México

México

El sistema político mexicano: Hacia un modelo de democracia mayoritaria – Prólogo

0
La política en México es un tema complejo que requiere de un estudio detallado para entender las fuerzas sociales que le dan forma en el siglo XXI. La elección presidencial de 2006 fue una de las más polémicas y disputadas, en la que tras acusaciones de fraude electoral se declaró ganador al candidato del PAN. Foto-ilustración: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006
La política en México es un tema complejo que requiere de un estudio detallado para entender las fuerzas sociales que le dan forma en el siglo XXI. La elección presidencial de 2006 fue una de las más polémicas y disputadas, en la que tras acusaciones de fraude electoral se declaró ganador al candidato del PAN. Foto-ilustración: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006

En el afán de proponer un cambio en nuestra historia, es no sólo mi deber y responsabilidad como estudiante de ciencias políticas y ciudadana de un país con una historia asediada por cambios y retos cada vez más fuertes, como es México, proponer soluciones que vayan más allá de lo ordinario y conocido por los responsables y diseñadores de nuestro sistema político mexicano. Estas propuestas, como yo las llamo, que son sólo pensamientos e ideas influidas por una visión comparativa entre democracias establecidas, consolidadas y avanzadas y entre un sistema político latinoamericano, el cual hasta hace apenas unos años logró a través de las primeras elecciones presidenciales limpias y competitivas catalogarse como “democrático”.

Según Tocqueville, uno de los pensadores políticos y filósofos más renombrados y respetados de la historia, y cuyos textos siguen siendo las bases de muchos pensadores y filósofos modernos, hay dos motivos que llevan a la comparación: el primero apunta a analizar sistemáticamente las diferencias e igualdades entre mínimo dos casos (me refiero a sistemas políticos); el segundo se ocupa de la transmisión de experiencias; esto significa de qué modo se pueden transportar soluciones de problemas exitosamente de un sistema a otro.

Pero ¿por qué comparar? Para poder juzgar hay que comparar y analizar. Durante los años que llevo radicando en Alemania, y observando su sistema de vida, político y social, no me deja en paz la pregunta: ¿por qué sigue siendo así en México, si se podría hacer de otra manera? ¿O es que no estamos aún preparados para una evolución, por la que ya han pasado tantas sociedades? ¿O es nuestra cultura y nuestra manera de ser, la que nos impide avanzar? ¿O son sólo (o eran) un grupo de políticos que preferían enriquecerse a costa de la miseria de nuestro país? Cambiar la manera de ver, de pensar y de abandonar la mentalidad limitada y miserable es doloroso y lleva tiempo.

En mi intento por responder a estas preguntas de una manera “vista desde afuera”, espero poder contribuir a la increíble y respetable tarea que desempeña el Instituto Hispano de Asuntos Sociales y su revista en línea Barriozona, así como a la educación e información política de sus lectores hispanohablantes.

El siguiente ensayo lo elaboré dentro de un seminario, el cual fue parte del área “Comparación de sistemas políticos” durante mis estudios en la Universidad Tecnológica en Darmstadt, Alemania.

Diego Rivera: dadme los muros

0
Los grandes frescos de Diego Rivera ayudaron a establecer el movimiento muralista mexicano en el arte mexicano. Entre 1922 y 1953, Rivera pintó murales en la Ciudad de México, Chapingo, Cuernavaca, San Francisco, Detroit y Nueva York, entre otras ciudades. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006
Los grandes frescos de Diego Rivera ayudaron a establecer el movimiento muralista mexicano en el arte mexicano. Entre 1922 y 1953, Rivera pintó murales en la Ciudad de México, Chapingo, Cuernavaca, San Francisco, Detroit y Nueva York, entre otras ciudades. Ilustración: Barriozona Magazine © 2006

“Un artista es sobre todo un ser humano, profundamente humano hasta el centro. Si el artista no puede sentir todas las cosas que la humanidad siente, si el artista no es capaz de amar hasta olvidarse a sí mismo y a sacrificarse a sí mismo, si él no baja su pincel mágico y encabeza la lucha contra el opresor, entonces él no es un gran artista”.

Diego Rivera

Muchos calificativos necesitarían utilizarse para describir al muralista mexicano Diego Rivera. Y muchos más para tratar de definir su vasta obra. Y al final de una detallada búsqueda semántica y gramatical, todavía sería insuficiente contener la inmensa, prolija y colosal obra pictórica del genio, quien desde su infancia hasta su muerte blandió el pincel con un don maravilloso y extraordinario.

