La guerra contra el narcotráfico iniciada en México en 2006 vuelve al centro del debate ante las acciones del actual gobierno.
PUNTOS CLAVE
• La caída del “Mencho” reabre el debate sobre la guerra contra el narcotráfico de Calderón.
• Los modelos de seguridad no han reducido la violencia de forma sostenida.
• Sheinbaum impulsa un giro hacia un enfoque más operativo y focalizado.
MÉXICO — La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “el Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo militar el 22 de febrero de 2026, devolvió al centro del debate una pregunta que México no ha logrado cerrar desde hace casi dos décadas: qué tanto de la llamada guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón sigue vigente, transformado o incluso revalidado en el combate al narcotráfico actual.
Reportes del gobierno y medios de comunicación informaron que el líder del CJNG murió tras resultar herido en un operativo del Ejército en Tapalpa, Jalisco, y que su muerte detonó represalias con bloqueos y violencia en distintos estados del país.
El México que observa este episodio no es el mismo de 2006. Hoy el crimen organizado disputa también el espacio digital: rumores, propaganda, videos y campañas de intimidación circulan a velocidad algorítmica, amplificando percepciones de riesgo en tiempo real. En ese entorno, el control territorial ya no es suficiente: también se disputa la narrativa pública.
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La guerra contra el narcotráfico de Calderón: el punto de ruptura
Felipe Calderón lanzó su ofensiva contra los cárteles a los pocos días de asumir la presidencia en diciembre de 2006, con el envío de unos 6.500 policías y soldados a Michoacán, en lo que analistas consideran el inicio formal de la militarización contemporánea de la seguridad pública en México.
El costo fue devastador. La militarización coincidió con un aumento acelerado de la violencia homicida, la fragmentación de cárteles y la expansión de disputas locales. México Evalúa ha señalado en distintos análisis sobre militarización, violencia letal y desempeño institucional que la respuesta armada del Estado no ha producido una reducción sostenida de la violencia y, en varios casos, ha coincidido con nuevas dinámicas de fragmentación criminal.
La crítica central no fue solo moral, sino estratégica: al descabezar organizaciones, el Estado debilitó estructuras, pero también multiplicó células y conflictos internos. InSight Crime ha señalado que la fragmentación generó grupos más pequeños, flexibles y violentos, capaces de diversificar delitos más allá del narcotráfico.
Un soldado mexicano vigila cerca del sitio de un homicidio el 19 de marzo de 2010 en Ciudad Juárez. La ciudad fronteriza ha sido golpeada por la violencia vinculada al narcotráfico, en el contexto de la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón, marcada por disputas entre cárteles por rutas hacia Estados Unidos.
Peña Nieto: continuidad sin estridencia
Enrique Peña Nieto intentó reducir la centralidad discursiva del narcotráfico, pero mantuvo la arquitectura operativa. El gobierno apostó por la “estrategia de objetivos prioritarios”, que derivó en capturas emblemáticas como la de Joaquín “el Chapo” Guzmán en 2016, sin modificar de forma sustantiva la lógica de confrontación federal heredada del sexenio anterior.
La captura de Guzmán también alteró el equilibrio interno del Cártel de Sinaloa. Aunque el liderazgo colegiado encabezado por Ismael “el Mayo” Zambada contuvo inicialmente una ruptura abierta, analistas señalan que el vacío generado aceleró tensiones entre facciones históricas y nuevos operadores, especialmente en torno al control de rutas, finanzas y estructuras regionales.
InSight Crime y otros análisis especializados han señalado que el relevo generacional y las disputas por territorio incubaron conflictos que años después se expresarían con mayor violencia en Sinaloa, particularmente tras la posterior remoción de Zambada del escenario operativo.
El centro de investigación describió ese periodo como una “guerra fría” interna dentro del Cártel de Sinaloa, marcada por tensiones contenidas, reacomodos estratégicos y competencia silenciosa entre facciones rivales. La reorganización interna evidenció que la estrategia de descabezamiento podía debilitar estructuras, pero también reconfigurar el conflicto en formas menos previsibles.
El sexenio confirmó una constante: los golpes tácticos no necesariamente producen estabilidad estratégica. El CJNG se consolidó en esos años aprovechando reacomodos criminales, como documenta InSight Crime en su seguimiento a la expansión territorial del grupo. La violencia persistió, evidenciando límites estructurales del modelo.
Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” trasladado al penal del Altiplano en México el 8 de enero de 2016, captura por marinos, Cártel de Sinaloa, narcotráfico, líder criminal, seguridad, prisión de máxima seguridad, México.
