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Coyolxauhqui, a 40 años de su descubrimiento (1978-2018)

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Miles de visitantes acuden cada año a la zona arqueológica y el museo del Templo Mayor, en donde pueden aprender sobre la historia del hallazgo de la piedra de Coyolxauhqui. El monolito se encuentra en exhibición en una de las salas del museo. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2018
Miles de visitantes acuden cada año a la zona arqueológica y el museo del Templo Mayor, en donde pueden aprender sobre la historia del hallazgo de la piedra de Coyolxauhqui. El monolito se encuentra en exhibición en una de las salas del museo. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2018

(México) — En 1978, una misteriosa piedra circular labrada fue hallada bajo un viejo edificio en el centro de la Ciudad de México. El descubrimiento en donde siglos atrás se levantaba la antigua Tenochtitlan se convertiría en pocas semanas en un detonante para la arqueología mexicana, abriendo el camino para la creación de uno de los proyectos de excavación más importantes y prolongados del mundo.

El encuentro del monolito de Coyolxauhqui –la deidad mexica de la luna– logró revelar a los arqueólogos mexicanos la ubicación exacta en donde 450 años atrás se encontraba el más importante edificio ceremonial de los aztecas, el Huey Teocalli, o Templo Mayor.

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El encuentro de dicha representación de Coyolxauhqui conmocionó a la sociedad mexicana, que de pronto se enfrentaba a la posibilidad de reencontrarse con su pasado, enterrado en el subsuelo del entonces llamado Distrito Federal.

La sociedad mexicana se maravilló de tan insólito hallazgo en una ciudad en donde no obstante que los descubrimientos arqueológicos son frecuentes, no dejan de ser noticia y de captar el interés del público.

El encuentro de Coyolxauhqui vino a crear una reacción en cadena que comenzó con la creación del Proyecto Templo Mayor, cuya empresa fue desenterrar las ruinas del Huey Teocalli, pero que durante los próximos cuatro décadas.

Esta edición especial en español de Barriozona narra la historia del hallazgo arqueológico de 1978 en la Ciudad de México que condujo a la excavación de las ruinas del Gran Templo de los Aztecas. Incluye una entrevista con el arqueólogo que dirigió las excavaciones. Con información sobre los hallazgos arqueológicos más recientes. Ilustrada con 20 fotografías.
Edición especial – Portada

Al cumplirse 40 años del encuentro de esta gran piedra, Barriozona Magazine preparó una edición especial que rememora este insólito hallazgo ocurrido la madrugada del 21 de febrero de 1978.

Esta edición especial ilustrada a todo color aporta información sobre la larga búsqueda para encontrar las ruinas del mítico templo, algunos de los descubrimientos arqueológicos más recientes en el recinto ceremonial de los mexicas, una entrevista con el destacado arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma –quien lideró la excavación sistemática de las ruinas del templo–, así como otro interesante contenido disponible únicamente en esta edición impresa, y que estará a la venta en librerías de internet de todo el mundo a partir de este 21 de febrero. Se puede adquirir en línea en Amazon EE.UU., en Amazon México y en librerias de internet de todo el mundo.


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ADN revela qué mató a millones de nativos en México tras la conquista española

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Una descripción de Teposcolula-Yucundaa muestra su ubicación en la región Mixteca Alta de Oaxaca, México (A), y su área administrativa central (B), donde se llevaron a cabo las excavaciones; (C) muestra un dibujo de los huesos de un individuo número 35, del cual se aisló un genoma de Salmonela entérica. Ilustración: Max Planck Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana
Una descripción de Teposcolula-Yucundaa muestra su ubicación en la región Mixteca Alta de Oaxaca, México (A), y su área administrativa central (B), donde se llevaron a cabo las excavaciones; (C) muestra un dibujo de los huesos de un individuo número 35, del cual se aisló un genoma de Salmonela entérica. Ilustración: Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana

Un grupo internacional de científicos cree haber determinado la causa de la muerte de hasta 15 millones de personas durante una epidemia que azotó México hace casi 500 años, contribuyendo a la destrucción del imperio mexica o azteca.

