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Enfrentamiento en Nochixtlán; la policía sí disparó balas de armas de fuego

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Carteles de apoyo al magisterio y en contra de la reforma educativa del gobierno creados por miembros de la Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca (ASARO) tras el conflicto en Nochixtlán.
Carteles de apoyo al magisterio y en contra de la reforma educativa del gobierno creados por miembros de la Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca (ASARO) tras el conflicto en Nochixtlán.

[Continúa de la primera parte…]   Si bien el gobierno mexicano declaró que los elementos de la policía que participaron en el operativo del 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca no portaban ni armas de fuego ni toletes, registros fotográficos de diversas agencias internacionales como la Associated Press, Xinhua y Cuartoscuro desmintieron la afirmación gubernamental, confirmando así también reportes de la población en el sentido que estaban siendo agredidos con balas “de verdad”.

Entre las imágenes destacan las tomadas por el fotógrafo de la agencia Cuartoscuro, Jorge Arturo Pérez, en las que se aprecia claramente que los policías disparan armas de fuego de largo y corto alcance en dirección de los manifestantes.

Dichos reportes periodísticos desmienten así la versión oficial de que los agentes federales actuaron “sin armas de fuego”.

Inicialmente, la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) tachó dichas imágenes como “falsas”, asegurando que “la actuación de los elementos federales se encuentra apegada a los protocolos establecidos para hacer cumplir la ley sin violar ninguna de los Derechos Humanos de la ciudadanía”.

Posteriormente, el comisionado Galindo Ceballos reconoció que elementos del cuerpo de policías sí utilizaron armas de fuego durante el operativo de desalojo en Nochixtlán.

El funcionario federal especificó que sólo un grupo de efectivos empleó sus armas de cargo, casi cuando concluía el operativo, ya que se vieron obligados a hacer un cambio de estrategia cuando se percataron de la participación de supuestos manifestantes armados.

El comisionado añadió que la reacción de la población contra la policía fue “una emboscada”.

Uno de los muchos carteles que circulan en los medios sociales en apoyo al magisterio en Oaxaca creado por El Gran OM y El Dante.
Uno de los muchos carteles que circulan en los medios sociales en apoyo al magisterio en Oaxaca creado, por El Gran OM y El Dante.

Circunstancias que llevaron al conflicto en Nochixtlán
Desde que el gobierno de Peña Nieto promovió una importante reforma educativa en 2012 y 2013, la CNTE ha mostrado su descontento y realizado diversas acciones de resistencia.

La reforma promueve el llamado Sistema Nacional de Evaluación Educativa, al cual se oponen sectores del magisterio mexicano.

El origen del conflicto en Nochixtlán surgió en el contexto del descontento por dicha reforma, así como por acciones posteriores de parte del gobierno federal mexicano para contrarrestar la resistencia magisterial.

Desde mayo de 2016, la CNTE había llevado a cabo múltiples protestas públicas en diversos estados del sureste de México como Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, así como en la Ciudad de México.

Dichas protestas en demanda de la abrogación de la reforma educativa incluyeron bloqueos de importantes vialidades, toma de casetas de peaje, cierre de centros escolares, mítines y otras acciones.

Tras las detenciones el 13 de junio de Francisco Villalobos y Rubén Núñez —ambos dirigentes de la CNTE— la organización inició una serie de bloqueos carreteros en 37 zonas en Oaxaca. Villalobos y Núñez fueron acusados de los delitos de lavado de dinero y robo de libros de texto, respectivamente.

Uno de dichos bloqueos ocurrió en la carretera que conecta a Huajuapan de León con la ciudad de Oaxaca, donde se encuentra la población de Nochixtlán.

Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa mexicana estatal productora de petróleo, emitió un comunicado el 17 de junio advirtiendo que de continuar los bloqueos carreteros, la planta estatal de Salina Cruz tendría que detener sus actividades, lo que “podría derivar en un desabasto de gasolinas, diésel y turbosina en las zonas a las que abastece la refinería”.

Ese mismo día, un conjunto de policías federales y estatales retiró el bloqueo de la CNTE al acceso principal a Salina Cruz, desplegando cerca de 800 elementos, en un enfrentamiento que duró cuatro horas.

De acuerdo con la CNS, el gobernador de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo, emitió una solicitud formal a la policía federal a prestar su apoyo a la policía estatal a fin de terminar con los bloqueos carreteros.

Cué señaló que la medida era “con el objetivo principal de permitir el libre tránsito, particularmente de unidades con productos de primera necesidad, y así evitar el desabasto de víveres”.

Lo anterior preparó el escenario para el conflicto en Nochixtlán, ya que la mañana del domingo 19 de junio la policía federal se dispuso a desbloquear las carreteras, lo que dio lugar al enfrentamiento con los miembros de la CNTE y los pobladores, cuando estos últimos decidieron resistir la acción del gobierno.

Un grupo de residentes de la ciudad de Chicago, Illinois perteneciente al grupo “Chicago Freedom School” se manifiesta a favor del movimiento magisterial en Oaxaca, tras los disturbios del 19 de junio en el poblado de Nochixtlán. Foto: Chicago Freedom School/Facebook
Un grupo de residentes de la ciudad de Chicago, Illinois perteneciente al grupo “Chicago Freedom School” se manifiesta a favor del movimiento magisterial en Oaxaca, tras los disturbios del 19 de junio en el poblado de Nochixtlán. Foto: Chicago Freedom School/Facebook

Respuestas al conflicto
El 20 de junio, la organización Amnistía Internacional hizo un llamado al gobierno de México para esclarecer lo ocurrido en Nochixtlán. En un comunicado, la organización declara que “reconoce que las autoridades tienen la obligación de controlar el orden público y tomar medidas para prevenir, investigar y sancionar los responsables por actos de violencia, pero estas medidas tienen que ser proporcionadas y apegadas a las normas internacionales de derechos humanos”.