Cientos de muros hablan hoy con admirable elocuencia de su gran talento y de su filosofía, de su grandeza como artista, de sus convicciones revolucionarias y rebeldes. Su obra creativa desarrolló, perfeccionó e inmortalizó un arte nacional de inmensurable calidad y técnica, pero aún mas de profunda identidad indígena. Sus largas y maratónicas jornadas sobre las tarimas forjaron la magnificencia, el drama, y la intensidad de un pueblo y su historia.

Rebelde y revolucionario, Rivera toma los muros como su trinchera y su estrado desde donde, persuadido de que el arte es para el pueblo, no lo limita a la elite embriagada de europeismo, ni y la exclusividad de las galerías, sino que los plasma a la vista de todos, donde la dictadura no se puede esconder ni la heroicidad ocultar. El esplendor de una raza conquistada, sus luchas libertarias, sus hazañas históricas, se revelan como en un juicio apocalíptico, donde no hay nada escondido que no sea descubierto.

Con trazo firme, realismo imponente, y colores palpitantes, los personajes en los murales de Rivera suspiran, gimen vida. Desde la frialdad de las superficies impregnadas de talento, la sangre de los héroes y heroínas salpica el despotismo de los tiranos; el sudor del peón y el arrojo de la soldadera se infiltran en el traje del catrín.

Imponentes y estacionarios, los oprimidos y los opresores, los dictadores y los revolucionarios, los cobardes y los valientes, la gente del pueblo y los aristócratas, se presentan en el escenario ineludible de la vida; asumen cada cual su rol. Suspendidos en el tiempo, nos miran con dinamismo inerte. Y Rivera así erige el archivo visual de la nación, sobre los muros.

Si de José Guadalupe Posada no se concluye plenamente que haya sido un revolucionario en el sentido histórico de la palabra, Rivera se constituye en un insurgente del arte, inspirado, sí, por el grabador genial de hojas volantes, a quien en su adolescencia visitaba en su taller.

Ahí el artesano disidente miraba por su ventana, inspirándose con los dolores de parto de un México en la antesala de una convulsión. Mirando a Posada, Rivera se convierte en su alumno espontáneo; trabajando, Posada se transforma en su más grande maestro.

Descrubren altar mexica en ruinas contiguas al Templo Mayor

0
Si lo que los arqueólogos suponen se confirma, es muy probable que los conquistadores españoles no hayan visto el monolito, lo cual hipotéticamente pudo haber prevenido su destrucción. Foto: Mauricio Marat | INAH
Si lo que los arqueólogos suponen se confirma, es muy probable que los conquistadores españoles no hayan visto el monolito, lo cual hipotéticamente pudo haber prevenido su destrucción. Foto: Mauricio Marat | INAH

Continúa de la primera página 

El monolito prehispánico, cuyas dimensiones actualmente visibles son de 4 por 3.5 metros, y 12 mil 350 kilos de peso, aproximadamente, está mayormente enterrado. En octubre 12, diez días después de su descubrimiento, los especialistas del Programa de Arqueología Urbana (PAU) anunciaron que el bloque de piedra tiene por lo menos cuatro fracturas, y también que ellos notaron que está completamente labrado en sus lados. De acuerdo a la información divulgada por el PAU, la gran piedra corresponde al periodo de Moctezuma I (también conocido como Moctezuma Ilhuicamina,) sexto tlatoani azteca (el tlatoani regía el gobierno, el ejército, y era el gran sacerdote) cuyo periodo se extendió de 1440 a 1469. Por tanto, el monolito pudo haber sido creado hace aproximadamente 450 a 500 años, y fue hecho de piedra, y muestra un relleno con piedras y arcilla.

El descubrimiento del altar no viene como una sorpresa, ya que las sorpresas han sido la regla en vez de la excepción dentro del marco del Proyecto del Templo Mayor. Los aztecas eran un pueblo profundamente religioso, una religiosidad reflejada en sus obras monumentales, particularmente la del Templo Mayor, el cual era el punto medular de su vida espiritual, y también la edificación más grande de su capital, Tenochtitlan. Terriblemente perturbados con los sangrientos sacrificios humanos que ahí tenían lugar, los conquistadores españoles encabezados por Hernán Cortés, destruyó la mayor parte del templo, derribó los ídolos, y procedió a arrasar la ciudad en 1521.