Las poblaciones indígenas de las Américas experimentaron altas tasas de mortalidad durante el período de contacto temprano como resultado de enfermedades infecciosas, muchas de las cuales fueron introducidas por los europeos.

La mayoría de los agentes patógenos que causaron estos brotes a gran escala y que se extendieron por el Nuevo Mundo durante el siglo XVI han permanecido desconocidos hasta nuestros días, ya que sólo se cuenta con descripciones escritas de síntomas en los relatos históricos de la época.

Valiéndose de una nueva herramienta de análisis meta-genómico llamado MALT, que se emplea para buscar rastros de ADN de patógeno antiguo, los científicos pudieron identificar Salmonella entérica en individuos enterrados en un cementerio epidémico de la era de contacto temprano en Teposcolula-Yucundaa, Oaxaca en el sur de México.

En base a la evidencia histórica y arqueológica, este cementerio está vinculado a la epidemia del periodo entre 1545 y 1550, que afectó a gran parte de México. Localmente, esta epidemia fue conocida como ‘cocoliztli‘, cuya causa patogénica se ha debatido durante más de un siglo.

A fin de identificar científicamente la posible causa de esa epidemia de la época colonial en México, investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, la Universidad de Harvard y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, así como científicos de la Universidad Tübingen, utilizaron ADN antiguo y un nuevo programa de procesamiento de datos de una epidemia de la época colonial en México.

“Dado el contexto histórico y arqueológico de Teposcolula-Yucundaa, este nos proporcionó una oportunidad única para abordar la cuestión relativa a las causas microbianas desconocidas responsables de esta epidemia”, explica Åshild J. Vågene del MPI-SHH, coautora de el estudio.

Las pruebas de ADN revelaron que la segunda de dos epidemias a la que los nativos llamaron cocolitzli, la palabra en náhuatl para pestilencia, no era sarampión, paperas o influenza como se sospechaba, sino una salmonella entérica, que causa fiebre entérica o tifoidea.

El estudio, publicado en la revista Naturaleza, Ecología y Evolución (Nature Ecology and Evolution), señala que los científicos utilizaron nuevos métodos en la investigación del ADN antiguo para identificar la Salmonella entérica Paratyphi C, un patógeno que causa fiebre entérica, en esqueletos de víctimas de la epidemia cocoliztli ocurrida entre 1545 y 1550 en México.

Los científicos analizaron ADN antiguo extraído de 29 esqueletos excavados en el sitio, y utilizaron un nuevo programa computacional para caracterizar el antiguo ADN bacteriano.

Esta técnica les permitió buscar todo el ADN bacteriano presente en sus muestras, sin tener que especificar un objetivo particular de antemano. Este método de detección reveló evidencia prometedora de rastros de ADN de Salmonela entérica en 10 de sus muestras. Posteriormente a este hallazgo inicial, se aplicó un método de enriquecimiento de ADN diseñado específicamente para este estudio.

Con esto, los científicos pudieron reconstruir genomas completos de Salmonela entérica, y se encontró que 10 de los individuos contenían una subespecie de Salmonela entérica que causa la fiebre entérica.

Esta es la primera vez que los científicos recuperan evidencia molecular de una infección microbiana de esta bacteria utilizando material antiguo del Nuevo Mundo. La fiebre entérica, de la cual la fiebre tifoidea es la variedad más conocida hoy en día, causa fiebre alta, deshidratación y complicaciones gastrointestinales.

Hoy en día, la enfermedad se considera una importante amenaza para la salud en todo el mundo, ya que ha causado aproximadamente 27 millones de enfermedades solo en el año 2000. Sin embargo, se sabe poco sobre su gravedad o prevalencia mundial en el pasado.

Descubren entierro múltiple de primeros pobladores de la Cuenca de México

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Un cráneo y otros restos óseos son parte de una decena de osamentas encontradas en una zona arqueológica en el sur de la Ciudad de México. Foto: Mauricio Marat | INAH
Un cráneo y otros restos óseos son parte de una decena de osamentas encontradas en una zona arqueológica en el sur de la Ciudad de México. Foto: Mauricio Marat | INAH

(México) — Remanentes de lo que se interpreta como uno de los primeros asentamientos humanos en un área de la llamada Cuenca de México están saliendo a la luz mediante el trabajo de arqueólogas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La Cuenca de México es el nombre dado a la reunión de cuatro valles en la parte central del país, que incluye Estado de México, Ciudad de México, Hidalgo y Tlaxcala, así como una pequeña zona en el estado de Puebla.