Por su parte, la  CNTE mantuvo los bloqueos en diversos puntos de Oaxaca.

El presidente Enrique Peña Nieto, vía Twitter, declaró que lamentaba la pérdida de vidas humanas, y expresó su solidaridad con las familias de los fallecidos y de quienes resultaron heridos.

Dos días después, el 22 de junio, la Secretaría de Gobernación aceptó reunirse con la Comisión Nacional Única Negociadora de la CNTE.

La Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos expresó su condena por los hechos violentos y solicitó una investigación independiente.

Tras el conflicto, también se llevaron a cabo un gran número de protestas en México y Estados Unidos para mostrar su repudio al enfrentamiento. Los medios sociales dieron cuenta del apoyo al magisterio por parte de educadores, estudiantes, organizaciones de base y sectores de la población en general.

Críticas en contra del magisterio y del pueblo de Oaxaca, muchas expresadas en términos racistas, también abundaron en los sitios de medios sociales.  → [Lee la primera parte: El conflicto de 2016 en Nochixtlán, Oaxaca]

El conflicto de 2016 en Nochixtlán, Oaxaca

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Un camión tráiler que transportaba gallinas —que al parecer era usado para bloquear una carretera— arde junto a un pelotón de policías federales que sostienen un enfrentamiento con habitantes de Nochixtlán durante los disturbios del 19 de junio que dejo varios muertos y un centenar de heridos. Foto: Indymedia
Un camión tráiler que transportaba gallinas —que al parecer era usado para bloquear una carretera— arde junto a un pelotón de policías federales que sostienen un enfrentamiento con habitantes de Nochixtlán durante los disturbios del 19 de junio que dejaron varios muertos y un centenar de heridos. Foto: Indymedia

Tal como sucedió hace diez años, el estado sureño de Oaxaca volvió a ocupar los titulares de los medios de comunicación internacionales por un conflicto entre magisterio y gobierno.

Un enfrentamiento entre fuerzas del orden y la población civil dejó a varias personas sin vida y a un centenar heridas, después de que las protestas de maestros mediante bloqueos carreteros y el intento del gobierno por removerlos dieron lugar a actos de violencia entre ambos bandos.

El choque entre autoridades y maestros resultó en 53 civiles y 55 policías heridos, así como en al menos ocho pobladores muertos, de acuerdo con cifras del gobierno. Un informe posterior del magisterio indica que en total, 11 personas perdieron la vida.

La violencia estalló después de siete días de bloqueos de vías de comunicación terrestre y manifestaciones que trastornaron el tráfico en una autopista principal que conecta a Oaxaca con la ciudad de México.

La lucha entre elementos de la policía federal y estatal antidisturbios y civiles surgió después de que las autoridades llegaran para dispersar a los manifestantes y estos se resistieran a retirarse pacíficamente.

Cartel de apoyo al magisterio creado por miembros de la Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca (ASARO).
Cartel de apoyo al magisterio creado por miembros de la Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca (ASARO).

Nochixtlán, epicentro del conflicto
El mortal conflicto sucedió el domingo 19 de junio de 2016 en la comunidad de Asunción Nochixtlán, en el estado de Oaxaca, México. La población es parte del distrito del mismo nombre en el sureste de la región Mixteca.

Debido a la intensidad de los acontecimientos violentos y al saldo de muertos tras el conflicto, críticos del gobierno consideran la acción del Estado en Nochixtlán como una de las mayores represiones gubernamentales en contra de la población de Oaxaca.

La batalla campal entre autoridades y manifestantes explotó cuando la policía trató de impedir que maestros, padres de estudiantes y pobladores continuaran bloqueando las carreteras públicas.

Los bloqueos viales en Nochixtlán se llevaban a cabo en contra de las reformas educativas implementadas por el gobierno del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, así como por el reciente arresto de dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

El enfrentamiento entre fuerzas del gobierno y la población civil registró acciones que incluyeron numerosos disparos y detonaciones, incendio de vehículos y neumáticos, colocación de barricadas, lanzamiento de proyectiles de ambos bandos (balas de goma, balas de armas de fuego, gas lacrimógeno, piedras, entre otros objetos).

El comisionado general de la Policía Federal, Enrique Galindo Cevallos, informó que 800 policías estatales y federales formaron parte en la planificación para desbloquear las carreteras. Indicó que los policías estaban equipados para las acciones, pero “sin armas de fuego”.

Numerosos videos de fuentes diversas publicados en internet muestran a un helicóptero lanzando repetidamente desde lo alto bombas de gas lacrimógeno en contra de los manifestantes, las que causaban nubes de humo blanco al detonar entre la población.

Enormes columnas de humo negro son visibles también en diferentes puntos del área del conflicto, producto de autobuses de pasajeros, camiones de carga y vehículos particulares que fueron incendiados por la población en respuesta a la acometida de las fuerza del gobierno. En algunos videos se escucha a pobladores gritando: “¡Los autobuses, quemen los autobuses!”

Galindo Cevallos añadió que las fuerzas policiacas fueron agredidas de manera directa por lo que llamó “grupos radicales”, que les arrojaron cohetones y petardos.

En los videos se puede observar también a numerosos manifestantes cubriéndose la nariz y boca con prendas de vestir para evitar los efectos del gas lacrimógeno, y lanzando piedras y proyectiles en contra los policías. Una persona es vista con un objeto tubular improvisado de aparente fabricación casera usándolo para regresar cartuchos de gases lacrimógenos a las fuerzas del gobierno.  [Lee la segunda parte: La policía disparó balas de armas de fuego] →

Benito Juárez, modelo de superación intelectual

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Benito Juárez fue un hombre de grandes contrastes. A través de la historia su imagen y su legado han tomado diferentes matices. Ilustración: Barriozona Magazine © 2016
Benito Juárez fue un hombre de grandes contrastes. A través de la historia su imagen y su legado han tomado diferentes matices. Ilustración: Barriozona Magazine © 2016

Hablar de Benito Juárez es volver a revisar la historia de los hombres ilustres mexicanos quienes escribieron capítulos de liderazgos y de cambios sociales dentro de la sociedad mexicana.