Descubrimientos arqueológicos contemporáneos han evidenciado que la destrucción perpetrada no fue sistemática, sino más concerniente con borrar creencias y costumbres nativas, y con reemplazar o esconder símbolos y estructuras como una forma de imponer los sistemas españoles políticos, religiosos, y sociales. Nuevos edificios fueron erigidos sobre estructuras aztecas semidestruidas. Mucho se perdió, pero Cortés, su ejército, y los aztecas esclavizados, dentro de un nuevo y total contexto de dominio y conquista, y en un dramático cambio en el estatus quo, dejaron muchos remanentes enterrados bajo los nuevos edificios de lo que llegó a ser la Nueva España. Muchos vestigios de la grandeza azteca permanecerían escondidos bajo la calles de una nueva sociedad. La Ciudad de México de hoy está construida sobre las ruinas de Tenochtitlan.

Álvaro Barrera Rivera, supervisor del Programa de Arqueología Urbana del Proyecto del Templo Mayor, citó un hecho importante el 14 de octubre, apuntando que “se hizo alguna excavación en la época prehispánica, precisamente a finales de la Etapa VII (1502-1521) en la que se encuentra la escultura, de ahí que ésta se colocó a manera de tapa del socavón. Lo más probable es que se depositó algo y ya sobre la pieza se colocó el piso; es decir que antes del contacto con los españoles, ni los mismos mexicas veían la escultura debido a que nunca estuvo expuesta. Después de la Conquista tampoco se logró ver, por eso llegó hasta nuestros días,” – concluyó Barrera.

Relevantes hallazgos arqueológicos de Tenochtitlan se hicieron durante la construcción masiva del tren subterráneo, conocido como Metro, cuya primera fase se completó entre junio de 1967 y noviembre de 1970. La excavación del sitio exacto del Templo Mayor se organizó ocho años más tarde, en 1978, después de que un trabajador de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, llamado Mario Alberto Espejel Pérez, que cavaba una zanja y pegó accidentalmente con su pala en lo que notó era una piedra labrada. Él sabía que durante la primera fase de la construcción del tren subterráneo, muchos descubrimientos de la era de los aztecas habían salido a la luz, pero al mismo tiempo ignoraba el significado de lo que él ayudó a desatar cuando encontró la piedra tallada. Este monolito decorado en relieve resultó ser la piedra Coyolxauhqui. El descubrimiento de este extraordinario monumento llevó a la excavación a gran escala del Templo Mayor.

Desde la recuperación de Coyolxauhqui, el trabajo arqueológico continuo en y alrededor del área del templo llegó a ser una escena cotidiana en el centro de la Ciudad de México. La magnitud del altar recién descubierto enfrente del Templo Mayor ha traído una emoción no vista en casi tres décadas, paralelo al entusiasmo que el surgimiento de la piedra de la diosa de la luna –Coyolxauhqui– levantó 28 años atrás. Los detalles completos del nuevo monolito descubierto aún están por venir, pero en base en lo que ellos ya pueden ver y saben, los especialistas auguran otro gran avance para aprender y confirmar aspectos ceremoniales de la vida azteca, costumbres sociales y creencias espirituales.

Si lo que Álvaro Barrera supone es confirmado, es muy probable que los conquistadores españoles no hayan visto el monolito, lo cual hipotéticamente pudo haber prevenido su destrucción. ¿Existe una ligera posibilidad de que los aztecas mismos deliberadamente lo hubieran escondido de los extranjeros? El tiempo y el trabajo arqueológico seguramente revelarán la verdad. De cualquier modo, es una verdad que Cortés y sus soldados pensaron que al enterrar y esconder debajo del emergente reino de la Nueva España, los vestigios de los aztecas se perderían para siempre. En su disposición destructiva-constructiva, ellos anunciaron el ocaso de una tribu salvaje y temida, y el amanecer de su propio dominio.