López Obrador: el giro y sus límites
Andrés Manuel López Obrador introdujo un cambio conceptual con su lema “abrazos, no balazos”, priorizando la atención a causas sociales y reduciendo la centralidad de operativos de alto impacto. El discurso buscó desescalar la lógica de la guerra contra el narcotráfico de Calderón, aunque la creación de la Guardia Nacional mantuvo el papel de las fuerzas federales en seguridad pública.
Ese dilema se volvió visible el 17 de octubre de 2019, durante el episodio conocido como el “Culiacanazo”, cuando fuerzas federales detuvieron brevemente a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “el Chapo” Guzmán y operador del Cártel de Sinaloa, y, tras una escalada de violencia del grupo en Culiacán, el gobierno ordenó su liberación para evitar un mayor derramamiento de sangre.
El episodio dejó muertos, paralizó la capital sinaloense y evidenció la capacidad del cártel para desafiar abiertamente al Estado. La posterior captura de Guzmán en enero de 2023, seguida de su extradición a Estados Unidos, en un operativo más amplio y planificado, mostró un ajuste en la respuesta gubernamental, pero también confirmó los límites estructurales del enfoque de contención.
Los resultados fueron mixtos. El International Crisis Group ha señalado que la estrategia no alteró de forma significativa la capacidad operativa de los grupos criminales ni su control territorial, aunque sí redujo algunos indicadores de letalidad estatal. La violencia no desapareció: mutó en formas menos visibles, como la extorsión y el control económico local.
Un camión arde en una calle de Culiacán, Sinaloa, el 17 de octubre de 2019, durante el episodio conocido como el “Culiacanazo”, cuando hombres armados se enfrentaron a fuerzas federales tras el operativo que derivó en la detención y posterior liberación de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Sheinbaum, Harfuch y el retorno selectivo de la fuerza
Con Claudia Sheinbaum se observa un ajuste. Bajo la conducción del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, su gobierno ha privilegiado una estrategia basada en inteligencia, coordinación interinstitucional y operaciones focalizadas contra objetivos prioritarios.
La muerte de “el Mencho” consolidó ese giro. El operativo se apoyó en seguimiento logístico a redes cercanas del capo, coordinación de inteligencia internacional y el uso de drones y vigilancia avanzada.
En ese marco, analistas consideran que las acciones recientes del gobierno de Sheinbaum, incluido el golpe contra el CJNG, reflejan un distanciamiento operativo respecto al énfasis de contención del sexenio anterior, más que una ruptura frontal. La estrategia mantiene elementos del enfoque social impulsado por López Obrador, pero incorpora una mayor centralidad de inteligencia, despliegue táctico y cooperación internacional contra estructuras criminales de alto impacto. El ajuste sugiere una recalibración pragmática del modelo de seguridad frente a un entorno marcado por organizaciones más armadas, descentralizadas y transnacionales.
A esto se suma la presión externa. El contexto bilateral con Estados Unidos, marcado por exigencias para contener el tráfico de fentanilo y debates sobre designaciones terroristas, ha elevado el costo político de la inacción y reforzado incentivos para una respuesta más contundente del Estado mexicano.
El secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, habla durante la conferencia matutina en Palacio Nacional el 23 de febrero de 2026 en Ciudad de México, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum observa detrás. La Secretaría de la Defensa Nacional confirmó que, durante un operativo en Tapalpa, Jalisco, murió Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
¿Revalidación de la guerra contra el narcotráfico de Calderón o mutación del modelo?
La evidencia apunta a una respuesta intermedia. No hay un regreso pleno a la guerra de 2006, pero sí una recuperación selectiva de herramientas de confrontación. La acción contra “el Mencho” muestra que la inteligencia y los golpes quirúrgicos siguen siendo componentes centrales del combate al narcotráfico.
Sin embargo, la experiencia histórica impone cautela. Sin embargo, la experiencia histórica impone cautela. Analistas coinciden en que descabezar organizaciones sin una estrategia integral puede reproducir ciclos de fragmentación y violencia.
El modelo emergente parece híbrido: menos ideológico, más pragmático; menos centrado en lemas, más en resultados medibles.
En la era de los algoritmos, el combate al narcotráfico ya no se define únicamente por el control del territorio, sino por la capacidad del Estado para anticipar, contener y comunicar en tiempo real. México sigue en ese proceso, entre las lecciones de estrategias anteriores y las presiones del entorno actual, buscando una fórmula que, hasta ahora, ningún sexenio ha logrado consolidar plenamente.
La portada de un periódico local muestra la noticia de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en Ciudad de México el 23 de febrero de 2026. Autoridades informaron que México desplegó 10.000 soldados tras enfrentamientos que dejaron decenas de muertos, luego de que el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación muriera tras resultar herido en un tiroteo con militares en Tapalpa, Jalisco.
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Este análisis se basa en reportes oficiales, investigaciones periodísticas y seguimiento hemerográfico del caso.
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