Erosión descubre vestigios de antiguos agricultores de Sonora

Erosión descubre vestigios de antiguos agricultores de Sonora

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Proceso de excavación en el sitio arqueológico La Playa. Foto: Elisa Villalpando | INAH
Proceso de excavación en el sitio arqueológico La Playa. Foto: Elisa Villalpando | INAH

Arqueólogos de México y Estados Unidos están atribuyendo a la erosión en el desierto de Sonora el descubrimiento de vestigios que revelan la vida de los antiguos agricultores en el sitio conocido como La Playa, ubicado en un valle aluvial del municipio de Trincheras, en la parte norte del estado.

El trabajo conjunto y continuo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad de Arizona descubrió, en 2010, una antigua vivienda que data al tiempo de los asentamientos del periodo de Agricultura Temprana (800 a.C. a 200 d.C.)

Los investigadores se valieron del uso de un georradar para explorar, por primera vez, dicha estructura arquitectónica que aunque está intacta, su estado es frágil.

Este tipo de radar de penetración terrestre se utiliza para la exploración y detección de objetos y estructuras en subsuelos.

Las obras en esta zona arqueológica se realizan desde 1991, pero los investigadores se han enfrentado a los efectos que causa la erosión del viento y agua. Sin embargo, este mismo desgaste geológico está contribuyendo a que avancen en sus investigaciones.

“Uno de los grandes retos para la arqueología en La Playa ha sido excavar contextos intactos”, dijo la arqueóloga Elisa Villalpando, codirectora de este proyecto de investigación. “Resulta difícil encontrar entornos que no estén erosionados, alterados y con las temporalidades mezcladas”.

Materiales de edificación de las viviendas
Los restos encontrados habían permanecido enterrados durante cientos de años. Las excavaciones del sedimento corrieron la cortina de los restos quemados de una casa de bajareque en foso, cuya construcción consistió de varas entretejidas y pegadas con una mezcla de tierra húmeda y carrizo.

La forma de la vivienda es circular, y esta se edificó a 40 centímetros bajo la superficie del suelo. El piso de la casa prehispánica estaba cubierto de material carbonizado, de lo cual se deduce un incendio ritual intencional. El fuego causó que el material empleado en la construcción de la vivienda se preservara al carbonizarse.

La superficie de la vivienda presenta 24 orificios (3 centímetros de diámetro por 3 o 4 de profundidad), dentro de los cuales se encontraron pedazos de carbones.

Esto agujeros, según los investigadores, se usaban como base para clavar postes que a su vez formaban la estructura de los muros. Al parecer se hicieron de ocotillo, un arbusto que se da en la región.

Entre el relleno de muros y sobre el suelo, se descubrieron puntas de proyectil, cuatro en total del tipo denominado Ciénega, de forma triangular y pedúnculo (equivalente a un tallo). Por lo regular estás han sido recuperadas en sitios de los primeros agricultores, de donde se desprende la época en que la morada fue habitada.

Migración forzada trajo la agricultura
Villalpando refirió que John Carpenter Slavens, otro investigador del INAH, supone que una migración ocurrió durante el periodo de sequía muy fuerte conocido como Altitermal (5500 a 2500 a.C.), la que habría obligado a grupos humanos a abandonar La Playa en busca de zonas con condiciones ambientales favorables, y en las que encontraron a otros pobladores que conocían el cultivo de maíz.

Tras la sequía, los expertos conjeturan que los pobladores regresaron al desierto, en donde emprendieron la agricultura basada en la irrigación, mediante canales que desviaban el agua de un arroyo —en la actualidad seco— hacia sus campos de cultivo.

Villalpando considera a La Playa como uno de los sitios arqueológicos más espectaculares del norte de México y del suroeste de Estados Unidos. Según la investigadora, el lugar tiene una historia de diez mil años de ocupación humana. En sus 12 kilómetros cuadrados no sólo se han descubierto materiales de los primeros agricultores, sino también rastros de bandas de cazadores del periodo Arcaico.

La arqueóloga puntualizó que estos vestigios culturales están entre los sedimentos del abanico aluvial que se forma al pie de monte de la Sierra Boquillas, lo que cauda que la erosión los saque a la superficie.


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