La zona donde se llevan a cabo trabajos de salvamento arqueológico se ubica en Tlalpan al sur de la Ciudad de México, en terrenos de la Universidad Pontificia de México (UPM), una universidad católica. Tlalpan es una de las 16 delegaciones de la ciudad.

La zona arqueológica, que se ubica cerca del Estadio Azteca y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, constituye según los expertos en la materia uno de los primeros asentamientos humanos al sur de la actual Ciudad de México.

Peculiar descubrimiento
Como el hallazgo “más peculiar” hasta este momento en dicho sitio, el INAH está describiendo un grupo de osamentas humanas que fueron encontradas, ya que estas están en una forma de espiral o entrelazadas. Se estima que la antigüedad de los restos óseos es de dos mil 400 años.

Se cree que esta aldea temprana floreció gracias los recursos naturales que se derivaban de su cercanía con la ribera del Lago de Xochimilco, el cual suministraba agua dulce, árboles cuya madera era usada para la construcción, y una tierra idónea para cultivar.

El hallazgo de los huesos humanos revela, con base a su posición, que los cuerpos fueron dispuestos al momento de enterrarlos de una manera ritual, ya que fueron “enlazados” de tal manera que los brazos de un individuo fueron colocados en la parte baja de la espalda de otro.

El INAH informa que hasta el momento se han identificado 10 esqueletos, dos mujeres y un hombre, mientras se determina el sexo de los restantes. La mayoría son restos de adultos jóvenes, un adulto, un menor que tenía de entre tres y cinco años de edad al momento de morir, y los restos óseos de un niño de meses de edad.

Las arqueólogas del INAH Jimena Rivera Escamilla y Martha García Orihuela fueron quienes descubrieron este entierro múltiple en una fosa con dos metros de diámetro.

El hallazgo arroja información importante para los estudios sobre los periodos Preclásico o Formativo en la Cuenca de México.


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2018 marcará 50 años del movimiento estudiantil y masacre de 1968 en México

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Un monumento erigido en 1993 en la Plaza de las Tres Culturas recuerda a las víctimas de la masacre de Tlatelolco en el lugar donde ocurrió el 2 de octubre de 1968. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2007
Un monumento erigido en 1993 en la Plaza de las Tres Culturas recuerda a las víctimas de la masacre de Tlatelolco en el lugar donde ocurrió el 2 de octubre de 1968. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2007

Este año se cumplirán 50 años de uno de los incidentes más espantosos y trágicos en la historia moderna de América Latina, el cual ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Ciudad de México.

Aquella funesta noche cientos de mexicanos civiles y desarmados, la mayoría estudiantes, fueron atacados por grupos especiales del gobierno y fuerzas del ejército mexicano, resultando en un terrible baño de sangre. Medio siglo después, esta masacre todavía permanece presente en las nuevas generaciones de mexicanos.

Durante los meses anteriores a este ataque a la población civil perpetrado por el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, los estudiantes habían salido a protestar a las calles para llamar la atención del mundo sobre los actos represivos del gobierno contra ellos.

Los manifestantes exigían autonomía para las universidades, el despido del jefe de policía y la liberación de los presos políticos, entre otras demandas expresadas en un pliego petitorio.

En un esfuerzo por detener las protestas, Díaz Ordaz ordenó la ocupación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el centro de estudios más grande del país, ubicado al sur la Ciudad de México. Los manifestantes estudiantiles vieron los Juegos Olímpicos de verano de 1968, que se celebrarían ahí en el mes de octubre, como el escenario ideal para presentar sus demandas ante audiencia mundial.

Una manifestación de estudiantes durante una protesta el 13 de agosto de 1968. Foto: Marcel·lí Perelló | Dominio Público

Tras una serie de protestas multitudinarias y enfrentamientos durante los meses de julio, agosto y septiembre, el miércoles 2 de octubre miles de estudiantes marcharon por la capital y al anochecer, unos cinco mil manifestantes se congregaron en La Plaza de Las Tres Culturas, en Tlatelolco, para lo que se esperaba fuera otra manifestación pacífica.

