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El sistema político mexicano: Hacia un modelo de Democracia Mayoritaria – Cuarta parte

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El triunfo del candidato panista Vicente Fox Quesada no solamente representó una batalla ganada para el partido, sino el triunfo de la democracia y del pueblo mexicano sobre una dictadura que prometía el retroceso del país en todos los aspectos. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006
El triunfo del candidato panista Vicente Fox Quesada no solamente representó una batalla ganada para el partido, sino el triunfo de la democracia y del pueblo mexicano sobre una dictadura que prometía el retroceso del país en todos los aspectos. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

El cambio de gobierno en el año 2000, y la caída del PRI Un evento muy importante que causó que mucha gente le diera por primera vez la espalda al Partido Revolucionario Institucional (PRI), fue la demostración de estudiantes que ocurrió en 1968 en la ciudad de México, la cual estuvo marcada por ideas marxistas. Miles de estudiantes fueron asesinados por órdenes del gobierno, lo que ocasionó que muchos de los líderes de los movimientos sociales de liberación se rindieran; algunos de ellos se dejaron corromper. Había un movimiento llamado Frente de Liberación Nacional (FLN), cuyos integrantes se retiraron hacia el estado de Chiapas, para así poder continuar con sus actividades.

Las deudas del país crecían cada vez con más rapidez, hasta que en 1981 cayeron los precios del petróleo, llevando a México a declararse incapaz de pagar sus deudas. Este acontecimiento fue sin duda alguna, después de la demostración estudiantil del 68, la segunda crisis más grande a la que habría de enfrentarse la hegemonía priísta. Pocos años más tarde, en 1986, fue dado a conocer que el 60% de la población mexicana vivía bajo condiciones de pobreza extrema.

En 1982, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado (1982–1988) subió al poder y promovió una economía política neoliberal bastante rígida. Esto contribuyó a un empeoramiento de la situación social, aumentando el desempleo de forma dramática. Su sucesor, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), el cual también ganó las elecciones aplicando el fraude electoral, decidió continuar con la misma estrategia política neoliberal que su antecesor, la que alcanzó su auge con la ratificación del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (NAFTA: North America Free Trade Agreement) el 1. de enero de 1994.

Para poder llevar a cabo este convenio, Salinas de Gortari modificó el artículo 27 de la Constitución, el cual ahora les permite a los terratenientes (en este caso, a las empresas privadas extranjeras) expropiarles las tierras a los campesinos. Además, cambió varias partes de la Constitución, con el fin de permitirles a los consorcios extranjeros establecerse en el país sin ningún riesgo. Las consecuencias inevitables de este convenio, además de una economía política liberal, fue el levantamiento armado de campesinos indígenas: Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas el 1º. de enero de 1994.

Este ejército indígena tiene como base fundamental las ideas del héroe de la Revolución Mexicana, Emiliano Zapata, descrito en el capítulo tres. El EZLN estaba inconforme con la ratificación del Tratado de libre Comercio, puesto que esto sólo agravaría la situación de los indígenas que habitan la región de Chiapas, los cuales vivían bajo circunstancias casi inhumanas, y realzando el hecho de que el significado del término “Derechos Humanos”, es casi desconocido.

Al inicio del sexenio del siguiente presidente, Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), el país revivió el estallido de una segunda crisis económica y financiera. El crecimiento de la deuda externa, la devaluación del peso mexicano, una inflación imparable, y el asesinato del candidato a la presidencia por el PRI, Luís Donaldo Colosio, contribuyeron a que el descontento y la desconfianza del pueblo mexicano hacia el gobierno se fortalecieran cada vez más.

A raíz de esto, los hasta entonces oprimidos e insignificantes partidos de oposición, pudieron ganar simpatía entre el pueblo mexicano. Una de las primeras señales de esta inconformidad, fueron las elecciones del congreso en 1997, en las cuales el PRI perdió – por primera vez en la historia de su reinado durante casi 71 años – la mayoría en el Congreso. El principio de una lenta democratización se pudo también reconocer, cuando en 1999, el mismo PRI decidió que el próximo candidato a la presidencia sería elegido por el pueblo, y no nombrado por el presidente en turno, como siempre había sido el caso.

Las elecciones presidenciales del 2000 y el triunfo del PAN
Al iniciar la campaña política, el PRI podía percibir de manera clara que no sería fácil ganar la contienda electoral por la presidencia de la república, como había sido seis años antes. El tipo de propaganda, y la forma de hacer campaña por parte del partido del candidato panista, fue algo nunca antes visto en la historia de México. Tanto el partido mismo, así como muchos militantes y seguidores del PRI, estaban convencidos que este llegaría a ser el fin del dominio priísta. El triunfo del candidato panista Vicente Fox Quesada, no solamente representó una batalla ganada para el partido, sino el triunfo de la democracia y del pueblo mexicano sobre una dictadura que prometía el retroceso del país en todos los aspectos. Creíamos vivir en una sociedad tranquila, cuando realmente vivíamos en una tranquila suciedad.

A principios del año 1999, los partidos PAN y PRD formaron juntos una alianza, cuya meta era vencer al PRI. Cuando el candidato del PRD se enteró de que él no sería el candidato a la presidencia de esta alianza, renunció a ella. Poco después, el PAN volvió a formar una alianza, pero esta vez con el PVEM (Partido Verde Ecologista de México). De este modo, el P.R.D. se convirtió nuevamente en un adversario del PAN.

Asimismo, en este año tuvieron lugar debates entre los candidatos en televisión (un suceso jamás antes ocurrido): Francisco Labastida (PRI), Vicente Fox (PAN), y Cuauhtémoc Cárdenas (PRD). Este debate político favoreció la candidatura del aspirante panista, ganando así más simpatizantes. Vicente Fox creó un tipo de red o grupo de apoyo: el llamado “Amigos de Fox”, para así reforzar su popularidad y acrecentar el número de votos a su favor.

A este grupo no sólo pertenecían miembros del partido, sino también electores que se sentían atraídos por dicha campaña. El 2 de Julio de 2000, tuvo lugar la contienda presidencial en la que participó el 63% de la población. Los resultados fueron dados a conocer pocas horas más tarde: La coalición PAN/PVEM había ganado con 43% de los votos, mientras que el PRI obtuvo el segundo lugar con 37%, y el PRD el tercer lugar con 17% de los votos.

El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Tercera parte

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La Cámara de Diputados está integrada por 500 miembros, los cuales son elegidos cada años. Trescientos de los 500 diputados son elegidos según el principio de votación mayoritaria relativa. Ningún estado puede denominar menos de dos diputados, que vayan a ser elegidos a través de este procedimiento.
La Cámara de Diputados está integrada por 500 miembros, los cuales son elegidos cada años. Trescientos de los 500 diputados son elegidos según el principio de votación mayoritaria relativa. Ningún estado puede denominar menos de dos diputados, que vayan a ser elegidos a través de este procedimiento.

México como modelo de mayoría presidencial, ordenamiento de las dimensiones ejecutivas de partido y federales de México hasta el 2000

El sistema de partidos mexicano: Unipartidista
Como ya se ha mencionado anteriormente, el Partido Nacional Revolucionario (PNR) fue fundado originalmente en 1929, y en 1938 fue cambiado a Partido de la Revolución Mexicana (PRM). En el año de 1946 el partido fue bautizado nuevamente bajo el nombre de Partido Institucional (PRI). El partido que hoy conocemos existe desde 1946.

México ha sido concebido de 1929 a 1997 como un estado unipartidista En 1997, el PRI perdió su mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y dos tercios de la mayoría en el senado. El parlamento o el Congreso de la Unión se compone de dos cámaras: La Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. La Cámara de Diputados se integra por 500 diputados, cuya duración en ella consiste de tres años. La Cámara de Senadores estaba compuesta hasta 1997 por dos representantes de cada uno de los 31 estados federales más un distrito, o sea 64 senadores, los cuales son elegidos cada seis años sin posibilidad de ser reelegidos.

Desde 1994 se elevaron a cuatro los representantes por estado, sin importar el tamaño o la proporción del estado, o sea 128 senadores. Hasta antes de 1997, los partidos PAN y PRD no jugaban un papel importante en la vida política de México. El desarrollo político de ambos partidos se puede observar claramente en la siguiente gráfica.

