Los centros de datos son la infraestructura invisible que impulsa la era de la inteligencia artificial.
Puntos clave
• Qué son y cómo funcionan.
• Por qué se construyen tantos.
• El debate sobre su impacto.
PHOENIX — Mientras lees este artículo, es casi seguro que la información está viajando desde un centro de datos ubicado a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia. El sitio web donde aparece este texto, las fotografías que lo ilustran y cada palabra que llega a tu pantalla existen gracias a una infraestructura física que la mayoría de las personas nunca ve.
Cada vez es más difícil seguir las noticias sin encontrarse con una referencia a los centros de datos. Aparecen cuando una empresa tecnológica anuncia una inversión multimillonaria, cuando una comunidad debate el consumo de agua, cuando una compañía eléctrica construye nuevas subestaciones o cuando la inteligencia artificial promete transformar la economía.
Hace apenas unos años, pocas personas fuera de la industria tecnológica sabían qué era un centro de datos. Hoy, estos complejos se han convertido en algunos de los proyectos de infraestructura más ambiciosos del mundo. Su rápida expansión ha despertado entusiasmo entre quienes ven en ellos una fuente de inversión y empleo, pero también preocupación entre residentes, ambientalistas y autoridades que cuestionan su impacto sobre recursos como la electricidad, el agua y el uso del suelo.
En muchos sentidos, los centros de datos representan uno de los mejores ejemplos de cómo el futuro dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad visible.
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El internet siempre tuvo un lugar físico
Existe una idea muy extendida de que la información “vive en la nube”. La expresión resulta útil, pero es engañosa. La nube no flota sobre nuestras cabezas.
Cada fotografía almacenada, cada correo electrónico enviado, cada videollamada, cada serie reproducida por streaming y cada consulta realizada a un sistema de inteligencia artificial terminan almacenándose o procesándose en edificios físicos repletos de computadoras. Esos edificios son los centros de datos.
En términos sencillos, funcionan como enormes bibliotecas digitales y gigantescas fábricas de procesamiento de información. Miles, e incluso cientos de miles, de servidores trabajan las 24 horas del día para almacenar datos, realizar cálculos y enviar información a millones de usuarios alrededor del mundo en cuestión de segundos.
Cuando alguien abre una red social, utiliza un servicio bancario en línea, consulta un mapa o conversa con un asistente de inteligencia artificial, es muy probable que la información viaje hacia uno o varios centros de datos antes de regresar a la pantalla del usuario.
Lo mismo ocurre con el sitio web de Barriozona Magazine donde estás leyendo este artículo. El texto, las fotografías y todos los elementos de esta página se almacenan en servidores ubicados dentro de un centro de datos. Cada clic, cada imagen y cada palabra recorren una compleja red de fibra óptica antes de aparecer en tu pantalla. En otras palabras, gran parte de internet existe porque millones de computadoras funcionan de manera ininterrumpida dentro de estas instalaciones.
La historia de los centros de datos
Aunque hoy ocupan titulares, los centros de datos no son un invento reciente.
Sus antecedentes pueden rastrearse hasta las décadas de 1950 y 1960, cuando gobiernos, universidades y grandes corporaciones comenzaron a utilizar enormes computadoras centrales conocidas como mainframes.
Durante muchos años, aquellas máquinas ocupaban habitaciones completas con estrictos controles de temperatura y seguridad. La llegada de internet en los años noventa transformó completamente esa infraestructura.
Después aparecieron gigantes tecnológicos como Google, Amazon, Microsoft y Meta, cuya expansión obligó a construir instalaciones cada vez mayores para atender a miles de millones de usuarios. Sin embargo, el crecimiento más acelerado comenzó apenas en los últimos años.
La explosión del almacenamiento en la nube, el video en alta definición, el comercio electrónico, el trabajo remoto y, especialmente, la inteligencia artificial generativa dispararon una demanda sin precedentes de capacidad informática.
Hoy, la carrera por construir nuevos centros de datos recuerda la expansión de las redes ferroviarias durante el siglo XIX o la construcción de autopistas durante el siglo XX. La infraestructura digital se ha convertido en un componente estratégico para la economía.

Arizona ofrece una ventana hacia el futuro
Uno de los lugares donde este fenómeno puede observarse con mayor claridad se encuentra en el área metropolitana de Phoenix, Arizona.
En el extremo sureste del condado Maricopa, particularmente en la zona conocida como Elliot Technology Corridor, en la ciudad de Mesa, extensiones que hasta hace pocos años eran terrenos abiertos se han transformado en un corredor tecnológico de enorme escala.