El lugar de origen de Juárez fue en San Pablo Guelatao, a treinta minutos de la capital de Oaxaca. Se queda huérfano a temprana edad, y esta tragedia afectó su desarrollo normal dentro del contexto sociocultural de su época. Aunque su pueblo, aislado de la ciudad civilizadora, y su orfandad le negaron el calor paternal, pareciera que Juárez fuera un elegido de la providencia divina para no resignarse a vivir como analfabeta, pobre y sin futuro.

Sin embargo, Juárez se desprendió de la placenta bio-cultural de su pueblo y determinó valerse de si mismo y cortar el cordón umbilical de las ataduras socio-lingüísticas del primer mosaico de su pueblo natal.

Juárez vio que la única manera de vencer aquellos obstáculos de su infancia era auto-dirigirse a conquistar las barreras que le impedían. Lo primero que se propuso fue aprender el idioma español, instrumento del saber de las letras y de la civilización.

A Juárez, llegar a la ciudad le represento un océano extraño y aniquilador, al no tener seguro en donde pasar la noche, en donde vivir y cómo sobrevivir. ¿En dónde estarían los amigos? ¿Quiénes le extenderían la mano? Juárez recibió albergue con su hermana, y para su inmersión en el nuevo idioma y las letras le valió un laico franciscano de la ciudad. Este último vio en Juárez un elemento de interés religioso, pero no científico. Nadie puede imaginarse el grado de sufrimiento de un indígena analfabeta que se propuso conquistar la ciencia.

Su determinación fue recia y valiente, porque nada es fácil en la vida; todo tiene un precio. El abolir la ignorancia sólo se logra a través del sacrificio de la superación. La naturaleza no nos destinó para ser esclavos de la ignorancia, sino para conquistarla y así establecer una sociedad de letrados, donde se viva en paz, en justicia y en libertad.

Murales y muralistas mexicanos

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El arte excepcional del muralismo mexicano surgió después de la Revolución Mexicana.
El arte excepcional del muralismo mexicano surgió después de la Revolución Mexicana.

Muchos artistas mexicanos recurrieron al muralismo después de la Revolución Mexicana. En su libro Muralistas mexicanos, Desmond Rochfort relata que Gerardo Murillo (conocido como “Dr. Atl”) introdujo el muralismo como una respuesta nacionalista a una exposición de pintura española contemporánea financiada por el presidente Porfirio Díaz en una exhibición de 1910.

El presidente Díaz ejemplificaba la obsesión de la clase dominante de México con la cultura europea, mientras que la exhibición del Dr. Atl ponía de relieve la importancia del arte indígena mexicano.

Tres muralistas en particular, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, se convirtieron en figuras importantes en este movimiento artístico. Rivera, Orozco y Siqueiros crecieron durante el Porfiriato, cuando la división de la tierra y la riqueza en México era excepcionalmente injusta.

Para Rivera y Siqueiros, en particular, sus tendencias políticas de izquierda influyeron en su trabajo; Siqueiros fue un estalinista prominente y Rivera, algunas veces era y otras veces no un trotskista o miembro del Partido Comunista de México. Orozco fue más crítico del número de víctimas que la Revolución costó a México.

La visión del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros de esta desigualdad es evidente en su manifiesto para el Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores, (1922), al declarar en el: “Repudiamos la pintura llamada de caballete y todo el arte de cenáculo ultraintelectual por aristocrático, y exaltamos las manifestaciones de arte monumental por ser de utilidad pública. Proclamamos que toda manifestación estética ajena o contraria al sentimiento popular es burguesa y debe desaparecer porque contribuye a pervertir el gusto de nuestra raza, ya casi completamente pervertido en las ciudades. Proclamamos que siendo nuestro momento social de transición entre el aniquilamiento de un orden envejecido y la implantación de un orden nuevo, los creadores de belleza deben esforzarse porque su labor presente un aspecto claro de propaganda ideológica en bien del pueblo, haciendo del arte, que actualmente es una manifestación de masturbación individualista, una finalidad de belleza para todos, de educación y de combate”.

Cómo llegó al poder Porfirio Díaz – segunda parte

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Según Lara y Pardo, en cuanto se consumó el triunfo de Porfirio Díaz como presidente de México, “los intereses americanos se apresuraron a hacer al nuevo mandatario cumplir sus promesas de generosas concesiones.” Ilustración: Barriozona Magazine © 2016
Según Lara y Pardo, en cuanto se consumó el triunfo de Porfirio Díaz como presidente de México, “los intereses americanos se apresuraron a hacer al nuevo mandatario cumplir sus promesas de generosas concesiones.” Ilustración: Barriozona Magazine © 2016

Extracto del libro De Porfirio Díaz a Francisco Madero, la sucesión dictatorial de 1911, de Luis Lara y Pardo (1912)

→ Continúa de la Primera parte

Al levantarse en armas el general Díaz en 1876, Lerdo acababa de aceptar la primera reelección. No era un dictador vitalicio. No era un tirano tampoco, ni en su breve gobierno había realizado matanzas ni aterrorizado ni asolado el país. Era un bon vivant [aficionado al lujo y a los placeres refinados]: que creía de buena fe en su popularidad y en su gloria y que se preocupaba bien poco de sus enemigos. Liberal de corazón, en cierto modo había continuado y consolidado la obra reformista de Juárez. Echado en brazos de una burocracia disipada, viciosa, ávida de oro más que de sangre, dejaba disfrutar de una libertad mil veces más amplia que la de las últimas, dos décadas del porfirismo. En tales circunstancias, su reelección era un pecado venial, y no podía tener en contra suya más enemigos, fuera de los, antirreeleccionistas por convicción profunda, que los militares que se consideraban despojados de triunfos soñados y los clericales que veían cada vez menos probable la reconquista de sus fueros. Es patente que los clericales no fomentaron la revolución de Tuxtepec.