Tabla 3-1: El Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática no participaban de manera relevante en política mexicana. La tabla muestra su desarrollo político a partir de 1197. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006
Tabla 3-1: El Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática no participaban de manera relevante en política mexicana. La tabla muestra su desarrollo político a partir de 1197. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

A partir de este desarrollo, se puede deducir que a partir de 1988 México ha dejado se ser un sistema unipartidista, a pesar de que en ese año el PRI controla el Congreso con más de la mitad de sus 500 miembros. De acuerdo al método de Lijphart, el sistema de partidos mexicano puede ser catalogado a partir de este año como un sistema bipartidista. A partir del año 2000, con la consolidación de los dos partidos opositores, el sistema de partidos se concibe como un sistema tripartidista con un partido dominante. Otros pequeños partidos integrantes del Congreso desde 1997 son: Partido de Trabajo (PT), fundado en 1980 y con tendencia de izquierda; Partido Verde Ecologista de México (PVEM), fundado en 1986. Hay ocho partidos más dentro de la plataforma política mexicana; seis de ellos fueron fundados en 1999.

La concentración del poder ejecutivo en el presidente
En la Constitución de 1917, México fue definido y concebido como “Estados Unidos Mexicanos”, así como un “sistema presidencial”. Como ya lo he mencionado en la segunda parte, Venustiano Carranza fue quien reforzó y marcó el poder y el dominio del presidente. El presidente, como figura máxima, representa el poder absoluto, su mandato dura seis años, es elegido directamente por el pueblo, y no puede ser reelegido.

El presidente no sólo funge como jefe de estado, sino como jefe de partido. Es el jefe de la policía federal, tiene la facultad de proponer y cambiar leyes, es el jefe máximo de las fuerzas armadas, puede nombrar y despedir a la fiscalía federal, a los secretarios de estado, a los secretarios del gabinete, a los integrantes de la Suprema Corte de Justicia y a los representantes diplomáticos, y hasta 1996, él nombraba al gobernador de la Ciudad de México. Además, el presidente puede (podía) decidir quién sería su sucesor (este procedimiento, el cual se volvió regla al paso de los años, y fue institucionalizado por el presidente Manual Ávila Camacho (1940-1946).

El régimen mexicano se ha caracterizado sobre todo por un presidencialismo autoritario, el cual durante 71 años se alimentó de fraudes electorales, y de la opresión de grupos de oposición. El presidencialismo mexicano se basa principalmente en tres elementos: El presidente, el Partido-Estado (se le denomina Partido-Estado, puesto que no es posible diferenciar entre el estado y el partido), y el corporativismo. Lo que el presidente es y de lo que posee facultad, ya lo he mencionado arriba.

Ahora hemos arribado al segundo pilar del presidencialismo mexicano: El Partido-Estado PRI. El estado apoya al PRI de diferentes maneras: controla innumerables (o casi todo tipo de) sindicatos y organizaciones masivas a través de medidas dictatorias. Uno de los casos más famosos, es el de los sindicatos de taxistas, en los cuales sus miembros poco antes de las elecciones están obligados a entregar sus identificaciones (si no, no pueden trabajar) con el fin de que los jefes de los sindicatos puedan llevar a cabo votaciones colectivas a favor del partido (PRI). Para favorecer estos procedimientos, una afiliación a muchos sindicatos, se ha vuelto más que la excepción, una regla. Esto conllevó a que la manipulación de votos pueda ser perfectamente consumada en su totalidad.

Desde 1940 hasta los años 80, México pudo disfrutar de una política y economía sorprendentemente estable, gracias a estos procesos electorales, los cuales fueron aprovechados y usados por el estado para así asegurar el imperio priísta, al mismo tiempo que esto bloqueaba todos y cualquier intento por parte de grupos opositores para ganar militantes.

El tercer pilar del presidencialismo mexicano es el llamado Corporativismo. Esta práctica consiste en manipular fuertemente a las organizaciones masivas dentro de la sociedad. Una de las principales funciones de los líderes de las organizaciones masivas es oprimir a los sectores de oposición que se encuentran dentro de los sindicatos, con el fin de evitar huelgas o levantamientos. Estos fungen como un tipo de intermediarios entre el gobierno y los sindicatos.

El poder usurpador del presidente sobre el Congreso
Una de las principales características del presidencialismo mexicano durante la era priísta, fue sin duda la debilidad del órgano legislador, lo cual se puede y pudo percibir en los ámbitos políticos y sociales. Hasta las elecciones de 1997 todas las decisiones de la Cámara de diputados y del senado eran controladas por el PRI. Los derechos y obligaciones del presidente están estipulados en el artículo 89 de la Constitución mexicana. Durante la época priísta, el presidente se excedía de sus facultades.

Este sobre uso de sus facultades lo hacía cada vez más poderoso, ya que ni siquiera el Congreso se atrevía a oponerle resistencia, puesto que el Congreso era dominado por la mayoría priísta. La superioridad en el número de los miembros priístas dentro de ambas cámaras impedía la realización de la supuesta función de control, así como la función de “balance of power” del ejecutivo. Esta mayoría dominante por parte de los integrantes de ambas cámaras, le permitía al presidente, entre otras cosas, hacer cambios en la Constitución sin ninguna dificultad.

La Constitución mexicana dictamina la clásica separación de poderes: Legislativo, Ejecutivo y Federal. Esta separación de poderes se repite de igual manera a nivel estatal y regional. Estos poderes son oficialmente independientes unos de los otros.

Poder Legislativo
Este poder yace en el llamado Congreso de la Unión, el cual se divide en dos cámaras: la Cámara Baja o Cámara de Diputados, y la Cámara Alta o Senado. La reelección está prohibida en ambas cámaras.

La Cámara de Diputados está integrada por 500 miembros, los cuales son elegidos cada años. Trescientos de los 500 diputados son elegidos según el principio de votación mayoritaria relativa. Ningún estado puede denominar menos de dos diputados, que vayan a ser elegidos a través de este procedimiento. Los 200 diputados restantes serán elegidos según el principio de representación proporcional.

La Cámara de Senadores se compone por 128 senadores, los cuales serán elegidos en su totalidad cada seis años. De los 128 senadores, 32 de ellos, o sea uno de por cada estado, serán elegidos a través del principio de representación proporcional (este procedimiento fue implantado por primera vez en 1996). Sesenta y cuatro senadores, o sea dos por estado (de los cuatro en total) son elegidos según el principio de votación mayoritaria relativa, y uno es asignado a la primera minoría.

El Poder Judicial en México es la Suprema Corte de Justicia de la Nación

México como Estado Federal
La administración de México se estructura de acuerdo a la Constitución de la siguiente manera: Existen 31 estados federales y un distrito federal. Todos los estados disponen de una constitución propia, la cual se basa en la constitución federal. Los estados son independientes y son gobernados por un gobernador estatal, el cual igualmente es elegido cada seis años sin posibilidad de reelección.

Los estados dependen de forma financiera del gobierno central. Hasta antes de 1996, el presidente de la república nombraba al gobernador del distrito federal, hecho que como ya he mencionado antes, había contribuido a acrecentar su poder. En 1996 por primera vez, el gobernador del Distrito Federal fue elegido de forma directa, gracias a la presión ejercida por los habitantes de esa ciudad sobre el presidente.

El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Segunda parte

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La Revolución se propagó y se difundió rápidamente por todo el país, y cada vez se formaban más rápidamente ejércitos compuestos por miles de campesinos. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006
La Revolución se propagó y se difundió rápidamente por todo el país, y cada vez se formaban más rápidamente ejércitos compuestos por miles de campesinos. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

Historia de la Revolución Mexicana y antecedentes de los principales partidos politicos mexicanos

Antes de la Revolución Mexicana, Porfirio Díaz gobernó el país durante 34 años (1877-1911). Esta época recibió el nombre de “el Porfiriato”. Díaz aceleró el crecimiento económico, y con la ayuda de capital extranjero, ayudó y fomentó la industria extractiva del petróleo. El Porfiriato es recordado en México como una época de grandes cambios en muchos ámbitos; fue el principio de la modernización, sobre todo en el área económica, puesto que los avances en los aspectos tanto social como político dejaban mucho que desear. Mientras que las clases sociales más altas sacaban provecho del Porfiriato, los campesinos y la clase media vivían bajo circunstancias miserables.

La situación se empeoró cuando las tierras les fueron expropiadas a los campesinos, y a raíz de esto, los salarios disminuyeron drásticamente. Para el año de 1911, se acercaban las próximas elecciones presidenciales. El político Francisco I. Madero, a través de sus ideas liberales y su descontento con el gobierno, fundó el “Partido Antireeleccionista”, y llevó a cabo algo nunca antes visto en México: una campaña política electoral. A consecuencia de esto, Madero se convirtió en el primer rival de Díaz. El 10 de Julio de 1910, Díaz fue reelegido nuevamente como presidente de la república. Fue evidente que la reelección había sido un engaño, y para Madero el único camino era un levantamiento armado.

