Entre la basura, pepenadores de Xochiaca encuentran la alegría de Navidad

Entre la basura, pepenadores de Xochiaca encuentran la alegría de Navidad

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Familias enteras de pepenadores hacen sus viviendas en el basurero de Xochialca valiéndose de materiales y muebles desechados entre la basura. Foto: Axel E. Núñez | Barriozona Magazine © 2016
Familias enteras de pepenadores hacen sus viviendas en el basurero de Xochialca valiéndose de materiales y muebles desechados entre la basura. Foto: Axel E. Núñez | Barriozona Magazine © 2016

(Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México) –– La atmósfera es abrumadora, el paisaje desolador y el aire pesado. Cuesta trabajo siquiera alzar la vista y respirar entre las más de 12 mil toneladas de basura que llegan a diario a este lugar.

Una sobre otra, las toneladas de desecho forman montañas de varios metros de alto. El frío, característico del último mes del año, es en lo que menos se piensa al estar aquí.

En este enorme vertedero de basura se acerca la Navidad como en cualquier otro lado, pero no hay luces de colores, suéteres navideños ni grandes mesas llenas de comida con un refresco de cola en medio; no hay regalos costosos… lo que abunda son las moscas, las heces, los alimentos descompuestos, basura de todo tipo y con varios años de estar ahí.

Es temporada de fiestas navideñas en lo que para algunos es el fin del mundo, pero que otros lastimosamente llaman hogar: el llamado “bordo de Xochiaca”.

El bordo es un enorme basurero a cielo abierto que se localiza en los límites del municipio de Nezahualcóyotl con el de Chimalhuacán, en el Estado de México, en un área al poniente de la Ciudad de México, no muy lejos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Entre lo que parece ser sólo un basurero, al poner más atención se distinguen algunas viviendas hechas de cartón, plástico, restos de lámina, o cualquier material que sea bueno para improvisar una pared, un techo.

Hay niños corriendo tras un perro, el cual a su vez persigue una rata. Un par de mujeres platican mientras seleccionan latas y botellas de plástico que juntarán y venderán más tarde por kilo para reciclarlas.

Ahí viven también jóvenes, presos del cemento —pegamento que inhalan— y otras drogas, sentados y acurrucados uno con otro en lo que al parecer es un antiguo sillón.

Aves de rapiña observan la basura desde los cielos, mientras los camiones, tráileres y carretas con toneladas de desechos provenientes del Estado de México y de la Ciudad de México no dejan de llegar a este basurero.

Aún con todo esto, la capacidad del ser humano de adaptarse a los ecosistemas más hostiles se hace presente y —valga la expresión— ¡es asombrosa!

Hay familias completas viviendo en este basurero. Gente que nace, crece, y forma una nueva familia en este lugar.

La tóxica jungla del bordo se extiende por varias hectáreas. Sobra decir que es insegura, insalubre, y todos los “in” en los que se pueda pensar.

Sin embargo, este vertedero de basura y la pequeña ciudad que ahí se levanta, no son más que el reflejo de la irresponsabilidad del gobierno mexicano, y de la población en general, sobre el problema del manejo adecuado de desechos.

Por supuesto, el hecho de que familias enteras vivan y trabajen entre la basura, refleja también la enorme capacidad humana de adaptación, pues contrario a lo que se pudiera pensar, la gente del bordo de Xochiaca celebra la Navidad; y la celebra bien.

El lector se preguntará: ¿cómo lo hacen? Su secreto reside en que —aún en medio de su situación— hacen lo que pueden con lo que tienen para cuidar su mayor capital: su familia.

Nota del editor: Según datos, en este basurero viven unos 700 pepenadores (personas que recogen desperdicios), que separan la basura inorgánica de la orgánica para venderla a empresas de reciclaje de desechos.

© 2016, Axel E. Núñez. All rights reserved.

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