Escondiendo los símbolos del esplendor azteca debajo de una serie de solares y de otros sitios en donde ellos y sus descendientes construirían sus lujosos castillos y casas, probablemente consideraron esa una casi perfecta conquista, en donde no mucha evidencia de su aniquilación sería dejada. Como si fuera algo destinado, y precisamente en uno de esos solares, un terremoto ocurrido hace 21 años, causó la demolición de la casa ahí situada. Este evento fortuito cedió el espacio y el tiempo para el surgimiento de un inesperado monolito. Hoy, rescatada de su insospechada existencia y con su fría inercia, esta monumental piedra habla de la grandeza y derrota de un pueblo admirable y temido. Volver a la primera página


*Información disponible acerca de la historia la “Casa de las Ajaracas,” es de Manuel Velázquez.
** El reconocido arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, coordinador del PAU, declaró que después de una conversación que él tuvo con el también arqueólogo Leonardo López Luján, en referencia a la posible identidad de la deidad, “apuntaba a que podría ser una imagen de Tlaltecuhtli, señor de la tierra en el panteón mexica”.

Los trabajos de rescate del monolito, a cargo del PAU, se llevan a cabo por los arqueólogos Alicia Islas Domínguez, Gabino López Arenas, Alberto Diez Barroso y Ulises Lina Hernández, e incluyen a un equipo interdisciplinario conformado por biólogos, geólogos, restauradores, topógrafos, dibujantes, antropólogos físicos y, por supuesto, arqueólogos. También se cuenta con la colaboración de los doctores Alfredo López Austin y Leonardo López Luján.

Este artículo fue preparado usando información proveída por Sam. L Bravo del INAH/Medios, así como también otras fuentes tales como revistas y libros de la biblioteca personal del autor.

 

Surge una maravilla arqueológica en área del Templo Mayor

0
La imagen muestra el impresionante altar mexica, único en su tipo, representando a Tláloc y a otra deidad relacionada tal vez al rito de la agricultura. Foto: Mauricio Marat | INAH
La imagen muestra el impresionante altar mexica, único en su tipo, representando a Tláloc y a otra deidad relacionada tal vez al rito de la agricultura. Foto: Mauricio Marat | INAH

(Ciudad de México)  —  En 1978 fue la piedra Coyolxauhqui. En el año 2006, el área del Templo Mayor en el centro de la Ciudad de México ha sido conmocionada de nuevo con el maravilloso descubrimiento de un enorme y gran bloque de piedra. El que se considera ser un altar dedicado a una temida deidad del panteón azteca, y personaje reconocible en la cultura mexicana contemporánea, fue parcialmente desenterrado, seis años después de haber comenzado el trabajo arqueológico en un predio contiguo al templo. Un nuevo monolito de aspecto asombroso ha salido a la luz en esta sección arqueológica histórica y famosa.

Sobre el concreto de muchas calles del Centro Histórico de México, los transeúntes caminan rodeados por viejos edificios que representan, no la capital azteca, sino la colonia española. Implícitamente, los peatones se dan cuenta de que algunos metros debajo, y bajo los símbolos de la conquista, las ruinas de una ciudad antigua y devastada permanecen cubiertas por siglos de oscuridad, anonimato, y enigma. En el más profundo secreto, los vestigios de un imperio que alguna vez dominara la mayor parte de Mesoamérica representan una ciudad subterránea, pero no olvidada. Para los mexicanos o cualquiera que camina por las estrechas calles del centro de esta poblada metrópolis, estar consciente de esta dualidad – una ciudad sobre la superficie, y una ciudad debajo – es una experiencia increíble.

En la búsqueda de un imperio enterrado, el incesante trabajo de los arqueólogos en el epicentro de lo que fue el núcleo ceremonial azteca, continua desenterrando admiración y asombro. Debajo del centro de la Ciudad de México, las ruinas de la majestuosa Tenochtitlan, respiran en un anonimato oscuro, demandando la luz del día y el reconocimiento. La historia nunca muere; sólo aguarda el momento propicio en el tiempo. Y el tiempo para un nuevo descubrimiento ha llegado.

El preámbulo para este nuevo y trascendental descubrimiento ocurrió en el año 2000, cuando un conjunto único de ofrendas para Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad en la creencia azteca, fueron encontrados al pie de una escalinata del templo, en un lote en donde una importante propiedad alguna vez estuvo de pie. Conocida como “La Casa de las Ajaracas,” el inmueble estaba situado justo enfrente del templo, y había sido construido durante el periodo de la Colonia española en el mismo lugar donde dos importantes calzadas llevaban a los aztecas a las ciudades de Tlacopan (más tarde llamada Tacuba) e Iztapalapa.