Campesinos empobrecidos pelaban en el sur del país bajo el mando de Emiliano Zapata y en el norte, bajo el mando de Francisco “Pancho” Villa, con el lema “tierra y libertad”. La revolución se propagó y se difundió rápidamente por todo el país, y cada vez se formaban más rápidamente ejércitos compuestos por miles de campesinos. El 25 de mayo de 1911, Díaz renunció a su cargo y emigró a París en calidad de exiliado. El 6 de noviembre, Madero fue elegido como Presidente de la República.

Madero gobernó sólo 15 meses, en los cuales él reforzó los poderes legislativo y judicial. Creó la ley electoral, promovió la descentralización de los estados, y a través de la Comisión Agraria Ejecutiva, la cual fue creada por él, fueron repartidas tierras a los campesinos. La introducción de nuevas reformas agrarias no fue tarea fácil para Madero. Zapata todavía no estaba satisfecho con las reformas hechas por Madero. Zapata argumentaba que Madero no se estaba acatando a las reformas agrarias, las cuales él mismo había proclamado en el “Plan de San Luís”.

A raíz de esto surgieron conspiraciones y movimientos contra el régimen de Madero. Una de estas conspiraciones era comandada por el General Victoriano Huerta, el cual organizó un golpe de estado en contra de Madero. El 18 de febrero de 1913, Madero fue detenido por Huerta y cuatro días más tarde fue asesinado. Huerta retomó inmediatamente la presidencia, pero rápidamente se hizo de enemigos. Su gobierno, el cual perduró únicamente 15 meses, se caracterizó por la violencia, la dictadura y el despotismo. Las diferencias con los campesinos, el rompimiento de las relaciones con “La Casa del Obrero Mundial”, así como con el Partido Católico Nacional, causaron nuevos levantamientos en el norte.

Los levantamientos se encontraban esta vez bajo el mando del gobernador del estado de Coahuila, Venustiano Carranza. En marzo de 1913, Carranza proclamó el “Plan de Guadalupe” cuyo objetivo principal era restaurar el orden constitucional, la creación del estado de derecho, y la destitución del régimen dictatorio. La revolución constitucionalista tuvo una duración de 16 meses, la que nuevamente estuvo al mando de Villa y Zapata −en el norte y en el sur− respectivamente. En esta revolución claramente se consumaron tres corrientes: el Carrancismo, el Zapatismo y el Villismo.

El Carrancismo representaba más bien los intereses de la clase media, la cual pretendía la creación de un estado fuerte con un carácter nacional. Además, proponía la creación de un órgano ejecutivo con más poder que los otros. En adición a esto, perseguía la idea de adjudicarle al presidente la facultad de poder nombrar a su sucesor (esta facultad fue practicada dentro del PRI hasta el año de 1994. Por cierto un procedimiento único en todo el mundo). El Villismo por su parte, el cual se concentraba en el norte, nunca tuvo un programa definido. Francisco Villa fue el defensor de la justicia; él confiscaba su fortuna a los ricos para así poder ayudar a los huérfanos, a los pobres y a las viudas. Pero sobre todo, al igual que Zapata, peleaba por tierras para los campesinos. El Zapatismo representaba la idea de la reforma agraria; su postura era muy radical, por lo que llegó a tener muchas diferencias y dificultades con Venustiano Carranza.

La Constitución de 1917
En julio de 1914, Carranza marchó hacia la capital junto con sus tropas y aliados Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, provocando así la huida de Huerta al extranjero. Carranza continuó peleando contra Villa y Zapata, ya que nunca pudieron llegar a un acuerdo. Carranza triunfa, y en abril de 1916, y junto con su gobierno en la ciudad de México restaura el orden público, convocando de esta manera a una asamblea constituyente.

Esta asamblea elaboró una constitución muy parecida a la de 1857. En esta fue impregnado un fuerte y dominante presidencialismo, y entre otras leyes, surgió la ley de la no-reelección. La Constitución fue presentada finalmente el 5 de febrero de 1917 en la ciudad de Querétaro. Poco después, Carranza convocó a las elecciones presidenciales, así como del Congreso. Le elección de Carranza como Presidente de la República significó el final de la Revolución Mexicana.

El surgimiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI)
Lentamente empieza la reconstrucción del país, y la democracia empieza a ser introducida con muchos esfuerzos bajo el cargo del presidente Álvaro Obregón (1921-1924). Posteriormente fue Plutarco Elías Calles quien se encargó de reforzar la democracia, el cual como Obregón era originario del estado de Sonora. Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929. “El Maximato”*, fue la época de 1928-1934, en la cual Calles sobresalió como una de las personalidades más influyentes de la vida política mexicana. Calles fue el líder escondido detrás de los políticos que oficialmente estuvieron en el poder durante esos seis años. México tuvo tres presidentes en el transcurso de esos seis años: Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), y Abelardo L. Rodríguez (1932-1934).

En 1929 se aliaron los generales del ejército nacional y los políticos más importantes de esa época, para conformar el Partido de la Revolución Mexicana (PRM). Este partido corresponde originalmente al PNR, el que más tarde se llamaría Partido Revolucionario Institucional (PRI). El presidente sucesor al “Maximato” fue Lázaro Cárdenas (1934-1940). Cárdenas fue uno de los presidentes que gozó de más popularidad en la historia de México. Expropió el petróleo, así como la posesión extranjera de minas, tierras y ferrocarriles, tomando lugar en México una de las reparticiones de tierra más intensivas de las que jamás se hayan hecho. Entre 1934 y 1940, Cárdenas repartió el 12 por ciento de la superficie total del país a campesinos e indígenas, y fue con esta acción el único presidente durante la dictadura priísta que se ocupó seriamente de la reforma agraria.

El surgimiento del Partido de Acción Nacional (PAN)
Durante el sexenio de Lázaro Cárdenas surgieron dos movimientos de oposición. El más sobresaliente y más importante fue el partido católico-conservador: el Partido de Acción Nacional (PAN), el cual fue fundado por el licenciado Manuel Gómez Morín. Este partido anti-comunista, se conformaba principalmente por empresas y personas de la clase media. y era apoyado por la Iglesia Católica. El PAN propagaba sobre todo una economía liberal y una educación laica. A pesar de que el PRI todavía no tenía mucho tiempo en el poder, y tampoco nadie sospechaba que este se trataba de la futura dictadura del país, el PAN emergía como una de las primeras características de un sistema democrático, el cual exige una oposición verdadera.

A este respecto, es importante señalar que el PAN, a diferencia del PRI, se entendía y se entiende como una unión política, la cual surge del pueblo y para el pueblo. Como antes he destacado, fueron generales del ejército nacional y políticos importantes, los que le dieron surgimiento al PRI, representando sólo una parte de la sociedad. Asimismo, como en la primera parte, he sugerido que México se compone de una sociedad heterogénea, y que forzosamente requiere de varios grupos de representación, los cuales verdaderamente incorporen los intereses de los diferentes grupos y clases sociales existentes en el país, en los procesos de decisiones políticas.

El surgimiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD)
El Partido de la Revolución Democrática (PRD) tiene sus raíces en el antiguo “Frente Democrático Nacional” (FDN). El FDN fue un tipo de movimiento o corriente que surgió en 1986, el cual se componía por diferentes pequeños partidos opositores al PRI, movimientos sociales, intelectuales, y reconocidas personalidades del espectro izquierdista. El líder de este movimiento era el ex-priísta Cuauhtémoc Cárdenas (hijo del legendario presidente Lázaro Cárdenas).

Cárdenas perdió en 1988 en su primera candidatura presidencial como opositor del priísta Carlos Salinas de Gortari. El FDN tenía un programa político muy parecido al del PRI; era una mezcla de nacionalismo, populismo y democracia bajo el lema “elecciones libres y limpias”. Esta corriente democrática ha sido denominada por Lawrence Boudon como el sector izquierdista del PRI. Desde 1989, adoptó el nombre de Partido de la Revolución Democrática. El PRD constituye en México el segundo partido de oposición.

El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Primera parte

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México, como la mayoría de los países latinoamericanos posee una sociedad heterogénea y su sistema político está caracterizado por ser de mayoría, lo que conlleva a que no todos los diferentes grupos de la sociedad estén representados de igual manera. Por estas razones se registra un grado de satisfacción muy bajo con el funcionamiento de la democracia. Foto: Barriozona Magazine

Modelos de democracia de mayoría y de consenso según Lijphart

Antes de empezar por diferenciar entre dos modelos democráticos, hay que definir el término democracia. Democracia: del griego demos: pueblo; y cracia: gobernar, significa en primer plano el gobernar de la mayoría del pueblo. Esta definición no corresponde satisfactoriamente las necesidades de muchas democracias actuales, puesto que generalmente las minorías no son consideradas dentro del “demos”.