Mas Lerdo había cometido un pecado capital. Su famoso apotegma “Entre la fuerza y la debilidad, el desierto” fue la sentencia de muerte de su gobierno. En esos momentos, el capital americano acababa de desbordarse en el oeste, llegan do hasta las márgenes del Bravo. Se tendían rieles a través de los desiertos de Nuevo México y de Colorado y de las cálidas llanuras tejanas hasta la línea divisoria, y era preciso que los productos de esas regiones, recién abiertas a la explotación, hallasen fáciles mercados. Y los yanquis, con la mirada vuelta hacia México, contemplaban a lo lejos las ciudades: Chihuahua, Durango, San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato y México, además de multitud de pueblos, villas y aldeas: en total, una población de diez millones de compradores, y un millón de kilómetros cuadrados vírgenes de arado, y una riqueza minera incalculable. ¿Cómo iban, pues, a tolerar la tenaz negativa de Sebastián, que, testigo de la actitud yanqui durante la intervención, conocía muy bien las intenciones del gran país hacia su desventurado y débil vecino? ¿Cómo no iba a estorbarles un gobierno que se negaba permitir que los rieles hollaran el suelo patrio y a dejar entrar aventureros ni colonos, ex pobladores ni colaboradores, de buena fe en la explotación legítima del suelo? Díaz y los suyos han reprochado a Lerdo que no hubiera tenido penetración suficiente para apreciar los beneficios de la inmigración de hombres y capitales extranjeros. Acúsasele de estúpido porque no creía en las excelsas virtudes de la inmigración. ¿Qué otra noción de ella había de tener el compañero de Juárez en la peregrinación a Paso del Norte, el testigo de la guerra famosa de los Pasteles, del incalificable despojo de 1847, los bonos Jecker y de la intervención francesa? Ante la historia, quién sabe cuál error haya sido más criminal, si el de Lerdo cerrando la puerta a la invasión yanqui (no a la civilización), o el general Díaz entregando país y pueblo a la rapiña extranjera.

Pero el error de Lerdo tenía que enajenarle la benevolencia americana, y el mismo gobierno de Washington que en tiempo de Juárez aprehendió al general González Ortega al querer éste internarse en son bélico en territorio mexicano, que durante la revolución de la Noria fue hostil a los rebeldes, no tomó la más leve disposición agresiva cuando el general tuxtepecano estableció su cuartel general en Brownsville. Todos los biógrafos del general Díaz consideran que el punto culminante de su vida política; el suceso más trascendental de todas sus campañas; el acto que decidió su destino y el del gobierno lerdista, fue la fuga de Tampico a Veracruz a bordo de un vapor, cuando estuvo a punto de ser cogido por las tropas gobiernistas. En tan importante episodio un americano, el cajero del buque, desempeñó el papel de providencia y se empeñó, arrostrando riesgos y molestias, en salvar al general Díaz. El buque ostentaba el pabellón de las barras y las estrellas.

¿Hizo todo esto por amor a México, o por odio al gobierno lerdista, o por afecto al general Díaz, o por indicación u orden de autoridades americanas?

La hipótesis del amor a México debe descartarse, tanto más cuanto que el mismo individuo desempeñó un puesto consular después, durante muchos años, bajo el gobierno de Díaz, y no se distinguió por su comportamiento: todo lo contrario, hubo al fin que removerlo. No por afecto al general Díaz, pues no había entre ellos, al decir de todos los biógrafos que narran el incidente, ninguna relación amistosa anterior. Quizá por odio a Lerdo, pero las compañías que hacen comercio internacional, que casi siempre reciben subvenciones u otros privilegios de los gobiernos con quienes tienen relaciones, procuran por lo general halagar a las autoridades, aunque cobren después sus halagos en la forma de contrabandos y demás violaciones a la ley. Es muy probable, pues, que haya obrado bajo la influencia de una sugestión oficial o semioficial, o, cuando menos de la opinión pública que, a su vez, tenía que estar influida por los intereses americanos a los cuales convenía un cambio de gobierno en México.

Es indudable que de los Estados Unidos recibió el general Díaz elementos militares para las tropas que opuso al gobierno en los combates. Es seguro que de allí recibió apoyo moral. Es muy probable que haya recibido apoyo directo de los intereses americanos, ofreciendo en cambio concesiones a manos llenas.

La historia de su gobierno es la más completa confirmación de ello. En una entrevista que “El Imparcial” publicó, se lee la declaración de que recién ocupada la capital, uno de los primeros actos de Díaz al entrar al poder fue firmar el contrato para la construcción del Ferrocarril Central, mediante una subvención crecida. Y eso en momentos mismos en que acababa de pedir del Banco Nacional de México, como un favor especial, un préstamo de cinco mil pesos para pagar a la guarnición sus haberes del día. “El Imparcial” cita el hecho como una prueba de la fe casi sobre humana del mandatario que no vaciló en contraer un compromiso cuantioso, aun en momentos en que cualquier otro, que no tuviera sorprendente clarividencia, habría vacilado. Para mí, que sé cuan poco entendía el dictador de los beneficios que los ferrocarriles traen consigo, para mí, que lo he visto patrocinar los proyectos más descabellados y oponerse a los planes más ventajosos para la nación cuando no eran apoyados por la presión extranjero o por la súplica de los amigos, tal clarividencia es un mito. Para mí, la hazaña que tanto se ha ponderado, demuestra de un modo clarísimo que, en cuanto se consumó el triunfo, los intereses americanos se apresuraron a hacer al nuevo mandatario cumplir sus promesas de generosas concesiones.

