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Guardería infantil ABC: La tragedia que no muere

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En la ciudad de Hermosillo, Sonora, en la Plaza Emiliana de Zubeldía un hombre reza sobre sus rodillas ante las 49 cruces que representan a cada niño que pereció en el mortal siniestro en la Guardería ABC en 2009. Las cruces se instalaron para conmemorar el segundo aniversario de la tragedia. Foto: Pedro Ultreras | Barriozona Magazine © 2011
En la ciudad de Hermosillo, Sonora, en la Plaza Emiliana de Zubeldía un hombre reza sobre sus rodillas ante las 49 cruces que representan a cada niño que pereció en el mortal siniestro en la Guardería ABC en 2009. Las cruces se instalaron para conmemorar el segundo aniversario de la tragedia. Foto: Pedro Ultreras | Barriozona Magazine © 2011

(Hermosillo, Sonora) –– Dos años después de la tragedia en la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, las heridas siguen tan profundas como aquel fatídico viernes 5 de junio del 2009.

La gente y la ciudad no logran recuperarse de la pérdida de 49 niños que perecieron víctimas de un incendio en una guardería infantil, donde dormían tranquilamente más de doscientos bebés, todos menores de cuatro años de edad.

La tristeza se respira en el aire y se refleja en los rostros de los hermosillenses. Nadie escapa a este dolor que marcó a la ciudad y a cada uno de sus habitantes. No hay residente que platique del suceso sin que se le quiebre la voz; muchos rompen en llanto y ni siquiera llegaron a conocer a los niños.

Ayer por la tarde mientras caminaba por la Plaza Emiliana de Zubeldía, donde están las cruces en memoria de los menores, vi una escena que me dejó sin palabras. Un hombre indigente se aproximó a las 49 cruces, se paró a no más de un metro de distancia, se llevó las manos hacia atrás, agachó la cabeza y empezó a rezar.

Me llamó la atención porque, minutos antes, vi a este mismo hombre que casi caía al intentar levantarse de donde estaba acostado debajo de un árbol del parque.

Después de rezar de pie por unos minutos, el individuo que aparentaba tener unos 50 años de edad, se dejó caer sobre sus rodillas y mientras continuaba rezando, se echó a llorar. Su rostro reflejaba una profunda tristeza. Sus lágrimas le rodaban por las mejillas y su mirada parecía perdida. Sentí tan profundo su dolor que me hizo pensar que alguno de los niños era de su misma sangre, pero no tenía ninguna relación de parentesco con ellos.

“Aquí vive en el parque y con frecuencia les reza y llora”, me dijo otro señor que vende boletos de lotería justo en frente de donde están las cruces. “Pero no es el único”, prosiguió el voceador de boletos. “Aquí todos los día llega gente a rezarles y a llorar por ellos”.

Y en efecto, la gente en Hermosillo sigue llorando la tragedia como si hubiera ocurrido ayer, aunque están por cumplirse dos años. Y qué decir de los padres y familiares de los 49 niños, ellos aún están inconsolables y no sólo por la pérdida de sus bebés, sino por la frustración e impotencia de saber que los verdaderos responsables de este crimen aún están libres.

Las 49 muertes y el más de un centenar de niños menores de cuatro años que resultaron heridos en el incendio, son un vivo ejemplo de la corrupción, ineficiencia, nepotismo y tráfico de influencias que se vive en todos los niveles del gobierno mexicano. Los propietarios de la guardería, influyentes personajes de la sociedad sonorense y familiares de importantes políticos estatales y federales, continúan paseándose por la calles como si nada hubiera pasado.

Los padres de los menores, por su parte, aseguran que mientras tengan vida seguirán luchando por encontrar justicia, y recurrirán a todas las instituciones judiciales posibles, así como a organismos internacionales sobre derechos humanos para que les ayuden a esclarecer, lo que ellos consideran el crimen más atroz cometido contra niños en la historia de México.

Guarderia ABC: Incendio termina en minutos lucha por concebir de cinco años
Guardería ABC: Marcha de luto y lucha marca dos años de la tragedia

 

Mexico’s Southern Border is “The Beast”

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The documentary “The Beast” exposes the tragic reality of thousands of Central American immigrants who desperately try to flee the ravaging conditions in their home countries.
The documentary “The Beast” exposes the tragic reality of thousands of Central American immigrants who desperately try to flee the ravaging conditions in their home countries.

(Phoenix, Arizona) — In the United States many people refer to them derogatorily as “illegals.” In the heart of Central America, these human beings represent some of the most disposed, desperate yet tenacious men and women leaving their impoverished countries in hopes to make it to the United States.

Unable to afford another form of transportation but also seeking to avoid Mexican immigration checkpoints, thousands of Central American nationals from countries like El Salvador, Guatemala, Honduras or Nicaragua, dangerously and boldly hop on top of moving freight trains going from southern Mexico to many northern destinations along the U.S.-Mexico border.

Prior to hopping on top of the treacherous train cars, Central Americans first have to defy the Suchiate River that serves as border between Guatemala and Mexico, go through its muddy banks, risk assaults, muggings and rapes. If they are able to overcome all these obstacles, the biggest of all challenges is still ahead: getting on the sordid, brutal moving train cars.

This scenario, along some of the most heartbreaking stories of human drama, is what Mexican journalist and filmmaker Pedro Ultreras (7 Soles, 2008) presents in a new documentary called “La Bestia” (Spanish for The Beast). “The Beast” is the name Central American migrants give to the freight trains– thus the name of Ultreras’ amazing work. “The Beast” also has the dark reputation of being “The train of death.”

Ultrera’s merit consists mostly in riding on top of the freight trains with the migrants, capturing the perilous journey just as these men and women riding “La Bestia” experience it. Nevertheless, the intrinsic value of this promising filmmaker’s documentary is to expose the tragic reality of thousands of people who desperately try to flee the ravaging conditions in their home countries.

La Bestia –the documentary– is an accurate visual testimony that undeniably communicates in a brutal language the travails migrants go through in their frantic attempt to escape their misery. Many in the U.S. see these migrants as a nuisance, invaders, criminals and so forth. La Bestia presents them in its most inherent perspective as some of the most deprived human beings willing to risk not just their safety but their very lives in hopes to arrive to a country where their idea of an American Dream often turns into another overwhelming experience.