Para comprender este dilema, Abraham Lincoln propuso que democracia como “government of the people, by the people, for the people” debería ser entendida como una definición más acertada.

De este modo, Lijphart nos propone dos modelos de democracia: de mayoría y de consenso. Gobernar a través de una mayoría corresponde al modelo de democracia de mayoría y a la definición mencionada arriba. Esta tesis rechaza la idea de “government by and responsive to a minority” (gobernar a través y en respuesta a una minoría).

Visto desde un punto de vista bastante estricto, el modelo de democracia de mayoría no abarca la idea de considerar la opinión de todo el pueblo de una igual manera, ya que aquí es donde las mayorías gobiernan y las minorías son puestas a un lado.

En la gran mayoría de los países en los que se ha gobernado con un “sistema de mayoría” (digo sólo “de mayoría” y no “democrático de mayoría”), el modelo democrático no se ha podido desenvolver ni interponer en su totalidad. Curiosamente, los países en los que se registra un grado alto de satisfacción con el gobierno y la funcionabilidad de la democracia, predomina el modelo de consenso.

Lijphart enfatiza que dentro de un sistema de mayoría el poder político se encuentra en las manos de una determinada mayoría. Él describe este modelo como exclusivo, competitivo y adversario. Como ejemplo de este modelo, Lijphart nos recomienda Gran Bretaña, cuyo sistema de gobierno arroja casi todas las características de este modelo. Igualmente tomaré este país como ejemplo y lo compararé con México como modelo contrario al de democracia de mayoría:

El modelo de consenso
Lijpart nos explica que este tipo de gobierno intenta distribuir de manera equitativa el poder político entre los órganos ejecutivo y legislativo; ambos órganos poseen un poder equilibrado. El modelo de consenso incluye en su plataforma politica todos los actores, lo que conlleva a que los actores tengan más disponibilidad de compromiso y negociación que en el modelo mayoritario. Por esta razón, a esta forma de gobierno se le puede considerar como “negotiation democracy”. Contrariamente a la idea inicial de la teoría de mayoría: “government by the majority of the people”, se basa la teoría de consenso en la idea “government by and responsive to a minority”.

Un ejemplo a esto que nos muestra Lijpaht es la Comunidad Europea. Así mismo emplearé la comunidad europea como ejemplo y lo compararé con el modelo de mayoría que es Gran Bretaña y con México.

Estos dos modelos pueden ser vistos desde un punto de vista dimensional, o sea, dos dimensiones. Lijpahrt propuso en su libro un sistema de comparación en el que se diferencian ambos modelos: Modelo de democracia de mayoría, y de consenso, con la ayuda de diez criterios. A continuación se pueden ver en la siguiente gráfica los diez criterios ejemplificados para así obtener una mejor comprensión.

Tabla 1-A: Diez criterios ejemplificados de los modelos de democracia de mayoría y de consenso según Lijphart. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006
Tabla 1-A: Diez criterios ejemplificados de los modelos de democracia de mayoría y de consenso según Lijphart. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

Explicar estas diez variables, considero innecesario para este ensayo, por lo que únicamente me concentraré con las siguientes cinco: concentración del poder ejecutivo, relación ejecutivo-legislativo, sistema de partidos, forma de estado y concentración del poder legislativo.

1. Concentración del poder ejecutivo en gabinetes mayoritarios unipartidistas versus distribución de poderes en coaliciones de dos o más partidos – Este tipo de variable se puede considerar como la típica diferencia entre democracias de mayoría y de consenso. Esta diferenciación la podemos confirmar claramente al comparar sistemas presidenciales y parlamentarios. La única excepción hasta ahora conocida es Gran Bretaña (descrito arriba), puesto que este país posee casi todas las características estructurales de un sistema presidencial, está clasificado como parlamentario. Lijphart les adjudica a los sistemas presidenciales la característica de tener gobiernos unipartidistas, mientras que los sistemas parlamentarios se componen de coaliciones de dos o más partidos. Hay diferentes tipos de coaliciones.

Unas de las características más importantes de los sistemas parlamentarios, es que el canciller o primer ministro depende de la confianza del parlamento, esto quiere decir que el parlamento es capaz de “despedir” al canciller en cualquier momento. Esta característica no la encontramos en los sistemas presidenciales, donde la dominación del presidente es “suprema”, y por consiguiente no puede ser “despedido” por el parlamento.

2. Relación ejecutivo-legislativo dominada por el ejecutivo versus relación ejecutivo-legislativo equilibrada, “Balance of Power” – Como ya lo he mencionado, el canciller o el primer ministro en los sistemas parlamentarios no es concebido como la máxima autoridad, esto implica que el gabinete del jefe de gobierno sea dependiente de la confianza del parlamento, lo que significa que el jefe de gobierno no puede hacer lo que él quiera. Un claro ejemplo de esto es Alemania, donde existe la llamada “pregunta de confianza” y el “voto de desconfianza”. En sistemas presidenciales el presidente es elegido para un determinado periodo y gobierne como gobierne, no puede ser despedido. En algunos casos, como el de México, el presidente tiene la facultad de hacer cambios en la constitución aún sin tener la mayoría a su favor en el congreso. Es por esto que los sistemas presidenciales se caracterizan por tener poderes separados, es decir el uno no depende del otro. En adición a esta, existen otras dos características de suma importancia que son: en sistemas parlamentarios el canciller es elegido por el parlamento y no por el pueblo, mientras que en los presidenciales, el pueblo elige al presidente, y que los sistemas parlamentarios dispone de un “ejecutivo colegial” o sea todo tipo de decisiones políticas son tomadas por el gabinete, mientras que el “one-person-executive” en manos del presidente es capaz de tomar importantes decisiones políticas con o sin la afirmación del congreso. Otra diferenciación típica de este tipo de relaciones implica que el canciller debe pertenecer obligatoriamente al parlamento, siendo que la estructura presidencial puede llegar a hasta prohibir cualquier vínculo formal entre el congreso y el presidente. A los sistemas políticos presidenciales se les considera del tipo “ejecutivo cerrado” (México pertenece a este tipo), mientras que los sistemas parlamentarios son concebidos como “doble ejecutivo”.

3. Sistemas de partidos bipartidistas versus multipartidista – Lihphart clasifica a los sistemas presidenciales como gobiernos unipartidistas y a los sistemas parlamentarios comocoaliciones de varios partidos o multipartidistas. De acuerdo a esta observación se pueden asociar los términos concentración de poder, por un lado, y distribución de poder, por el otro. Según A. Lawrence, los sistemas multipartidistas suelen ser débiles y de corta duración, mientras que los sistemas bipartidistas más bien duraderos y dominantes. Encontrar un sistema bipartidista en su forma pura es raro o casi imposible. Gran Bretaña es el ejemplo existente en tal caso y el único que puede ser denominado como tal, sin embargo se pueden observar algunos pequeños partidos en el parlamento. Por esta razón, Lijphart propone un método para localizar el número efectivo de partidos en un sistema político: se divide uno entre el número de asientos porcentual de cada partido al cuadrado. Por ejemplo, hay tres partidos cada uno tiene 45, 40 y 15 asientos en el parlamento respectivamente (todo nos da 100%), por lo tanto el número porcentual equivale a 0.45, 0.40 y 0.15. La ecuación es de la siguiente manera: 1÷ 0.45² + 0.40² + 0.15² = 2.6 es el número efectivo de partidos dentro del parlamento. Lijphart diferencia cuatro tipo de sistemas de partidos: bipartidista, dos partidos y medio, multipartidista con un partido dominante y multipartidista sin partido dominante.

4. Gobiernos unitarios y centralizados con unicameralismo vs. gobiernos federales y descentralizados con bicameralismo – El término “division of power” es concebido como el sinónimo de federalismo. El federalismo únicamente puede prevalecer si el poder entre el gobierno central y gobiernos regionales o estatales es estrictamente separado. La segunda condición para la existencia del federalismo es la garantía de la representación de los gobiernos regionales mediante una segunda cámara (bicameralismo fuerte) además de una constitución rígida, así como la existencia de una jurisprudencia fuerte. Dicha separación de poderes puede tener lugar si:

a) La separación federal está escrita en la constitución y no puede ser cambiada, por eso se necesita una constituciónrígida.

b) Hay un juez neutral que regule los conflictos entre gobierno central y regionales; una fuerte jurisprudencia es imprescindible.

c) Los gobiernos regionales están representados a través de una segunda cámara: bicameralismo fuerte.