En capítulos posteriores, en que examinaré los principales actos, administrativos del general Díaz, desde el punto de vista de los intereses nacionales, se verá demostrado como el dictador consideraba su más firme apoyo el que le venía de más allá de las fronteras mexicanas, hecho que, por otra parte, está en la conciencia de todos los mexicanos.

En suma, el general Díaz llegó al poder por una revolución promovida por un grupo civil y militar, cuyo director intelectual no era él. Subió a la presidencia en brazos de un partido político, heterogéneo si se quiere, imperfectamente organizado todavía, pero de todas suertes un partido político que le impondría sus principios o siquiera sus intereses. El principal apoyo, fuera de ese partido, le vino del exterior, a cambio de compromisos económicos más o menos amplios, cuya extensión es imposible calcular, a falta de documentos. Pero, en todo caso, no escaló la presidencia en alas de su propia popularidad, de su incontrastable prestigio personal; no fue una conquista individual.

Testigos presenciales de los acontecimientos de esa época convienen, todos a una, en que el general Díaz inspiraba cierto desdén, por su rudeza y porque se le suponía de cortos alcances intelectuales. La prensa lerdista lo motejaba y lo hacía objeto de burlas sangrientas por ese motivo, y sus correligionarios, los directores intelectuales de la revolución, le tenían nada más que por instrumento, y durante algún tiempo, le impusieron actos políticos y administrativos.

Fuera de ese grupo, la mayoría del pueblo lo veía con indiferencia, con la eterna indiferencia de los pueblos, que han estado esclavizados por siglos. Sólo podía tener en contra el grupo conservador, la pretendida aristocracia, el clero, los despojos del viejo monarquismo, no extinguido total mente aún. La burocracia lerdista no tardaría en convertirse al tuxtepecanismo, y sería recibida con los brazos abiertos, como que traería el refuerzo de su tenaz adhesión a todo el que dispone del tesoro nacional.

En tales condiciones el general Díaz entró a ejercer el cargo de presidente constitucional el 5 de mayo de 1877.  Regresar a la Primera parte 

Cómo llegó al poder Porfirio Díaz

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Según Lara y Pardo, los contemporáneos que alababan a Porfirio Díaz “lo ungieron semidiós, proclamándolo el mejor general de México, y exageraron mucho sus hazañas”. Ilustración: Barriozona Magazine © 2016
Según Lara y Pardo, los contemporáneos que alababan a Porfirio Díaz “lo ungieron semidiós, proclamándolo el mejor general de México, y exageraron mucho sus hazañas”. Ilustración: Barriozona Magazine © 2016

Extracto del libro De Porfirio Díaz a Francisco Madero, la sucesión dictatorial de 1911, de Luis Lara y Pardo (1912)

Para formarse cabal idea de la situación política de México en las postrimerías del gobierno porfiriano, es indispensable hacer una reseña, aunque sea breve, de cómo llegó Díaz al poder y cómo gobernó durante los treinta y cinco años de su régimen. Es claro que para hacer la historia de su última revolución y de sus actos de jefe de Estado era menester un trabajo larguísimo, queriendo, sobre todo hacer una crítica justa de su gobierno. Mas no siendo ese el fin principal de estos apuntes, y habiéndose escrito tanto respecto a los actos administrativos y políticos del gobierno que él presidió, bastará delinear en breves páginas lo más pertinente para esbozar la transformación que se operó en él, de jefe liberal y republicano en caudillo revolucionario, luego en presidente constitucional, y por último en dictador vitalicio. Parecerá extraño que lo llame dictador vitalicio en estos momentos en que, derrocado ya, no tiene la menor participación en el gobierno de México, y cuando precisamente se ha desvanecido su más vivo ensueño de morir reinando; pero la verdad es que en los últimos años de su régimen gobernó exactamente como si fuese un dictador vitalicio, y él, menos que nadie, pensaba que habría de irá pasar sus últimos años en el destierro.

Porfirio Díaz en 1876 era un caudillo militar de prestigio mediano. Los panegiristas que a últimas fechas lo ungieron semidiós, proclamándolo el mejor general de México, exageraron mucho sus hazañas. En realidad su hoja de servicios durante la guerra de Reforma había sido notablemente buena; durante la Intervención había corrido la suerte de la generalidad de los jefes republicanos no mancillados por la defección: vencido siempre que la estrategia y la superioridad militar de los franceses eran manifiestas; manteniéndose a la defensiva durante el primer período de la campaña, hubo de retirarse, perseguido, hasta entregarse en Oaxaca, para surgir después guerrillero audaz y astuto, temerario, en el primer momento en que el imperio comenzó a vacilar. Tocóle en suerte operar en la zona que abandonaron las huestes imperiales, mientras Maximiliano llevaba consigo hacia el Norte, en un esfuerzo desesperado, la flor y nata de sus tropas para caer en Querétaro, y dejaba punto menos que desguarnecido el resto de su deleznable imperio. Pero las victorias del general Díaz no fueron más grandes ni más brillantes ni de mayor trascendencia que las de San Jacinto, Santa Gertrudis y Querétaro. Había, pues, caudillos que tuvieran tanto derecho como él a la gloria.

Más que de guerrero, tenía fama de benévolo, desinteresado y recto administrador. Había entregado un sobrante en las cajas de su ejército, pagaba sus tropas con exactitud, reducía el saqueo y la matanza al mínimo en esa última parte de la campaña, en que toda represalia era sencillamente un asesinato, por ser tan débil e inútil la resistencia del enemigo. Era también modesto: al entrar en la ciudad, capital del Imperio, fue a alojarse a una habitación privada, como queriendo que su personalidad quedase en segundo término, para que el primero tocara a Juárez, dando así el primer ejemplo de sujeción al poder civil.

Juárez era, en efecto, el poder civil el primer caso en México, de un poder civil que se sobrepone al caudillaje, producto nefasto de la guerra, en vez de sometérsele. Mas el caudillaje no podía tolerar ser relegado al segundo término; los militares, cargados de glorias, legítimas, o bastardas, y de ambiciones, necesitaban asaltar la presidencia de la restaurada república, como supremo botín de guerra.

