Tlaltecuhtli, el monolito mexica a todo color

Tlaltecuhtli, el monolito mexica a todo color

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En 2006, este impresionante monolito de la cultura mexica fue hallado en la Ciudad de México. Foto: Proyecto Templo Mayor-INAH
En 2006, este impresionante monolito de la cultura mexica fue hallado en la Ciudad de México. Foto: Proyecto Templo Mayor-INAH

La arqueología mexicana está celebrando diez años del descubrimiento de un impresionante monolito hallado en el corazón de la Ciudad de México.

Barriozona Magazine reportó acerca del hallazgo en octubre de 2006, en un artículo titulado “Surge una maravilla arqueológica en área del Templo Mayor”.

El sensacional descubrimiento se comparó al de la piedra Coyolxauhqui, que en 1978 vino a descorrer el velo de misterio que cubría el subsuelo de las calles de la antigua Ciudad de México, sacando finalmente a la luz las ruinas del Templo Mayor de la cultura mexica.

El sorprendente hallazgo de esta joya de la arqueología mexicana se convirtió en todo un acontecimiento debido a sus dimensiones, aunque no fue sino hasta tiempo después que los arqueólogos mexicanos determinaron la identidad del monolito.

La pieza resultó ser una representación en piedra de la diosa Tlaltecuhtli, la cual es descrita por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como “una deidad que ‘a todo color’ y en su iconografía, hace referencia al ciclo vida-muerte, a la tierra como devoradora de cadáveres”.

El monolito de Tlaltecuhtli. Foto: Proyecto Templo Mayor-INAH
El monolito de Tlaltecuhtli. Foto: Proyecto Templo Mayor-INAH

La pieza permaneció enterrada por más de cinco siglos, hasta que un grupo de expertos del Programa de Arqueología Urbana del INAH la sacó a la luz el 2 de octubre de 2006.

La escultura mexica de colosales dimensiones (94.17 x 3.62 metros, aproximadamente 40 centímetros de espesor y cerca de 12 toneladas de peso), surgió de entre las ruinas del Centro Histórico de la Ciudad de México, justo enfrente de los vestigios del Templo Mayor.

Tras el hallazgo de esta deidad tenochca, se descubrieron también 45 ofrendas que incluyen 70 mil artefactos, en su mayoría conchas y caracoles marinos, así como restos de animales como lobos, pumas y linces.

El mito detrás de Tlaltecuhtli
La siguiente información, preparada por el INAH, arroja luz sobre el mito que rodea a esta enigmática piedra, la cual se ha integrado desde hace una década al vasto tesoro arqueológico de lo que fuera la civilización mexica en la gran Tenochtitlan, antes de la llegada de los españoles:

“Tlaltecuhtli era un monstruo con articulaciones llenas de ojos y bocas con las cuales mordía como bestia salvaje. Para aplacarla y crear la vida, dos de los hijos de la pareja creadora: los dioses Quetzalcóatl (Serpiente emplumada) y Tezcatlipoca (Espejo humeante), se transformaron a sí mismos en dos grandes serpientes, explica la doctora Diana Magaloni Kerpel, ex directora del Museo Nacional de Antropología del INAH.

“En su ensayo El origen mítico de las ciudades: la iconografía de la creación, Magaloni narra que ambos desgarraron al gran lagarto Tlaltecuhtli por la mitad. “Una parte sirvió para formar el firmamento, la otra para hacer la tierra. Posteriormente los dioses hicieron con las partes de su cuerpo todas las cosas de vida: su pelo se convirtió en árboles, flores y hierbas; su piel, en los prados; sus incontables ojos, en pozos de agua; sus bocas, en grandes ríos y profundas cuevas; y sus narices en montañas”.

Infografía de la diosa Tlaltecuhtli. INAH
Infografía de la diosa Tlaltecuhtli. INAH

“El mito —continúa la historiadora del arte— describe que a la diosa de la tierra se le oía llorar en las noches porque sufría enormemente, rogando ser alimentada con corazones y sangre humanos, la única medicina que aliviaba su dolor. Fue así como el desmembramiento de Tlaltecuhtli produjo “no sólo un orden en el universo, separando la tierra del cielo, sino que el precio de tal ruptura fue que Tlaltecuhtli, como la primera víctima de la creación, exigió que otras víctimas la alimentaran.

“Tlaltecuhtli a través de su muerte y resurrección, se convierte así en el símbolo de la renovación constante mediante el sacrificio”. Es por ello que este mito enarbola varios conceptos fundamentales de las ciudades mesoamericanas, refiere en su texto, de manera que “la diosa de la tierra que sostiene la creación a través de su propio sacrificio, explica el devenir del cosmos y del tiempo ya que es el principio que promueve las múltiples creaciones del mundo”.


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