In filming the testimonies of some Central American migrants, Pedro Ultreras exposes more than the dangers they face. If La Bestia shows the brutality of Mexico’s southern border, it also offers the compassion found in shelters for migrants and the bonds that develop among the men and women who share the same ride and misfortune.

Mexico catching up with immigration laws
Just a month ago, in February 2011, the Mexican Senate approved the first immigration law of the country. While it may be hard to believe, up until now, Mexico did not have a specific law to deal with immigration issues. The Mexican government approached immigration-related problems by using general population laws.

A new Immigration Act was unanimously passed by the Senate where for the first time recognizes the legal status of foreign migrants. This legislative move recognizes that foreigners have the right to education, emergency medical services, civil registration and the administration of justice regardless of their immigration status.

In terms of punishment for human smugglers or “coyotes”, the Act establishes eight to 16 years in prison, and increases the penalty by up to 50 percent when the accused is a public servant, and the victims are children or teenagers.

The law also sets minimum conditions for migrants. Among those are: avoiding confinement in prisons; preserve the family unit; and, separating men from women. This new legislation prohibits the verification visits to places of humanitarian assistance provided to migrants.

The Immigration Act comes as a response to the gruesome massacre of 72 immigrants in San Fernando, Tamaulipas, in eastern Mexico, on Aug. 24, 2010. Mexican government officials stated it appeared the migrants were slain for refusing to work for a drug cartel. Only one migrant survived.

The massacre also led to the resignation on Sep. 15 of Mexico’s top immigration official, Cecilia Romero, who came under fire and was summoned to testify before the Mexican Senate.

The victims of the massacre were nationals of El Salvador, Guatemala, Honduras, Ecuador and Brazil. They were making their way to the United States through Mexico’s territory, just like many of the migrants Pedro Ultreras presents in his documentary La Bestia.


Rockdrigo: Rock urbano y marginación social de la juventud en México

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Rodrigo González capta y expresa la experiencia defeña como un observador a quien le impresionan las características de la gran ciudad que son naturales y normales para quien nace, crece y está habituado a ella. Ilustración: Barriozona Magazine © 2010
Rodrigo González capta y expresa la experiencia defeña como un observador a quien le impresionan las características de la gran ciudad que son naturales y normales para quien nace, crece y está habituado a ella. Ilustración: Barriozona Magazine © 2010

La aparente paradoja que pudiera representar el hecho de que un provinciano como Rodrigo González haya llegado a capturar la esencia de la experiencia urbana en el Distrito Federal a través de sus canciones, en realidad tiene mucho sentido y lógica.

Cuando Rodrigo emigra a la Ciudad de México en 1977 ya es un hombre de 27 años de edad. No experimenta la vida como hijo de provincianos nacido en el Distrito Federal, ni crece bajo las mismas circunstancias de millones de estos jóvenes que eventualmente llegan a ser atraídos por la letra y la música de sus canciones.

Aún así, Rodrigo sí experimenta el choque cultural que le plantea la ciudad de México, pero sus vivencias ocurren desde otra perspectiva. Muchas de las letras de sus canciones constatan esas impresiones y vivencias acerca de la vida en la capital.

Como músico y compositor talentoso, y precisamente por ser provinciano él mismo, Rodrigo capta y expresa la experiencia defeña como un observador a quien le impresionan las características de la ciudad que son naturales y normales para quien nace, crece y está habituado a ella.

Teniendo en cuenta lo anterior, se deduce que la inspiración nata de Rodrigo González, su evidente cualidad de observador social, su habilidad de saberse entremezclar con la gente del pueblo, así como su análisis desde una perspectiva de provincia, lo ayudan a desarrollar su visión musical y después a llegar a ser un legítimo exponente del rock urbano en México.

Migración y marginación en el Distrito Federal
La migración de provincia hacia la Ciudad de México está estrechamente ligada a la vida cotidiana y a los problemas sociales de la misma. Los millones de migrantes de los estados de la república contribuyeron en mucho a la explosión demográfica que la Ciudad de México experimenta durante varias décadas.

El fenómeno demográfico de los migrantes que provienen de regiones empobrecidas de la provincia y directamente de áreas rurales al Distrito Federal, crea toda una problemática social que se fusiona con los problemas propios de la vida citadina.

La migración desenfrenada a la ciudad crea enormes cinturones de pobreza, da lugar a las llamadas “ciudades perdidas” (como el Campamento 2 de Octubre, al oriente de la ciudad), las cuales carecen de la más mínima planeación urbana para viviendas y de los servicios públicos más básicos. Esto da lugar al surgimiento constante de una sub-economía informal y ambulante, y produce un ambiente de contrastante desventaja para el provinciano, posicionándolo en una terrible disparidad económica y social.

A partir de este fenómeno demográfico y social, los individuos migrantes forman miles de familias, por lo general numerosas, las cuales se ven precisadas a vivir en áreas de marginación extrema en donde las precarias condiciones apenas les alcanzan para sobrevivir.

Miles de jóvenes con las aspiraciones naturales de su edad comienzan paulatinamente a despertar a esta problemática, a darse cuenta de su entorno, a percatarse de sus condiciones en comparación con otras prevalentes en la gran ciudad, y a experimentar factores sicológicos producto de las disparidades que los separan de las mejores oportunidades en términos de educación, empleo y movilidad social, entre otras.

Aparte de los problemas característicos de la adolescencia y la juventud, estos jóvenes se ven forzados además a remar contra una corriente socioeconómica, a verse precisados a trabajar desde temprana edad, y a descuidar la escuela o a desertar definitivamente de ella. Asimismo, se enfrentan a las presiones que les impone una sociedad de consumo que crea expectaciones imposibles de lograr.

A su vez, estas circunstancias los llevan a ser objeto de estereotipos negativos y contraproducentes que terminan empeorándoles el paisaje social, a encasillarlos en funciones laborales desfavorables, y a ponerlos en un círculo vicioso que los atrapa, muchas veces para el resto de sus vidas, en callejones sin salida.

Imposibilitados de incorporarse a la corriente principal de la sociedad, estos jóvenes comienzan a expresarse a través de la rebeldía en contra de las estructuras sociales que en lugar de habilitarlos los restringen y los limitan. Al sentirse enajenada y excluida, esta juventud relegada y discriminada comienza a crear sus propios mecanismos de supervivencia, su propia expresión y dialecto, y a luchar por cualquier medio para demandar los derechos y privilegios de los que son privados por su condición marginada.