Sin embargo, vehículos blindados y tanques del ejército rápidamente rodearon la plaza, y un grupo encubierto del gobierno comenzó a disparar contra la multitud. Las cifras de muertos varían desde la oficial de cuatro muertos y 20 heridos hasta miles, aunque la mayoría de los historiadores calculan el número de víctimas entre 200 y 300.

Algunos de los manifestantes lograron escapar, mientras que otros se refugiaron en casas y departamentos de los edificios contiguos a la plaza. Una búsqueda puerta por puerta por parte de las autoridades produjo el arresto de algunos de los manifestantes. No todas las víctimas de la masacre de Tlatelolco fueron manifestantes; muchos simplemente estaban pasando por el lugar y les tocó estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

El gobierno mexicano inmediatamente afirmó que las fuerzas de seguridad secretas habían sido atacadas a tiros primero, y que sólo habían disparado en defensa propia. Si las fuerzas de seguridad dispararon primero o si los manifestantes incitaron a la violencia, es una interrogante que cinco décadas más tarde aún no obtiene respuesta precisa.

Cambios posteriores en el gobierno han permitido un mayor escrutinio a los hechos que rodearon aquella brutal masacre. El entonces secretario de Gobernación, Luís Echeverría Álvarez, fue acusado de genocidio en 2006 en relación con el incidente, pero el caso fue después desechado.

Echeverría, quien como secretario de Gobernación en el momento de la masacre estaba a cargo de la policía y la seguridad interna, responsabilizó de la masacre a Díaz Ordaz.

En 1998, Echeverría afirmó que la única persona que podría haber ordenado que las fuerzas del gobierno disparen contra los manifestantes era Díaz Ordaz, quien murió en 1979.

Cincuenta años después, el movimiento estudiantil de 1968, así como la masacre de Tlatelolco, siguen siendo un tema fuerte en la vida y la política mexicanas, no sólo para quienes vivieron ese tiempo, sino para las actuales generaciones, que desde aquella fatídica noche se propusieron recordarla con la frase “2 de octubre no se olvida”.


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El libro impreso pelea una buena batalla en la Ciudad de México

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Asistentes a la Feria del Libro Para Leer en Libertad en la Ciudad de México buscan entre un montón de libros de venta. La feria se llevó a cabo del 8 al 17 de diciembre de 2017. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2017
Asistentes a la Feria del Libro Para Leer en Libertad en la Ciudad de México buscan entre un montón de libros de venta. La feria se llevó a cabo del 8 al 17 de diciembre de 2017. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2017

(Ciudad de México) — El libro impreso se abre paso en la era de los dispositivos digitales móviles. Los organizadores de una feria del libro en la Ciudad de México buscan atraer nuevos lectores para este fin con una fórmula que dicen estimula el interés de la gente en la lectura: bajos costos, fácil acceso y debates literarios públicos.

El escenario de este evento se extiende entre el viejo parque de la Alameda Central y el emblemático Palacio de Bellas Artes. Cerca de la esquina sur junto a la Avenida Juárez, una imponente estatua de Francisco I. Madero se alza sobre el hormigueo incesante de posibles lectores que responden al llamado de los libros.

Bajo las carpas blancas un enjambre de personas se arremolina en torno a una no menos numerosa cantidad de libros a la venta. El fondo musical de la feria es el bullicio humano con hambre y sed de palabras impresas. La mayoría son jóvenes, hijos de la tecnología digital y cuyo cordón umbilical está vitalmente unido al internet. No importa que en sus manos sus teléfonos inteligentes dominen por momentos su atención, el acervo de libros impresos rivaliza el interés de estos escuadrones de lectores que avanzan al ataque.

La Feria del Libro Para Leer en Libertad, efectuada a mediados de diciembre, consistió de aproximadamente un centenar de módulos y unas 400 editoriales, según sus organizadores. Todos al aire libre bajo el cielo de una ciudad sobrepoblada y agitada pero fascinante. Basta imaginar un tianguis en el que cada puesto desplazó a las frutas, verduras, carne, chácharas y productos de piratería con libros, libros y más libros.