La principal meta del federalismo es fomentar una forma de gobierno descentralizada. Según el número uno de la gráficade arriba, ni descentralismo ni bicameralismo son cualidades exclusivas de modelos de consenso como se podría creer. El federalismo aparece con más frecuencia en dos tipos de sociedades: países con población numerosa y países con sociedades plurales o heterogéneas. Desde este punto de análisis resulta, que todos los estados federales disponen de un legislativo bicameral y que estados unitarios disponen de ya sea un legislativo unicameral o la segunda cámara es muy débil.

5. Sociedades plurales y no-plurales en relación con los modelos de democracia mayoritaria y de consenso  El ganador del Premio Nobel en economía, Sir Arthur Lewis, enfatiza que “La regla o principio de mayoría: gobierno versus oposición, puede ser concebida como antidemocrática, puesto que contiene principios de exclusión. A este respecto, según mi punto de vista, partiendo de un modelo democrático de consenso, será fácil responder a la pregunta, si principios de exclusión son antidemocráticos. En la mayoría de los países europeos, los cuales disponen del modelo de democracia de consenso, existe un alto grado de satisfacción con el gobierno. El trabajo en cooperación de los actores políticos se puede reconocer claramente en estos países en su crecimiento económico.

Partiendo de un modelo de democracia, tampoco será difícil responder a la misma pegunta. Antes ya he mencionado que el sistema político de Gran Bretaña es de mayoría, y puesto que este país goza de un buen desarrollo económico y además de que no hay indicios de descontento de la población con la forma de trabajo del gobierno, me dirigiré a partir de ahora a los países latinoamericanos, los cuales son dominados por modelos de mayoría.

Gran Bretaña y la mayoría de los países latinoamericanos tienen algo en común: que sus sistemas de gobierno están marcados fuertemente por características atribuidas al modelo de mayoría. No obstante, en estos países se registra un bajo grado de satisfacción por parte de la población con el funcionamiento de sus gobiernos, de acuerdo a una encuesta realizada por el Latinbarómetro en el año 2001 (en porcentaje de los encuestados):

Figura A-2: Encuesta de latinbarómetro de 2001.
Figura A-2: Encuesta de latinbarómetro de 2001. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

Una de las posibles causas para el descontento con la democracia registrado en estos países, es que todos están estructurados por sociedades heterogéneas, es decir, sociedades plurales y mixtas, y solamente ciertas partes de la sociedad (las cuales representan y son denominados como la mayoría) participan en los procesos de decisiones de la vida política, mientras las minorías son excluidas casi por completo. Para tal tipo de sociedades se recomienda el modelo de consenso, el cual se caracteriza por integrar a todas las ramas de la sociedad. Hay, sin embargo dos excepciones: Venezuela (antes de la entrada del presidente Hugo Chávez al poder venezolano) y Costa Rica, cuyo grado de satisfacción con la democracia es relativamente más alto que en los otros países. Esta conclusión se puede confirmar de igual manera por medio de una gráfica emitida por el Banco Mundial y por el programa de desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas en el año de 1997.

Esta gráfica divide a 36 países en tres grupos: sociedades plurales, sociedades semiplurales y sociedades no-plurales. Una explicación para el alto grado de satisfacción con la democracia en Venezuela y Costa Rica es que estos caen dentro de los grupos con sociedades no-plurales, por lo que se puede deducir que el modelo de mayoría es apropiado en estos países. Este es el mismo caso en Gran Bretaña, cuya sociedad es más bien homogénea y dispone de un modelo de mayoría. No es importante ni decisivo el tipo de gobierno que tenga una sociedad, clave es, el que este se adapte al tipo de sociedad y en su capacidad de adaptación.

México, como la mayoría de los países latinoamericanos posee una sociedad heterogénea y su sistema político está caracterizado por ser de mayoría, lo que conlleva a que no todos los diferentes grupos de la sociedad estén representados de igual manera. Por estas razones se registra un grado de satisfacción muy bajo con el funcionamiento de la democracia. Después del siguiente capítulo trataré las variables, las cuales describen a México como un sistema de mayoría. Pero antes describiré brevemente la historia de la Revolución Mexicana, así como el surgimiento del partido político Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Introducción

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Porfirio Díaz subió al poder (1876), el cual logró mantener su dictadura durante 34 años en el poder. Porfirio Díaz reforzó el centralismo y practicó la economía liberal, la que a final de cuentas sólo benefició a las clases sociales más altas. Foto: Barriozona Magazine
Porfirio Díaz subió al poder (1876), el cual logró mantener su dictadura durante 34 años en el poder. Porfirio Díaz reforzó el centralismo y practicó la economía liberal, la que a final de cuentas sólo benefició a las clases sociales más altas. Foto: Barriozona Magazine

Pocos son los países occidentales que han experimentado tantos cambios políticos tan dramáticos en los últimos siglos como México. La historia del México que hoy conocemos empieza, para ser exactos en el año de 1492 con el descubrimiento de América hecho por Cristóbal Colón.

En el año 1521, el español Hernán Cortés conquistó México. Ese fue el comienzo de la época de la colonia, la cual estuvo marcada de explotación y de la introducción del Cristianismo. En1810 comenzó la lucha por la libertad, la cual estaba influida por filósofos como Voltaire, Montesquieu y Rousseau, por la Revolución Industrial en Inglaterra, y por la Independencia de los Estados Unidos.

El sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla le abrió los ojos al pueblo de una manera fundamental, en la que a través del Grito de Independencia, exhortó a las clases bajas a revelarse en contra de la injusticia y opresión de los españoles. Como consecuencia se consumó la independencia en 1821. En la elaboración de la Constitución en el año de 1824, había dos fuertes corrientes; la idea de un estado federal y la de un estado centralista. México sigue mostrando hasta hoy estas dos fuertes tendencias que dificultan políticamente su clasificación en un sólo modelo.

En 1861 fue elegido Benito Juárez como presidente. Él promovió la agricultura, la industria, la educación, el desarrollo científico y lo más sobresaliente, separó la iglesia del estado. Dichos actos lo colocan como uno de los presidentes más importantes de México.

Posteriormente, Porfirio Díaz subió al poder (1876), el cual logró mantener su dictadura durante 34 años en el poder. Díaz reforzó el centralismo y practicó la economía liberal, la que a final de cuentas sólo benefició a las clases sociales más altas. Todo esto provocó un gran descontento, el que finalmente en 1910 desembocó en una de las guerras civiles más sangrientas de Latinoamérica, la cual tuvo una duración de 19 años.

He descrito un parte de la historia de México, para así facilitar la comprensión en la segunda parte en la que describiré más detalladamente la Revolución Mexicana.

El motivo por el cual me decidí a escribir un ensayo sobre México en el área de política comparativa, es que México desde su independencia en 1810 ha sufrido cambios fundamentales en su política, como antes descrito. Como las fases más relevantes en la vida política del país, se pueden considerar dos dictaduras; la primera, como ya lo mencioné, la de Porfirio Díaz (1877- 1911), y la segunda, la del Partido Revolucionario Institucional (PRI; 1929-2000). En el año 2000 el país experimentó un cambio de gobierno por primera vez después de 71 años de dictadura priista, el cual ha impulsado a un proceso lento de cambio a las estructuras políticas tan incrustadas heredadas del partido.

En la primera parte voy a describir dos tipos de democracia según el autor Arend Lijphart: democracia de consenso y democracia de mayoría. Estos dos modelos de democracia arrojan algunas características que nos ayudaran a describir el modelo político mexicano.

En la segunda parte hago un resumen de la Revolución Mexicana (1910-1929), así como una descripción breve del surgimiento de la Constitución Mexicana de 1917 que hoy conocemos y de la fundación de los partidos PRI, Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En la tercera parte me voy a basar en las dos dimensiones propuestas por Lijphart, que son dimensiones ejecutivas-de partido y dimensiones federales-unitarias, para así tratar de describir con más precisión el sistema político de México como un modelo de mayoría.

En la cuarta parte me voy a concentrar en el cambio de gobierno en el 2000, así como los motivos que llevaron al PAN a ganar las elecciones presidenciales.

La quinta parte trata de la transformación de las tres primeras dimensiones ejecutivas- de partido dentro del modelo mexicano (descritas en el capítulo cuarto) de 1997 al 2000.

