El plantón de Andrés Manuel López Obrador: “El Pejelagarto” por su boca...

El plantón de Andrés Manuel López Obrador: “El Pejelagarto” por su boca muere

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Andrés Manuel López Obrador se dirige a una gran multitud de seguidores desde una tribuna en el Zócalo de la Ciudad de México tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006
Andrés Manuel López Obrador se dirige a una gran multitud de seguidores desde una tribuna en el Zócalo de la Ciudad de México tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006

(Ciudad de México) — El costo de la resistencia civil que encabeza Andrés Manuel López Obrador es de aproximadamente 250 millones de pesos diarios, según informó la Cámara Nacional de Comercio de México.

El sector más afectado con el plantón, situado desde el Periférico, pasando por avenida Paseo de la Reforma y por Avenida Juárez, hasta llegar al Zócalo capitalino, es el turístico, puesto que en esta zona es donde se hospedan la mayoría de los visitantes extranjeros que recibe la Ciudad de México.

Durante todos los discursos desde su cierre de campaña, López Obrador ha declarado que este es un momento histórico para el país, y que él no es un político tradicional, sino que él si quiere velar por los intereses del pueblo.

Si analizamos las actitudes de López Obrador, nos daremos cuenta de que en realidad no es un político cualquiera, sino que en verdad es un delincuente de cuello blanco, a quien desde los inicios de su trayectoria política nadie le ha puesto un alto.

No se puede negar que López Obrador es una persona inteligente. Sabe manejar perfectamente a los medios de comunicación, de tal manera que escogió Paseo de la Reforma como el punto principal para establecer su plantón. ¿Qué mejor lugar que la avenida más reconocida de la ciudad de México para continuar con la resistencia civil?

El “Peje” sabía de antemano que apenas se situara la primera casa de campaña en dicha la Avenida Reforma, la imagen ya le estaría dando la vuelta al mundo, poniendo los reflectores en la Ciudad de México al pendiente de sus reclamos, y de su lucha encarnizada por el poder.

Esta lucha que encabeza López Obrador ya cobró sus primeras víctimas. Hay gente que ha tenido que ser despedida de su trabajo a causa de los manifestantes que tienen raptado el corredor turístico, en el que López Obrador invirtió más dinero durante su administración como regente del Distrito Federal para remodelarlo.

Otra muestra más de que el “Peje” está enfermo de poder, es evidente a diario en sus declaraciones sobre los gastos de campaña de los otros partidos, y sobre la demagogia que utilizan sus detractores.

Se puede estar acuerdo que los gastos de campaña de los partidos rebasaron el tope impuesto por el Instituto Federal Electoral, pero en esa falta también incurrió la –mal llamada– “Coalición Por El Bien De Todos”, puesto que antes de las elecciones López Obrador encabezaba la lista de candidatos con más gastos en medios públicos, sin mencionar el spot que realizó en cadena nacional.

Asimismo, el candidato del partido del sol azteca, debe reconocer que para realizar todas las marchas en su favor, ha tenido que recurrir a prácticas añejas que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) utilizaba cuando ostentaba el poder, es decir “la cargada”. Esta costumbre consiste en gente que va a las manifestaciones porque les regalan una torta y un refresco. La innovación del “Peje” es que ahora les reparten tortillas y arroz a quienes participan en el plantón.

También se ha recurrido a otras prácticas como el pasar lista en las marchas para saber quiénes asistieron. Cabe destacar que quienes se encuentran en esa lista son los integrantes de las llamadas “redes bejaranistas”, mismas que Rene Bejarano, ex operador político de López Obrador, puso en práctica en las elecciones del año 2000, para que el candidato amarillo se alzara con la victoria en el Gobierno del Distrito Federal.

Ahora habría que preguntarle a López Obrador de dónde proviene el dinero que se utiliza para mantener la resistencia civil y todo lo que ésta implica, puesto que es impensable que le haya sobrado dinero después de su campaña proselitista.

Desde que se iniciaron las campañas, López Obrador se rodeó de ex-prisitas. Tal es el caso de Manuel Camacho Solís, quien ahora defiende a muerte la idea del “voto por voto, casilla por casilla”, cuando en el fraude electoral de 1988, él fue el encargado de quemar boletas electorales y así evitar que Cuauhtémoc Cárdenas se proclamara como el presidente de México.

Antes de que se “endurecieran” las acciones de la resistencia civil, el “Peje” declaró que José Woldenberg, ex presidente consejero del Instituto Federal Electoral, había mantenido una actitud relevante en los procesos electorales. Hace unos días, el mismo Woldenberg envió una carta firmada por él y por varios intelectuales en la que se desechaba la idea del fraude electoral, a lo que el candidato de la coalición respondió que era sólo un mensajero, y que “utilizaban el guión del partido de antes”.

Entre los participantes del plantón, podemos encontrar a delincuentes, como lo son los miembros de la banda de los “Panchitos de Tacubaya” quienes se dedican a asaltar, secuestrar y golpear gente; al Frente Popular Francisco Villa, que no hay marcha en la que no se presente; a la Asamblea de Barrios, compuesta de porros; y, demás gente que sólo reconoce su ley como su forma de vida.

López Obrador y su equipo están tan poco informados, que tomaron las instalaciones de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) con la finalidad de impedir el acceso a las personas que ahí laboran. Con esto trataron de evitar las operaciones del día, sin saber que la BMV cuenta con un centro espejo en Pachuca, Hidalgo, desde donde se realizaron las operaciones.

El tabasqueño ha declarado que “ya basta de discursos hipócritas”. Sin embargo, parece que el candidato no se ha escuchado a sí mismo, puesto que el elemento primordial en sus discursos es la demagogia, que si bien no es lo mismo que la hipocresía, si lo es pensar que la sociedad es tonta y que se traga todo lo que un supuesto líder dice.

Cuánta soberbia, cuánta demagogia, cuánto despilfarro por parte del “Peje.” López Obrador tiene razón: él no es un político tradicional; es un enfermo de poder que no sabe perder, y a quien durante su carrera política nadie le ha puesto un alto.

Ahora hay que esperar que “por el bien de todos” alguien le diga ¡hasta aquí!, y que no se permita que su lucha continúe como hasta ahora. De ser así, nos espera un escenario peor que el de San Salvador Atenco. Probablemente, con machete en mano, López Obrador reclamaría su lugar en Los Pinos, y el gobierno federal y las instituciones cederían, ya que prefieren que se les califique de blandos que como represores, aunque el estado de derecho y la democracia se internen en terapia intensiva.

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