Teorías educativas sobre el aspecto socioemocional del ser humano

Teorías educativas sobre el aspecto socioemocional del ser humano

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En los pequeños de la escuela primaria ha de favorecerse su seguridad y productividad, a esta edad los niños tienen mucho interés en aprender. Foto: DFID - UK Department for International Development via Visualhunt / CC BY-SA
En los pequeños de la escuela primaria ha de favorecerse su seguridad y productividad, a esta edad los niños tienen mucho interés en aprender. Foto: DFID - UK Department for International Development via Visualhunt / CC BY-SA

Una vez que hemos analizado en la primera parte de este ensayo la teoría Gestalt, analizaremos otras teorías en el tema que nos ocupa.

Otros autores y psicólogos igualmente relacionados a la corriente humanista han investigado y desarrollado estudios que nos hablan sobre el aspecto socioemocional de los seres humanos, poniendo el interés principal en esta área.

Urie Bronfenbrenner, psicólogo estadunidense, creó la llamada Teoría Ecológica, con la cual hace notar la importancia de que el educador conozca, comprenda y tome en cuenta las circunstancias que intervienen en el desarrollo de los alumnos.

Así plantea que los contextos (familiares, comunitarios, sociales, históricos) que rodean al niño desde que nace, influyen de manera crucial en su desarrollo.

Esto no debe pasar desapercibido, pues los ambientes en que viven los educandos, determinan sus aprendizajes, experiencias, comportamiento e ideologías.

Toda esta diversidad, conforma un grupo heterogéneo que para el maestro representa un desafío, inclusive debe reconocer que él mismo es parte de una cultura, que tiene costumbres, ideologías y concepciones que orientan y definen su trabajo docente y su ser como persona.

Siguiendo la idea de este autor, es sumamente necesario que el maestro tome en cuenta que los alumnos forman parte de un número de sistemas e influencias ambientales en las que se ve inmerso desde que nace.

Erik Erickson es otro psicólogo que centra la atención en cuanto al desarrollo socioemocional de los individuos. Diseña así su teoría llamada el ciclo de la vida.

Ésta consiste en ocho etapas que se van presentando a lo largo de la existencia, cada una de ellas tiene ciertas características de acuerdo a la edad, y enfrenta al sujeto a crisis que le permitirán desplegar su potencialidad o bien propiciarán su estancamiento.

La finalidad es llegar a la adultez tardía de manera sana, equilibrada e integra.

De la manera que las crisis se enfrenten y resuelvan dependerá y dará pie a la fase siguiente.

Para Erikson, la personalidad es el resultado de las expectativas del sujeto y las limitaciones u oportunidades que tenga en los ambientes que vive.

El maestro deberá tomar en cuenta las características de la edad que tienen sus alumnos, los contextos en los que se desenvuelve, y la etapa que esté atravesando para así poder ofrecer las oportunidades, motivación, guía y apoyo adecuado.

Por ejemplo, en la primera infancia se deben cubrir las necesidades de afecto, protección y cuidados, en los niños preescolares la motivación, confianza, iniciativa y autonomía.

En los pequeños de la escuela primaria ha de favorecerse su seguridad y productividad, a esta edad los niños tienen mucho interés en aprender.

Para la etapa de la adolescencia, el docente debe proveer el acompañamiento pertinente y ocasiones en que los chicos busquen y afirmen su identidad.

Un aspecto muy interesante que este psicólogo propone, es que el maestro deberá analizar y reflexionar no sólo la etapa de sus educandos, sino la que él está viviendo y cómo la manera en que está atravesando, ya que su forma de vivirla y enfrentar las crisis propias de ésta, influirán en su relación con ellos y en general en su práctica educativa.

Su propuesta es bastante interesante pues nos enseña a conocer y comprender los temas socioemocionales que una persona experimenta.

El estudiante es un ser humano
Como se ha venido insistiendo, el educador no debe centrarse sólo en el aspecto académico sino en el ser humano que está formando.

Los alumnos tienen emociones, sentimientos, personalidad singular, una historia personal, contextos que influyen en su desarrollo y aprendizaje, necesidades; tomando como punto de partida lo mencionado, el maestro debe realizar su tarea diseñando situaciones, métodos, recursos didácticos e interviniendo de manera eficaz, estando consciente en todo momento que ellos experimentan diversas circunstancias tanto positivas como negativas, e incluso problemas fuertes que afectan su equilibrio emocional.

Por lo tanto el maestro debe asumirse ya no como el comunicador de conocimientos, sino más bien como un tutor, que acompañe el proceso de sus estudiantes, sobre todo de aquellos que más lo requieren.

Desde luego este trabajo implica un desafío, por lo que en primer lugar deberá examinar su propia vida, tanto personal como académica, revisar sus valores, sus expectativas, su vocación magisterial, ya que un docente que ama y está comprometido con su labor, tendrá una ventaja muy importante.

Pero no basta, también debe preocuparse por su salud emocional y su autoestima, buscando los medios para (como ya lo mencionaba la psicología Gestalt) ser feliz y creativo, reconocerse como un ser valioso, con capacidades y proyectos.

Todo esto le dará la oportunidad de llevar a cabo las múltiples responsabilidades que día con día enfrenta.

El trabajo educativo no sólo es con los alumnos, sino con las familias de éstos, ya que si contamos con ellas, alcanzaremos mayores logros en su formación.

Está comprobado que las escuelas que tienen el apoyo y presencia de los padres de familia obtienen mejores resultados, ya que se les puede hacer más conscientes de la importancia de su participación en la educación de sus hijos.

Hay varias estrategias para captar el interés de las familias, juntas, periódicos murales, pláticas, escuela para padres, talleres, cursos, orientaciones psicológicas, mañanas de trabajo, visitas, etc.

Quizá para muchos esta tarea es enorme y poco posible, pero las instituciones que se han atrevido a desarrollar programas y proyectos que incluyen a las familias han tenido experiencias favorables, se han podido reorientar y hasta revertir las conductas inadecuadas de los estudiantes, guiándolos a su mejor formación y desarrollo personal, social e intelectual.

Incluso está comprobado que al atender las necesidades emocionales de los alumnos consecuentemente se mejora también su desempeño escolar.

Esta misión debe realizarse en equipo, promoviendo la contribución de la comunidad, familias, maestros, y autoridades que han revalorado la necesidad de brindar apoyo y tutoría.

El maestro no puede ignorar o dejar de enfrentar esta tarea, es cierto, implica un gran esfuerzo, consciencia5, compromiso, tiempo, actualización, liderazgo, voluntad y firmeza para emprender las tareas y funciones arriba señaladas. Pero vale la pena si pensamos que todo esto lo estamos haciendo para esos seres únicos, irrepetibles y valiosos, que pasan por nuestras aulas para convertirse en mujeres y hombres que han de aprender a ser ellos mismos, lograr su autonomía, ser felices, contribuir al bien común y desplegar su inteligencia emocional en un mundo complejo.

Regresar a la primera parte: El ser humano detrás del estudiante: un reto para el educador

Fuente:
5 Conocimiento reflexivo de las cosas.

© 2016, Verónica Hernández Barraza. All rights reserved.

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