Con este proceso analítico-descriptivo intentaré analizar, si a través de la transformación de estas tres dimensiones es realmente concebible una verdadera democratización del sistema político mexicano.


El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Prólogo

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La política en México es un tema complejo que requiere de un estudio detallado para entender las fuerzas sociales que le dan forma en el siglo XXI. La elección presidencial de 2006 fue una de las más polémicas y disputadas, en la que tras acusaciones de fraude electoral se declaró ganador al candidato del PAN. Foto-ilustración: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006
La política en México es un tema complejo que requiere de un estudio detallado para entender las fuerzas sociales que le dan forma en el siglo XXI. La elección presidencial de 2006 fue una de las más polémicas y disputadas, en la que tras acusaciones de fraude electoral se declaró ganador al candidato del PAN. Foto-ilustración: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006

En el afán de proponer un cambio en nuestra historia, es no sólo mi deber y responsabilidad como estudiante de ciencias políticas y ciudadana de un país con una historia asediada por cambios y retos cada vez más fuertes, como es México, proponer soluciones que vayan más allá de lo ordinario y conocido por los responsables y diseñadores de nuestro sistema político mexicano. Estas propuestas, como yo las llamo, que son sólo pensamientos e ideas influidas por una visión comparativa entre democracias establecidas, consolidadas y avanzadas y entre un sistema político latinoamericano, el cual hasta hace apenas unos años logró a través de las primeras elecciones presidenciales limpias y competitivas catalogarse como “democrático”.

Según Tocqueville, uno de los pensadores políticos y filósofos más renombrados y respetados de la historia, y cuyos textos siguen siendo las bases de muchos pensadores y filósofos modernos, hay dos motivos que llevan a la comparación: el primero apunta a analizar sistemáticamente las diferencias e igualdades entre mínimo dos casos (me refiero a sistemas políticos); el segundo se ocupa de la transmisión de experiencias; esto significa de qué modo se pueden transportar soluciones de problemas exitosamente de un sistema a otro.

Pero ¿por qué comparar? Para poder juzgar hay que comparar y analizar. Durante los años que llevo radicando en Alemania, y observando su sistema de vida, político y social, no me deja en paz la pregunta: ¿por qué sigue siendo así en México, si se podría hacer de otra manera? ¿O es que no estamos aún preparados para una evolución, por la que ya han pasado tantas sociedades? ¿O es nuestra cultura y nuestra manera de ser, la que nos impide avanzar? ¿O son sólo (o eran) un grupo de políticos que preferían enriquecerse a costa de la miseria de nuestro país? Cambiar la manera de ver, de pensar y de abandonar la mentalidad limitada y miserable es doloroso y lleva tiempo.

En mi intento por responder a estas preguntas de una manera “vista desde afuera”, espero poder contribuir a la increíble y respetable tarea que desempeña el Instituto Hispano de Asuntos Sociales y su revista en línea Barriozona, así como a la educación e información política de sus lectores hispanohablantes.

El siguiente ensayo lo elaboré dentro de un seminario, el cual fue parte del área “Comparación de sistemas políticos” durante mis estudios en la Universidad Tecnológica en Darmstadt, Alemania.

Diego Rivera: dadme los muros

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Los grandes frescos de Diego Rivera ayudaron a establecer el movimiento muralista mexicano en el arte mexicano. Entre 1922 y 1953, Rivera pintó murales en la Ciudad de México, Chapingo, Cuernavaca, San Francisco, Detroit y Nueva York, entre otras ciudades. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006
Los grandes frescos de Diego Rivera ayudaron a establecer el movimiento muralista mexicano en el arte mexicano. Entre 1922 y 1953, Rivera pintó murales en la Ciudad de México, Chapingo, Cuernavaca, San Francisco, Detroit y Nueva York, entre otras ciudades. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

“Un artista es sobre todo un ser humano, profundamente humano hasta el centro. Si el artista no puede sentir todas las cosas que la humanidad siente, si el artista no es capaz de amar hasta olvidarse a sí mismo y a sacrificarse a sí mismo, si él no baja su pincel mágico y encabeza la lucha contra el opresor, entonces él no es un gran artista”.

Diego Rivera

Muchos calificativos necesitarían utilizarse para describir al muralista mexicano Diego Rivera. Y muchos más para tratar de definir su vasta obra. Y al final de una detallada búsqueda semántica y gramatical, todavía sería insuficiente contener la inmensa, prolija y colosal obra pictórica del genio, quien desde su infancia hasta su muerte blandió el pincel con un don maravilloso y extraordinario.

Cientos de muros hablan hoy con admirable elocuencia de su gran talento y de su filosofía, de su grandeza como artista, de sus convicciones revolucionarias y rebeldes. Su obra creativa desarrolló, perfeccionó e inmortalizó un arte nacional de inmensurable calidad y técnica, pero aún mas de profunda identidad indígena. Sus largas y maratónicas jornadas sobre las tarimas forjaron la magnificencia, el drama, y la intensidad de un pueblo y su historia.

Rebelde y revolucionario, Rivera toma los muros como su trinchera y su estrado desde donde, persuadido de que el arte es para el pueblo, no lo limita a la elite embriagada de europeismo, ni y la exclusividad de las galerías, sino que los plasma a la vista de todos, donde la dictadura no se puede esconder ni la heroicidad ocultar. El esplendor de una raza conquistada, sus luchas libertarias, sus hazañas históricas, se revelan como en un juicio apocalíptico, donde no hay nada escondido que no sea descubierto.

Con trazo firme, realismo imponente, y colores palpitantes, los personajes en los murales de Rivera suspiran, gimen vida. Desde la frialdad de las superficies impregnadas de talento, la sangre de los héroes y heroínas salpica el despotismo de los tiranos; el sudor del peón y el arrojo de la soldadera se infiltran en el traje del catrín.

Imponentes y estacionarios, los oprimidos y los opresores, los dictadores y los revolucionarios, los cobardes y los valientes, la gente del pueblo y los aristócratas, se presentan en el escenario ineludible de la vida; asumen cada cual su rol. Suspendidos en el tiempo, nos miran con dinamismo inerte. Y Rivera así erige el archivo visual de la nación, sobre los muros.

Si de José Guadalupe Posada no se concluye plenamente que haya sido un revolucionario en el sentido histórico de la palabra, Rivera se constituye en un insurgente del arte, inspirado, sí, por el grabador genial de hojas volantes, a quien en su adolescencia visitaba en su taller.

Ahí el artesano disidente miraba por su ventana, inspirándose con los dolores de parto de un México en la antesala de una convulsión. Mirando a Posada, Rivera se convierte en su alumno espontáneo; trabajando, Posada se transforma en su más grande maestro.

Descrubren altar mexica en ruinas contiguas al Templo Mayor

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Si lo que los arqueólogos suponen se confirma, es muy probable que los conquistadores españoles no hayan visto el monolito, lo cual hipotéticamente pudo haber prevenido su destrucción. Foto: Mauricio Marat | INAH
Si lo que los arqueólogos suponen se confirma, es muy probable que los conquistadores españoles no hayan visto el monolito, lo cual hipotéticamente pudo haber prevenido su destrucción. Foto: Mauricio Marat | INAH

Continúa de la primera página 

El monolito prehispánico, cuyas dimensiones actualmente visibles son de 4 por 3.5 metros, y 12 mil 350 kilos de peso, aproximadamente, está mayormente enterrado. En octubre 12, diez días después de su descubrimiento, los especialistas del Programa de Arqueología Urbana (PAU) anunciaron que el bloque de piedra tiene por lo menos cuatro fracturas, y también que ellos notaron que está completamente labrado en sus lados. De acuerdo a la información divulgada por el PAU, la gran piedra corresponde al periodo de Moctezuma I (también conocido como Moctezuma Ilhuicamina,) sexto tlatoani azteca (el tlatoani regía el gobierno, el ejército, y era el gran sacerdote) cuyo periodo se extendió de 1440 a 1469. Por tanto, el monolito pudo haber sido creado hace aproximadamente 450 a 500 años, y fue hecho de piedra, y muestra un relleno con piedras y arcilla.

El descubrimiento del altar no viene como una sorpresa, ya que las sorpresas han sido la regla en vez de la excepción dentro del marco del Proyecto del Templo Mayor. Los aztecas eran un pueblo profundamente religioso, una religiosidad reflejada en sus obras monumentales, particularmente la del Templo Mayor, el cual era el punto medular de su vida espiritual, y también la edificación más grande de su capital, Tenochtitlan. Terriblemente perturbados con los sangrientos sacrificios humanos que ahí tenían lugar, los conquistadores españoles encabezados por Hernán Cortés, destruyó la mayor parte del templo, derribó los ídolos, y procedió a arrasar la ciudad en 1521.