El predio de las Ajaracas fue originalmente un solar, el cual fue divido después. La casa tuvo varios dueños, y a comienzos del Siglo XX, esta estuvo habitada por Guillermo de Heredia, un reconocido arquitecto. La propiedad fue declarada monumento histórico y remodelada entre 1931 y 1932, pero en 1985, un fuerte terremoto en la Ciudad de México la dañó tanto, que las autoridades la declararon inhabitable y fue demolida en 1993.*

Antes del excepcional descubrimiento del 2000, el gobierno de la ciudad tenía ambiciosos planes de construir un complejo de oficinas para el Jefe de Gobierno de la Ciudad en ese lote, localizado en el número 38 de la Calle República de Guatemala en el centro de la Ciudad de México. El proyecto se canceló cuando se encontraron ahí siete ofrendas. Una de estas ofrendas, un grupo de objetos clasificado por arqueólogos como “Ofrenda 2,” resultó ser una colección única de bolsas hechas de papel amate, un tocado hecho de papel y madera, figuras de copal, una prenda en forma de chaleco, una manta (quizás sacerdotal) y otra telas, entre otros.

Seis años después, en la primavera de 2006, mientras se llevaban a cabo trabajos de remodelación en la propiedad de “La Casa de las Ajaracas,” se hicieron más descubrimientos. Esta vez, arqueólogos revelaron, entre lo más sobresaliente, dos cabezas de serpientes labradas sobre una pared. El descubrimiento fue determinado ser parte del frente de la plataforma número seis de la sección norponiente del Templo Mayor.

Después, en la primera semana de octubre, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH,) anunció que en el área aledaña a Las Ajaracas, los arqueólogos habían hecho el descubrimiento más importante en los últimos 28 años. Un impresionante altar mexica, único en su tipo, representando a Tláloc y a otra deidad** relacionada tal vez al rito de la agricultura, había sido encontrado después de haber removido una plataforma. En comparación con otros altares encontrados, el recién descubierto fue descrito como excepcional, en virtud de sus características: dos frisos adosados (esto es, dos elementos decorativos adyacentes el uno del otro).  → Continúa en la Página 2


El plantón de Andrés Manuel López Obrador: “El Pejelagarto” por su boca muere

0
Andrés Manuel López Obrador se dirige a una gran multitud de seguidores desde una tribuna en el Zócalo de la Ciudad de México tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006
Andrés Manuel López Obrador se dirige a una gran multitud de seguidores desde una tribuna en el Zócalo de la Ciudad de México tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2006

(Ciudad de México) — El costo de la resistencia civil que encabeza Andrés Manuel López Obrador es de aproximadamente 250 millones de pesos diarios, según informó la Cámara Nacional de Comercio de México.

El sector más afectado con el plantón, situado desde el Periférico, pasando por avenida Paseo de la Reforma y por Avenida Juárez, hasta llegar al Zócalo capitalino, es el turístico, puesto que en esta zona es donde se hospedan la mayoría de los visitantes extranjeros que recibe la Ciudad de México.

Durante todos los discursos desde su cierre de campaña, López Obrador ha declarado que este es un momento histórico para el país, y que él no es un político tradicional, sino que él si quiere velar por los intereses del pueblo.

Si analizamos las actitudes de López Obrador, nos daremos cuenta de que en realidad no es un político cualquiera, sino que en verdad es un delincuente de cuello blanco, a quien desde los inicios de su trayectoria política nadie le ha puesto un alto.

No se puede negar que López Obrador es una persona inteligente. Sabe manejar perfectamente a los medios de comunicación, de tal manera que escogió Paseo de la Reforma como el punto principal para establecer su plantón. ¿Qué mejor lugar que la avenida más reconocida de la ciudad de México para continuar con la resistencia civil?

El “Peje” sabía de antemano que apenas se situara la primera casa de campaña en dicha la Avenida Reforma, la imagen ya le estaría dando la vuelta al mundo, poniendo los reflectores en la Ciudad de México al pendiente de sus reclamos, y de su lucha encarnizada por el poder.

Esta lucha que encabeza López Obrador ya cobró sus primeras víctimas. Hay gente que ha tenido que ser despedida de su trabajo a causa de los manifestantes que tienen raptado el corredor turístico, en el que López Obrador invirtió más dinero durante su administración como regente del Distrito Federal para remodelarlo.

Otra muestra más de que el “Peje” está enfermo de poder, es evidente a diario en sus declaraciones sobre los gastos de campaña de los otros partidos, y sobre la demagogia que utilizan sus detractores.