Así surgió la rebelión de la Noria, de la cual el prestigio militar del general Díaz no salió muy bien librado, y así surgió más tarde el plan de Tuxtepec.

Pero en Tuxtepec, no era exclusivamente la sublevación del militarismo contra el poder civil; aquí el grupo de los caudillos militares que se lanzaban en pos del botín de que se consideraban desposeídos por el presidente Lerdo, no era ni el único ni el más importante. El antirreeleccionismo, que reaccionó débilmente en tiempo de Juárez, tomó mayores ímpetus ante la inercia de don Sebastián, y las filas revolucionarias se engrosaban a cada paso con los antirreeleccionistas de buena fe, y también con todos los odios, los despechos, los rencores que una administración prolongada y corrompida esparce por donde quiera. Si en la Noria la rebelión fue obra de un grupo militar desorganizado casi, en Tuxtepec fue producto de una organización ya más avanzada, con mayor cohesión, y más ampliamente difundida. El plan de Tuxtepec era la proclama de un grupo. Aunque el general Díaz asumía el mando en jefe del ejército que entonces se llamó regenerador, lo hacía sólo en virtud de ser uno de los jefes militares de mayor graduación y tener honrosa hoja de servicios. Más adelante, el mismo general Díaz reformó el plan agregándole una trampa por medio de la cual Iglesias, a quien tocaba por ley la presidencia en el caso ya muy probable de que Lerdo la abandonase, se vería en el dilema de aceptar la revolución o ser igualmente desposeído para que el gobierno interino recayera en el jefe supremo del ejército rebelde. De tal modo el general Díaz no aparecía como aspirante directo a la presidencia sino como jefe de una revolución, y, al triunfo de ésta, el caudillo, quien quiera que fuese, sería quien recogiera el botín de la campaña.

Todo esto demuestra, sin que haya lugar a duda, que el general Díaz no era sino el jefe militar de un grupo revolucionario, o bien que no contaba entonces con la arrasadora e incontrastable popularidad personal que hubiera hecho de su nombre, por sí mismo, una bandera. Los hechos dicen que la revolución de Tuxtepec fue obra de un grupo numeroso en que el elemento civil era importante. Apoyábanla civiles como Justo Benítez y Protasio Tagle, y hubo otros, como Riva Palacio, que, siendo militares, la apoyaron más civilmente que con la espada. Y quién sabe si la campaña periodística de Riva Palacio no haya sido más eficaz para el derrumbamiento de Lerdo que las acciones, guerreras, más bien malaventuradas que felices, del general Díaz.

Efectivamente, la campaña militar de 1876 no es para aumentar el prestigio militar del caudillo. Sus, panegiristas han pasado siempre como sobre ascuas por ese período de su narración, y, ninguno de ellos se ha atrevido a computar como victorias los encuentros en Epatlán e Icamole, entre los de mayor importancia. Los más audaces consideran que en esas acciones, de guerra no hubo resultado decisivo; pero la verdad es que las fuerzas revolucionarias resultaron maltrechas. Y sin embargo, la revolución adelantaba moralmente, ganaba terreno en el sentimiento público, gracias a la acción de los civiles. El mismo general Díaz, en una de las muchas autobiografías que se han publicado, confiesa que estuvo a punto de perder la batalla de Tecoac. Salvólo la tenacidad de los suyos y el auxilio oportunísimo del valiente guerrillero Don Manuel González. El general Díaz no olvidó jamás que a González le debía el triunfo, y por eso dejó que él y sus compadres, amigos, parientes y secuaces, se hartaran con los fondos de la nación.

Durante casi toda la campaña de Tuxtepec, la superioridad militar estuvo de parte de los lerdistas. Sucedió entonces algo semejante a lo que hemos visto en la revolución de 1910. El gobierno lerdista, aunque no tan rico como el de Díaz en 1910, procuró dotar bien a su ejército, y envió al campo de batalla a sus mejores generales, varios de ellos muy superiores por sus conocimientos en el arte de la guerra al general Díaz. Por mucho tiempo éste anduvo a salto de mata, y él mismo ha referido todas sus angustias de perseguido, y cuántas veces estuvo a punto de caer en manos de los lerdistas. Lo que admira en ese período de la campaña, no es la estrategia, ni la sabiduría militar, ni la habilidad técnica del general Díaz, sino su tenacidad, su astucia para huir, su ingenio para ocultarse, su resistencia formidable a los golpes que del enemigo y de la fortuna recibiera. De pronto, la faz de la campaña cambió totalmente. Y es cuando, después de refugiarse en territorio americano, hace la travesía desde Tampico y aparece en el estado de Veracruz al frente de mejor organizadas tropas.

Y aquí cabe hacer una reflexión muy importante. ¿Fueron los Estados Unidos ajenos a la revolución de Tuxtepec?

Llegará el tiempo en que se sepa contestar de una manera cierta y exacta a esa interrogación. A investigarlo he dedicado algún tiempo durante mi destierro, pues considero de la mayor importancia para la conservación de la nacionalidad mexicana, que sepamos con toda exactitud cuáles han sido las relaciones entre los, gobiernos de Washington y de México, sobre todo en las épocas de trastornos políticos. Es el problema capital, del que depende el porvenir de nuestra patria y de nuestra raza. Es la clave de nuestro destino. Desgraciadamente la prueba documental no se halla al alcance de todos. Los archivos oficiales sólo se han abierto para los amigos del general Díaz, deseoso, más que nadie, de falsificar la historia. Los escritores y los diplomáticos americanos, que sí tendrían acceso a toda la documentación indispensable, no se empeñarían en descubrir la trama secreta de estas relaciones. Nada les importa que permanezcan ignoradas las influencias misteriosas que han inyectado periódicamente virus revolucionarios por la frontera del río Bravo, cada vez que a esta plutocracia sin escrúpulos, sin conciencia, sin patria, y sin más dios que el oro, le ha parecido conveniente.

