PHOENIX — Imagina un continente entero visto como el “patio trasero” de una superpotencia. Esa es, en esencia, la Doctrina Monroe, un principio que ha moldeado las relaciones entre Estados Unidos y América Latina por más de dos siglos.
Hoy, en pleno 2026, esta idea resurge con fuerza en los titulares, gracias a las acciones de Estados Unidos en Venezuela. El 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses capturaron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una operación militar en Caracas. Dos días después, el 5 de enero, ambos comparecieron ante un tribunal en Nueva York, declarándose no culpables de cargos por narcotráfico y terrorismo.
Esta noticia no solo sacude la región, sino que ilustra cómo el presidente Donald Trump aplica una versión moderna de la Doctrina Monroe en su política hacia América Latina. En este artículo, explicaremos esta doctrina de manera sencilla para entender su relevancia en los eventos actuales.
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La Doctrina Monroe nació en 1823, durante el mandato del presidente estadounidense James Monroe. En un mensaje al Congreso, Monroe advirtió a las potencias europeas como España, Francia y Rusia, que cualquier intento de colonizar o interferir en los asuntos de las naciones independientes de América sería visto como una amenaza a la seguridad de Estados Unidos. En palabras simples: “América para los americanos”. Pero no se refería a todos los americanos; en realidad, significaba que Europa debía mantenerse alejada, mientras Estados Unidos asumía un rol protector, y a menudo interventor, en el hemisferio occidental.

Al principio, la doctrina era defensiva. Estados Unidos era una nación joven, temerosa de que las monarquías europeas reconquistaran territorios liberados por figuras como Simón Bolívar. Con el tiempo, evolucionó. En 1904, el presidente Theodore Roosevelt añadió el “Corolario Roosevelt”, que justificaba intervenciones estadounidenses para “corregir” problemas en países latinoamericanos, como deudas o inestabilidad.
Esto abrió la puerta a invasiones, como en Cuba (1898), Panamá (1903) o Nicaragua (1912). La doctrina se convirtió en una herramienta de hegemonía: Estados Unidos intervenía para proteger sus intereses económicos, como el control de rutas comerciales o recursos naturales, bajo el pretexto de mantener la estabilidad regional.
En el siglo XX, la Doctrina Monroe influyó en la Guerra Fría. Washington apoyó golpes de Estado contra gobiernos izquierdistas en Guatemala (1954), Chile (1973) y otros países, temiendo la influencia soviética. Críticos la ven como un símbolo de imperialismo, ya que ha justificado acciones unilaterales que ignoran la soberanía de naciones soberanas. Sin embargo, defensores argumentan que promueve la democracia y frena potencias externas. Es un debate vivo: ¿protección o dominación?
La Doctrina Monroe en tiempos de Trump
Ahora, avancemos al presente. El presidente Trump ha revivido la Doctrina Monroe con un giro personal, llamándola a veces “Doctrina Donroe“, un juego de palabras con las primeras tres letras de su nombre. En su estrategia de seguridad nacional, Trump enfatiza el dominio estadounidense en el hemisferio occidental, especialmente para contrarrestar la influencia de China, Rusia e Irán.
En discursos recientes, ha invocado esta doctrina para justificar políticas agresivas hacia América Latina, como sanciones económicas y presiones diplomáticas. Por ejemplo, durante su primer mandato, impuso duras sanciones a Venezuela, acusando a Maduro de narcotráfico y corrupción, lo que exacerbó la crisis económica del país y provocó una migración masiva.
Trump argumenta que estas medidas protegen a Estados Unidos de amenazas como el flujo de drogas y la inestabilidad regional, alineándose con el espíritu original de Monroe: excluir influencias externas.
Personas protestan contra la intervención estadounidense en Venezuela y exigen la liberación del presidente venezolano Nicolás Maduro frente al Centro Metropolitano de Detención el 4 de enero de 2026, en el distrito de Brooklyn de la ciudad de Nueva York.
El caso de Venezuela es un ejemplo perfecto. El 3 de enero de 2026, en una operación llamada “Resolución Absoluta”, fuerzas especiales estadounidenses irrumpieron en el Palacio de Miraflores, capturando a Maduro y Flores. Hubo bombardeos selectivos en Caracas, con reportes de al menos 40 muertes, aunque el objetivo principal fue extraer a la pareja sin dañar infraestructura clave como instalaciones petroleras.
Fueron trasladados a bordo del buque USS Iwo Jima y luego transportados por aire a Nueva York. El 5 de enero, en su primera audiencia, Maduro se declaró “no culpable”, “prisionero de guerra” y “aún presidente”, mientras enfrentaba cargos por conspiración para importar cocaína y narco-terrorismo, basados en una acusación de 2020.
Trump celebró la captura como una victoria contra el “Cartel de los Soles”, pero también mencionó la intención de acceder y controlar a las vastas reservas de petróleo venezolanas, las mayores del mundo.
¿Cómo encaja esto en la Doctrina Monroe? Trump ve a Venezuela como un foco de inestabilidad influido por potencias rivales: Rusia y China han invertido en su petróleo, e Irán ha enviado combustible. Al intervenir, Estados Unidos reafirma su “dominio” en la región, como en el siglo XIX.
Pero esto genera preguntas: ¿Es legal capturar a un presidente en funciones? Expertos debaten si viola el derecho internacional, aunque Washington lo justifica como una acción de cumplimiento de la ley contra amenazas transnacionales. Además, Trump ha extendido advertencias a Colombia, México y Cuba, sugiriendo que la doctrina podría aplicarse más allá de Venezuela.
Un simpatizante del presidente estadounidense Donald Trump grita cerca de manifestantes que se concentran en apoyo al derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro, frente al Tribunal Federal Daniel Patrick Moynihan, mientras Maduro espera su audiencia de lectura de cargos el 5 de enero de 2026 en Nueva York.
La Doctrina Monroe y los intereses estadounidenses
La lección clave es que la Doctrina Monroe no es solo historia antigua; es una lente para entender la geopolítica actual. En el contexto de Trump, representa una política de “América primero” que prioriza intereses estadounidenses, como el control de recursos y la exclusión de rivales globales.
Sin embargo, para países latinoamericanos, evoca memorias de intervenciones pasadas que han dejado cicatrices. El futuro de Venezuela ahora depende de transiciones internas y reacciones internacionales: ¿habrá elecciones libres, o más inestabilidad? China y Rusia, así como un gran número de naciones, han condenado la acción, llamándola “imperialismo”.
En resumen, la Doctrina Monroe enseña que el poder en las Américas no es neutral; es un equilibrio delicado entre soberanía y hegemonía. Los recientes eventos en Venezuela nos recuerdan que, en 2026, ideas del siglo XIX aún definen el presente. Para audiencias en EE. UU., México y América Latina, entenderla es clave para navegar un mundo donde las fronteras políticas son tan fluidas como el petróleo venezolano.
ENLACE EXTERNO → Cómo influye la Doctrina Monroe en el arresto del presidente venezolano por parte de EEUU
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