La feria intenta cerrar una brecha posicionándose como una opción económica frente a los altos precios de los libros que se venden en las librerías establecidas. Se sabe que en sus bodegas se apilan cajas y cajas con libros que no se venden debido a sus altos precios, prohibitivos al presupuesto de muchos lectores potenciales.

La librería Barco de Papel ofreció todos sus libros por $50 pesos.

Libros en la calle
El concepto de ferias del libro populares en la Ciudad de México no es nuevo. Por más de 20 años, la Feria Metropolitana del Libro impuso la práctica de llevar los libros a los lectores, opuesto al modelo tradicional y pasivo de esperar que los lectores los buscaran en las librerías. Así, el libro fue lanzado a competir con la misma estrategia comercial de los puestos de tacos callejeros.

Desde 1972, esta feria se instaló durante una semana cada verano a lo largo de un andador subterráneo del Sistema de Transporte Colectivo, mejor conocido como Metro, entre las estaciones Zócalo y Pino Suárez. Las miles de personas que transitaban todos los días por ese espacio de un kilómetro de longitud mientras la feria estaba instalada no podían eludir la literatura que veían a su paso. El modelo se popularizó.

Entre los libros populares publicados ese año se encontraban La panza es primero y Marx para principiantes, ambos del caricaturista mexicano Eduardo del Río, Rius.

Tras dos décadas de ferias anuales, los libros echaron raíces más profundas en aquel túnel peatonal. En la actualidad ese mismo espacio público congrega de manera permanente a más de 40 editoriales bajo el nombre de Un paseo por los libros, transformando aquel popular andador subterráneo en lo que algunos afirman es “la librería más grande del mundo”.

Una pequeña biblioteca, cafeterías y un auditorio, así como diversas actividades terminan de hacer de este tramo un pasadizo cultural de innumerables posibilidades.

Según datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, durante las casi dos décadas desde su establecimiento, esta feria del libro permanente ha tenido aproximadamente nueve millones de clientes, mientras se estima que más de seis mil personas caminan por este andador todos los días.

Brigada Para Leer en Libertad
La Feria del Libro Para Leer en Libertad es creación de un grupo de mentes literarias inquietas agrupadas bajo el nombre de guerra de Brigada Para Leer en Libertad, una asociación civil que desde 2010 esgrime esta propuesta cultural a fin de fomentar la lectura, aumentar el conocimiento de la historia de México, así como montar eventos y debates literarios callejeros.

El ADN de la brigada lo constituye un grupo diverso de intelectuales, promotores de la lectura, historiadores y escritores, entre quienes sobresale Paloma Saiz y Paco Ignacio Taibo II, un prolífico escritor de izquierda cuyo quehacer literario y activismo se fusionan con frecuencia.

La Feria del Libro Para Leer en Libertad es una efectiva puesta en escena en donde el personaje principal es el libro y la literatura es la dramaturgia para promover la lectura entre las masas. Su ubicación en las calles del centro de la ciudad en un punto estratégico de encuentro para miles de personas es clave para su creciente popularidad.

Un video grabado durante la inauguración de esta feria muestra a Taibo hablando entusiasmado sobre el bajo costo de muchos de los libros que se ofrecían en la feria, que tuvo lugar del 8 al 17 de diciembre. El escritor español-mexicano de 68 años de edad revela la clave para estimular el interés de la gente en este tipo de ferias: romper el bloqueo del precio, poner los libros en la calle, y abrir debates literarios.

Una de las características que sobresale de esta feria es que se permite la venta de libros usados y viejos, algo que resulta atractivo para muchos asistentes.

¿Y los precios?
A pesar de que un gran número de libros se ofrecían en la feria a precios muy bajos, no todos los libros estaban a precio de descuento, incluyendo títulos del mismo Taibo a la venta en el puesto de la editorial Grupo Planeta. Un popular título del escritor, Pancho Villa, una biografía narrativa (edición octubre de 2017), se estuvo vendiendo al precio regular de $288 pesos (unos $15.00 dólares estadounidenses*).

Barriozona Magazine comparó el precio de este libro en las Librerías Gandhi, en donde se vendía a $253.00 pesos ($13.00 dólares* aproximadamente), $35 pesos más barato que en la feria.