Descubrimientos arqueológicos contemporáneos han evidenciado que la destrucción perpetrada no fue sistemática, sino más concerniente con borrar creencias y costumbres nativas, y con reemplazar o esconder símbolos y estructuras como una forma de imponer los sistemas españoles políticos, religiosos, y sociales. Nuevos edificios fueron erigidos sobre estructuras aztecas semidestruidas. Mucho se perdió, pero Cortés, su ejército, y los aztecas esclavizados, dentro de un nuevo y total contexto de dominio y conquista, y en un dramático cambio en el estatus quo, dejaron muchos remanentes enterrados bajo los nuevos edificios de lo que llegó a ser la Nueva España. Muchos vestigios de la grandeza azteca permanecerían escondidos bajo la calles de una nueva sociedad. La Ciudad de México de hoy está construida sobre las ruinas de Tenochtitlan.

Álvaro Barrera Rivera, supervisor del Programa de Arqueología Urbana del Proyecto del Templo Mayor, citó un hecho importante el 14 de octubre, apuntando que “se hizo alguna excavación en la época prehispánica, precisamente a finales de la Etapa VII (1502-1521) en la que se encuentra la escultura, de ahí que ésta se colocó a manera de tapa del socavón. Lo más probable es que se depositó algo y ya sobre la pieza se colocó el piso; es decir que antes del contacto con los españoles, ni los mismos mexicas veían la escultura debido a que nunca estuvo expuesta. Después de la Conquista tampoco se logró ver, por eso llegó hasta nuestros días,” – concluyó Barrera.

Relevantes hallazgos arqueológicos de Tenochtitlan se hicieron durante la construcción masiva del tren subterráneo, conocido como Metro, cuya primera fase se completó entre junio de 1967 y noviembre de 1970. La excavación del sitio exacto del Templo Mayor se organizó ocho años más tarde, en 1978, después de que un trabajador de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, llamado Mario Alberto Espejel Pérez, que cavaba una zanja y pegó accidentalmente con su pala en lo que notó era una piedra labrada. Él sabía que durante la primera fase de la construcción del tren subterráneo, muchos descubrimientos de la era de los aztecas habían salido a la luz, pero al mismo tiempo ignoraba el significado de lo que él ayudó a desatar cuando encontró la piedra tallada. Este monolito decorado en relieve resultó ser la piedra Coyolxauhqui. El descubrimiento de este extraordinario monumento llevó a la excavación a gran escala del Templo Mayor.

Desde la recuperación de Coyolxauhqui, el trabajo arqueológico continuo en y alrededor del área del templo llegó a ser una escena cotidiana en el centro de la Ciudad de México. La magnitud del altar recién descubierto enfrente del Templo Mayor ha traído una emoción no vista en casi tres décadas, paralelo al entusiasmo que el surgimiento de la piedra de la diosa de la luna –Coyolxauhqui– levantó 28 años atrás. Los detalles completos del nuevo monolito descubierto aún están por venir, pero en base en lo que ellos ya pueden ver y saben, los especialistas auguran otro gran avance para aprender y confirmar aspectos ceremoniales de la vida azteca, costumbres sociales y creencias espirituales.

Si lo que Álvaro Barrera supone es confirmado, es muy probable que los conquistadores españoles no hayan visto el monolito, lo cual hipotéticamente pudo haber prevenido su destrucción. ¿Existe una ligera posibilidad de que los aztecas mismos deliberadamente lo hubieran escondido de los extranjeros? El tiempo y el trabajo arqueológico seguramente revelarán la verdad. De cualquier modo, es una verdad que Cortés y sus soldados pensaron que al enterrar y esconder debajo del emergente reino de la Nueva España, los vestigios de los aztecas se perderían para siempre. En su disposición destructiva-constructiva, ellos anunciaron el ocaso de una tribu salvaje y temida, y el amanecer de su propio dominio.

Escondiendo los símbolos del esplendor azteca debajo de una serie de solares y de otros sitios en donde ellos y sus descendientes construirían sus lujosos castillos y casas, probablemente consideraron esa una casi perfecta conquista, en donde no mucha evidencia de su aniquilación sería dejada. Como si fuera algo destinado, y precisamente en uno de esos solares, un terremoto ocurrido hace 21 años, causó la demolición de la casa ahí situada. Este evento fortuito cedió el espacio y el tiempo para el surgimiento de un inesperado monolito. Hoy, rescatada de su insospechada existencia y con su fría inercia, esta monumental piedra habla de la grandeza y derrota de un pueblo admirable y temido. Volver a la primera página


*Información disponible acerca de la historia la “Casa de las Ajaracas,” es de Manuel Velázquez.
** El reconocido arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, coordinador del PAU, declaró que después de una conversación que él tuvo con el también arqueólogo Leonardo López Luján, en referencia a la posible identidad de la deidad, “apuntaba a que podría ser una imagen de Tlaltecuhtli, señor de la tierra en el panteón mexica”.

Los trabajos de rescate del monolito, a cargo del PAU, se llevan a cabo por los arqueólogos Alicia Islas Domínguez, Gabino López Arenas, Alberto Diez Barroso y Ulises Lina Hernández, e incluyen a un equipo interdisciplinario conformado por biólogos, geólogos, restauradores, topógrafos, dibujantes, antropólogos físicos y, por supuesto, arqueólogos. También se cuenta con la colaboración de los doctores Alfredo López Austin y Leonardo López Luján.

Este artículo fue preparado usando información proveída por Sam. L Bravo del INAH/Medios, así como también otras fuentes tales como revistas y libros de la biblioteca personal del autor.

 

Surge una maravilla arqueológica en área del Templo Mayor

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La imagen muestra el impresionante altar mexica, único en su tipo, representando a Tláloc y a otra deidad relacionada tal vez al rito de la agricultura. Foto: Mauricio Marat | INAH
La imagen muestra el impresionante altar mexica, único en su tipo, representando a Tláloc y a otra deidad relacionada tal vez al rito de la agricultura. Foto: Mauricio Marat | INAH

(Ciudad de México)  —  En 1978 fue la piedra Coyolxauhqui. En el año 2006, el área del Templo Mayor en el centro de la Ciudad de México ha sido conmocionada de nuevo con el maravilloso descubrimiento de un enorme y gran bloque de piedra. El que se considera ser un altar dedicado a una temida deidad del panteón azteca, y personaje reconocible en la cultura mexicana contemporánea, fue parcialmente desenterrado, seis años después de haber comenzado el trabajo arqueológico en un predio contiguo al templo. Un nuevo monolito de aspecto asombroso ha salido a la luz en esta sección arqueológica histórica y famosa.

Sobre el concreto de muchas calles del Centro Histórico de México, los transeúntes caminan rodeados por viejos edificios que representan, no la capital azteca, sino la colonia española. Implícitamente, los peatones se dan cuenta de que algunos metros debajo, y bajo los símbolos de la conquista, las ruinas de una ciudad antigua y devastada permanecen cubiertas por siglos de oscuridad, anonimato, y enigma. En el más profundo secreto, los vestigios de un imperio que alguna vez dominara la mayor parte de Mesoamérica representan una ciudad subterránea, pero no olvidada. Para los mexicanos o cualquiera que camina por las estrechas calles del centro de esta poblada metrópolis, estar consciente de esta dualidad – una ciudad sobre la superficie, y una ciudad debajo – es una experiencia increíble.

En la búsqueda de un imperio enterrado, el incesante trabajo de los arqueólogos en el epicentro de lo que fue el núcleo ceremonial azteca, continua desenterrando admiración y asombro. Debajo del centro de la Ciudad de México, las ruinas de la majestuosa Tenochtitlan, respiran en un anonimato oscuro, demandando la luz del día y el reconocimiento. La historia nunca muere; sólo aguarda el momento propicio en el tiempo. Y el tiempo para un nuevo descubrimiento ha llegado.

El preámbulo para este nuevo y trascendental descubrimiento ocurrió en el año 2000, cuando un conjunto único de ofrendas para Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad en la creencia azteca, fueron encontrados al pie de una escalinata del templo, en un lote en donde una importante propiedad alguna vez estuvo de pie. Conocida como “La Casa de las Ajaracas,” el inmueble estaba situado justo enfrente del templo, y había sido construido durante el periodo de la Colonia española en el mismo lugar donde dos importantes calzadas llevaban a los aztecas a las ciudades de Tlacopan (más tarde llamada Tacuba) e Iztapalapa.

