Desde Phoenix, Arizona a la Red Mundial de Información
Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales
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Phoenix, Arizona (Marzo 23, 2009) – Poco después
de que Vicente Fox y George W. Bush tomaron
posesión como presidentes, ellos tuvieron su primer
encuentro en México el 16 de febrero de 2001. En
aquella fecha, ambos mandatarios se mostraban
listos y dispuestos a trabajar juntos en términos de
una nueva y más amplia relación.
Durante su entrevista, el presidente mexicano habló
abiertamente acerca de su audaz visión a largo
plazo en lo que parecía una nueva era para ambos
países. Fox visualizó un Mercado Común
Norteamericano, el libre movimiento laboral, y aún la
posibilidad de una moneda única. Bush ofreció su
propia visión en términos de objetivos más
concretos y a corto plazo: formular respuestas para
enfrentar la compleja y complicada problemática de
la inmigración indocumentada y el tráfico de
estupefacientes.
Seis meses después, cuando ambos presidentes se
reunieron más formalmente el 5 de septiembre, el
Presidente Fox llegó a Washington buscando como
prioridad en su agenda una amnistía general para
los millones de mexicanos que viven sin documentos en los Estados Unidos. El Presidente Bush respondió a esta propuesta diciendo que un
nuevo acuerdo migratorio era improbable. Mientras que el mandatario estadounidense se opuso a la idea de una amnistía completa, él
consideró la expansión de un programa de trabajadores temporales, el cual hubiera eventualmente permitido a los mexicanos viviendo sin
estatus legal comenzar un proceso hacia la residencia legal.
Fox y Bush también discutieron medidas en contra del tráfico de enervantes y un programa de control fronterizo. Bush dejó en claro desde su
primer encuentro con Fox en México que él creía no en un concepto de fronteras abiertas –como Fox deseaba– sino en proteger la frontera, en
cambio. A menos de una semana después del encuentro del 5 de septiembre entre ambos presidentes, los ataques terroristas del 11 de
septiembre estancaron las negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, y eventualmente dificultaron los planes que ambos países
habían contemplado; algunos de los objetivos propuestos nunca llegaron a materializarse por el resto de la administración Bush.
Para los Estados Unidos, la prioridad crucial después del 11 de septiembre giró alrededor de ampliar el alcance de sus mecanismos de seguridad
y defensa del país. El 12 de marzo de 2002, el Presidente Bush creó el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (DHS, por
sus siglas en inglés), el cual vino a formar parte de su gabinete, y se le asignó la responsabilidad de proteger el territorio estadounidense de
ataques terroristas, y de responder a desastres naturales. En contraste con el Departamento de Defensa –el cual se encarga de acciones
militares en el extranjero– el DHS fue establecido para operar en un contexto civil y proteger dentro de las fronteras de Estados Unidos, a lo
largo de ellas, y fuera de ellas.
Ocho años después del primer encuentro Fox-Bush, el asunto de la seguridad fronteriza con México, y no el asunto de inmigración, ha venido a
ser nuevamente la más alta prioridad de la agenda de seguridad doméstica del Presidente Obama. Esta vez, la principal preocupación no son
terroristas Islámicos, sino la alarmante violencia relacionada a la guerras de los cárteles de drogas en México. Aún antes de que Obama tomara
posesión como presidente, el ex Secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Michael Chertoff declaró el 8 de enero de 2009, que los
Estados Unidos han desarrollado planes para un “aumento” de fuerzas civiles y tal vez militares de esparcirse el derramamiento de sangre del
otro lado de la frontera.
En una entrevista telefónica con el diario de The New York Times, Chertoff declaró que “Completamos un plan de emergencia para la violencia en
la frontera, de manera que si tuviéramos un desbordamiento de importancia, nosotros tenemos un aumento — si puedo usar esa palabra — en
la capacidad de traer no solamente nuestros propios recursos sino también trabajar en conjunto con el Departamento de Defensa”.
El Washington Post, otro diario estadounidense, publicó el 22 de marzo que “el Presidente Obama está finalizando sus planes de trasladar
agentes federales, equipo y otros recursos a la frontera con México para respaldar la campaña del presidente mexicano, Felipe Calderón, en
contra de los violentos carteles de la droga, de acuerdo a funcionarios de seguridad estadounidense”.
En base a la información del diario capitalino, tan pronto como esta semana funcionarios de la administración de Obama anunciarían “medidas
enérgicas en contra del suministro de armamento y dinero en efectivo desplazándose desde Estados Unidos a México, mismo que ayuda a
sostener a los narcotraficantes de ese país”.
El posible anuncio de estos planes, agrega el prestigiado diario, puede haber sido fijado para coincidir con el viaje programado de la Secretaria
de Estado Hillary Clinton a México este miércoles 25 de marzo. Dos otros miembros claves del gabinete, el Procurador General Eric H. Holder, y la
Secretaria de Seguridad Nacional Janet Napolitano, están programados a visitar México la próxima semana.