Al inquirir sobre esto a la Brigada vía internet, un representante respondió lo siguiente: “En el stand de la brigada [el libro de Pancho Villa] costaba 210 pesos [$11.00 dólares]; nosotros no tenemos control de las ofertas de los compañeros libreros. Y suponemos que Gandhi lo puede vender a ese precio por el volumen”.

Otros títulos como La niña Frida, del autor mexicano David Martín del Campo, publicado este año por Tusquets Editores, se vendía al precio regular de $298 pesos (unos $15.00 dólares*), así como el libro Domina a tu perra interior, de la autora estadounidense Amy Ahlers, de venta al precio regular de $288 pesos.

Es justo mencionar que otros libros bajo la carpa de Planeta si se ofrecieron a precio de oferta: “1 por $69 o 3 por $160” ($3.60 dólares por libro o $8.40 dólares por tres libros*). La librería independiente Barco de Papel vendía cualquiera de sus libros por $50 pesos ($2.60 dólares*). Asimismo, los organizadores también estuvieron regalando libros cada día de la feria.

Esfuerzos como el de la Brigada sobresalen como un serio intento para llevar los libros, autores y debates directamente a las calles de la Ciudad de México, en donde las masas libran la lucha cotidiana y la dicotomía que existe en sus manos entre sus dispositivos móviles y el imperecedero atractivo de un libro impreso al que no se le tiene que cargar la batería.

*Costo en dólares se calculó con base al tipo de cambio del peso registrado el 15 de diciembre de 2017 en la Ciudad de México.


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Antiguo mapa de México muestra fusión indígena y española – Códice Quetzalecatzin

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Este mapa de 1593 revela la genealogía y la propiedad de la tierra para la familia náhuatl
Este mapa de 1593 revela la genealogía y la propiedad de la tierra para la familia náhuatl "de León" de 1480 a 1593.

Un mapa muy raro del México de hace cuatro siglos hecho por indígenas que corresponde a la era del primer contacto del pueblo náhuatl con los europeos, está disponible al público por primera vez como parte de la colección de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Conocido como Códice Quetzalecatzin, este manuscrito mesoamericano a color es extremadamente singular, así como uno de los manuscritos indígenas más importantes de la antigua historia de las Américas que se ha publicado en Internet en los últimos años.

La Biblioteca del Congreso informó que meses atrás adquirió lo que representa un “verdadero tesoro mundial” de manos de un coleccionista privado en Francia. Por más de un siglo, este mapa había estado en colecciones privadas, incluyendo la del magnate de periódicos estadounidense William Randolph Hearst. Ahora la biblioteca lo ha publicado en forma digital para su análisis y estudio.

Características
Como es típico en un códice azteca o náhuatl de aquel tiempo, este describe la extensión de la propiedad de la tierra y las propiedades de un familia de apellido “de León”, la mayoría de cuyos miembros están representados en el manuscrito. Con gráficos náhuatl estilizados y jeroglíficos, la representación geográfica ilustra la genealogía de esta familia y su linaje de linaje de Quetzalecatzin, quien en 1480 fue el principal líder político de la región. Es de él que el códice deriva uno de sus muchos nombres.

Raro ejemplar
El manuscrito data de entre los años 1570 y 1595, de ahí la enorme rareza de un códice indígena previo a 1600. Este fue creado en un momento en que se producían muchas historias cartográficas como parte de una investigación de la realeza española sobre los recursos humanos y comunitarios en las colonias españolas, y cuando las familias indígenas intentaban reafirmar sus reivindicaciones de sus antiguas tierras. Para tener una idea de lo raro que son estos manuscritos, debe notarse que solamente alrededor de 450 manuscritos pictóricos mesoamericanos sobreviven hasta nuestros días, y menos de 100 son anteriores a 1600.

