Alfonso Esparza Oteo, el compositor mexicano que unió el bolero y la ranchera

Bajo un cielo encendido de ocaso, las siluetas del mariachi parecen invocar el espíritu de Alfonso Esparza Oteo, cuando la música y la memoria se confunden con la luz del desierto. Ilustración IA: Barriozona Magazine © 2025
Bajo un cielo encendido de ocaso, las siluetas del mariachi parecen invocar el espíritu de Alfonso Esparza Oteo, cuando la música y la memoria se confunden con la luz del desierto. Ilustración IA: Barriozona Magazine © 2025

En tiempos de música fragmentada y algoritmos que dictan lo que escuchamos, detenerse a hablar de la canción ranchera puede parecer un acto de resistencia. Aún más si el nombre es Alfonso Esparza Oteo, quien unió la elegancia del bolero con el pulso eterno del alma mexicana.

(Phoenix, Arizona) — Vivimos días difíciles, confusos, angustiosos, y escribir sobre la música popular mexicana, esa que algunos desdeñan por “regional” o “campirana”, puede resultar problemático. En ciertos círculos sociales, estos géneros suscitan incomodidad por los temas que abordan: borracheras, traiciones amorosas, venganzas, despecho o machismo. No son tabúes, pero conviene tratarlos con cuidado.

Además, este género musical ha sido desplazado en el gusto popular por nuevas mezclas de bailes provocativos y letras vulgares, repletas de maldiciones y exaltaciones de la violencia o las drogas. Todo ello ocurre, paradójicamente, bajo el manto de un neo-puritanismo que chisporrotea desde Washington, la tambaleante capital del imperio.

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Los otros grandes de la canción mexicana

Mi intención es rescatar del olvido a compositores menos recordados, aquellos cuyas obras rara vez suenan hoy, aunque fueron pilares de la música mexicana. Más allá de los tres clásicos indiscutibles, Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel, debemos mencionar también a Cuco Sánchez, con su sentimentalismo inconfundible, y a Tomás Méndez, catapultado por la voz suprema de Lola Beltrán, una de las cumbres de la música ranchera mexicana que brilló a mediados del siglo XX y traspasó fronteras.

Alfonso Esparza Oteo, el mayor villista que hizo historia

En esta entrega escribo sobre Alfonso Esparza Oteo, nacido en Aguascalientes, México, en 1894. Fue alumno de Manuel M. Ponce, compositor de música clásica y autor de Estrellita, a quien siempre consideró su mayor influencia.

Esparza Oteo participó en la Revolución mexicana bajo el mando del caudillo Pancho Villa, alcanzando el grado de mayor. Durante mi niñez en Torreón, Coahuila, fui vecino de otro mayor villista que tocaba la tambora en las bandas revolucionarias villistas. Esparza Oteo trabajó para la Casa Wagner, una reconocida tienda de instrumentos y música impresa en la Ciudad de México.

De la Revolución a la radio

Conoció al presidente Álvaro Obregón, quien lo nombró director de la Orquesta Típica Presidencial. También fue miembro del cuarteto Los Ases de la Canción, junto a figuras como Tata Nacho y Miguel Lerdo de Tejada.

Más tarde, en la potente estación de radio XEW, produjo el programa Así es mi tierra. Recuerdo haberlo escuchado en mi niñez, en la penumbra de un ranchito zacatecano, a través de un radiecito de pilas. Para entonces, Esparza Oteo ya había emprendido el vuelo eterno. Falleció en 1950.

Una mujer mira al cielo donde brilla su esperanza: “Estrellita marinera”, la inmortal melodía de Alfonso Esparza Oteo, sigue guiando los amores que se despiden frente al mar. Ilustración IA: Barriozona Magazine © 2025
Una mujer mira al cielo donde brilla su esperanza: “Estrellita marinera”, la inmortal melodía de Alfonso Esparza Oteo, sigue guiando los amores que se despiden frente al mar. Ilustración IA: Barriozona Magazine © 2025

Canciones para siempre

Entre las composiciones de Alfonso Esparza Oteo destacan:

Albur de amor (entre bolero y ranchera, 1928), estrenada por Guty Cárdenas y Nancy Torres. Este dueto grabó algunas canciones en Nueva York, y se dice que entre ellos floreció un romance. Recomiendo la versión de Lola Beltrán, acompañada por el Mariachi Vargas de Tecalitlán, cuando aún conservaba su imponente caudal vocal.

El adolorido (canción ranchera, 1926). Estrenada por el Dueto Rubio y Martínez, también fue interpretada por Antonio Aguilar, con arreglos que no estuvieron a la altura de su voz, acompañados por la Banda La Costeña de Ramón López Alvarado.

Estrellita marinera (canción tradicional, 1930). Su primer intérprete fue Guty Cárdenas, y poco después la grabaron Los Gemelos Belasco. Yo prefiero la versión de Los Tres Ases (1968), cuando Marco Antonio Muñiz formaba parte del trío.

Un viejo amor (1920; grabada en 1923 por el dueto Briceño–Añez, y en 1940 por Pedro Vargas, acompañado por Guillermo Posada y su Orquesta Tropical). La interpretó Ana Gabriel, acompañada solo por una guitarra.

Dime que sí (1936), interpretada por el Ensamble Centenario, con el salterio de Anabel Medrano, y por el tenor Rolando Villazón*, cuya voz poderosa renovó esta joya del repertorio mexicano.

Un magnicidio al compás de un son de Esparza Oteo

Cierro con un par de datos curiosos:

Limoncito (son tradicional, primera grabación en 1908). Entre sus intérpretes figuran Guty Cárdenas y Jorge Añez, este último, un bohemio bogotano cuya composición Te amo es considerada el primer bolero colombiano. Pero lo más curioso, e histórico, es que en 1928 el presidente Álvaro Obregón fue asesinado mientras escuchaba esta melodía, en el restaurante La Bombilla, durante una comida política. Amenizaba la Orquesta de Alfonso Esparza Oteo.

El Limoncito es un son tradicional del sur de Jalisco, como demuestra la versión de 1908 del Cuarteto Coculense, quienes viajaron desde Cocula a la Ciudad de México para entretener al dictador Porfirio Díaz.

Al final, Alfonso Esparza Oteo permanece como un eco que desafía el olvido, recordándonos que la verdadera música no envejece: sólo espera ser escuchada de nuevo.

* Es probable que Rolando Villazón haya sido el primer artista nacido en México que grabó para la exclusiva disquera alemana Deutsche Grammophon, en 2010. Plácido Domingo lo hizo en 1970, aunque —pese a haber vivido en México desde los ocho años— nunca renunció a su ciudadanía española. Hoy, aun con 14 doctorados honoris causa, ha sido marginado por acusaciones que lo persiguen más allá de su legado.

© 2025, Saúl Holguín Cuevas. All rights reserved.

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