Pensamiento revolucionario de Pancho Villa

Pensamiento revolucionario de Pancho Villa

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En el Museo Nacional de la Revolución, en la Ciudad de México, la figura histórica de Pancho Villa es una de las más populares entre las miles de personas que visitan el museo anualmente. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2016
En el Museo Nacional de la Revolución, en la Ciudad de México, la figura histórica de Pancho Villa es una de las más populares entre las miles de personas que visitan el museo anualmente. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2016

“…el epitafio de Villa fue un suspiro universal de lamento y alivio”.
Anita Brenner / Idols Behind Altars

En los ideales revolucionarios del proyecto democrático que se esbozaba para el México de principios del siglo XX, Pancho Villa encontró una amplia arteria para expresar su intensa inconformidad social. La teoría de la Revolución, enunciada por Francisco I. Madero, se convirtió en la causa para su rebeldía, y en la plataforma para su expresión violenta, la cual ahora percibía como justificada y como una actitud legítima de protesta en contra de las injusticias sociales que le habían empujado al bandolerismo.

Villa era un hombre académicamente inculto, pero poseía una increíble intuición de lucha social, la cual, en su estado más brutal, lo convirtió en un criminal de carrera, y en un elemento antisocial de un sistema desigual y opresor. Villa, el bandolero, comprendió que la naciente revolución era el lenguaje con el que podía expresarse, y así se incorporó con toda la fuerza de su carácter indomable a pelear, transformándose en un agente revolucionario acreditado por su propia condición de marginado.

Villa destacó por su astucia, su sagacidad y por su agresividad sorpresiva, pero este implacable guerrillero mexicano sobresalió más, substancialmente, porque él mismo era un producto nato de la discriminación, del abuso y de la pobreza de su contexto social. Villa evolucionó de ser víctima a vengador de su propia identidad de segregado, razón que explica por qué la clase pobre y explotada se identificaba con él; el caudillo era el pueblo mismo a caballo, voz y expresión colectiva de los desposeídos, quienes anhelaban una emancipación social.

A través de Villa, ya como elemento de la catártica revolución, el clamor por justicia encontraba un portavoz para promover el cambio social. Villa fue una temible descarga emotiva para el grito reprimido del desheredado social, del ciudadano doblegado por la vara desmedida del abuso.

Como fenómeno social, Pancho Villa fue la hoz que recogió la cosecha de las semillas de injusticia sembradas por la elite de ricos. Como manifestación sociológica y antropológica, Villa fue un monstruo social, concebido en el vientre de una sociedad ultrajada. De esa monstruosidad, de ese ente espantoso que era Villa, esa misma minoría selecta se escandalizaba, como el progenitor que se perturba con el producto de su propio incesto, y que tiene que vivir con la pesadilla que él mismo engendró.

En su irracionalidad bandolera, Pancho Villa fue el vómito de una nación hartada en su gula de despotismo, atropello, y dictadura; en su raciocinio revolucionario, en contraste, este ser, mitad hombre y mitad caballo, mitad realidad y mitad leyenda, fue un grito de parto para el nacimiento de un México con facciones de justicia social.

La dualidad de la naturaleza rebelde y revolucionaria del llamado Centauro del Norte, lo mismo le habilitó que le deshabilitó. Cuando cabalgó por la avenida de la causa sociopolítica, bajo la inspiración democrática de Madero, la agenda de Villa fue la reforma social, y su actitud, la de un líder igualitario.

Collage de Pancho Villa
Collage de Pancho Villa
Photo: -Chupacabras- via Visualhunt.com / CC BY-SA

Pero cuando los avatares de la Revolución lo despojaron de esa expresión justiciera, Villa volvió a transitar por sus conocidos atajos de bandolerismo, y a reagruparse en las montañas que atestiguaron su endurecimiento como bandido sanguinario. Villa volvía a comunicarse en el dialecto de la venganza y el odio violento. A causa de esa ambigüedad que caracterizó su vida y su muerte, no es posible encasillarle solamente como bandolero o revolucionario, o como héroe o villano, porque su carácter traspasó no sólo las estructuras sociales, pero también las dimensiones de su propio pensamiento guerrillero y militar, el cual le mitificó y le convirtió en un personaje de leyenda. Villa fue lo uno y lo otro a través de su vida.