Las propuestas que estos jóvenes llevan a cabo para enfrentarse esa situación con regularidad los llevan a la violencia, al consumo de enervantes y a la delincuencia. Con el tiempo emergen de entre ellos mismos grupos comunes de lucha como las pandillas, y a crear subculturas que les permiten expresarse a través de su propia vestimenta, su propia música, y su propio lenguaje, entre otras expresiones que ellos mismos sustentan y propagan.

De esta manera, estos jóvenes inventan y descubren sus propias identidades, mismas que los habilitan dentro de su propio organigrama de lucha social a destacar y a abrirse paso en campos como las artes o algunas otras expresiones culturales.

En lugar de conformarse a querer encajar en moldes que les son ajenos, los jóvenes crean sus propios parámetros y afirman su condición de marginados como punto de orgullo e identidad. En vez de negar su condición, la afirman como ventaja para desarrollarse en una sociedad hostil y enajenante.

De esta manera se vengan de la sociedad que establece expectativas de triunfo solamente para quienes son guapos, adinerados, poderosos, educados, reafirmando exactamente características opuestas.

Esta expresión crea un acueducto social de desahogo y afirma esa identidad construida que les lleva a encontrar valor en quienes son. En vez de aceptar el rechazo encuentran una respuesta y una salida a su propia problemática y a los obstáculos que les presenta la sociedad.

A mediados de los años 70s, muchos de esos jóvenes comienzan a descubrir y a escuchar en sus tocadiscos canciones como Abuso de autoridad, Nuestros impuestos están trabajando, y Perro negro y callejero, interpretadas por Alejandro Lora y su grupo Three Souls in my Mind (ahora conocido como El Tri).

Fue a través de canciones como esas bajo el género del rock que los sentimientos reprimidos de los jóvenes comenzaron a tener una salida, a través de letras en las que se reconocían y con las que se identificaban, y a las que respondían y reaccionaban en contra del sistema y problemas como la desigualdad social.

Hacia finales de esa década y dentro de ese contexto, Rodrigo González arribaría a la Ciudad de México, y dentro de algunos años vendría a desarrollar ese lenguaje musical que llegaría a dar una expresión original y única al rock urbano mexicano, y que serviría como grito de batalla para miles de jóvenes y con el cual hoy todavía se identifican.

Regresar a la primera parte: Rockdrigo: Historias de concreto, rock urbano en México


Rockdrigo: Historias de concreto – Rock urbano en México

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Rodrigo González no sólo evoluciona en “Rockdrigo”, sino que comienza a perfilarse como vocero de un lenguaje urbano hasta entonces no escrito, de un dialecto social que surge en la colisión de dos décadas. Ilustración: Barriozona Magazine © 2010
Rodrigo González no sólo evoluciona en “Rockdrigo”, sino que comienza a perfilarse como vocero de un lenguaje urbano hasta entonces no escrito, de un dialecto social que surge en la colisión de dos décadas. Ilustración: Barriozona Magazine © 2010

Una muerte prematura y trágica ocurrida el momento ascendente de su carrera convirtió a un músico y compositor mexicano en una leyenda del rock urbano en México.

Gracias a esa leyenda, la obra musical de Rodrigo González, también conocido en el ambiente como Rockdrigo, ha llegado a alcanzar una fama que supera en mucho la relativa popularidad que tuvo en vida.

Y aunque su vida terminó súbitamente bajo los escombros de un edificio derrumbado por el terremoto que sacudió la Ciudad de México en 1985, su obra sobrevivió para instituir un legado no solamente musical sino de relevancia sociocultural, y para dar surgimiento a esa leyenda que sustenta hoy su música y su manera de ver la vida.

Rodrigo González (1950-1985) siguió el mismo patrón migratorio de miles de individuos que buscan mejores oportunidades en la gran ciudad, al emigrar desde su natal Tamaulipas al Distrito Federal. Confiado quizás en su propio talento y en el potencial de su visión musical, se aventuró a probar suerte en un contexto cultural más amplio, adverso y competitivo que el de su ciudad, Tampico.

Antes de dejar el terruño del puerto y viajar a la ciudad, Rodrigo ya había intuido en los acordes rudimentarios de su guitarra y el lirismo de sus incipientes letras la fuerza latente de su genio musical. Pero a su enfoque provincial aún le esperaba el choque cultural del Distrito Federal que cual vasto mar ahoga los anhelos de miles de provincianos.

Sorprendentemente, Rodrigo González no sólo aprendería casi innatamente a navegar sobre los retos que le presentaría la ciudad, sino que valiéndose de su intuición de músico nato llegaría a absorber y asimilar la idiosincrasia de la capital, a interpretarla en su propio idioma poético y, mediante su cosmovisión, saber reconocer y evaluar la época y la cultura en que se desarrolló como compositor y músico.

A partir de esa cosmovisión instintiva, Rodrigo no sólo evoluciona en Rockdrigo, sino que comienza a perfilarse como vocero de un lenguaje urbano hasta entonces no escrito, de un dialecto social que surge en la colisión de dos décadas, los setentas y ochentas. Rodrigo se abre paso con su guitarra a través de la espesa “selva cotidiana”, y al hacerlo abre también un conducto para miles de jóvenes, ya sean provincianos o citadinos, que alienados por una ciudad apabullante que les restringe y rechaza, comienzan a despertar, a reaccionar contra pesadillas sociales como la de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968.

Con sus canciones, Rodrigo le pone voz, música y expresión a la condición marginada y reprimida de una nueva generación que aún está por definirse y manifestarse. Al hacerlo, da forma a una temática que viene a comunicar las nociones comunes de la vida de esa cohorte inconforme que busca no solamente desenvolver su identidad, sino darle cauce a su causa.

Rodrigo González se desenvuelve movido por su propia necesidad a través de una inspiración poética, pero nunca teórica. Tampoco se afana en buscar una rima exacta y vacía. Saliendo de su caparazón provinciano y mediante una metamorfosis sociocultural y citadina, originada a partir de sus vivencias, se gesta en él una mezcla de sentimiento de melancolía, de paradoja de sentirse solo en medio de una ciudad ambigua y sobrepoblada, y del deseo de pelear contra la automatización y la imposición de estereotipos. La vida en el Distrito Federal lo lleva a blandir su talento como protesta contra “la máquina” que lo ha vuelto en “una sombra borrosa”.

