Murales y muralistas mexicanos

Murales y muralistas mexicanos

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El arte excepcional del muralismo mexicano surgió después de la Revolución Mexicana.
El arte excepcional del muralismo mexicano surgió después de la Revolución Mexicana.

Muchos artistas mexicanos recurrieron al muralismo después de la Revolución Mexicana. En su libro Muralistas mexicanos, Desmond Rochfort relata que Gerardo Murillo (conocido como “Dr. Atl”) introdujo el muralismo como una respuesta nacionalista a una exposición de pintura española contemporánea financiada por el presidente Porfirio Díaz en una exhibición de 1910. El presidente Díaz ejemplificaba la obsesión de la clase dominante de México con la cultura europea, mientras que la exhibición del Dr. Atl ponía de relieve la importancia del arte indígena mexicano.

Tres muralistas en particular, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, se convirtieron en figuras importantes en este movimiento artístico. Rivera, Orozco y Siqueiros crecieron durante el Porfiriato, cuando la división de la tierra y la riqueza en México era excepcionalmente injusta. Para Rivera y Siqueiros, en particular, sus tendencias políticas de izquierda influyeron en su trabajo; Siqueiros fue un estalinista prominente y Rivera, algunas veces era y otras veces no un trotskista o miembro del Partido Comunista de México. Orozco fue más crítico del número de víctimas que la Revolución costó a México.

La visión del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros de esta desigualdad es evidente en su manifiesto para el Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores, (1922), al declarar en el: “Repudiamos la pintura llamada de caballete y todo el arte de cenáculo ultraintelectual por aristocrático, y exaltamos las manifestaciones de arte monumental por ser de utilidad pública. Proclamamos que toda manifestación estética ajena o contraria al sentimiento popular es burguesa y debe desaparecer porque contribuye a pervertir el gusto de nuestra raza, ya casi completamente pervertido en las ciudades. Proclamamos que siendo nuestro momento social de transición entre el aniquilamiento de un orden envejecido y la implantación de un orden nuevo, los creadores de belleza deben esforzarse porque su labor presente un aspecto claro de propaganda ideológica en bien del pueblo, haciendo del arte, que actualmente es una manifestación de masturbación individualista, una finalidad de belleza para todos, de educación y de combate”.

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