Haz click para acceder el mapa

Autoría indígena
Este tipo de mapas fueron hechos en gran parte por pintores y escribas indígenas, algo que se refleja en la estructura y la composición del Códice Quetzalecatzin. Las características particulares que apuntan a la autoría indígena incluyen convenciones ilustrativas prehispánicas, como los símbolos para ríos, caminos y senderos, y por supuesto la escritura jeroglífica. Las glosas del manuscrito, que utilizan el alfabeto latino, son indicios de su composición de la época colonial, como lo son los nombres de algunos de los líderes indígenas como “don Alonso” y “don Matheo”. Las convenciones de nomenclatura como estas proporcionan evidencia que al menos algunas élites indígenas obtuvieron el título español de nobleza (“don”), y se bautizaron con nombres cristianos.

Símbolos nativos y españoles
Como sucede con muchos códices náhuatl y mapas manuscritos de la época, este representa a una comunidad local en un momento importante de su historia. Por un lado, el mapa es una historia cartográfica azteca tradicional con su composición y diseño que muestra jeroglíficos náhuatl e ilustraciones típicas. Por otro lado, también muestra iglesias, algunos topónimos españoles y otras imágenes que sugieren una comunidad que se adapta al dominio español. Los mapas y manuscritos de este tipo generalmente trazan el territorio de la comunidad utilizando topónimos jeroglíficos, con el propio nombre de la comunidad en el centro o cerca del mismo.

Región geográfica
El códice muestra a la familia de León presidiendo una gran región de territorio que se extiende desde un poco al norte de la actual Ciudad de México, hasta justo al sur del estado de Puebla. Códices como estos son importantes documentos de fuente primaria, y para los estudiosos que investigan la historia y la etnografía durante los primeros períodos de contacto entre Europa y los pueblos de las Américas, proporcionan importantes pistas sobre cómo estas culturas tan diferentes se integraron y se adaptaron a su presencia mutua.

Forma y colorido
La forma y el color del códice reflejan muchas de las profundas estilizaciones artísticas encontradas en los libros autóctonos de toda Mesoamérica, y utilizan pigmentos y tintes extraídos naturalmente, como el azul maya y el colorante rojo obtenido de insectos, para crear el colorido audaz que sorprende a cualquiera que mire el códice. El color fue un elemento importante en todos los libros náhuatl y maya, y muchas fuentes antiguas que aún existen narran cómo fueron preparados y utilizados, entre ellas Historia general de las cosas de Nueva España, compilada por el fraile franciscano Bernardino de Sahagún alrededor de 1575-1577.

Con información redactada por John Hessler, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Mexicas de Tenochtitlan, descubrimientos de la arqueología mexicana

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Miles de turistas visitan las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlan en la Ciudad de México, el cual fuera antes de su destrucción el núcleo religioso de los mexicas. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2011
Miles de turistas visitan las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlan en la Ciudad de México, el cual fuera antes de su destrucción el núcleo religioso de los mexicas. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2011

Hace casi cuatro décadas, el descubrimiento fortuito de una misteriosa y antigua piedra labrada en la Ciudad de México abrió la compuerta a uno de los proyectos de excavación arqueológica más importantes y duraderos de la historia de esta disciplina.

Fue en 1978 cuando el monolito de Coyolxauhqui volvió a ser expuesto de forma casual a la luz después haber permanecido enterrado durante siglos, ante la mirada atónita de los especialistas que acudieron a las calles del centro de la ciudad a ver de qué se trataba aquel hallazgo accidental.

La ubicación de esa mítica piedra ―representante de la deidad de la luna en la mitología mexica― daría lugar a un proyecto de excavación masiva de las ruinas de lo que fuera el Templo Mayor de aquella antigua civilización, cuya edificación se desarrolló de 1325 a 1519, a través de varias etapas de ampliación.

Artículo relacionado: Coyolxauhqui, a 40 años de su descubrimiento

Los trabajos de excavación de estos vestigios se convirtieron en un parteaguas de la arqueología mexicana, ya que a medida de que los expertos en diversas disciplinas desenterraban fabulosos artefactos y estructuras, y daban a conocer sus sorprendentes hallazgos, la sociedad mexicana y el mundo podían asomarse por fin a conocer muchos de los misterios asociados a la religión, la vida, la muerte y las costumbres de la cultura azteca.

Tras casi 40 años, el acervo de información resultado de los trabajos continuos en las ruinas del Templo Mayor y sus áreas aledañas han descifrado innumerables misterios, confirmado registros históricos y contradicho otros, trazando en el proceso una rica monografía de una de las sociedades antiguas más influyentes y temidas en Mesoamérica.

