Tenochtitlan, el imperio que creció sobre el agua

Tenochtitlan, el imperio que creció sobre el agua

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Una maqueta que retrata una escena de la vida y el comercio de los habitantes de Tenochtitlan en exhibición en el Museo Nacional de Antropología. Foto: Eduardo Barraza | Baerriozona Magazine @2016
Una maqueta que retrata una escena de la vida y el comercio de los habitantes de Tenochtitlan en exhibición en el Museo Nacional de Antropología. Foto: Eduardo Barraza | Baerriozona Magazine @2016

(Ciudad de México) — La gran Ciudad de México —la antigua Tenochtitlan— es una fuente inagotable de hallazgos arqueológicos que escriben y rescriben en pequeños mosaicos la historia de sus fundadores.

El gran lago sobre el cual se erigió una de las más poderosas culturas del pasado se ha extinguido casi en su totalidad, y bajo la abrumadora urbe que en la actualidad se alza sobre las ruinas del imperio mexica yacen, en espera de ser descubiertos, los vestigios que se resistieron a ser borrados para siempre, y que dan testimonio de la vida y muerte de los mexicas.

Entre los descubrimientos más recientes se encuentra el del monolito Tlaltecuhtli, que en 2006 causó sensación al ser descubierto frente a las ruinas del Templo Mayor, e hizo recordar —por sus dimensiones— el propio hallazgo de la piedra Coyolxauhqui en 1978.

Las continuas excavaciones bajo la Ciudad de México han sacado cotidianamente a la luz los restos del recinto amurallado de Tenochtitlán, incluyendo las ruinas del Templo Mayor a finales de la década de los años 70s.

El Templo Mayor representó el núcleo ceremonial de la extensa capital del imperio azteca desde el año 1325 hasta la llegada de los conquistadores españoles en 1521.

Situada en un islote en el sistema lacustre de la Cuenca de México, Tenochtitlan creció rápidamente para convertirse en la ciudad más grande de las antiguas Américas, en un próspero centro de actividad política, económica y religiosa, y con una población que alcanzó 250 mil habitantes.

Sin embargo, tras la conquista española, gran parte de Tenochtitlan fue destruida para dar paso al proyecto de la edificación de la capital de Nueva España.

Los españoles destruyeron todo lo que quisieron y pudieron, pero la gran cantidad de vestigios desenterrados, algunos en un estado admirable, muestran que el trabajo de demolición no fue total ni organizado.

Gracias al extenso trabajo de investigación de arqueólogos y antropólogos a través de cientos de años, se sabe mucho sobre los mexicas y su capital, y se cuenta información que data desde la época colonial, que fue hecho por cronistas españoles usando a informantes nativos.

La más importante de estas crónicas antiguas fue la Historia General de la Nueva España, compilada por Fray Bernardino de Sahagún a mediados del siglo XVI. Otras fuentes útiles de información incluyen documentos jurídicos sobre disputas de tierras en la era temprana de la Colonia, y manuscritos pictóricos o códices, producidos por escribas indígenas.

Si en su época de grandeza Tenochtitlan estaba rodeada de agua, la mayor parte de lo que fuera aquella cultura permaneció bajo tierra hasta el año 1790, cuando se llevó a cabo la excavación para instalar tuberías de agua, trabajos que sacaron a la luz la figura de Coatlicue, y posteriormente, en 1791, la Piedra del Sol .

Asimismo, fueron desenterradas unas pocas secciones de lo que había sido el Templo Mayor durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, no fue sino hasta la década de 1970 que se llevó a cabo quizá hasta este día el más importante proyecto de excavación.

Cómo se extendió el territorio mexica
Tenochtitlan fue fundada en el siglo XIV por inmigrantes de habla náhuatl del norte del México actual, que se establecieron en un islote despoblado en base a una profecía y leyenda.

Hay que aclarar que hay evidencia de que el islote había sido habitado anteriormente, ya que se han recuperado piezas de cerámica anteriores al siglo XIII. Esto indica que el islote estuvo habitado antes de la fecha de  la fundación de Tenochtitlán.

Los mexicas se enfrentaron a los desafíos que les representó crear una ciudad sobre el agua, en un islote, al construir calzadas que se conectaban con la tierra firma.

También expandieron su espacio mediante la construcción de jardines flotantes o chinampas, un efectivo método de agricultura. Las chinampas eran hechas de esteras de caña cubiertas con una fina capa de lodo, y ancladas en el lecho bajo del lago por raíces de las plantas de maíz.

Los jardines flotantes eran completamente fértiles para el cultivo. Uno de los muchos productos que se cultivaban eran el maíz y los porotos.

Las chinampas dieron paso a la creación de un tipo de canoas, llamadas trajineras, las cuales servían como medio de transporte de alimentos.

Con el tiempo, estos jardines flotantes se volvieron cada vez más sólidos, hasta el punto de que pudieron utilizarse para construir viviendas.

Así, después de sus primeros años como pescadores pobres y soldados mercenarios empleados por gobiernos más poderosos de la zona, en 1420 los mexicas formaron una alianza con grupos vecinos al sitio donde se establecerían más tarde de forma permanentemente.

Esta alianza creció rápidamente a través de la conquista militar y la coerción, hasta llegar a recibir el tributo de los habitantes de todo el altiplano central y la costa del Golfo.

Hacia 1500, los mexicas constituían el pueblo más poderoso de Mesoamérica, y su ciudad Tenochtitlán era comparable con las más importantes del mundo antiguo.

© 2016, Eduardo Barraza. All rights reserved.

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