La Cabeza de Pancho Villa
Una visión sociológica de la mente de uno de los forajidos y héroes de todos los tiempos.
Por Eduardo Barraza
“...el epitafio de Villa fue un suspiro universal de lamento y alivio.”
Anita Brenner / Idols Behind Altars
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Desde Phoenix, Arizona a la Red Mundial de Información
Publicado por el Instituto Hispano de Asuntos Sociales
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EL CENTAURO DEL NORTE Este
ser, mitad hombre y mitad caballo,
mitad realidad y mitad leyenda, fue
un grito de parto para el nacimiento
de un México con facciones de
justicia social.



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LA HISTORIA ESTÁ A PUNTO DE CAMBIAR Periodismo de Base Comunitaria
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En los ideales revolucionarios del proyecto democrático que se esbozaba para el México de principios del
Siglo XX, Pancho Villa encontró una amplia arteria para expresar su intensa inconformidad social. La
teoría de la revolución, enunciada por Francisco I. Madero, se convirtió en la causa para su rebeldía, y en
la plataforma para su expresión violenta, la cual ahora percibía como justificada y como una actitud
legítima de protesta en contra de las injusticias sociales que le habían empujado al bandolerismo. Villa
era un hombre académicamente inculto, pero poseía una increíble intuición de lucha social, la cual, en su
estado más brutal, lo convirtió en un criminal de carrera, y en un elemento antisocial de un sistema
desigual y opresor. Villa, el bandolero, comprendió que la naciente revolución era el lenguaje con el que
podía expresarse, y así se incorporó con toda la fuerza de su carácter indomable a pelear,
transformándose en un agente revolucionario acreditado por su propia condición de marginado.
Villa destacó por su astucia, su sagacidad y por su agresividad sorpresiva, pero este implacable
guerrillero mexicano sobresalió más, substancialmente, porque él mismo era un producto nato de la
discriminación, del abuso y de la pobreza de su contexto social. Villa evolucionó de ser víctima a
vengador de su propia identidad de segregado, razón que explica por qué la clase pobre y explotada se
identificaba con él; el caudillo era el pueblo mismo a caballo, voz y expresión colectiva de los
desposeídos, quienes anhelaban una emancipación social. A través de Villa, ya como elemento de la
catártica revolución, el clamor por justicia encontraba un portavoz para promover el cambio social. Villa
fue una temible descarga emotiva para el grito reprimido del desheredado social, del ciudadano
doblegado por la vara desmedida del abuso.
Como fenómeno social, Pancho Villa fue la hoz que recogió la cosecha de las semillas de injusticia
sembradas por la elite de ricos. Como manifestación sociológica y antropológica, Villa fue un monstruo
social, concebido en el vientre de una sociedad ultrajada. De esa monstruosidad, de ese ente espantoso
que era Villa, esa misma minoría selecta se escandalizaba, como el progenitor que se perturba con el
producto de su propio incesto, y que tiene que vivir con la pesadilla que él mismo engendró. En su
irracionalidad bandolera, Pancho Villa fue el vómito de una nación hartada en su gula de despotismo,
atropello, y dictadura; en su raciocinio revolucionario, en contraste, este ser, mitad hombre y mitad
caballo, mitad realidad y mitad leyenda, fue un grito de parto para el nacimiento de un México con
facciones de justicia social.
La dualidad de la naturaleza rebelde y revolucionaria del llamado Centauro del Norte, lo mismo le habilitó
que le deshabilitó. Cuando cabalgó por la avenida de la causa sociopolítica, bajo la inspiración
democrática de Madero, la agenda de Villa fue la reforma social, y su actitud, la de un líder igualitario.
Pero cuando los avatares de la revolución lo despojaron de esa expresión justiciera, Villa volvió a
transitar por sus conocidos atajos de bandolerismo, y a reagruparse en las montañas que atestiguaron
su endurecimiento como bandido sanguinario. Villa volvía a comunicarse en el dialecto de la venganza y
el odio violento. A causa de esa ambigüedad que caracterizó su vida y su muerte, no es posible
encasillarle solamente como bandolero o revolucionario, o como héroe o villano, porque su carácter
traspasó no sólo las estructuras sociales, pero también las dimensiones de su propio pensamiento
guerrillero y militar, el cual le mitificó y le convirtió en un personaje de leyenda. Villa fue lo uno y lo otro a
través de su vida.