Su monólogo se convierte así en dialogo, después en conversación, y luego en mensaje popular. Sus canciones encienden naturalmente el fuego latente de un conglomerado “insatisfecho” que busca análogamente resolver cuestionamientos semejantes, paralelos a los que, el ahora Rockdrigo, comienza a proponer respuestas que resuenan con un tono familiar en los oídos de esa multitud que se identifica con esa temática, porque deletrea para ellos su propia posición social. Sin proponérselo, Rockdrigo toca así fibras sensibles con sus canciones que irremediablemente se convierten en himnos y lemas de batalla para una juventud en pie de lucha.

Rockdrigo ataca frontalmente el anonimato en la ciudad-monstruo dando rienda suelta a su inspiración, que fluye natural y genuina porque él mismo experimenta la sensación de “hoja seca que vaga en el viento”. Su letra y música convocan así, involuntaria pero comprensiblemente, a miles de jóvenes que se reconocen a sí mismos y se ven, como en un espejo, en las canciones de Rodrigo González, quien los representa auténticamente y con quien comparten la misma lucha para lograr un espacio contra las fuerzas sociales de la ciudad que los discrimina y los excluye.

De esta manera, la vida en la “vieja ciudad de hierro” impresionó y determinó la carrera del tampiqueño, quien paulatinamente llegaría a ser un certero exponente de la experiencia urbana en el Distrito Federal. Esto no deja de tener un sentido un tanto paradójico por tratarse de un joven provinciano que llegaría a ser reconocido como un genuino precursor del rock urbano.

Segunda Parte: Rockdrigo, Rock Urbano y Marginación Social de la Juventud en México

Alex Lora: “El inmigrante en EE.UU. no quiere dominar el mundo, ni conquistar la tierra, solamente trabajar”

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Alex Lora durante la conferencia de prensa en el Ayuntamiento de Phoenix. El rockero mexicano visitó Arizona para unirse a las protestas contra la ley SB 1070. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2010
Alex Lora durante la conferencia de prensa en el Ayuntamiento de Phoenix. El rockero mexicano visitó Arizona para unirse a las protestas contra la ley SB 1070. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2010

(Phoenix, Arizona) — El legendario cantante y compositor Alex Lora, dirigente del grupo mexicano de rock “El Tri”, visitó hoy esta ciudad para unirse a las voces de protesta contra la ley Sb 1070, que de entrar en vigor el 28 de julio, convertirá en crimen el hecho de estar indocumentado en el estado de Arizona.

José Alejandro Lora Serna, de 57 años de edad, mejor conocido con el nombre artístico de Alex Lora, es el segundo cantante famoso que visita el Ayuntamiento de la ciudad de Phoenix, capital de Arizona. Hace dos semanas, la popular cantante colombiana Shakira también se manifestó contra la controversial ley en una breve visita a esta ciudad.

Lora se dirigió a los medios de comunicación en español en una conferencia de prensa, en la que estuvo acompañado del vice-alcalde de Phoenix, Michael Nowakoswki. El roquero mexicano cuya carrera se extiende por más de cuatro décadas afirmó su apoyo a los trabajadores mexicanos en Estados Unidos y destacó la contribución de estos a la economía de este país.

“Nuestra raza es la que hace el trabajo pesado, la que realmente ha levantado las cosechas y ha levantado este país”, declaró Lora. “No somos inmigrantes ni somos criminales; simplemente somos personas que queremos trabajar, y cualquier persona va para donde el trabajo lo lleva”, agregó.

El líder de la banda de rock “El Tri” ha consolidado su carrera no solamente como músico y cantante, sino también como prolífico compositor de canciones de protesta, las cuales según el propio Lora “no pueden cambiar el estatus de la gente pero sirven como una válvula de escape”.

Temas como Abuso de autoridad, Nuestros impuestos y Niño sin amor, entre una gran cantidad de canciones, abordan una temática social de protesta y críticas al gobierno.

“El Tri” fue fundado el 12 de octubre de 1968, 10 días después de la matanza de estudiantes en la Ciudad de México. En sus orígenes, el grupo se presentaba con el nombre de “Three Souls in My Mind” (Tres almas en mi mente) adoptando más tarde el nombre de “El Tri”.

Durante la conferencia de prensa, Lora, líder, guitarra y voz del grupo, no sólo resaltó la contribución del inmigrante mexicano a la sociedad norteamericana, sino el beneficio que Estados Unidos recibe de estos como consumidores.

“La raza es la que consume todos los productos que ellos (los norteamericanos) hacen. Si nuestra raza no tiene facilidad de adquisición, para poder comprar los productos que ellos hacen, ¿quién se los va a comprar? En la perspectiva que ellos tienen, no se han puesto a pensar que dependen al cien por ciento de nuestra raza para que esto siga estando como está. En el momento en que nuestra raza no estuviera, se cae la economía”, expresó Lora.

Al pedírsele su opinión acerca de un boicot económico como una forma de presionar y protestar al estado de Arizona por la aprobación de la ley 1070, Lora estuvo en desacuerdo. “Tanto como boicot no, porque es como boicotearnos a nosotros mismos. O sea, no podemos boicotearnos a nosotros mismos. Es absurdo. Simplemente estamos en contra de esta ley que es absurda. Y aparte, pues estamos de acuerdo en que se lleve a cabo una reforma migratoria que le permita a la gente que quiere trabajar, trabajar, ¿no? O sea, lo único que pedimos es trabajo, ¿no? No queremos dominar el mundo, ni conquistar la tierra. Simplemente la raza lo que quiere es trabajar, porque en la medida en la que la raza puede trabajar, pues en esa manera puede darle una mejor forma de vida a su familia y a su gente”.

Barriozona Magazine preguntó a Lora si había experimentado como músico o persona la discriminación, a lo que contestó afirmativamente. “Por el hecho de ser rocanrolero he sido discriminado, ¿me entiendes? El simple hecho de ser rocanrolero te cierra las puertas en muchos lugares, no solamente aquí sino en cualquier parte del mundo.” Lora recordó los tiempos en que su grupo y la difusión de su música eran vetados por el gobierno. “Hubo una época en México en que estaba prohibido tocar la música mía. Cualquier emisora que mencionara o tocara música de ‘El Tri’ le quitaban su licencia de locutor y clausuraban la estación”.