El predio de las Ajaracas fue originalmente un solar, el cual fue divido después. La casa tuvo varios dueños, y a comienzos del Siglo XX, esta estuvo habitada por Guillermo de Heredia, un reconocido arquitecto. La propiedad fue declarada monumento histórico y remodelada entre 1931 y 1932, pero en 1985, un fuerte terremoto en la Ciudad de México la dañó tanto, que las autoridades la declararon inhabitable y fue demolida en 1993.*

Antes del excepcional descubrimiento del 2000, el gobierno de la ciudad tenía ambiciosos planes de construir un complejo de oficinas para el Jefe de Gobierno de la Ciudad en ese lote, localizado en el número 38 de la Calle República de Guatemala en el centro de la Ciudad de México. El proyecto se canceló cuando se encontraron ahí siete ofrendas. Una de estas ofrendas, un grupo de objetos clasificado por arqueólogos como “Ofrenda 2,” resultó ser una colección única de bolsas hechas de papel amate, un tocado hecho de papel y madera, figuras de copal, una prenda en forma de chaleco, una manta (quizás sacerdotal) y otra telas, entre otros.

Seis años después, en la primavera de 2006, mientras se llevaban a cabo trabajos de remodelación en la propiedad de “La Casa de las Ajaracas,” se hicieron más descubrimientos. Esta vez, arqueólogos revelaron, entre lo más sobresaliente, dos cabezas de serpientes labradas sobre una pared. El descubrimiento fue determinado ser parte del frente de la plataforma número seis de la sección norponiente del Templo Mayor.

Después, en la primera semana de octubre, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH,) anunció que en el área aledaña a Las Ajaracas, los arqueólogos habían hecho el descubrimiento más importante en los últimos 28 años. Un impresionante altar mexica, único en su tipo, representando a Tláloc y a otra deidad** relacionada tal vez al rito de la agricultura, había sido encontrado después de haber removido una plataforma. En comparación con otros altares encontrados, el recién descubierto fue descrito como excepcional, en virtud de sus características: dos frisos adosados (esto es, dos elementos decorativos adyacentes el uno del otro).  → Continúa en la Página 2


El plantón de Andrés Manuel López Obrador: “El Pejelagarto” por su boca muere

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Andrés Manuel López Obrador se dirige a una gran multitud de seguidores desde una tribuna en el Zócalo de la Ciudad de México tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006
Andrés Manuel López Obrador se dirige a una gran multitud de seguidores desde una tribuna en el Zócalo de la Ciudad de México tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006

(Ciudad de México) — El costo de la resistencia civil que encabeza Andrés Manuel López Obrador es de aproximadamente 250 millones de pesos diarios, según informó la Cámara Nacional de Comercio de México.

El sector más afectado con el plantón, situado desde el Periférico, pasando por avenida Paseo de la Reforma y por Avenida Juárez, hasta llegar al Zócalo capitalino, es el turístico, puesto que en esta zona es donde se hospedan la mayoría de los visitantes extranjeros que recibe la Ciudad de México.

Durante todos los discursos desde su cierre de campaña, López Obrador ha declarado que este es un momento histórico para el país, y que él no es un político tradicional, sino que él si quiere velar por los intereses del pueblo.

Si analizamos las actitudes de López Obrador, nos daremos cuenta de que en realidad no es un político cualquiera, sino que en verdad es un delincuente de cuello blanco, a quien desde los inicios de su trayectoria política nadie le ha puesto un alto.

No se puede negar que López Obrador es una persona inteligente. Sabe manejar perfectamente a los medios de comunicación, de tal manera que escogió Paseo de la Reforma como el punto principal para establecer su plantón. ¿Qué mejor lugar que la avenida más reconocida de la ciudad de México para continuar con la resistencia civil?

El “Peje” sabía de antemano que apenas se situara la primera casa de campaña en dicha la Avenida Reforma, la imagen ya le estaría dando la vuelta al mundo, poniendo los reflectores en la Ciudad de México al pendiente de sus reclamos, y de su lucha encarnizada por el poder.

Esta lucha que encabeza López Obrador ya cobró sus primeras víctimas. Hay gente que ha tenido que ser despedida de su trabajo a causa de los manifestantes que tienen raptado el corredor turístico, en el que López Obrador invirtió más dinero durante su administración como regente del Distrito Federal para remodelarlo.

Otra muestra más de que el “Peje” está enfermo de poder, es evidente a diario en sus declaraciones sobre los gastos de campaña de los otros partidos, y sobre la demagogia que utilizan sus detractores.

Se puede estar acuerdo que los gastos de campaña de los partidos rebasaron el tope impuesto por el Instituto Federal Electoral, pero en esa falta también incurrió la –mal llamada– “Coalición Por El Bien De Todos”, puesto que antes de las elecciones López Obrador encabezaba la lista de candidatos con más gastos en medios públicos, sin mencionar el spot que realizó en cadena nacional.

Asimismo, el candidato del partido del sol azteca, debe reconocer que para realizar todas las marchas en su favor, ha tenido que recurrir a prácticas añejas que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) utilizaba cuando ostentaba el poder, es decir “la cargada”. Esta costumbre consiste en gente que va a las manifestaciones porque les regalan una torta y un refresco. La innovación del “Peje” es que ahora les reparten tortillas y arroz a quienes participan en el plantón.

También se ha recurrido a otras prácticas como el pasar lista en las marchas para saber quiénes asistieron. Cabe destacar que quienes se encuentran en esa lista son los integrantes de las llamadas “redes bejaranistas”, mismas que Rene Bejarano, ex operador político de López Obrador, puso en práctica en las elecciones del año 2000, para que el candidato amarillo se alzara con la victoria en el Gobierno del Distrito Federal.

Ahora habría que preguntarle a López Obrador de dónde proviene el dinero que se utiliza para mantener la resistencia civil y todo lo que ésta implica, puesto que es impensable que le haya sobrado dinero después de su campaña proselitista.

Desde que se iniciaron las campañas, López Obrador se rodeó de ex-prisitas. Tal es el caso de Manuel Camacho Solís, quien ahora defiende a muerte la idea del “voto por voto, casilla por casilla”, cuando en el fraude electoral de 1988, él fue el encargado de quemar boletas electorales y así evitar que Cuauhtémoc Cárdenas se proclamara como el presidente de México.

Antes de que se “endurecieran” las acciones de la resistencia civil, el “Peje” declaró que José Woldenberg, ex presidente consejero del Instituto Federal Electoral, había mantenido una actitud relevante en los procesos electorales. Hace unos días, el mismo Woldenberg envió una carta firmada por él y por varios intelectuales en la que se desechaba la idea del fraude electoral, a lo que el candidato de la coalición respondió que era sólo un mensajero, y que “utilizaban el guión del partido de antes”.

Entre los participantes del plantón, podemos encontrar a delincuentes, como lo son los miembros de la banda de los “Panchitos de Tacubaya” quienes se dedican a asaltar, secuestrar y golpear gente; al Frente Popular Francisco Villa, que no hay marcha en la que no se presente; a la Asamblea de Barrios, compuesta de porros; y, demás gente que sólo reconoce su ley como su forma de vida.

López Obrador y su equipo están tan poco informados, que tomaron las instalaciones de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) con la finalidad de impedir el acceso a las personas que ahí laboran. Con esto trataron de evitar las operaciones del día, sin saber que la BMV cuenta con un centro espejo en Pachuca, Hidalgo, desde donde se realizaron las operaciones.

El tabasqueño ha declarado que “ya basta de discursos hipócritas”. Sin embargo, parece que el candidato no se ha escuchado a sí mismo, puesto que el elemento primordial en sus discursos es la demagogia, que si bien no es lo mismo que la hipocresía, si lo es pensar que la sociedad es tonta y que se traga todo lo que un supuesto líder dice.

Cuánta soberbia, cuánta demagogia, cuánto despilfarro por parte del “Peje.” López Obrador tiene razón: él no es un político tradicional; es un enfermo de poder que no sabe perder, y a quien durante su carrera política nadie le ha puesto un alto.

Ahora hay que esperar que “por el bien de todos” alguien le diga ¡hasta aquí!, y que no se permita que su lucha continúe como hasta ahora. De ser así, nos espera un escenario peor que el de San Salvador Atenco. Probablemente, con machete en mano, López Obrador reclamaría su lugar en Los Pinos, y el gobierno federal y las instituciones cederían, ya que prefieren que se les califique de blandos que como represores, aunque el estado de derecho y la democracia se internen en terapia intensiva.

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