Villa fue un hombre recio y de gran arrojo, pero también mostró ser vulnerable a sentimientos de
marginalidad, derrota y traición. Tanto en su juventud como en su edad adulta, Villa reaccionó con un
instinto que lo transformaba en una fiera social de ira destructora, cuya raíz era su condición de
segregado. En los años posteriores a la muerte de Madero y a la dimisión de Victoriano Huerta, y luego
de que Venustiano Carranza fuera reconocido oficialmente por el gobierno de Estados Unidos como
presidente, Villa quedó al margen del gobierno mexicano y sin el apoyo armamentista que inicialmente
había recibido de Estados Unidos. En su intento de derrocar a Carranza, Villa sufrió humillantes derrotas
por el genio militar que fue Álvaro Obregón. Su otrora poderosa División del Norte acabó diezmada y
dispersada, y su prestigio como general, desvanecido. Su expresión ya no volvería a ser de justicia
social, sino de resentimiento y venganza, actitudes que evocan a Doroteo Arango, el muchacho que se
dice vengó el ultraje cometido a su hermana.
A pesar de su eminencia guerrera, la visión revolucionaria de Villa nunca llegó a ser desarrollada
plenamente. Su naturaleza indómita y combativa al servicio de la causa lo encumbró como un soldado
nato e ideal para la batalla, pero su interés por la reforma social fue esporádico, y su movimiento careció
de una clara ideología política. Villa no tuvo la capacidad de establecer un aparato legal para
implementar un programa de progreso social a gran escala, debido a que la suya era una conciencia de
lucha armada, no de discernimiento político. Su protesta violenta fue un símbolo de redención, pero fue
por igual un estigma de penitencia.
En la idiosincrasia del mexicano, sin embargo, Villa constituye no sólo el héroe institucionalizado de la
revolución, sino un ídolo popular que personifica las causas marginadas, un mito cohesivo que
proporciona la oportunidad de desagravio simbólico para el alma del mexicano, especialmente en relación
con el rencor por las incursiones norteamericanas en suelo mexicano, y en la percepción imperialista que
se tiene de Estados Unidos hasta estos días. En el folklore nacional de México, Villa es un adalid que se
vengó impunemente de Estados Unidos, hecho que perpetúo su popularidad y su fama, y dio, asimismo,
lugar a una ideología revanchista con la que el mexicano cree restituirse y reivindicarse de la injuria
recibida. La astucia, sagacidad, y capacidad de Villa para eludir al poderoso enemigo, actúan así como
una válvula sociocultural que canaliza el fluido de rencor y resentimiento de un pueblo despojado y
subyugado.
El epílogo de la vida de Villa –el campesino convertido en bandolero, el bandolero transformado en
revolucionario, y el revolucionario vuelto en héroe– fue tan violenta y sanguinaria como su misma
vocación guerrillera. Su muerte cerró el ciclo de venganza que se abrió cuando Doroteo Arango – epítome
del campesino oprimido – comprendió su desfavorable condición social. Pancho Villa había nacido de esa
inconformidad, de ese sentimiento de rechazo, y de la imposibilidad de obtener justicia por medios
legales; fue el engendro de un gobierno déspota y dictatorial, un ser anómalo concebido en el
sufrimiento y el dolor de una sociedad oprimida. En la postrimería de su convulsionada existencia, el
monstruo sería aniquilado por la misma elite que le había parido. En su sepulcro, desprovisto de toda
paz, el cadáver de Villa sería decapitado por alguien que quiso asegurarse, quizás, de que el monstruo
no volviera a rebelarse.
Bibliografía
Anita Brenner. Idols Behind Altars, The Story of the Mexican Spirit. 1970 (1929)
Herbert Molloy Mason, Jr. The Great Pursuit, Pershing’s Expedition to Destroy Pancho Villa. 1995.
Jim Tuck. Pancho Villa and John Reed, Two Faces of Romantic Revolution. First Edition, 1984.
Judith Adler Hellman. Mexico in Crisis. Second Edition 1988.
Steven O’Brien. Pancho Villa. Primera Edición, 1995.
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