Villa fue un hombre recio y de gran arrojo, pero también mostró ser vulnerable a sentimientos de marginalidad, derrota y traición. Tanto en su juventud como en su edad adulta, Villa reaccionó con un instinto que lo transformaba en una fiera social de ira destructora, cuya raíz era su condición de segregado. En los años posteriores a la muerte de Madero y a la dimisión de Victoriano Huerta, y luego de que Venustiano Carranza fuera reconocido oficialmente por el gobierno de Estados Unidos como presidente, Villa quedó al margen del gobierno mexicano y sin el apoyo armamentista que inicialmente había recibido de Estados Unidos.

En su intento de derrocar a Carranza, Villa sufrió humillantes derrotas por el genio militar que fue Álvaro Obregón. Su otrora poderosa División del Norte acabó diezmada y dispersada, y su prestigio como general, desvanecido. Su expresión ya no volvería a ser de justicia social, sino de resentimiento y venganza, actitudes que evocan a Doroteo Arango, el muchacho que se dice vengó el ultraje cometido a su hermana.

A pesar de su eminencia guerrera, la visión revolucionaria de Villa nunca llegó a ser desarrollada plenamente. Su naturaleza indómita y combativa al servicio de la causa lo encumbró como un soldado nato e ideal para la batalla, pero su interés por la reforma social fue esporádico, y su movimiento careció de una clara ideología política. Villa no tuvo la capacidad de establecer un aparato legal para implementar un programa de progreso social a gran escala, debido a que la suya era una conciencia de lucha armada, no de discernimiento político. Su protesta violenta fue un símbolo de redención, pero fue por igual un estigma de penitencia.

En la idiosincrasia del mexicano, sin embargo, Villa constituye no sólo el héroe institucionalizado de la Revolución, sino un ídolo popular que personifica las causas marginadas, un mito cohesivo que proporciona la oportunidad de desagravio simbólico para el alma del mexicano, especialmente en relación con el rencor por las incursiones norteamericanas en suelo mexicano, y en la percepción imperialista que se tiene de Estados Unidos hasta estos días.

En el folklore nacional de México, Villa es un adalid que se vengó impunemente de Estados Unidos, hecho que perpetúo su popularidad y su fama, y dio, asimismo, lugar a una ideología revanchista con la que el mexicano cree restituirse y reivindicarse de la injuria recibida. La astucia, sagacidad, y capacidad de Villa para eludir al poderoso enemigo, actúan así como una válvula sociocultural que canaliza el fluido de rencor y resentimiento de un pueblo despojado y subyugado.

El epílogo de la vida de Villa –el campesino convertido en bandolero, el bandolero transformado en revolucionario, y el revolucionario vuelto en héroe– fue tan violenta y sanguinaria como su misma vocación guerrillera. Su muerte cerró el ciclo de venganza que se abrió cuando Doroteo Arango –epítome del campesino oprimido– comprendió su desfavorable condición social.

Pancho Villa había nacido de esa inconformidad, de ese sentimiento de rechazo, y de la imposibilidad de obtener justicia por medios legales; fue el engendro de un gobierno déspota y dictatorial, un ser anómalo concebido en el sufrimiento y el dolor de una sociedad oprimida. En la postrimería de su convulsionada existencia, el monstruo sería aniquilado por la misma elite que le había parido. En su sepulcro, desprovisto de toda paz, el cadáver de Villa sería decapitado por alguien que quiso asegurarse, quizás, de que el monstruo no volviera a rebelarse.

Bibliografía
– Anita Brenner. Idols Behind Altars, The Story of the Mexican Spirit. 1970
(1929)
– Herbert Molloy Mason, Jr. The Great Pursuit, Pershing’s Expedition to
Destroy Pancho Villa. 1995.
– Jim Tuck. Pancho Villa and John Reed, Two Faces of Romantic Revolution.
First Edition, 1984.
– Judith Adler Hellman. Mexico in Crisis. Second Edition 1988.
– Steven O’Brien. Pancho Villa. Primera Edición, 1995

© 2017, Eduardo Barraza. All rights reserved.

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