1997, se pudo calificar el sistema de partidos de México como multipartidista. Resumiendo, podemos decir que el principio del proceso de democratización empezó en el año 2000 con el triunfo electoral del PAN.

2. La concentración de poder en el presidente y su relación con los órganos ejecutivo a legislativo
Después del sistema unipartidista, el poder casi ilimitado del presidente es la causa de la inexistencia de una democracia verdadera. El acceso de los partidos de oposición en el Congreso de la Unión en el año 1997, limitó de forma positiva el poder del presidente. Según mi opinión, un cambio urgente a realizarse, con el fin de disminuir el poder del presidente, son las limitaciones de poder y las reparticiones de facultades con los otros órganos estipulados en la Constitución. Paradójicamente, el único que puede realizar estos cambios es el presidente mismo.

Desde el comienzo del mandato del presidente Vicente Fox en el año 2000, la aún fuerte minoría priísta en el Congreso de la Unión, no ha reaccionado a este cambio de partido de manera positiva. El hecho de que los diputados priístas, los llamados “dinosaurios”, no estén acostumbrados a trabajar de forma cooperativa, y que la vieja escuela autoritaria del PRI siga incrustada, evitan y obstaculizan, por ejemplo, la elaboración de una agenda de trabajo.

A raíz de esto, muchos de los miembros del partido panista le reprocharon al presidente Fox que él permitiera la presencia de tantos diputados priístas en el Congreso. Sin embargo, la exclusión de dichos diputados hubiera sido una contradicción a la frase tan propagada en su campaña: “Cooperación y trabajo conjunto de los partidos”. ¿Es el no despedir a diputados priístas, pese a su comportamiento, la apertura hacia el camino del semi-parlamentarismo? Visto desde un punto de vista realista, pasarán muchos años antes que el Congreso mexicano esté preparado para una transformación del funcionamiento mayoritario a una base de consenso, tan desconocido para los miembros priístas.

El hecho de que el poder del presidente persista a costa de los órganos legislativo y federal, fue estipulado en la Constitución de 1917, gracias a una propuesta hecha por Venustiano Carranza (explicada en la segunda parte de esta serie).

La Constitución mexicana denomina como imprescindible la independencia de ambos órganos del ejecutivo. Esta condición realmente nunca fue practicada al máximo. Ya antes del gobierno de Fox, había sido introducida por el presidente Ernesto Zedillo una reforma a la administración de justicia, la cual cambió de forma significativa y positiva la existencia del órgano judicativo.

• En 1994 fue la Suprema Corte fue desintegrada, seguida de la creación de una nueva.

• En 1996 surge el Instituto Federal Electoral y se vuelve parte integral del Poder Ejecutivo

• En 1998, se crea una extensión del Poder Ejecutivo, la cual tiene como tarea principal resolver los casos ligados a la “inejecución de sentencias”.

• En 1998 se crea el Consejo de Judicatura Federal, cuya tarea es controlar la administración y realización del órgano judicativo (anteriormente, esta era una tarea propia del ejecutivo).

• En 1999, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, se propuso como meta “restaurar el estado de derecho, la jurisdicción, y la legitimidad de la justicia en México”.

3. ¿De semi-federalismo a federalismo?
En lo que respecta al federalismo, descrito en la tercera parte de esta serie, la República Mexicana es un estado federal. El presidente Fox, introdujo a principios de su sexenio una reforma del federalismo, a través de la “distribución equitativa de medios financieros”.

Durante toda la hegemonía priísta, ninguno de los gobernadores estatales publicó cifras de gastos públicos; sólo el Presidente de la República tenía acceso a esta información. Esto contribuyó a un alto grado de corrupción y a la falta de transparencia. A partir del año 2001 esto cambiaría, puesto que los gobernadores estatales de toda la república estarían obligados a presentar una declaración pública de sus gastos públicos.

Estas transformaciones en la vida política de México son observados por algunos de manera escéptica. No obstante, un aspecto que podemos dar como seguro, es que una estructura vieja de 71 años, corporativa, corrupta y dictadora no puede ser cambiada en seis años.

La transformación de una “Dictadura Presidencial” a una “Democracia de Mayoría Presidencial”, puede ser vista como iniciada. Transcurrirán de dos a tres sexenios, por lo menos, hasta que se pueda hablar de México como una democracia consolidada.

Conviene destacar que a este tipo de transformaciones se les llama transición. Debido a que apenas hace seis años el proceso de democratización comenzó a tocar suelo mexicano, una comparación con un modelo de Democracia de Consenso, como por ejemplo el de Alemania o la Unión Europea, resulta por ahora casi imposible.

Sin embargo, el análisis y comparación del sistema político mexicano con un modelo de Democracia de Mayoría resultará más fácil en los próximos años.

 

Mantente Conectado

666FansMe gusta
174SeguidoresSeguir
1,046SuscriptoresSuscribirte