El cantante reveló a Barriozona la manera en que él superó la discriminación que experimentó durante los primeros años de su carrera. “Si tú estás convencido de cuáles son tus ideales y cuál es tu identidad, tú siempre debes de ser fiel a tu identidad y tienes que ir para adelante. No puedes, por cosas que estén sucediendo, cambiar tu enfoque que tienes hacia la vida, y las esperanzas y las ilusiones que tú tienes siguen siendo las mismas, aunque te muevas de lugar y aunque esté pasando lo que esté pasando. Tú tienes que seguir siendo fiel a tu identidad y a tu ideal”, concluyó.


Banda “Los Panchitos”: La Asociación Movimiento El Hacha

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Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival
Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival "Los Buk." Fotos: Cortesía del autor.

La participación de los habitantes de las colonias populares en zonas urbanas marginadas del Distrito Federal en pro de transformar su entorno y desarrollar una mejor calidad de vida para ellos, dio surgimiento a la Asociación Movimiento El Hacha, A.C.

Las condiciones actuales de nuestro país y el momento de crisis que vivimos, nos dan la pauta para proponer y actuar ante las desigualdades sociales, económicas, culturales y políticas.

En nuestras colonias vivimos estas condiciones adversas y sólo mediante la acción organizada enfrentaremos la crisis y el desempleo beneficiando a los estudiantes desertores del sistema educativo, obreros, técnicos, empleados públicos y privados, deportistas, artesanos, profesionales y a la mujer, que durante años ha permanecido en la marginación y el rezago total, poniendo especial atención en los niños de la calle y el menor trabajador, así como a las personas de la tercera edad, conocida también como la edad de oro.

La Asociación Movimiento El Hacha, A.C. tiene la finalidad de brindarles la oportunidad, el apoyo y el espacio de esparcimiento, recreación, cultura, educación, deporte, capacitación en el trabajo, ecología, atención y mejoramiento de la vivienda, así como de organización social, entre otros aspectos, propiciando la gestión de responsabilidad y compromiso con la comunidad y nuestra ciudad, con mayores oportunidades de participación y mejor infraestructura social.

Se trata de una asociación civil que surge debido a la enorme necesidad de crear un organismo que defienda y salvaguarde los intereses de la sociedad.

Parte 1: Banda “Los Panchitos”: Antecedentes socioeconómicos
Parte 2: ¿Cómo nace la Banda Los Panchitos”?

Parte 3: Formación y trayectoria de José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”

Banda “Los Panchitos”: Formación y trayectoria de José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”

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Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival
Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival "Los Buk." Fotos: Cortesía del autor.

Nací el día 16 de junio de 1962 en la Ciudad de México, Distrito Federal. Soy hijo del señor Luis Moreno Carrasco y de la señora Elpidia Salinas Romero, quiénes me brindaron una formación tradicionalista y con principios bien cimentados.

Durante mi niñez fui un pequeño tímido y retraído, con pocos amigos y una vida social muy restringida, ya que de acuerdo a las reglas impuestas por mis padres, no se me permitía salir a convivir con los niños que vivían por mi casa; mis únicas distracciones eran practicar futbol americano y observar desde el balcón de mi casa cómo todos se reunían en la calle para jugar.

Cursé la educación primaria en la Academia Militarizada México en el Distrito Federal en el año de 1969 concluyendo en 1974. Posteriormente ingresé a la secundaria Escuela Técnica Industrial No. 118 (E.T.I.) de 1976 a 1978, para pasar a la Escuela Vocacional #2 Miguel Bernad de 1981 a 1984, equivalente a la preparatoria. Más tarde, a principios de la década de los 90s, cursé estudios en Long Beach, California, Estados Unidos.

En 1981 se llevó a cabo una redada en el Distrito Federal donde me tuvieron detenido por ser líder de “Los Panchitos” por un lapso de tres meses. En 1985 me vuelven a detener por los mismos delitos que en 1981, y tuve que enfrentar un juicio por tres años del cual salí absuelto en 1988.

Una vez que me convertí en un joven, descubrí que, a diferencia de los demás chicos de mi edad, tenía un ideal y un don de liderazgo que hacía que muchos de los alumnos de la secundaria me siguieran y se identificaran conmigo. Fue entonces cuando me eligieron como presidente de la sociedad de alumnos, haciendo una labor impresionante dentro del núcleo escolar que me llevó a relacionarme con otras escuelas y a hacer más extenso el movimiento.

A partir de ahí, me convertí en un personaje reconocido entre los jóvenes, lo que me permitió ingresar a la Vocacional #2, en donde ocupé el cargo de presidente del Grupo Cultural y Social de los Insurgentes.

Sin embargo, las cosas en mi hogar eran muy diferentes, ya que mi padre siempre quiso someterme a su régimen de educación casi militar, lo que ocasionó la rebeldía por parte mía y mientras más poderío adquiría debido a mi manera de atraer a la gente (sobre todo al sector juvenil), cambié de ser un niño tímido a un joven con carácter y determinación.

Para ese entonces ya me llamaban “El Hacha”, y aunque mis amigos eran reducidos, otras bandas bajaban hasta la Colonia Daniel Garza, en Tacubaya, para pedirme ayuda y poder vencer a los enemigos. Fue así como poco a poco se fueron congregando más chavos, al grado de haberse juntado hasta 500 muchachos que se enfrentaban a las bandas contrarias como “Los Buk”, provocando el terror en la gente que nos veía como pasábamos con cadenas, piedras y palos, dispuestos a dejar el espíritu en cada batalla.

Fue así como yo, “El Hacha”, me convertí en el líder y dirigente de la emblemática banda de “Los Panchitos”, quien conjuntamente con otros integrantes de la banda movilizaron el Distrito Federal, y marcaron una época que aún es recordada por las personas de ese tiempo.