Empresas como Meta, Google, EdgeCore, NTT y otras compañías especializadas han construido o desarrollan grandes campus destinados exclusivamente al procesamiento de datos. Para quien observa estas obras por primera vez, el paisaje puede resultar desconcertante. No se parecen a una fábrica tradicional ni a un centro logístico.
Primero aparecen enormes movimientos de tierra y kilómetros de infraestructura subterránea. Después llegan interminables filas de paneles prefabricados de concreto y grandes estructuras de acero que permiten levantar edificios con extraordinaria rapidez. Poco a poco surgen enormes muros de concreto prácticamente sin ventanas, diseñados para proteger miles de servidores que funcionarán de manera permanente.
Conforme avanza la construcción, también aparecen gigantescos equipos industriales de enfriamiento, redes de tuberías, grandes tanques blancos para almacenamiento de agua, subestaciones eléctricas y plantas de generación de respaldo capaces de mantener la operación incluso durante interrupciones del suministro eléctrico. Finalmente, todo el complejo queda rodeado por bardas perimetrales, sistemas de videovigilancia y estrictos controles de acceso, convirtiéndose en un campus tecnológico cuya verdadera actividad permanece oculta tras sus muros.
Desde el exterior parecen edificios industriales silenciosos. En su interior operan algunos de los sistemas computacionales más avanzados del planeta.
Detrás de los muros de los centros de datos
Muy pocas personas ajenas a la industria tecnológica tendrán la oportunidad de entrar a un centro de datos. Tras estrictos controles de seguridad, el interior revela largos pasillos de gabinetes metálicos (racks) donde miles de servidores funcionan de manera ininterrumpida.
No hay oficinas concurridas ni líneas de producción. Lo que domina el ambiente es el zumbido constante de los sistemas de enfriamiento, indispensables para disipar el calor que generan los procesadores. El aire se mantiene frío, mientras pequeñas luces LED parpadean sin descanso, reflejando el flujo permanente de información.
Detrás de esos muros de acero y concreto se almacenan fotografías, videos, transacciones bancarias, expedientes médicos, investigaciones científicas y millones de consultas realizadas cada día a la inteligencia artificial. Es una infraestructura que pocos llegarán a conocer, aunque prácticamente todos dependan de ella varias veces al día.

¿Por qué se construyen tantos ahora?
La respuesta tiene varias dimensiones.
La primera es tecnológica. La inteligencia artificial requiere una capacidad de procesamiento muy superior a la de aplicaciones tradicionales. Entrenar un modelo avanzado implica realizar billones de operaciones matemáticas utilizando miles de procesadores especializados trabajando simultáneamente.
La segunda es económica. Cada vez más empresas trasladan sus operaciones digitales a la nube. Bancos, hospitales, universidades, gobiernos, comercios electrónicos y plataformas de entretenimiento dependen de infraestructura que funcione sin interrupciones.
La tercera es demográfica. Cada año aumenta la cantidad de personas conectadas permanentemente a internet mediante teléfonos inteligentes, computadoras, relojes inteligentes, vehículos y dispositivos domésticos. Cada fotografía, video, mensaje, archivo médico, transacción bancaria o consulta realizada genera datos que deben almacenarse y procesarse.
Y la cuarta es geopolítica. Los datos se han convertido en un recurso estratégico. Los países buscan fortalecer su infraestructura digital para mantener competitividad económica, atraer inversiones y reducir dependencias tecnológicas.
La inteligencia artificial cambió las reglas
Hasta hace poco, buena parte del tráfico digital consistía en almacenar archivos o reproducir videos. La inteligencia artificial cambió ese equilibrio. Cada conversación con un modelo de IA requiere enormes cantidades de procesamiento.
Lo mismo ocurre con la generación de imágenes, la traducción automática, la programación asistida por computadora y numerosas aplicaciones científicas. Eso explica por qué muchas empresas tecnológicas están acelerando la construcción de nuevos centros de datos incluso antes de que las instalaciones anteriores alcancen su capacidad máxima.
La competencia ya no consiste únicamente en desarrollar mejores programas. También depende de quién posee la infraestructura capaz de alimentarlos.

Un motor económico… con preguntas difíciles
Las comunidades que reciben estos proyectos suelen escuchar primero las cifras de inversión. Muchos campus representan inversiones de miles de millones de dólares. Durante su construcción generan miles de empleos temporales relacionados con ingeniería, obra civil, electricidad, transporte, manufactura y logística.