Se puede estar acuerdo que los gastos de campaña de los partidos rebasaron el tope impuesto por el Instituto Federal Electoral, pero en esa falta también incurrió la –mal llamada– “Coalición Por El Bien De Todos”, puesto que antes de las elecciones López Obrador encabezaba la lista de candidatos con más gastos en medios públicos, sin mencionar el spot que realizó en cadena nacional.

Asimismo, el candidato del partido del sol azteca, debe reconocer que para realizar todas las marchas en su favor, ha tenido que recurrir a prácticas añejas que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) utilizaba cuando ostentaba el poder, es decir “la cargada”. Esta costumbre consiste en gente que va a las manifestaciones porque les regalan una torta y un refresco. La innovación del “Peje” es que ahora les reparten tortillas y arroz a quienes participan en el plantón.

También se ha recurrido a otras prácticas como el pasar lista en las marchas para saber quiénes asistieron. Cabe destacar que quienes se encuentran en esa lista son los integrantes de las llamadas “redes bejaranistas”, mismas que Rene Bejarano, ex operador político de López Obrador, puso en práctica en las elecciones del año 2000, para que el candidato amarillo se alzara con la victoria en el Gobierno del Distrito Federal.

Ahora habría que preguntarle a López Obrador de dónde proviene el dinero que se utiliza para mantener la resistencia civil y todo lo que ésta implica, puesto que es impensable que le haya sobrado dinero después de su campaña proselitista.

Desde que se iniciaron las campañas, López Obrador se rodeó de ex-prisitas. Tal es el caso de Manuel Camacho Solís, quien ahora defiende a muerte la idea del “voto por voto, casilla por casilla”, cuando en el fraude electoral de 1988, él fue el encargado de quemar boletas electorales y así evitar que Cuauhtémoc Cárdenas se proclamara como el presidente de México.

Antes de que se “endurecieran” las acciones de la resistencia civil, el “Peje” declaró que José Woldenberg, ex presidente consejero del Instituto Federal Electoral, había mantenido una actitud relevante en los procesos electorales. Hace unos días, el mismo Woldenberg envió una carta firmada por él y por varios intelectuales en la que se desechaba la idea del fraude electoral, a lo que el candidato de la coalición respondió que era sólo un mensajero, y que “utilizaban el guión del partido de antes”.

Entre los participantes del plantón, podemos encontrar a delincuentes, como lo son los miembros de la banda de los “Panchitos de Tacubaya” quienes se dedican a asaltar, secuestrar y golpear gente; al Frente Popular Francisco Villa, que no hay marcha en la que no se presente; a la Asamblea de Barrios, compuesta de porros; y, demás gente que sólo reconoce su ley como su forma de vida.

López Obrador y su equipo están tan poco informados, que tomaron las instalaciones de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) con la finalidad de impedir el acceso a las personas que ahí laboran. Con esto trataron de evitar las operaciones del día, sin saber que la BMV cuenta con un centro espejo en Pachuca, Hidalgo, desde donde se realizaron las operaciones.

El tabasqueño ha declarado que “ya basta de discursos hipócritas”. Sin embargo, parece que el candidato no se ha escuchado a sí mismo, puesto que el elemento primordial en sus discursos es la demagogia, que si bien no es lo mismo que la hipocresía, si lo es pensar que la sociedad es tonta y que se traga todo lo que un supuesto líder dice.

Cuánta soberbia, cuánta demagogia, cuánto despilfarro por parte del “Peje.” López Obrador tiene razón: él no es un político tradicional; es un enfermo de poder que no sabe perder, y a quien durante su carrera política nadie le ha puesto un alto.

Ahora hay que esperar que “por el bien de todos” alguien le diga ¡hasta aquí!, y que no se permita que su lucha continúe como hasta ahora. De ser así, nos espera un escenario peor que el de San Salvador Atenco. Probablemente, con machete en mano, López Obrador reclamaría su lugar en Los Pinos, y el gobierno federal y las instituciones cederían, ya que prefieren que se les califique de blandos que como represores, aunque el estado de derecho y la democracia se internen en terapia intensiva.

