Las campañas políticas en México pasaron de la TV a un entorno digital y automatizado.
Puntos clave
• TV dominó hasta 2006; reformas electorales cambiaron reglas.
• Las redes fragmentaron audiencias desde 2012.
• La IA amplifica desinformación y retos regulatorios.
MÉXICO — Las campañas políticas en México han transitado en poco más de dos décadas de un modelo dominado por la televisión —conocido como “videocracia”— a un ecosistema digital en el que redes sociales, automatización e inteligencia artificial (IA) influyen cada vez más en la comunicación electoral.
El cambio, observable desde la alternancia presidencial de 2000 hasta las discusiones regulatorias de 2026, refleja tanto la evolución tecnológica como los ajustes institucionales frente a nuevos riesgos para la integridad democrática.
De la videocracia televisiva a la regulación electoral (2000–2012)
La videocracia se consolidó en las elecciones federales de 2000, cuando la imagen televisiva se convirtió en el principal vehículo de comunicación política. La victoria de Vicente Fox puso fin a 71 años de presidencias del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en un contexto donde la cobertura de las principales cadenas de televisión abierta jugó un papel central en la visibilidad de candidatos.
Durante este periodo, las campañas políticas en México adoptaron estrategias de marketing político con fuerte énfasis en spots, manejo de imagen y cobertura mediática. Para 2006, la televisión era la principal fuente de información política para aproximadamente el 88% del electorado, según datos del Comparative National Election Project (CNEP).
La elección de 2006 marcó el punto más alto de esta dinámica. La contienda entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador estuvo caracterizada por campañas intensivas en televisión y controversias sobre propaganda negativa. En respuesta, la reforma electoral de 2007-2008 prohibió a los partidos la compra directa de tiempos en radio y televisión y otorgó al entonces Instituto Federal Electoral (IFE) la administración exclusiva de los tiempos del Estado con fines electorales, con el objetivo de equilibrar la competencia.
Estas reformas no eliminaron la centralidad de la imagen, pero sí redefinieron sus reglas de distribución.
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La transición digital y la fragmentación de audiencias (2012–2018)
A partir de 2012, el crecimiento de internet y redes sociales comenzó a modificar el ecosistema mediático. La comunicación política dejó de depender exclusivamente de la televisión y se expandió hacia plataformas digitales donde la producción y circulación de contenidos se volvió más descentralizada.
La transformación de las campañas políticas en México se reflejó en los hábitos de consumo informativo. Datos del CNEP muestran que el porcentaje de ciudadanos que seguían información política principalmente por televisión descendió de 88% en 2006 a 69% en 2024. En contraste, el uso de internet como fuente informativa aumentó de 7% a 54% en ese periodo, mientras que las redes sociales alcanzaron el 55% en 2024.
Este cambio generó una mayor fragmentación de audiencias. Entre los votantes más jóvenes, el consumo informativo se desplazó de forma más marcada hacia plataformas digitales: en 2024, alrededor del 73% de la Generación Z reportó seguir información política en redes sociales, mientras que cerca del 62% aún lo hacía a través de la televisión, aunque no necesariamente como fuente principal.
El entorno digital también facilitó nuevas prácticas, como el uso de cuentas automatizadas para amplificar mensajes o influir en tendencias, consolidando una lógica basada en la competencia por la atención del usuario.
La incorporación de inteligencia artificial (2018–2024)
El proceso electoral de 2024 representó un punto de inflexión con la incorporación más visible de herramientas de inteligencia artificial en la comunicación política. Estas tecnologías permitieron generar contenido automatizado, analizar datos de audiencias y producir materiales audiovisuales con mayor rapidez y menor costo.
En esta etapa, las campañas políticas en México comenzaron a integrar herramientas avanzadas de segmentación y generación de contenido. Informes de organizaciones como la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad y el EON Institute documentaron durante ese proceso la circulación de deepfakes —videos y audios manipulados—, así como el uso de bots y contenidos sintéticos en redes sociales.
De acuerdo con esos análisis, no existe evidencia concluyente de que estas herramientas hayan determinado los resultados electorales. Sin embargo, sí plantearon riesgos relevantes para la confianza pública y la calidad del debate democrático, al dificultar la verificación de la autenticidad de los contenidos.
Respuestas institucionales y debate regulatorio (2024–2026)
Las autoridades electorales comenzaron a adaptar sus mecanismos ante estos cambios. En 2024, el Instituto Nacional Electoral (INE) utilizó el asistente virtual “Inés” en WhatsApp, en colaboración con plataformas tecnológicas y organizaciones de verificación, para ayudar a la ciudadanía a identificar información falsa o imprecisa durante el proceso electoral. [https://centralelectoral.ine.mx/2025/05/07/ines-la-asistente-virtual-de-whatsapp-del-ine-esta-de-vuelta-para-las-elecciones-del-poder-judicial/]
En 2025, el INE aprobó lineamientos internos para el uso de inteligencia artificial en sus operaciones, enfocados en principios como transparencia, protección de datos personales y respeto a derechos humanos. Estas medidas regulan principalmente el uso institucional de la IA.
El debate se amplió en 2026, cuando el Ejecutivo federal presentó en marzo una iniciativa de reforma electoral que propone, entre otros puntos, la obligación de etiquetar de manera clara los contenidos generados o manipulados con inteligencia artificial en campañas políticas. La propuesta continúa en discusión legislativa.
Continuidad y transformación de la videocracia
La evolución del sistema no implica la desaparición de la videocracia, sino su transformación. La imagen sigue siendo el eje de la comunicación política, pero ahora circula en un entorno digital mediado por algoritmos, plataformas y herramientas capaces de generar contenido sintético.
Este modelo ofrece nuevas capacidades, como la segmentación precisa de audiencias y la interacción directa con votantes, pero también introduce desafíos estructurales, entre ellos la propagación de desinformación a gran escala y la fragmentación del espacio público.
El futuro de las campañas políticas en México
A más de dos décadas de la alternancia democrática, México enfrenta el reto de equilibrar la innovación tecnológica con salvaguardas institucionales. El futuro de las campañas políticas en México dependerá de la capacidad de autoridades, actores políticos y ciudadanía para adaptarse a un entorno donde la información circula con rapidez, pero no siempre con certeza.
En un sistema mediático en constante transformación, la integridad democrática ya no depende únicamente de las reglas electorales, sino también de la calidad del ecosistema informativo que las rodea.
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