Algunos nos recuerdan como una banda que los tenía aterrorizados debido a nuestras confrontaciones, en las cuales destruíamos todo a nuestro paso. Otros recuerdan que éramos chavos con espíritu de lucha y altruismo, que nos preocupábamos por proteger a los más vulnerables, y que se unían e incluso para causas nobles. Tal fue el caso del terremoto de 1985, cuando ayudamos al gobierno del Distrito Federal a quitar escombro y a rescatar a las personas que estaban sepultadas entre las ruinas.

Sin embargo, y pese a todo esto, como mencioné anteriormente, en el año de 1981 se hizo una redada en la Ciudad de México en busca mía por ser el líder de “Los Panchitos”. Yo era el blanco perfecto para distraer a la gente de la realidad política del país, centrando las atenciones en la captura de “El Hacha”. Me convertí en la persona más buscada de la ciudad, pues se me atribuían diversos delitos, por los cuales caí preso mientras se abría una investigación que a final de cuentas arrojó mi inocencia.

No todo paró ahí. Una vez que conseguí nuevamente mi libertad, y en base a la popularidad y liderazgo que adquirí, tuve la oportunidad de conseguir logros que hasta la fecha me llenan de satisfacción. En 1984 elaboré y presenté un proyecto que fue aceptado por el departamento de Desarrollo Social de la Delegación Álvaro Obregón  y me permitieron obtener un local que anteriormente era un cine abandonado. Ahí implementé un centro social ubicado en la Colonia Molinos de Santo Domingo, el que tenía por nombre Coordinación Juvenil Sex Panchitos, y en donde se realizaban actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas.

Tiempo después tuve oportunidad de participar como orador en un foro al aire libre con el ex-Presidente de la República Carlos Salinas de Gortari, quien en ese entonces era candidato a la presidencia, obteniendo su reconocimiento, e incluso su interés para que me uniera a su equipo de abogados consultores de la república.

Asímismo, participé nuevamente en un concurso de oratoria organizado por la Escuela Libre de Derecho, en foros juveniles por parte de Desarrollo Social de la Delegación Álvaro Obregón. En 1989 presenté un proyecto para la adquisición de un gimnasio para complementar el centro social del cual era dirigente, además de implementar conferencias y platicas ecológicas, círculos de estudio para la alfabetización y regulación en primaria y secundaria.

Coordiné con maestros y directores de escuelas en la Colonia Santo Domingo y autoridades de la Delegación Álvaro Obregón para sumar esfuerzos en una lucha contra la farmacodependencia y drogadicción. De 1990 a 1991 fui invitado por la Delegación Miguel Hidalgo para participar en el programa piloto “Programa Integral de la Mujer al Desarrollo”, coordinando actividades en la misma Delegación (PINMUDE).

También participé en investigaciones psicológicas del Niño de la Calle y Menor Trabajador, coordinada por el psicólogo José Gómez Hernández. De 2003 al 2006 trabajé en la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, adscrito a la Subprocuraduría en Averiguaciones Previas Centrales, realizando trabajos de investigación y obteniendo un reconocimiento por parte del Procurador de Justicia, el Maestro Bernardo Batiz Vásquez, del Jefe de Gobierno Alejandro Encinas Vásquez, y del Secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega Cuevas, por el operativo parques y jardines dispuesto para la captura y aprehensión de Juana Barraza, alías la “Mata Viejitas”. De igual forma me fue extendido por el subprocurador un reconocimiento por haber colaborado en la captura de un defraudador.

Como parte de mi preparación dentro de la procuraduría, asistí a Estados Unidos de América al seminario acerca de los laboratorios clandestinos de metanfetamina, la Mara Salvatrucha, y el grafiti subliminal, en donde obtuve un reconocimiento por parte de la DEA, la agencia contra las drogas de Estados Unidos, por mi participación, el cual tiene valor curricular.

Recientemente trabajé dentro de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal desempeñándome como asesor político del diputado Humberto Morgan Colón, Presidente de la Comisión de Participación Ciudadana.

Tuve oportunidad de coordinar varias campañas políticas con resultados considerables, lo que me llevó a conocer diversas personalidades de ese medio con las que colaboro a través de mis proyectos que se inclinan por apoyar a las nuevas generaciones, implementando la erradicación de las drogas, el alcoholismo, pandillerismo y la delincuencia. He conseguido la participación de jóvenes de diferentes estratos sociales mediante la concientización de los mismos, realizando trabajos comunitarios y estableciendo una relación estrecha entre padres, hijos y sociedad.

De esta manera, mi mayor interés es que no se cometan los mismo errores del pasado y se dé el impulso que los jóvenes y adolescentes necesitan para que tengan acceso a mejores posibilidades de desarrollo integral, alejados de las cosas y tentaciones que les pueden perjudicar, estableciendo un núcleo de respeto con la autoridad, fortaleciendo la confianza hacia el Estado, sin pretender solamente imponer reglas, sino enseñando y hablando el mismo idioma que ellos.

Parte 1: Banda “Los Panchitos”: Antecedentes socioeconómicos
Parte 2: ¿Cómo nace la Banda Los Panchitos”?

Parte 4: ¿Qué motivó el surgimiento de la Asociación Movimiento el Hacha

Banda “Los Panchitos” permanece firme en defensa de la juventud

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Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival
Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival "Los Buk." Fotos: Cortesía del autor.

¿Cómo nace la banda de “Los Panchitos”?
La banda de “Los Panchitos” surge en el sur poniente de la Ciudad de México, en la delegación Álvaro Obregón, en el año 1978, paralelo al inicio del movimiento “punk”, que tenía su origen en Inglaterra.

Fue entonces cuando yo, José Luis Moreno Salinas, alías “El Hacha”, junto con otros amigos que compartían los mismos ideales que yo, formamos dicha banda como un movimiento juvenil para frenar la represión, marginación y discriminación por parte del sistema político y de la sociedad hacia los jóvenes y adolescentes, ya que buscábamos ser escuchados y ser tomados en cuenta para gozar de buenas oportunidades.

Debido a que yo era líder estudiantil en la Secundaria ETI 118, gozaba de cierta empatía con el alumnado no sólo de esa escuela, sino de las demás que pertenecían a la Delegaciones Álvaro Obregón, Miguel Hidalgo y Cuajimalapa, situación que me ayudó a convocar a jóvenes en la búsqueda de cambiar el régimen político de ese momento. Y fue así como, poco a poco, más hombres y mujeres se integraban a la banda, a pesar de los riesgos que esto implicaba, pues era la policía quien se encargaba de someternos a base de golpes, ofensas y abusos para frenar lo que estábamos iniciando.

