Manifestación histórica en Phoenix a favor de una reforma migratoria

Manifestación histórica en Phoenix a favor de una reforma migratoria

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Un gran multitud participó en la más grande marcha registrada en la ciudad de Phoenix en busca de una reforma migratoria. Familias enteras salieron a marchar llevando cientos de banderas de Estados Unidos. Foto por Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006
Un gran multitud participó en la más grande marcha registrada en la ciudad de Phoenix en busca de una reforma migratoria. Familias enteras salieron a marchar llevando cientos de banderas de Estados Unidos. Foto por Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006

…continúa de la Página 1

Otro aspecto sorprendente de estas marchas es que las miles de personas se han movilizado como una sola, prácticamente, fundamentalmente, y filosóficamente sin un líder verdadero y genuino. Este es un movimiento sin líder, un movimiento de la gente. Esto evoca la parábola bíblica: “Y viendo a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor”. Hay organizadores, pero no un filósofo quien pueda darle forma al movimiento, y dirigir a la gente hacia una meta común. El pueblo expresa sus opiniones en muchas y diferentes direcciones. Continúan gastando el lema “Sí se puede,” porque ningún filósofo de movimiento social a forjado una frase nueva y poderosa que resuma la lucha. Encima de esto, los organizadores, y aún la gente, están culturalmente y lingüísticamente divididos. Algunos no puede hablar el español con corrección; otros tiene dificultad con el inglés. Un grupo comienza a idolatrar a algunos organizadores nuevos, pero fallan en identificarse con líderes México-Americanos de larga trayectoria. Algunos se adhieren a los primeros, y rechazan a estos últimos. ¿Puede un movimiento con estas características prevalecer?

A pesar de todas estas circunstancias, la gente comenzó a llegar para la marcha –uno por uno, en grupos, y en familias enteras– al Coliseo Memorial de los Veteranos. Para el mediodía, los terrenos del coliseo estaban repletos, así como las esquinas donde las Avenidas 19, la Grand, y el Camino McDowell se conectan. Había tantas banderas de Estados Unidos como había gente. La multitud esperaba a comenzar la marcha en perfecto orden, mayormente callada, excepto cuando, sin eficacia, los organizadores, y algunos supuestos animadores trataban de hacer que levantaran la voz. Días antes, algunas personas que se oponían a la marcha estaban deseando que hubiera lluvia para arruinar la manifestación; contrariamente, no hubo lluvia, pero si una inmensa nube que algunas personas pensaron fue enviada por Dios. El silbato del tren se escuchó un par de veces. Algunos manifestantes pensaron que el maquinista les saludaba, pero el sonar del silbato es un procedimiento de rutina cuando el tren cruza la McDowell. La gente festejaba de igual manera. El número de personas supero el de voluntarios de la marcha, pero su conducta ordenada compensó la falta de suficientes asistentes.

La marcha dio inicio poco después de la 1:00 de la tarde. La gente dentro de los terrenos del coliseo quedó atrapada por varios minutos. Puesto que la multitud era tan densa afuera, tomó un buen rato antes de que pudieran salir a la calle. En cuestión de minutos, la gente comenzó a caminar hacia el sureste, sobre la Avenida Grand, rumbo a la 7ª. Esta avenida habitualmente tranquila se convirtió en una ruidosa cuando, intensa y apasionadamente, la gente comenzó a gritar. Para cuando la multitud se aproximaba al área que queda debajo de la autopista I-10, el panorama era ya impresionante. La fuerza que los manifestantes representaban fue sentida poderosamente en las calles. Tres ancianos México-Americanos, dos mujeres y un hombre, quienes miraban la marcha desde la banqueta expresaron su opinión acerca de los inmigrantes ilegales: “La suciedad se debe ir al drenaje.” Una pareja, ambos en sillas de ruedas, daban gritos de ánimo desde la banqueta también. Dos hombres jóvenes estadounidenses, se subieron al techo de su galería de arte para tener una mejor vista; uno sonreía, animando a los manifestantes; el otro tenía una mirada de incredulidad. Los oficiales de policía estuvieron atentos, pero hasta cierto punto aburridos: los manifestantes no les dieron trabajo extra.