Los alarmantes niveles de violencia relacionada al tráfico de drogas en el país de México han llevado a funcionarios mexicanos a reforzar la
presencia militar a lo largo de la frontera. El primero de marzo, cerca de 2,000 soldados arribaron a Ciudad Juárez, en el estado norteño de
Chihuahua. Juárez está ubicada al otro lado de la ciudad de El Paso, Texas; ambas ciudades comparten la frontera entre México y Estados
Unidos. Autoridades mexicanas han reconocido que las agencias policiales locales han sido rebasadas en tamaño ante la creciente actividad
criminal. Además de proveer una mayor presencia militar, las tropas han sido asignadas a tomar el control de las funciones policiacas, llevar a
cabo patrullajes en las calles, y a establecer puntos de revisión en las carreteras.
Ciudad Juárez has sido particularmente asediada con la violencia del tráfico de enervantes. Sicarios de cárteles de droga rivales se ha estado
disputando esta zona, uno de los corredores más estratégicos para el contrabando de drogas hacia los Estados Unidos. Según datos,
solamente en febrero de este año, 250 personas fueron asesinadas en Juárez en incidentes relacionados al narcotráfico. En el 2008, hubo
aproximadamente 1,600 asesinatos en la ciudad, mientras que cifras extraoficiales ponen el número de asesinatos en el país durante el mismo
año en más de 6,000.
La intensificación de la violencia es el resultado de la agresiva ofensiva del gobierno de México en contra de los poderosos cárteles de la droga.
Desde que tomó posesión de la presidencia, el Presidente Felipe Calderón ha empleado tanto al ejército como a la policía federal para combatir
a las organizaciones de narcotraficantes en México. Como parte de este combate, los esfuerzos de la administración de Calderón han
desplegado a 45,000 soldados y a 5,000 oficiales de policía a través del país. En la manera que las acciones del gobierno de México han
provocado el surgimiento de enfrentamientos a tiros entre soldados y narcotraficantes, también han desatado una brutal contraofensiva de los
cárteles de droga, lo que ha generado a su vez los combates sangrientos actuales.
Al intervenir en desplegar agentes federales y equipo a lo largo de la frontera, la principal preocupación de la administración de Obama se basa
en el desbordamiento hacia Estados Unidos de las guerras por la droga en México. Ciudades de estados colindantes con la frontera han estado
sufriendo algunos de los efectos de las actividades criminales de los cárteles de la droga, ya que los narcotraficantes operan en Estados Unidos
en diferentes niveles.
Sin embargo, no solamente ciudades en proximidad a la frontera experimentan los efectos del desbordamiento de tráfico de estupefacientes. El
New York Times reportó el 22 de marzo que “autoridades policiacas sostienen la creencia de que la distribución efectuada por los
narcotraficantes que distribuyen la mariguana, cocaína, heroína, metanfetaminas, y otras drogas de los cárteles, es la causa de un brote de
balaceras en Vancouver, British Columbia, secuestros en Phoenix (Arizona), brutales agresiones en Birmingham, Alabama, y mucho más”.
Un reporte preparado por el Departamento de Justicia y citado por el diario neoyorkino, establece que organizaciones de narcotraficantes en
México cuentan con extensas redes en los Estados Unidos. Estos sistemas de enlace coordinan la distribución de drogas en 230 ciudades que
han sido identificadas por investigadores de agencias policiacas. Entre ellas están Anchorage, Atlanta, Boston and Billings, Montana. “Los
cárteles mexicanos y sus afiliadas mantienen redes de distribución de droga o abastecen de drogas a los distribuidores”, en suelo
estadounidense.
En Phoenix, Arizona, la violencia desbordada hacia Estados Unidos fue la causa atribuida a 700 secuestros entre 2007 y 2008. Sam Quiñones,
escritor y periodista del diario Los Ángeles Times, escribe en su artículo titulado “Phoenix, capital del secuestro a cambio de dinero”, que “la
mayoría de secuestros a cambio de dinero ocurren aquí (en Phoenix) más que en ninguna otro poblado en Estados Unidos, de acuerdo a
autoridades policiacas federales y locales. La mayoría de todas las víctimas y los sospechosos de llevar a cabo el secuestro están conectadas al
mundo del narcotráfico, y son usualmente originarios a al estado de Sinaloa (México), reporta la policía de Phoenix… Arizona ha llegado a
establecerse como la nueva puerta de entrada de la droga en los Estados Unidos. Aproximadamente, la mitad de toda la mariguana confiscada
a lo largo de la frontera de México y Estados Unidos fue tomada en las 370 millas de frontera que el estado de Arizona comparte con México.”



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Los zapatos del inmigrante y otros escritos
Jornaleros en espera de trabajo, un inmigrante de Honduras que en su travesía hacia Texas llega a Arizona, un cubano
desilusionado de Cuba y de Estados Unidos, un pintor de la tribu de los Mayos de Sonora que destaca en Arizona, un
cazador de contrabandos en la frontera, un adolescente hijo de inmigrantes muerto por la policía, y un “coyote” preso
en una cárcel mexicana. Estos son algunos de los personajes de carne y hueso que pueblan las páginas de “Los
zapatos del inmigrante y otros escritos,” una colección de ensayos periodísticos que analizan los aspectos sociales y
culturales de la vida de inmigrantes en el área fronteriza de México y en el suroeste de Estados Unidos.
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Publicado por el Hispanic Institute of Social Issues
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LA HISTORIA ESTÁ A PUNTO DE CAMBIAR Periodismo de Base Comunitaria
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