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2018 marcará 50 años del movimiento estudiantil y masacre de 1968 en México

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Un monumento erigido en 1993 en la Plaza de las Tres Culturas recuerda a las víctimas de la masacre de Tlatelolco en el lugar donde ocurrió el 2 de octubre de 1968. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2007
Un monumento erigido en 1993 en la Plaza de las Tres Culturas recuerda a las víctimas de la masacre de Tlatelolco en el lugar donde ocurrió el 2 de octubre de 1968. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2007

Este año se cumplirán 50 años de uno de los incidentes más espantosos y trágicos en la historia moderna de América Latina, el cual ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Ciudad de México.

Aquella funesta noche cientos de mexicanos civiles y desarmados, la mayoría estudiantes, fueron atacados por grupos especiales del gobierno y fuerzas del ejército mexicano, resultando en un terrible baño de sangre. Medio siglo después, esta masacre todavía permanece presente en las nuevas generaciones de mexicanos.

Durante los meses anteriores a este ataque a la población civil perpetrado por el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, los estudiantes habían salido a protestar a las calles para llamar la atención del mundo sobre los actos represivos del gobierno contra ellos.

Los manifestantes exigían autonomía para las universidades, el despido del jefe de policía y la liberación de los presos políticos, entre otras demandas expresadas en un pliego petitorio.

En un esfuerzo por detener las protestas, Díaz Ordaz ordenó la ocupación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el centro de estudios más grande del país, ubicado al sur la Ciudad de México. Los manifestantes estudiantiles vieron los Juegos Olímpicos de verano de 1968, que se celebrarían ahí en el mes de octubre, como el escenario ideal para presentar sus demandas ante audiencia mundial.

Una manifestación de estudiantes durante una protesta el 13 de agosto de 1968. Foto: Marcel·lí Perelló | Dominio Público

Tras una serie de protestas multitudinarias y enfrentamientos durante los meses de julio, agosto y septiembre, el miércoles 2 de octubre miles de estudiantes marcharon por la capital y al anochecer, unos cinco mil manifestantes se congregaron en La Plaza de Las Tres Culturas, en Tlatelolco, para lo que se esperaba fuera otra manifestación pacífica.

Sin embargo, vehículos blindados y tanques del ejército rápidamente rodearon la plaza, y un grupo encubierto del gobierno comenzó a disparar contra la multitud. Las cifras de muertos varían desde la oficial de cuatro muertos y 20 heridos hasta miles, aunque la mayoría de los historiadores calculan el número de víctimas entre 200 y 300.

Algunos de los manifestantes lograron escapar, mientras que otros se refugiaron en casas y departamentos de los edificios contiguos a la plaza. Una búsqueda puerta por puerta por parte de las autoridades produjo el arresto de algunos de los manifestantes. No todas las víctimas de la masacre de Tlatelolco fueron manifestantes; muchos simplemente estaban pasando por el lugar y les tocó estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

El gobierno mexicano inmediatamente afirmó que las fuerzas de seguridad secretas habían sido atacadas a tiros primero, y que sólo habían disparado en defensa propia. Si las fuerzas de seguridad dispararon primero o si los manifestantes incitaron a la violencia, es una interrogante que cinco décadas más tarde aún no obtiene respuesta precisa.

Cambios posteriores en el gobierno han permitido un mayor escrutinio a los hechos que rodearon aquella brutal masacre. El entonces secretario de Gobernación, Luís Echeverría Álvarez, fue acusado de genocidio en 2006 en relación con el incidente, pero el caso fue después desechado.

Echeverría, quien como secretario de Gobernación en el momento de la masacre estaba a cargo de la policía y la seguridad interna, responsabilizó de la masacre a Díaz Ordaz.

En 1998, Echeverría afirmó que la única persona que podría haber ordenado que las fuerzas del gobierno disparen contra los manifestantes era Díaz Ordaz, quien murió en 1979.

Cincuenta años después, el movimiento estudiantil de 1968, así como la masacre de Tlatelolco, siguen siendo un tema fuerte en la vida y la política mexicanas, no sólo para quienes vivieron ese tiempo, sino para las actuales generaciones, que desde aquella fatídica noche se propusieron recordarla con la frase “2 de octubre no se olvida”.


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