Incapaz, pues, de ofrecer pruebas documentales, sólo presentaré presunciones suficientes para fundar una hipótesis que, en mi sentir, satisface el requisito fundamental para ser admisible: no estar en desacuerdo con ninguno de los hechos comprobados.

Para nadie que haya meditado un poco es un secreto la influencia que los Estados, Unidos han tenido en la marcha de los países de origen español situados al norte del Istmo de Panamá. Más adelante, cuando haga un bosquejo de la revolución maderista, haré conocer hechos importantísimos que demuestran cómo, bajo la máscara hipócrita de una benevolencia de vecinos amables, los Estados Unidos, se esfuerzan en ejercer un protectorado que la debilidad, el egoísmo y la falta de patriotismo de nuestros caudillos y gobernantes han tolerado muchas veces.   → Continúa en la Segunda parte

Tumbas de gobernantes mexicas podrían ubicarse en 2016

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Los continuos trabajos de excavación frente a las ruinas del Templo Mayor en la Ciudad de México han puesto a los arqueólogos en el umbral de lo que pudieran ser las tumbas de los tlatoanis mexicas. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2015
Los continuos trabajos de excavación frente a las ruinas del Templo Mayor en la Ciudad de México han puesto a los arqueólogos en el umbral de lo que pudieran ser las tumbas de los tlatoanis mexicas. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2015

(Ciudad de México) – Arqueólogos mexicanos pudieran estar en el umbral de descubrir las tumbas de algunos de los tlatoanis mexicas que gobernaron en la antigua Tenochtitlan –hoy Ciudad de México.

Un reciente anuncio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) revela el descubrimiento de un estrecho pasillo que conduce al centro de una plataforma circular.

El pasillo termina con dos cámaras laterales dentro de las cuales los arqueólogos suponen podrían estar los restos de algunos gobernantes mexicas.

La plataforma circular, conocida como Cuauhxicalco, el pasillo y las cámaras son parte del Recinto Sagrado de lo que fue la capital del imperio mexica. Las ruinas están contiguas a las del Templo Mayor.

Recientes hallazgos como este son resultado de casi cuatro décadas de trabajo arqueológico desde el descubrimiento de la piedra Coyolxauhqui en 1978, el cual dio paso a la excavación de las ruinas del Templo Mayor.

Cuauhxicalco fue descubierta en 2013 y durante las exploraciones en el lado norte de la estructura, miembros del Proyecto del Templo Mayor encontraron —como parte del piso de la plaza— una lápida de piedra andesita de tres toneladas.

Al remover la lápida se encontró una gran caja de ofrenda, rellenada con los sillares de un muro desmantelado.

El muro sur ocultaba tras de sí el pasillo que conduce a las cámaras que se cree son funerarias. Al fondo del pasillo se hallaron dos tapias de mampostería que parecen sellar dos viejos accesos.

Fuentes usadas por los arqueólogos indican que Cuauhxicalco era un edificio de carácter funerario. Los investigadores dicen que existe la posibilidad que tras esas tapias estén dos pequeños cuartos en lo que estén los restos incinerados de algunos gobernantes de Tenochtitlan.

Los arqueólogos piensan que quizás se trate de las tumbas de Moctezuma I y sus sucesores, Axáyacatl y Tízoc. La conjetura se basa en las etapas constructivas reflejadas en dicha estructura.

Los trabajos de exploración en el sitio arqueológico se retomarán en 2016, y los mismos pudieran, además de ubicar las tumbas de los gobernantes mexicas, seguramente darán lugar a otra ola de importantes hallazgos y a la recuperación de nuevas piezas del mosaico histórico de la gran Tenochtitlan.

Pancho Villa y su falsa muerte en 1916

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La noticia de la supuesta muerte de Francisco Villa se ublicó en la primera plana de un diario de Estados Unidos en 1916.
La noticia de la supuesta muerte de Francisco Villa se ublicó en la primera plana de un diario de Estados Unidos en 1916.

El general revolucionario Francisco “Pancho” Villa habría muerto a días de que una expedición punitiva lanzada por el ejército de Estados Unidos comenzara en territorio mexicano, en 1916.

“VILLA ESTÁ MUERTO ES EL INFORME”. Así leía el titular en la primera plana del periódico estadounidense “The Democratic Banner” en su edición del 18 de abril de ese año.

La noticia, fechada un día antes en El Paso, Texas, no sólo daba cuenta de la muerte del hombre más buscado por Estados Unidos en esos días, sino de la presunta exhumación e identificación de su cadáver.

El “Centauro del Norte”, buscado por tropas estadounidenses al mando del General John J. Pershing, había muerto tras una supuesta herida de bala en su rodilla izquierda. El deceso del buscado revolucionario se había debido, según el reporte del diario, a una gangrena.

El periódico se basaba en un informe sobre el hallazgo de los restos de Villa desenterrados en un rancho de Chihuahua, que provenía de allegados a Venustiano Carranza —entonces Jefe del Ejército Constitucionalista mexicano— y otras fuentes aparentemente fidedignas.

Estados Unidos tras la pista de Villa
El gobierno de Estados Unidos había autorizado, tres días antes de la noticia de la supuesta muerte de Pancho Villa, una expedición militar con el propósito de capturarlo. La orden se había emitido el 14 de marzo de 1916, tras el ataque de Villa y sus soldados contra un destacamento estadounidense, perpetrado cinco días antes —el 9 de marzo— en el poblado de Columbus, Nuevo México.

El general Pershing (centro) fue asignado a una expedición dificil: encontrar al scurridizo Francisco Villa para castigarlo por el mortal ataque en Columbus, Nuevo México.
¿DÓNDE ESTÁ VILLA? El general Pershing (centro) fue asignado a una expedición dificil: encontrar al escurridizo Francisco Villa para castigarlo por el mortal ataque en Columbus, Nuevo México.