Ciudad de México, el vuelo del águila

0
Uno de los símbolos más conocidos de la antiguos mexicas es la llamada piedra del sol. El también llamado calendario azteca está en exhibición en el Museo de Antropología e Historia en la ciudad de México. Foto/ilustración: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2016
Uno de los símbolos más conocidos de la antiguos mexicas es la llamada piedra del sol. El también llamado calendario azteca está en exhibición en el Museo de Antropología e Historia en la ciudad de México. Foto/ilustración: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2016

(Ciudad de México) — El pasado y el presente chocan enfrente de los admirados ojos del espectador parado entre las ruinas del Templo Mayor y la Catedral Metropolitana en la Ciudad de México. Dos culturas, dos creencias espirituales, y dos símbolos contiguos uno del otro, no sólo físicamente, pero en idiosincrásica coexistencia que mezcla dos lenguas, dos luchas, y dos pueblos en una sola identidad. Una identidad ambigua engendrada por un continente y concebido por otro, una dramática y fiera fusión que dio luz a una gran nación.

Esta es la tierra de los mexicas o aztecas: Tenotchitlan, el territorio al que su dios Huitzilipochtli lo llevó, la mítica región donde esperaban ver un águila sobre un nopal devorando a una serpiente, la señal indubitable para poseer la tierra. Hoy, aún en ruinas, los mexicas o aztecas son majestuosos, imponentes, espantosos. Lo que queda de su grandeza alude a la sensación de estremecimiento que sus prisioneros de guerra experimentaban en sus últimos momentos de vida, antes que el cuchillo de obsidiana llegara a sus corazones latientes para cumplir su fin expiatorio.

La historia está viva. La historia respira. La historia es una herida abierta. El centro de la Ciudad de México se rehusa a dejar atrás su pasado. Al hacerlo, nos recuerda a través de la fría roca de las antiguas estructuras el triunfo y la tragedia que construyó un imperio. “No te atrevas a perdonar,” grita la fiera serpiente de piedra; “no te atrevas a olvidar,” suspira el temible y colorido Chacmool, reclinado en su postura sempiterna. Los remanentes de un reino esplendoroso tienen una voz, una consciencia, un destino eterno que jura no dejarnos perdonar ni olvidar.

Nuevas generaciones caminan por las ruinas conscientes y reverentes, inconscientes e irreverentes, admiradas o indiferentes. Pero el pueblo, el pueblo mexicano, los hijos e hijas de los aztecas, son todavía un pueblo orgulloso que desprecia a los conquistadores españoles, y admira su gloria pasada. Para conocer su historia, sólo tienen que caminar sobre ella. Las ruinas son su libro de texto de historia, abierto de par en par para que todos lo lean y lo respiren.

Sin miedo de pararse sobre las largas espinas del nopal, esta cohorte de nuevos mexicanos es el águila contemporánea que siempre devorará a la serpiente. Buscando encontrar nuevas alturas, los mexicanos del nuevo milenio vuelan con alas extendidas.

Ayer es hoy en la Ciudad de México. El eco de tiempos prehispánicos reverbera en los danzantes aztecas del tiempo presente. Con sus esplendorosos penachos, hacen a los tiempos antiguos frescos como el rocío. Sus rítmicos movimientos, el sonido de sus cascabeles y sus tambores, y su apariencia física te trasladan al pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Los vendedores ambulantes están ahí como estuvieron ayer; sus voces rebotando en los viejos muros atraen a posibles compradores. El curandero, en medio del humo del incienso ardiendo, invoca a dioses antiguos, a pesar de siglos de catolicismo. Mucho a cambiado; mucho permanece igual. Hoy es ayer en la Ciudad de México.

La ciudad de los aztecas ya no es una isla ni esta rodeada de un lago. Hoy, la Ciudad de México es una megalópolis de 18 millones de habitantes, una de las más grandes del mundo.

Aún así, esta ciudad está apasionada de su maravillosa historia, una pasión reflejada en el cuidado meticuloso que la gente ha dedicado a rescatar su pasado. Caminando por las calles del centro, no es necesario un túnel del tiempo para viajar al pasado; el pasado está ahí, ante tus propios ojos, tan real que es parte del presente, y será parte del futuro.

Así, la Ciudad de México ha llegado a ser una metrópolis tridimensional en donde el pasado, el presente y el futuro son uno, y en donde las capas de historia son tan visibles como el periódico de hoy.

“El Peje” sí es como lo pintan – Andrés Manuel López Obrador

0
Andrés Manuel López Obrador habla con los medios de comunicación tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Guillermo González | Barriozona Magazine © 2006
Andrés Manuel López Obrador habla con los medios de comunicación tras la elección presidencial del dos de julio de 2006. Foto: Guillermo González | Barriozona Magazine © 2006

(Ciudad de México) — Después de unas campañas proselitistas que capturaron la atención de los electores debido a los constantes ataques entre los candidatos presidenciales a la presidencia de México, y por la falta de propuestas, el Instituto Federal Electoral (IFE) declaró ganador de la contienda a Felipe Calderón Hinojosa del Partido Acción Nacional (PAN).

