Siete años después del tiroteo en El Paso, Texas, que dejó 23 muertos, la tragedia sigue recordando los riesgos del extremismo violento y del discurso de odio.
Puntos clave
• El ataque dejó 23 muertos, la mayoría de origen mexicano o latino.
• El caso marcó un antes y un después en el debate sobre el extremismo doméstico.
• Su legado sigue vigente frente al odio racial y la radicalización en línea.
PHOENIX — Siete años después del tiroteo en El Paso, Texas, que dejó 23 muertos —la mayoría de origen mexicano o latino— la tragedia continúa siendo un referente para comprender el extremismo violento, los delitos motivados por el odio y los desafíos que enfrentan las comunidades hispanas en Estados Unidos.
El 3 de agosto de 2019, un hombre de 21 años condujo más de mil kilómetros hasta la ciudad fronteriza con un objetivo declarado: atacar a personas de origen mexicano. Armado con un rifle semiautomático, ingresó a un Walmart cercano a la frontera y abrió fuego contra compradores y empleados. Entre las víctimas había ciudadanos estadounidenses y mexicanos que realizaban actividades cotidianas, desde hacer las compras del fin de semana hasta visitar a familiares.
Minutos antes del ataque apareció en internet un manifiesto atribuido al agresor, en el que difundía teorías conspirativas sobre una supuesta “invasión hispana”. Las investigaciones concluyeron que el crimen estuvo motivado por el odio racial y el supremacismo blanco, convirtiendo al atentado en el más letal dirigido contra la comunidad latina en la historia reciente de Estados Unidos.
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Justicia, pero no el final del dolor
Durante los años siguientes, el caso avanzó tanto en tribunales federales como estatales. El responsable, Patrick Crusius, terminó declarándose culpable y recibió múltiples sentencias de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Para las familias, las condenas cerraron el proceso judicial, pero no el duelo. Los sobrevivientes y primeros respondientes continúan enfrentando secuelas físicas y emocionales, mientras que El Paso mantiene viva la memoria de las víctimas mediante ceremonias, memoriales y actividades comunitarias que cada año reúnen a residentes de ambos lados de la frontera.
La respuesta de Ciudad Juárez también dejó una huella profunda. Desde los primeros días posteriores al ataque, miles de personas participaron en vigilias, donaciones de sangre y homenajes que reflejaron la estrecha relación humana, económica y cultural entre ambas ciudades.
Una mujer coloca un mensaje en un memorial temporal instalado en Ponder Park en honor a las víctimas del tiroteo en un Walmart, que dejó 23 personas muertas en un ataque racista dirigido contra la comunidad latina, el 3 de agosto de 2019, en El Paso, Texas. El 3 de agosto de 2020 se cumple el primer aniversario del ataque más letal contra la comunidad hispana en la historia moderna de Estados Unidos.
El tiroteo en El Paso no fue un caso aislado
Con el paso del tiempo, investigadores y autoridades estadounidenses concluyeron que la tragedia formaba parte de un fenómeno más amplio: el crecimiento de la violencia cometida por individuos radicalizados que actúan por cuenta propia, inspirados por ideologías extremistas difundidas principalmente en internet.
En mayo de 2022, un hombre armado asesinó a diez personas, la mayoría afroamericanas, en un supermercado de Buffalo, Nueva York, tras publicar un manifiesto con ideas supremacistas. Un año después, otro atacante mató a tres personas afroamericanas en una tienda Dollar General de Jacksonville, Florida, en otro crimen impulsado por el odio racial.
Aunque cada ataque tuvo circunstancias distintas, los tres compartieron elementos que preocupan a especialistas en terrorismo doméstico: agresores radicalizados mediante propaganda extremista, actuación en solitario y víctimas elegidas deliberadamente por motivos raciales o étnicos.
Para las autoridades, estos casos evidenciaron que el extremismo violento ya no depende necesariamente de organizaciones estructuradas. Una sola persona, motivada por ideologías de odio y con acceso a armas de alto poder, puede causar pérdidas humanas devastadoras.
Personas se reúnen junto a un memorial improvisado en honor a las víctimas, instalado frente al Walmart el 15 de agosto de 2019 en El Paso, Texas. El saldo definitivo del tiroteo masivo ocurrido el 3 de agosto fue de 23 personas fallecidas. El presunto responsable, un hombre blanco de 21 años, permanecía bajo custodia en El Paso, ciudad ubicada en la frontera entre Estados Unidos y México.
Nuevos desafíos en la era digital
Cuando ocurrió el atentado en 2019, el debate se concentró en los foros donde circulaban mensajes supremacistas y teorías conspirativas.
Hoy el escenario es más complejo. Los algoritmos de las redes sociales pueden amplificar contenidos en cuestión de minutos, mientras que la inteligencia artificial generativa permite producir textos, imágenes, audios y videos con una facilidad impensable hace apenas unos años. Estas tecnologías ofrecen enormes beneficios para la educación, la ciencia y la creatividad, pero también pueden ser utilizadas para difundir propaganda, desinformación y narrativas extremistas.
Expertos coinciden en que combatir estos riesgos requiere educación digital, cooperación entre autoridades y plataformas tecnológicas, investigación académica y un periodismo responsable que priorice a las víctimas por encima de la notoriedad de los agresores.
El legado del tiroteo en El Paso
A siete años de la tragedia, el tiroteo en El Paso representa mucho más que un episodio de violencia. Se convirtió en un punto de inflexión en la conversación nacional sobre el extremismo doméstico, los delitos de odio y la protección de las comunidades vulnerables.
Las ceremonias conmemorativas recuerdan a las 23 personas que perdieron la vida, pero también reconocen la solidaridad de médicos, enfermeras, policías, bomberos, voluntarios y ciudadanos que respondieron con humanidad frente al horror.
El legado del tiroteo en El Paso también recuerda que el odio puede adaptarse a nuevas tecnologías y plataformas, pero que la memoria colectiva, la solidaridad y el rechazo a toda forma de violencia siguen siendo las herramientas más poderosas para impedir que tragedias como esta vuelvan a repetirse.
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