Luis Donaldo Colosio y la violencia política en México: del atentado en 1994 al presente

Un rostro que se repite como eco en la memoria nacional: la imagen de Luis Donaldo Colosio, multiplicada en colores intensos, no solo retrata a un candidato, sino a una herida abierta. Entre sombras densas y contrastes abruptos, la repetición se vuelve denuncia, un recordatorio visual de la violencia política que marcó a México y cuya resonancia aún no se disipa. Collage: Barriozona Magazine
Un rostro que se repite como eco en la memoria nacional: la imagen de Luis Donaldo Colosio, multiplicada en colores intensos, no solo retrata a un candidato, sino a una herida abierta. Entre sombras densas y contrastes abruptos, la repetición se vuelve denuncia, un recordatorio visual de la violencia política que marcó a México y cuya resonancia aún no se disipa. Collage: Barriozona Magazine

A 32 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, la violencia política sigue definiendo el presente de México.

• La violencia política en México no desapareció tras 1994; cambió de forma y escala.
• El asesinato de Colosio marcó una transición democrática incompleta y frágil.
• Hoy, el crimen organizado influye en el poder local mientras la memoria se amplifica en lo digital.

MÉXICO — Bajo el sol de la tarde, en un mitin polvoriento de Lomas Taurinas, un disparo detuvo en seco la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio Murrieta y, para muchos, la ilusión de que el sistema político mexicano podía reformarse desde dentro.

Tenía 44 años.

El 23 de marzo de 1994, el candidato del PRI fue asesinado en Tijuana, Baja California. El atacante, Mario Aburto Martínez, fue detenido en el sitio. Carlos Salinas de Gortari era presidente; Ernesto Zedillo Ponce de León fue designado candidato sustituto del PRI y asumiría la presidencia meses después. Aquel momento marcó el inicio de una transición política que México aún no termina de resolver.

Treinta y dos años después, el nombre de Colosio sigue funcionando como punto de partida para entender una realidad incómoda: la violencia política en México no desapareció. Solo cambió de forma.

Relacionado → De Colosio a Carlos Manzo: la violencia política en México en la era del narco y el algoritmo

El atentado contra Luis Donaldo Colosio: una transición interrumpida

Colosio encarnaba una promesa de apertura. Economista formado en el ITAM y con estudios de posgrado en la University of Pennsylvania, había sido secretario de Desarrollo Social y presidente del PRI. Su discurso del 6 de marzo de 1994, en el Monumento a la Revolución, dejó una frase que aún resuena: México tenía “hambre y sed de justicia”.

Para algunos analistas de la época, representaba una democratización controlada desde el poder. Su asesinato alteró ese curso. Seis años después, el PRI perdería la presidencia por primera vez en siete décadas, pero la alternancia no eliminó la violencia estructural.

El magnicidio, registrado por cámaras y difundido ampliamente poco después, expuso la fragilidad de las instituciones en un momento en que el crimen organizado comenzaba a disputar territorios. No fue un hecho aislado: desde los años 60, con episodios como Tlatelolco y la Guerra Sucia, México ya había vivido una violencia política persistente. Pero Colosio marcó un antes y un después en su visibilidad.

Del mitin al algoritmo

Hoy, el recuerdo de Colosio ya no vive solo en archivos o libros de historia. Vive en algoritmos.

En plataformas como TikTok, cuentas como la de su hijo, Luis Donaldo Colosio Riojas, acumulan alta interacción con fragmentos de discursos y reflexiones sobre “un movimiento de causas”. En X, los hilos que conectan 1994 con la actualidad se viralizan en cuestión de horas. Y este mes, HBO Max estrenó la serie documental Los asesinos de Colosio, producida por PAR Producciones para Warner Bros. Discovery, que revisita el caso con material de archivo y análisis contemporáneo.

El pasado ya no es pasado: es contenido.

Los mismos algoritmos que te muestran el mitin de Tijuana son los que amplifican —o diluyen— la conversación sobre la violencia actual. Y ahí está la paradoja: mientras el recuerdo se vuelve omnipresente en pantalla, la realidad en el terreno no ha cambiado de naturaleza, solo de escala y visibilidad.

La violencia que no se fue

Las cifras son frías, pero sus consecuencias no.

Durante el proceso electoral de 2024 se registraron al menos 56 asesinatos de actores políticos, según informes de Causa en Común e Integralia. Siete de ellos eran alcaldes.

Entre los casos recientes destaca el de Carlos Manzo, presidente municipal independiente de Uruapan, Michoacán, asesinado a tiros la noche del 1 de noviembre durante el Festival de Velas por el Día de Muertos, en el centro de la ciudad. Había denunciado la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación y exigido apoyo federal. Su muerte ocurrió en un evento público, como la de Colosio, con escolta presente, y derivó en un enfrentamiento donde las autoridades abatieron al agresor principal.

No es un caso aislado.

La violencia contra candidatos, alcaldes y funcionarios electos persiste más allá de los ciclos electorales. El proceso electoral 2023-2024 fue catalogado el más violento de la historia moderna. En 2025 y lo que va de 2026, la tendencia no se ha revertido.

México no dejó atrás la violencia política; la desplazó y la normalizó.

Una democracia entre urnas y territorios

Luis DOnaldo Colosio imaginaba un país donde el cambio viniera de las urnas y no de las balas. Treinta y dos años después, México vive en una tensión constante entre ambos.

Hay elecciones libres. Pero también hay territorios donde el poder real lo ejercen actores fuera del Estado.

Investigaciones de Trejo y Ley muestran que la violencia criminal en México responde a una lógica política: los cárteles atacan a funcionarios y candidatos para influir en el poder local. Desde la sociología, como una forma de violencia estructural que se reproduce porque la memoria colectiva se fragmenta en pantallas.

Relacionado → El trazo que mató al presidente electo de México en 1928: la caricatura de Álvaro Obregón dibujada por su asesino

Memoria, algoritmos y responsabilidad

Sin embargo, esa misma fragmentación digital abre una oportunidad.

Mientras los algoritmos reviven el mitin de Tijuana y nuevas producciones reactivan el debate, emerge un espacio público donde la memoria puede convertirse en exigencia. No para alimentar teorías sin sustento, sino para exigir rendición de cuentas.

El interés por Colosio ya no es solo nostalgia. Es una herramienta para medir cuánto ha avanzado, o retrocedido, la democracia mexicana.

El asesinato de Luis Donaldo Colosio: un eco que sigue resonando en México

En Lomas Taurinas, el polvo de aquel 23 de marzo de 1994 se mezcló con la sangre de un candidato que quería reformar el sistema desde dentro. Hoy, ese polvo circula en formato digital, reproducido una y otra vez en millones de pantallas.

Los disparos siguen resonando.

No como un misterio sin resolver, sino como una advertencia vigente: la violencia política en México no es un capítulo cerrado.

Es una historia que sigue escribiéndose.

Y mientras el país continúe contando alcaldes y candidatos asesinados, el nombre de Luis Donaldo Colosio seguirá apareciendo —una y otra vez— como el punto de partida de esa conversación incómoda que México aún no termina de tener.

ENLACE EXTERNO → No se ha resuelto caso de magnicidio en México

Video relacionado: ¿Quién mató a Luis Donaldo Colosio? El crimen que cambió México | Archivos secretos

© 2026, Eduardo Barraza. All rights reserved.

ARTÍCULOS RECIENTES

Comentarios

Leave a Reply

error: Content is protected!! - ¡El contenido está protegido!