Hallazgo arqueológico en Tlatelolco detalla ofrenda asociada a adolescente muerta en el parto

Restos de una joven tlatelolca de entre 15 y 17 años (arriba) y de un individuo de aproximadamente dos meses (abajo), recuperados durante el salvamento arqueológico en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), como parte de la ofrenda funeraria en Tlatelolco. Fotos: Miriam Angélica Camacho Martínez | INAH.
Restos de una joven tlatelolca de entre 15 y 17 años (arriba) y de un individuo de aproximadamente dos meses (abajo), recuperados durante el salvamento arqueológico en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), como parte de la ofrenda funeraria en Tlatelolco. Fotos: Miriam Angélica Camacho Martínez | INAH.

CIUDAD DE MÉXICO — Una ofrenda funeraria en Tlatelolco vuelve a colocar a la antigua ciudad mexica en el centro de la conversación contemporánea sobre la vida, la muerte y los vínculos humanos, al revelar el caso de una adolescente que habría muerto durante su primer parto y que, según los especialistas, pudo haber sido considerada una cihuapipiltin: una mujer elevada a condición divina tras fallecer al dar a luz.

El hallazgo, dado a conocer por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), confirma que, incluso bajo el asfalto y las rampas del presente, Tlatelolco sigue respirando historias.

Ciudad gemela de Tenochtitlan y fundada como un altepetl, ciudad-estado, por un grupo mexica disidente en el siglo XIII, Tlatelolco fue un nodo comercial, político y simbólico del Valle de México. Tras la batalla de 1473 quedó subordinada a Tenochtitlan, pero conservó su identidad propia.

Hoy, entre conjuntos habitacionales, ejes viales y universidades, el subsuelo continúa revelando episodios que conectan la arqueología con preocupaciones muy actuales: maternidad, desigualdad social, nutrición, salud pública y memoria colectiva.

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La reciente ofrenda funeraria en Tlatelolco, localizada en 2023 durante trabajos de salvamento arqueológico en el estacionamiento del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), consistió en el entierro de una joven de entre 15 y 17 años acompañada por figurillas femeninas, platos, cajetes, malacates (pesas de huso para hilar) y un neonato de aproximadamente dos meses.

El conjunto fue depositado al pie de una estructura del recinto ceremonial fechada entre 1506 y 1515, en lo que los especialistas interpretan como un espacio dedicado a las cihuateteo, mujeres que morían en el parto y que, con base a sus creencias. alcanzaban un estatus sagrado comparable al de los guerreros caídos en combate.

El arqueólogo Salvador Guilliem, director del Proyecto Tlatelolco, explica que en el pensamiento mexica el parto era concebido como una batalla contra la muerte. La metáfora resuena hoy con fuerza renovada en una época que vuelve a discutir la mortalidad materna y los cuidados de salud desde perspectivas sociales y de género.

La joven tlatelolca habría muerto durante o poco después del parto por sepsis, una infección generalizada, según los análisis osteológicos que detectaron reacciones periostales, es decir, señales inflamatorias en el hueso.

La antropología física, disciplina que estudia restos humanos para reconstruir biografías biológicas, reveló además anomalías congénitas asociadas a la endogamia, como el dens invaginatus o “diente en diente”, y una alteración en la primera vértebra cervical.

En el caso del neonato, los investigadores observaron signos compatibles con escorbuto, posiblemente derivado de la dieta basada casi exclusivamente en maíz. Más que simples datos técnicos, estos hallazgos sugieren historias de linaje, precariedad y resiliencia en una sociedad compleja.

Lo que el registro óseo revela sobre vida y muerte

No es la primera vez que Tlatelolco arroja pistas sobre maternidades interrumpidas. Entre 2022 y 2025, el mismo proyecto documentó en el Gran Basamento los entierros de tres mujeres con sus infantes, vinculados a la epidemia de cólera de 1833.

Aquellos cuerpos, colocados juntos en ataúdes, revelan prácticas funerarias del México independiente y, al mismo tiempo, un gesto íntimo: la voluntad de mantener unidos a madre e hijo más allá de la muerte.

Este diálogo entre épocas es una constante en la zona. En diciembre de 2025, arqueólogos del INAH localizaron una estructura doméstica con entierros humanos, un tlecuil (fogón de piedra) y cerámica del Posclásico tardío, lo que confirmó la continuidad de ocupaciones entre Tenochtitlan y Tlatelolco. Cada hallazgo, como la actual ofrenda funeraria en Tlatelolco, amplía el mapa emocional de la ciudad y desmonta la idea de que la arqueología solo mira hacia atrás.

Hoy, cuando la memoria histórica circula en redes sociales, podcasts y series documentales, los descubrimientos en Tlatelolco dialogan con una sensibilidad contemporánea que busca narrativas más humanas y menos monumentales. La historia ya no se percibe como una línea recta, sino como un archivo vivo que se actualiza con cada excavación.

La ofrenda funeraria en Tlatelolco no solo añade un capítulo al registro arqueológico: propone una reflexión sobre el cuerpo femenino como territorio simbólico y sobre el duelo como práctica cultural compartida a lo largo de los siglos. En ese sentido, el hallazgo confirma algo que los arqueólogos saben bien: las ciudades nunca se van del todo; solo cambian de piel.

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