Tras el anuncio de la presunta muerte de Villa, en Washington, D.C., funcionarios del gobierno de EE.UU. afirmaron que las tropas estadounidenses se retirarían de México inmediatamente si se demostraba que Francisco Villa en realidad está muerto.

No es preciso si lo que no resultó ser más que un rumor haya sido de alguna manera propagado por quienes apoyaban a Villa con el fin de ayudarlo a eludir al ejército de EE.UU., o simplemente una confusión dentro de la paranoia estadounidense por localizar al jefe revolucionario. Es muy probable que la historia de un cadáver exhumado haya sido verdadera, y que en el contexto de la búsqueda por Villa se haya llegado a creer que los restos pertenecían en verdad a los del atacante de Columbus.

De haberse enterado sobre la noticia de su propia “muerte”, es posible que Villa habría esperado que el regimiento de Pershing que lo buscaba en tierras mexicanas creyera el informe y se retirara. Sin embargo, la expedición que buscaba “castigar” a Villa se prolongó hasta el año siguiente, concluyendo —sin encontrarlo— el 7 de febrero de 1917, 10 meses después de haber iniciado.

Villa, desde luego, no había muerto. Su muerte llegaría de una forma más violenta el 20 de julio de 1923, más de siete años después de la noticia de su otra “muerte”.

"Ya estoy cansado de esto". El ‘Tío Sam’ salta a través de la valla de la frontera con México para perseguir a Pancho Villa. Cartón político por Clifford K. Berryman (1916). Archivo Nacional de EE.UU. Colección Berryman
“Ya estoy cansado de esto”. El ‘Tío Sam’ salta a través de la valla de la frontera con México para perseguir a Pancho Villa. Cartón político por Clifford K. Berryman (1916). Archivo Nacional de EE.UU. Colección Berryman

Video – El Metro de la Ciudad de México

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(Ciudad de México) — Algunos datos breves sobre el Sistema de Transporte Colectivo, Metro, de la Ciudad de México, una de las ciudades más pobladas de todo el mundo. Producido por Eduardo Barraza – Barriozona Magazine © 2015

Ruinas de gran Tzompantli de Tenochitlan resurge en Ciudad de México

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El hallazgo de los cráneos confirma las crónicas de conquistadores y frailes españoles acerca del gran Tzompantli de los mexicas. Los cráneos podrían ser de enemigos de los mexicas que eran capturados. Foto: INAH-CONACULTA
El hallazgo de los cráneos confirma las crónicas de conquistadores y frailes españoles acerca del gran Tzompantli de los mexicas. Los cráneos podrían ser de enemigos de los mexicas que eran capturados. Foto: INAH-CONACULTA

(México) — Ruinas de la antigua capital Mexica de Tenochtitlan en el corazón de la Ciudad de México enterradas durante siglos, siguen apareciendo mediante el continuo trabajo arqueológico en esa ciudad.

Los arqueólogos mexicanos siguen así añadiendo piezas al inmenso rompecabezas de la cultura mexica. Hace unos días, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer el más reciente descubrimiento localizado a dos metros de profundidad en la calle de Guatemala, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El hallazgo consiste en una plataforma rectangular con una longitud estimada en más de 34 metros, según información divulgada por el INAH. El núcleo de dicha plataforma se compone de un elemento circular elaborado de cráneos humanos. Especialistas del INAH identificaron las ruinas mexicas como el gran Tzompantli de México-Tenochitlan.

Según los expertos, la formación de cráneos está unida con una argamasa de cal, arena y gravilla de tezontle. “Es un muro de tezontle con un recubrimiento de estuco y piso de lajas, orientado de norte a sur, que presentaba asociados mandíbulas y fragmentos de cráneos dispersos sobre la plataforma”, indicó Raúl Barrera, director del Programa de Arqueología Urbana. Barrera detalló que unos 35 cráneos humanos forman un elemento circular.

Debido a las características y materiales asociados que presenta el impresionante hallazgo, el Tzompantli corresponde a la sexta etapa constructiva del Templo Mayor (1486-1502).

La mayoría de los cráneos —algunos con orificios en los parietales pero otros sin esta característica— corresponden a hombres adultos jóvenes, pero también hay algunos de mujeres y de niños. Los arqueólogos creen que debe haber otras decenas de cráneos asociados al sitio. Se cree que muchos de estos cráneos fueron removidos y alterados durante la Conquista, cuando se produjo la destrucción de la ciudad de Tenochtitlan y del Recinto Sagrado.

Asimismo, se encontró una ofrenda asociada a la última etapa constructiva, compuesta por fragmentos de dos o tres piezas de travertino blanco, que fueron matadas de manera ritual. Además de otra ofrenda alterada en época colonial, conformada por 21 cascabeles de cobre y cuentas de piedra verde.

El hallazgo es consistente con las crónicas de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo y Bernardino de Sahagún, entre otros. El descubrimiento establece la ubicación precisa del Templo de Ehécatl, el Juego de Pelota y en particular del Tzompantli, citado en fuentes históricas.

Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, indicó que fray Bernardino de Sahagún había mencionado la existencia de varios tzompantlis y dos juegos de pelota, y la asociación de estos elementos.

“Por su ubicación, creemos que se trata del Huey Tzompantli, es decir, el Tzompantli mayor de Tenochtitlan” dijo Matos Moctezuma. “Esta estructura tenía un simbolismo específico y muchos de estos cráneos podrían ser de enemigos de los mexicas que eran capturados, sacrificados y decapitados, como una advertencia de su poderío”.

El importante hallazgo arqueológico corroboraría así lo señalado en los códices, como el de Diego Durán, que indicaba la existencia de tzompantlis a los que se describía como basamentos bajos, alargados, en cuya parte superior había postes de madera con los cráneos insertados.

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