Hijo de ex-bracero persevera en herencia de lucha

Hijo de ex-bracero persevera en herencia de lucha

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Gregorio León encabeza la organización Frente Binacional de Ex-braceros de Arizona, que trabaja para tratar de recuperar los ahorros perdidos de cientos de trabajadores del campo, conocidos como braceros. Foto: Yolie Hernández | Barriozona Magazine © 2011
Gregorio León encabeza la organización Frente Binacional de Ex-braceros de Arizona, que trabaja para tratar de recuperar los ahorros perdidos de cientos de trabajadores del campo, conocidos como braceros. Foto: Yolie Hernández | Barriozona Magazine © 2011

(Phoenix, Arizona) — Lucio Melquiades León, un trabajador agrícola mexicano que con su sudor regó los surcos en los campos de siembra de Estados Unidos durante el Programa Bracero, murió sin haber recibido la retribución total por su esforzado trabajo.

Lucio fue uno de los millones de trabajadores mexicanos conocidos como “braceros”, en un tiempo en que ser trabajador agrícola migrante era pieza indispensable de la economía de Estados Unidos para contrarrestar los estragos de la guerra.

Hoy, el hijo de Lucio, así como cientos de ex-braceros en Phoenix, buscan recuperar, al menos mediante una cantidad simbólica, los ahorros que se ganaron doblando sus espaldas en las cosechas que sostuvieron en aquel tiempo la agricultura estadounidense.

Por décadas, miles de ex-braceros han buscado y esperado en vano recibir el 10 por ciento de salario que de común acuerdo se les retuvo para servir como un fondo de ahorro al término de su contratación. En cambio, los ahorros fueron retenidos ilegalmente en las cuentas bancarias de personas sin escrúpulos, que robaron a estos humildes hombres y a sus familias su dinero ganado legítimamente en las duras jornadas laborales en los campos del algodón, el pepino y la lechuga.

La mayoría de ex-braceros son ya de edad avanzada. Entre más tiempo pasa, ven prolongarse el momento en que puedan recibir al menos una fracción de lo que se ganaron dignamente. Otros, como Lucio, fallecieron sin haber podido cosechar el fruto de su labor, a pesar de haber cosechado frutas y legumbres que alimentaron por años al pueblo norteamericano en la guerra, la posguerra y la Guerra Fría.

Habla el hijo de Lucio Melquiades León
Convertido en dirigente por necesidad, buscó al lado de su padre Lucio recuperar aquellos ahorros que nunca llegaron a su cuenta bancaria. Gregorio heredó de su padre no una cantidad de dinero sino un lucha binacional para intentar rescatar el porcentaje de paga que nunca recibió Lucio, quien falleció en el año 2002.

Sin su padre, sin los ahorros y en un camino cuesta arriba, Gregorio tomó en sus manos la lucha laboral y, sin buscarlo, se convirtió en organizador de cientos de voces que a pesar de la negativa y la demora mantienen la esperanza en su corazón y la presión sobre el gobierno mexicano.

Gregorio encabeza una organización de bases llamada Frente Binacional de Ex-braceros de Arizona. El hijo del bracero fallecido recuerda los gérmenes de lo que más tarde se gestaría en un fuerte movimiento.

“Mi papá y los ex-braceros empezaron desde el ’98 o el ’99. Empezó a cobrar mucho auge todo esto, y había una respuesta muy mala de parte del gobierno; no se les tomaba en cuenta, no había una respuesta positiva”, evoca Gregorio.

Al preguntársele su opinión como hijo de un ex-bracero acerca del robo de los ahorros de su padre, el organizador pausa por un momento. Después responde enfáticamente, como tratando de golpear con sus palabras la mala acción del gobierno.

“Es una burla. Es una burla que les hayan robado tan vilmente a todos, y en el caso particular de mi padre. Es una burla que les hayan robado y que no quieran reconocer y pagar exactamente ese dinero que les quitaron”.

Gregorio calcula que el gobierno mexicano recibió una enorme suma de dinero producto del 10 por ciento colectivo que se les retuvo a los trabajadores del campo.

“Mi papá estuvo contratado en diez ocasiones”, explica Gregorio. “Nosotros calculamos que les quitaron, mínimamente, unos $50 dólares por cada ocasión que ellos estuvieron contratados, porque ellos estuvieron contratados alrededor de 45 días, y hubo contratos de 18 meses. Entonces, mínimamente, lo ponemos de esa manera: más de $50 dólares por cada vez que estuvieron contratados. O sea, es muchísimo dinero, y si hubo más de cuatro y medio millones de contratados… Este dinero estuvo depositado en el [banco] Wells Fargo. El Wells Fargo lo entregó al gobierno de México y ahí se perdió”.

Además de sus deducciones financieras y en el contexto de la lucha por tratar de rescatar algo de lo perdido, el líder del Frente Binacional de Ex-braceros de Arizona evalúa la gran contribución que su papá y los millones de trabajadores agrícolas hicieron a este país en una de sus etapas más difíciles de su historia.

“Aquí en Estados Unidos, el mismo presidente que en ese momento estaba, los reconoció a ellos como el ‘sexto frente de guerra’. Los declaró como ‘soldados del surco’,” expresa con orgullo. “Si nosotros recordamos, Estados Unidos estaba en la Segunda Guerra Mundial. Todos los jóvenes, todas las personas que estaban productivamente fuertes, pues estaban en el frente de guerra. Y ellos necesitaban, urgentemente, de mano de obra, mano de obra barata, mano de obra, incluso la más próxima”.

Al meditar acerca del papel laboral que estos ex-braceros representaron en la sociedad estadounidense, y la forma injusta en que el propio gobierno mexicano les robó sus ahorros, Gregorio deja fuera de duda lo que su papá y los millones de compañeros que desempeñaron el difícil trabajo agrícola significan en un plano de dimensión histórica y humana.

“Es lo que realmente movió la economía de los Estados Unidos en aquellos tiempos. Entonces yo considero que mi papá fue uno de los héroes. Al igual que todos los compañeros ex-braceros, son héroes anónimos de aquí de Estados Unidos. Hoy, desafortunadamente, les han negado todo”.

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