Posteriormente mantienen personal especializado en operación, seguridad, mantenimiento y administración. Los gobiernos locales también destacan el aumento de actividad económica y la llegada de infraestructura adicional, como nuevas redes eléctricas y mejoras viales. Sin embargo, conforme avanzan los proyectos, aparecen preguntas igualmente importantes.
Centros de datos: agua, electricidad y territorio
Uno de los temas más debatidos es el consumo de recursos. Muchos centros de datos utilizan sistemas de enfriamiento para evitar que los servidores alcancen temperaturas peligrosas.
Dependiendo del diseño tecnológico y del clima, algunos requieren cantidades importantes de agua, mientras que otros emplean sistemas que reducen considerablemente ese consumo mediante recirculación o enfriamiento por aire.
La electricidad representa otro desafío. Estas instalaciones operan las 24 horas del día, todos los días del año. Su demanda energética puede ser comparable a la de pequeñas ciudades. Por esa razón suelen construirse nuevas subestaciones eléctricas, líneas de transmisión y sistemas de generación de respaldo dentro de los propios complejos.
En regiones con rápido crecimiento poblacional, algunas comunidades expresan preocupación por la presión adicional sobre una infraestructura eléctrica que ya enfrenta desafíos derivados del aumento de temperaturas y del crecimiento urbano.
También existe un debate sobre el uso del suelo. En algunos lugares, terrenos antes destinados a la agricultura o espacios abiertos han sido transformados en corredores industriales especializados. Para algunos representa progreso tecnológico. Para otros significa un cambio permanente del paisaje.
El dilema de una tecnología invisible
Existe una paradoja interesante. Mientras más utilizamos internet, menos conscientes somos de la infraestructura que lo hace posible.
Los centros de datos suelen ser enormes edificios de acero y concreto, prácticamente sin ventanas, equipados con complejos sistemas de enfriamiento que funcionan de manera constante para disipar el calor generado por miles de servidores. Desde el exterior pueden parecer simples naves industriales; en realidad, albergan algunos de los sistemas tecnológicos más sofisticados del mundo.
No producen bienes visibles. No venden productos directamente al consumidor. Sin embargo, sostienen buena parte de la economía digital contemporánea. Cuando funcionan correctamente, nadie piensa en ellos. Cuando fallan, millones de personas pueden perder acceso simultáneamente a plataformas digitales, servicios financieros, sistemas médicos o comunicaciones.
Su invisibilidad explica, en parte, por qué durante tantos años permanecieron fuera del debate público.
La infraestructura del futuro se expande
Durante décadas, las películas imaginaron ciudades inteligentes, vehículos autónomos e inteligencia artificial conversando con las personas. Hoy muchas de esas tecnologías ya forman parte de la vida cotidiana.
Cada consulta realizada a un asistente de IA, cada automóvil conectado, cada hospital digital, cada fábrica automatizada y cada plataforma educativa incrementan la necesidad de infraestructura computacional.
Los centros de datos son la base física de ese nuevo mundo.No representan únicamente edificios industriales. Son el equivalente contemporáneo de las centrales eléctricas, las autopistas o las redes ferroviarias que impulsaron otras revoluciones económicas. La diferencia es que esta vez la materia prima no son el carbón, el acero o el petróleo. Son los datos.
Los centros de datos, el debate que apenas comienza
El crecimiento de los centros de datos probablemente continuará durante los próximos años impulsado por la inteligencia artificial, la computación en la nube y la digitalización de prácticamente todos los sectores económicos.
La discusión, sin embargo, ya no gira únicamente en torno a cuántos pueden construirse, sino a cómo hacerlo de manera compatible con las necesidades de las comunidades que los albergan.
Gobiernos, empresas tecnológicas, proveedores de energía, urbanistas, ambientalistas y residentes participan en un debate que busca equilibrar innovación, desarrollo económico y sostenibilidad.
Mientras tanto, en lugares como el Elliot Technology Corridor de Mesa, Arizona, enormes edificios de acero y concreto continúan elevándose detrás de grúas y cercas perimetrales. Desde el exterior parecen silenciosos. En realidad, están construyendo la infraestructura donde se procesará buena parte de la vida digital de las próximas décadas.
Y aunque pocas personas entren alguna vez a uno de ellos, prácticamente todas las personas que utilizan internet dependerán de su funcionamiento varias veces al día, incluso sin saberlo.
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