Sin embargo, nada nos detuvo, y logramos tener una masa de 70 personas entre jóvenes y adolescentes que dimos origen a la banda de “Los Panchitos”, pero con el paso del tiempo se unificaron otras bandas del Distrito Federal y del Estado de México, dando un total aproximadamente como de 10,000 bandas, de las cuales yo era el líder y representante. Ante cualquier situación nos apoyábamos y nos defendíamos de las injusticias y los ataques, tanto de autoridades como de las bandas que eran enemigas nuestras, como es el caso de los “Buk”.

Es por esto que, basados en el único recurso que teníamos que era la organización, quisimos defender nuestros ideales y nuestros intereses para salir de la pobreza y marginación en la que estábamos, y para poder tener acceso al trabajo y a la educación, pues la falta de todo esto traía como consecuencia la desintegración familiar.

Ante esta nueva forma de organizarse no se hizo esperar la respuesta a este movimiento, pues los jóvenes eran tachados de delincuentes, sobre todo si se trataba de los llamados “chavos banda”, que por su simple apariencia y su forma de vestir se les relacionaba con “Los Panchitos”, influyendo en esto la prensa amarillista de la época, pues ante cualquier acto delictivo que se cometía en la Ciudad de México o en el Estado de México, se le atribuía a nuestra banda, dando como perfil delincuencial que perjudicaba a la ya distorsionada y triste realidad de la banda.

Aunado a esto se nos atribuían delitos de robo, homicidio y hasta violaciones, lo cual siempre fue una mentira, pues lo único que hacíamos era compartir el gusto por la música de rock, y a lo único que llegábamos eran las peleas callejeras, pero sin el afán de lastimar ni ofender a las personas que no tenían nada que ver con nosotros.

Muchas de las cosas que se cuentan de “Los Panchitos” son sólo leyendas urbanas que se inventaron para alarmar a la gente y justificar algunas fallas en el sistema penitenciario y de justicia en la ciudad, pues hicieron pagar a justos por pecadores, sometiéndonos a varios de nosotros a juicios penales sin haberse demostrado nuestra responsabilidad.

Tal fue mi caso, ya que estuve privado de mi libertad durante tres años y medio como presunto responsable de los delitos de robo, homicidio y violación, saliendo libre en el año 1986, absuelto totalmente de los delitos que se me acusaban. Sin embargo, cabe mencionar, que aun estando preso y de que se me consideraba como enemigo público número uno, de acuerdo a la catalogación que me dieron los medios de comunicación amarillistas, dentro del Reclusorio Oriente de esta ciudad fomenté el deporte y la cultura, promoviendo un programa de alfabetización para los internos que tuvieran interés en superarse, situación que desconcertó a los mismos medios que me atacaban, los cuales finalmente reconocieron la labor importante y humanitaria que realizaba.

Parte 1: Banda “Los Panchitos”: Antecedentes socioeconómicos
Parte 3: Formación y trayectoria de José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”
Parte 4: ¿Qué motivó el surgimiento de la Asociación Movimiento el Hacha

 

Banda “Los Panchitos”: Antecedentes socioeconómicos

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Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival
Como dirigente de la temible banda de “Los Panchitos” en la Ciudad de México hace tres décadas, y en la actualidad, José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”, ha peleado contra la pobreza, la marginación y la represión en los jóvenes mexicanos. A los 19 años de edad, “El Hacha” (derecha en el grupo), fue arrestado en una redada policiaca junto con “El Caballo” y “El Moco”, dos miembros de la banda rival "Los Buk." Fotos: Cortesía del autor.

En los años 70s a nivel mundial se llevaron cambios en todos los sentidos, alcanzando éstos a los adolescentes y jóvenes en la búsqueda de nuevas oportunidades en los campos laborales, estudiantiles, culturales, etc., siendo los movimientos estudiantiles los más activos.

En México los movimientos no se podían quedar atrás, y en el año 1968 ocurren con el fin de pedir la desaparición del cuerpo de granaderos por ser un grupo de la policía que en lugar de ser preventivo era represor, pues en esa época ser joven era sinónimo de delincuente.

Dicho movimiento tuvo su máxima expresión del mes de julio al mes de agosto de 1968, el cual culmina con el movimiento estudiantil que trajo como consecuencia una matanza el 2 de octubre, lo que significó un parteaguas en la vida política del Estado.

Así es como la experiencia que dejó la organización de los jóvenes de esa época se traslada a las colonias populares que van creciendo en los llamados cinturones de pobreza ubicados a las orillas de la gran ciudad de México, mientras que en el sur poniente surge una forma nueva de organizarse de los “chavos”. Sin embargo, éstos fueron reprimidos por la policía por el simple hecho de ser pobres y tener el gusto por la música de rock.

Estos jóvenes representaban a los hijos de familia que venían del interior de la república en busca de mejores oportunidades para tener un estilo de vida digno. Sin embargo, se van dando cuenta que al llegar a la ciudad a sus padres los vejan sin darles la seguridad a la que la policía estaba obligada, y es cuando como un grito de protesta y rebeldía surge la banda conocida inicialmente como los “Sex Panchitos”, y que posteriormente se limita únicamente al nombre de “Los Panchitos”, movimiento que confronta al Estado represivo de las autoridades y la sociedad en general en esos tiempos.

Parte 2: ¿Cómo nace la Banda Los Panchitos”?
Parte 3: Formación y trayectoria de José Luis Moreno Salinas, “El Hacha”
Parte 4: ¿Qué motivó el surgimiento de la Asociación Movimiento el Hacha

En Empalme, Sonora, esperando “El tren de los sentimientos”

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La entrada a Emplame, Sonora, México, en donde se encuentra el Monumento al Centenario de Empalme 1905-2005. Foto: Especial
La entrada a Emplame, Sonora, México, en donde se encuentra el Monumento al Centenario de Empalme 1905-2005. Foto: Especial

Empalme, Sonora, es un pueblo tranquilo a la orilla del mar. Es espiritual. Mágico. Se deja llevar, desde que recuerdo, por las influencias sagradas que sopla por sus calles -muchas sin pavimentar- la brisa marina.