Durante la campaña del candidato panista se trató de “dibujar” a su rival de Partido Democrático de la Revolución (PRD), Andrés Manuel López Obrador, como una persona que reacciona de mala manera ante los problemas que se le presentan, que es impulsivo, visceral, que no sabe aceptar sus errores cuando los comete y, peor aún, que no le gusta que critiquen su manera de actuar.

Parece que López Obrador se ha dado a la tarea de corregir y aumentar la imagen que se creó de él ante el electorado, puesto que días antes de que el IFE declarara a Calderón como el ganador de la contienda presidencial, el tabasqueño ya empezaba a dar muestras de su impulsividad al afirmar que había ganado la elección.

López Obrador subrayó el dos de julio que, de acuerdo con datos con los que contaba, él estaba a la cabeza por un margen no menor a los 500 mil votos. Dicha información fue rechazada por el IFE, dado que el este daba como virtual ganador a Calderón luego de realizar el conteo rápido de los votos.

Ante la mínima diferencia entre Calderón y López Obrador, Luís Carlos Ugalde, consejero presidente del IFE, afirmó que era necesario se computaran todas las casillas para poder dar a conocer al próximo presidente de la República.

Días después, y con el 100% de las casillas computadas, el IFE reconoció como ganador a Calderón con un margen de ventaja menor al punto porcentual lo que desencadenó la impulsividad del Obrador.

López Obrador inició con la impugnación de casillas luego de conocer el resultado del IFE, comenzó a realizar marchas, y en lugar de llamar a la reconciliación nacional, pidió que se llevara a cabo el conteo “voto por voto y casilla por casilla” para tratar de desmentir al Instituto Federal Electoral.

Aunado a estos actos, el originario de Macuzpana, Tabasco, presentó un video en el que supuestamente se comete fraude electoral. El video muestra a un individuo introduciendo varias boletas en una urna que, según López Obrador, era la urna de las boletas presidenciales.

Esto no significó otra cosa más que un acto desesperado de López Obrador, toda vez que en primer lugar el reacomodo de boletas está permitido por la ley, en segundo, este hecho fue realizado con la aprobación del observador del PRD en dicha casilla y en tercero, y más importante, se trataba de la urna para candidatos a diputados federales.

El proceso electoral continúa y el Tribunal Federal Electoral (TRIFE) ahora se encarga de revisar las impugnaciones que se presentaron por parte de los partidos políticos y de certificar la elección.

Los actos que está realizando “el Peje” –como se le apoda a López Obrador, hacen pensar que lo que busca es tratar de una forma u otra que se anulen los comicios presidenciales y con ello obtener ganancias de lo perdido.

López Obrador no está tomando en cuenta el hecho que la sociedad mexicana está sumergida en medio de su lucha por el poder, y que lo único que está logrando es dividir a la sociedad entre pobres y ricos lo cual no beneficiará a nadie.

Asimismo, “el Peje” le apuesta a anular la elección con la finalidad de que la gente ya no acuda en la misma medida a las urnas y le favorezca el voto de los que creen que se cometió fraude electoral.

Un país como México, lo menos que necesitaba en vías de fortalecer su endeble democracia era que un candidato le apostara por saltarse a las instituciones, y de esta manera poner en duda la autonomía de estas y de paso las resoluciones que se dan en dichos organismos.

La democracia del país pende de un hilo ante un sistema que no logra llenar las lagunas de una legislación añeja, y ante la falta de propuestas para lograr reformas necesarias por el bien de la ciudadanía.

Es necesario que se regule de mejor forma todo el proceso electoral, desde la elección de candidatos por parte de los partidos políticos, pasando por la manera de hacer campañas proselitistas y terminando con la jornada electoral.

Tal parece que después de estos comicios será necesario pensar seriamente en un proceso electoral que contemple la segunda vuelta, puesto que quien resulte ganador de estas elecciones sólo representará a una tercera parte de la población lo cual hace más difícil llevar a cabo una buena administración.

Mantente Conectado

680FansMe gusta
174SeguidoresSeguir
1,106SuscriptoresSuscribirte