Los boxeadores: pobres millonarios

Los boxeadores: pobres millonarios

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La integridad física y mental de los boxeadores quedan en riesgo de ser afectadas a cambio del dinero, y para que otros se diviertan y se hagan ricos a costa de los peleadores. Ilustración: Barriozona Magazine © 2012
La integridad física y mental de los boxeadores quedan en riesgo de ser afectadas a cambio del dinero, y para que otros se diviertan y se hagan ricos a costa de los peleadores. Ilustración: Barriozona Magazine © 2012

Ciudad de México — ¡Pobres millonarios! La frase que se le aplicó alguna vez en un periódico norteamericano a la burguesita plagiada Patricia Hearst, bien podría servir ahora para calificar a los púgiles mexicanos que llegan a hartar sus bolsillos de dinero, aunque su salud y su grado intelectual se deterioren lastimosamente, y signifiquen un ejemplo viviente del inhumano mundo actual.

Porque en México ser iletrado con puños demoledores, es el mejor certificado para aprender a ser ricos y famosos. Y como en los circos romanos, lanzan a jóvenes que, a falta de no tener otra oportunidad en la vida, utilizan sus puños para conquistar un sitio en la sociedad que los alumbró marginados. Decíamos que, a la manera de los circos romanos, esos jóvenes como animales son puestos en lucha sangrienta para divertir a un público que embotado en la violencia reprimida los anima a matarse sin consideración y los abuchea si no se golpean con saña.

Toda esta reflexión viene a cuento porque, al parecer, hay inquietud, afortunadamente para hacer notar que el boxeo no es un deporte, es una fiesta criminal que enriquece a unos cuantos, en perjuicio de muchos; que, si divierte, no aporta nada. En cambio, quienes llegan a los gimnasios con la esperanza de algún día doblegar a puñetazos su pobreza, corren el riesgo de deteriorar irreversiblemente sus facultades mentales, como ha quedado manifiesto ya.

No puede considerarse como deporte una actividad en donde el triunfador es aquel que mayor daño físico logra aplicar al contrario; es inhumano que dos personas se golpeen a cambio de dinero, y muchos más paguen por verlos golpearse. Y es más, otros llenen sus bolsillos por enseñarlos a ver al contrincante en el piso, vencido, tal vez sangrando, inconsciente y traumatizado para llamarlo, simplemente, nocaut.

En Nicaragua —vale la referencia—, se prohibió el boxeo profesional en la década de los 80s, porque se había determinado que sólo se explota y se expone a los púgiles. En Chile, un alto índice de pugilistas han padecido daños cerebrales irreversibles y otros más registraron deterioros de sus funciones síquicas definitivos. En Venezuela alguna vez se desató una campaña para impedir que el boxeo se siguiera considerando como deporte, por sus características inhumanas.

En México, donde se dice que existen los mejores médicos en la materia, no se han dado muchos casos de muerte sobre el ring; sin embargo, por citar solamente unos ejemplos, hace algunas décadas, murió en la más humillante miseria, con daños cerebrales sin remedio, quien fue un ídolo del boxeo: Rodolfo “El Chango” Casanova, y otro caso lamentable fue el deambular completamente esquizofrénico de Ricardo “El Pajarito” Moreno, quien también ofreció su salud y su integridad física para que otros se hicieran ricos y se divirtieran con él.


Nota del editor: Rodolfo Casanova murió el 23 de noviembre de 1980 a los 65 años de edad. Antes había sido recluido en el manicomio de “La Castañeda” en la Ciudad de México. SU vida estuvo sumida en el alcoholismo.

Ricardo “Pajarito” Moreno murió el 25 de junio de 2008.

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