Hace tiempo, los empalmenses recibían la creencia y también la incredulidad, que traían a bordo del tren, los cuentos y las anécdotas de los ferrocarrileros, que ahí tenían el taller general más importante de México.

Los empalmenses siempre hemos sido receptivos. Platicadores. Vivimos la conversación. Somos diferentes a los del Macondo-pueblo-imaginado por el ex cronista de cine García Márquez, pues los empalmenses, vivimos y los que han muerto, han alcanzado la muerte de tanto vivir. Empalme es real.

Hasta la fecha, al caer las tardes, salen de sus casas y se instalan enfrente, simplemente para platicar y mirar, quién, quiénes y con quién, vienen o van las muchachas y muchachos, los señores y las señoras.

Es costumbre también, en días de verano fresco-húmedo, quedarse entrada la noche platicando, y de esa vigilia, habrá “material” para los comentarios al día siguiente: “fíjate que regresaron ya después de las once… y él venía desfajado y ella, con los zapatos en la mano…”

Empalme es un pueblo sano. Los pobladores todavía platican entre ellos. No los ha chingado la televisión ni los ha hipnotizado el o la Internet. Lo que si practicamos, es la “interneta”: estamos dedicados históricamente, a la neta de lo interno. Lo profundo, lo que vale. Por algo, ahí se fraguaron movimientos sociales que hoy son parte de la historia: la huelga ferrocarrilera de 1959, y el Movimiento Armado Revolucionario. De este último, estuve con ellos en la escuela.

Desde niño, este reportero, se dio cuenta que los viejos -“los jubilados”- les dicen, escogen sus esquinas favoritas donde esperan a los amigos y a la dama misteriosa que les llevará, en el último tren resoplando memorias, y llorarán los que se queden, suspirando al imaginarse que ese tren regresará por alguno de ellos, y miran con la vista cansada, hacia el lado donde termina el cerro y por donde da la curva del tren hacía lo que le llaman, “piedra volada”.

Hace años, durante el tiempo de la actividad frenética del tren de pasajeros, “los jubilados”, se reunían en las bancas del sindicato ferrocarrilero o al cruzar la calle, en el restaurante de “La Guille” Ocampo, otros en la Plaza Centenario o en El Tinaco, que fue un recipiente gigante para guardar agua para el pueblo y para el ferrocarril -monumento único en la República- pero todos coincidían en una ceremonia inolvidable, que se quedó marcada en las lozas de la memoria de este reportero: entre la 1 y 2 de la tarde, (los ex ferrocarrileros de distintas épocas dicen aún “las trece y las catorce”), caminaban con la rapidez que sus edades les permitían, hacia la estación del tren, que era una bellísima casona de madera de “machambre” pintada parcialmente de amarillo, con techo negro y pisos de madera desigual, hinchada por los años y por las pisadas de muchos que ya no caminan.

Me causaba curiosidad que al piso de la estación, lo untaban de “chapopote”, -petróleo crudo rebajado traído de los talleres-, que esparcían con unas estopas pegadas a un grueso palo cilíndrico quedando muy brillante y renegrido, y la última pasada, apurados los trabajadores, se la daban a los pisos cuando se escuchaba a lo lejos el pitido de la máquina ferrocarrilera, anunciando su llegada, aviso que todo el pueblo podía escuchar.

Y “los jubilados”, al escuchar el resoplido del tren en la curva del hospital hacia el sur, o adelante de la curva del cerrito, hacia el norte, algunos se agachaban pisando sus cigarros sobre los maderos negros, movían de un lado a otro la punta de su zapato sobre la colilla, se ajustaban sus pañuelos rojos sobre sus cuellos, luego, casi a un mismo tiempo, ponían la mano izquierda atrás de las “cachuchas” ferrocarrileras de mezclilla con rayas blancas y con la derecha, un jalón firme y rápido de la visera terminando el ajuste a sus cabezas, y se iban cruzando la primera fila de rieles y caminaban a un lado de las grandes moles de hierro, con el único afán de esperar que terminara de frenar, resoplando, y ver quién llegaba o quién se iba, “o qué noticias hay de ‘fulano de tal’, que lo internaron en el hospital ferrocarrilero en Guadalajara”.

Había mucho movimiento cuando llegaba el tren, aunque en el pueblo esos años, tenía algunos 13 mil habitantes.

Una media hora después de la llegada del convoy, luego que se cargaba principalmente agua, hielo y los bolsones del correo, ya los pasajeros acomodados y algunos de última hora tomados de la barandilla de las escalerillas, la máquina resoplaba una vez más como un gigante esforzándose, y pitaba con nostalgia para unos y alegrías para otros y con lentitud, la mole empezaba a moverse muy despacio: “ta-ca-taca… tuchú-tuchú, taca-taca-taca-taca”, y al cruzar la calle donde los rieles siempre me parecieron que estaban ladeados a un costado del restaurante El Danubio Azul, se veían uno o dos ferrocarrileros, tomados de una mano de la “agarradera” de hierro y los dos pies firmes en la escalerilla del último vagón, con el brazo izquierdo alargado, mientras que al derecho en cuya mano llevaba un guante de cuero grueso, le daba vuelta como abanico, señalando al maquinista, para que le diera velocidad al gigante rodante de hierro.

La expresión de los viejos rieleros, al irse el tren, cambiaba. Sus caras se ponían serias. Ya no hablaban tanto. Sus manos, tan elocuentes que acentuaban las anécdotas antes, ahora las llevaban metidas en las bolsas de sus pantalones “overol” de mezclilla y otros, sobre sus pecheras. Sus cabezas agachadas, su vista enfocada en el suelo, su caminar aún mas lento que hacía que hasta las cadenas de sus relojes reglamentarios que muchos ex ferrocarrileros siguen sujetando a su cinto, casi ni se movieran.

Era como que la partida del tren, al que con alegría fueron a recibir, se convertía en una señal de despedida. Despedida de sus vidas. Anunciándose a ellos mismos, que en la estación del tiempo, se acercaba el horario de la llegada de su último tren. Y no sólo la llegada: la salida del último viaje en el bellísimo tren de los sentimientos. Y ese magnífico ferrocarril de luces y paz, nunca ha salido del pueblo: rueda en rieles que no son de acero, y vaga por calles y callejones de mi pueblo mágico, repartiendo flores a sus hijos, en forma de recuerdos…

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