En medio de la marcha, un fuerte sentido de afiliación se sentía. La gente bromeaba, cantaba, gritaba, tocaba instrumentos. La mayoría llevaba banderas, algunas lo suficiente grandes para tener que ser llevadas por un grupo de personas y ser vistas desde los helicópteros de los noticieros. La inmensa nube ayudó enormemente a disminuir el calor. La extensión de una milla desde la Avenida 19 hasta la 7 fue mucho para algunos niños y gente que casi se daban por vencidos. Cuando la gente llegó finalmente a la calle 7, el olor a pollo frito del restaurante de comida rápida “Church’s” distrajo a algunos manifestantes. En la intersección de la Grand, la 7ª, y la Van Buren, los manifestantes se dispersaron. Algunos continuaron derecho por la Van Buren, hacia la 3, siguiendo a los organizadores, quienes se desviaron para pasar por el edificio de la alcaldía y saludar al alcalde Phil Gordon. Muchos se veían confundidos, ya que el plan original era irse hacia el sur por la 7 hacia la Washington, y de ahí dirigirse al Capitolio. Algunos siguieron esta ruta original. Algunos individuos se dispersaron aún antes de llegar a la 7 y comenzaron a caminar hacia el sur rumbo a la Washington. Algunos usaron la Van Buren, caminado rumbo al oeste hacia el Capitolio también. A estas alturas, era evidente que los manifestantes se sentían confundidos, y claro muchos estaban ya cansados. Algunos se fueron por la Adams, otros por las banquetas de la Washington. La gran mayoría llegó al Capitolio. Ahí, un ejército de reporteros y camiones de noticias estaban cubriendo la marcha profusamente. Tan pronto como algunos llegaron al Capitolio, se regresaron hacia el coliseo. La gente usaba cualquier calle caminando hacia el norte para regresar a la Grand. Hacia el final de la marcha, la gente caminaba por dondequiera. No se reportaron mayores o incidentes relevantes. Esa noche, los conductores de los noticieros reportaban una admirablemente ordenada, pacífica, y desde luego, histórica marcha.

El impacto de la marcha, desde una perspectiva social y demográfica, fue asombroso. Nadie en su mente sana puede ignorar la fuerte presencia que los inmigrantes representan en Arizona, y el resto del país. Sin embargo, la influencia que esta tuvo en los legisladores parece haber tenido un efecto mínimo. Los senadores que se oponen a una reforma migratoria no cambiaron de opinión, tal vez sólo se volvió “más intensa” después de la marcha, como una persona que llamó a un programa de radio lo describió. Apenas dos días después de la marcha, los senadores aprobaron una propuesta que, de ser implementada en ley, acusaría a inmigrantes con el delito de entrar sin permiso, el cual se clasifica como un delito menor de Clase 1. Esto envía un claro mensaje a aquellos quienes están aquí sin documentos, de que tomará más que marchas para tener un efecto en los políticos. Entre los inmigrantes, existe inseguridad acerca de cómo la marcha les ayudó o no les ayudó en su causa. Los organizadores ahora están convocando a un boicot comercial de un día para el primero de mayo.

Pocos días después de la marcha, el tramo de una milla de la Avenida Grand ha retornado completamente a su aspecto tranquilo y usual. El indigente con el carrito lleno no fue visto en la marcha, pero ha regresado a su rutina también. Durante el Viernes Santo, el 14 de abril, se le vio en el mismo lote baldío, inspeccionando  la llanta de la bicicleta de un hombre, tratando tal vez de venderle una de las muchas que carga en su carrito, lleno de un surtido de cosas que él encuentra en las calles. Una banderita de Estados Unidos nueva, puesta sobre su carrito, se podía ver, probablemente un residuo de la marcha. Las pocas compañías a lo largo de este ahora histórico segmento de la Grand, y aún el indigente, están de vuelta llevando a cabo sus negocios como de costumbre.

© 2006 – 2016, Eduardo Barraza. All rights reserved.

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