Sin lugar a dudas, la destrucción sistemática y masiva causada por los conquistadores españoles y sus aliados, así como las actuales barreras físicas y los largos lapsos que toma a los arqueólogos y otros expertos llegar al epicentro de un nuevo descubrimiento y descifrarlo, muchos de los detalles de los mexicas nunca lograrán conocerse, mientras que otros tardarán aún más en encontrarse.

No obstante, a casi cuatro décadas de aquel 21 de febrero de 1978 del surgimiento de la piedra Coyolxauhqui, estos son algunos de los más notables datos que conocemos sobre los mexicas:

Aztlán
Los fundadores de Tenochtitlan creían que originalmente procedían de un lugar llamado Aztlán, de donde se deriva el nombre aztecas. Mítico o no, de aquel sitio habrían partido hacia donde fundaron su ciudad en 1325, en una serie de islotes rodeados por las aguas del gran lago de Texcoco.

Pueblo poderoso
La historia de México data a unos 20 mil años. Entre otras culturas influyentes previas al advenimiento de los aztecas destacaron las de Teotihuacán, Monte Albán, Palenque y Tajín. Los aztecas o mexicas aparecen en el siglo XIV tras terminar un periodo de servidumbre con la tribu de Azcapotzalco, y tras formar una alianza con los pobladores de Texcoco y Tacuba. Mediante la guerra lograron una enorme expansión en lo que hoy es México, en el área de la antigua Mesoamérica. Datos indican que a la llegada de los conquistadores españoles a principios del siglo XVI, los mexicas tenían bajo su yugo a más de 370 pequeñas ciudades-estado que eran forzadas a pagar tributos en diferentes clases y bienes a los amos de Tenochtitlan. Esto a la larga les traería consecuencias fatales.

Guerreros y agricultores
Los dos aspectos sobresalientes que hicieron prosperar a la civilización mexica fueron la guerra y la agricultura. Correspondientemente, sus dos deidades más importantes eran el dios de la guerra, Huitzilopochtli, y el dios de la lluvia, Tláloc. En esencia, los aztecas fueron conquistadores militares por derecho propio, motivo por lo cual lograron expandirse, así como establecer un sistema de tributos forzados a los habitantes de los pueblos conquistados. Por tanto, los aztecas eran fuertes debido a su poder militar, su religión y su sistema tributario.

Contribuciones y logros
Los mexicas desarrollaron su propio calendario, el cual consistía de 18 meses de 20 días cada uno. Asimismo construyeron grandes ciudades y enormes pirámides y templos. En el cultivo, desarrollaron un sistema de chinampas, basado en el cultivo en lechos poco profundos de los lagos. Cultivaron maíz, frijol, tomate, calabaza y chile, entre otros. Las contribuciones de los aztecas al mundo moderno son numerosas, desde productos agrícolas hasta técnicas agrícolas, arte y una arquitectura admirable.

Politeísmo y sacrificio humano
Los mexicas creían en diferentes dioses, esto es, eran politeístas. Sus muchas deidades eran veneradas con abundantes ofrendas. Tonatiuh era su dios del sol, a quien los aztecas ofrecían sacrificios humanos para complacerlo, a cambio de continuar recibiendo luz y vida. Su creencia era que el sol se detendría, con la consecuente muerte de todo, si no le ofrecían vidas humanas.

El Templo Mayor
La estructura de mayor relevancia para la cultura mexica era el Templo Mayor, el cual constituía el núcleo de su imperio, así como su lugar más sagrado. Los primeros indicios de las ruinas del templo se ubicaron en 1914, aunque transcurrirían otros 64 años antes de que se confirmara la ubicación exacta de las mismas. Las ruinas de Tenochtitlan yacen sobre el subsuelo de la actual Ciudad de México, por tanto para excavar las ruinas del Templo Mayor se procedió a un trabajo masivo de arqueología que dio inicio en 1978 bajo el nombre de Proyecto Templo Mayor. Este proyecto continúa vigente hoy en día. El Museo del Templo Mayor, ubicado en la zona de la ruinas del templo, ofrece una amplia panorámica de la cultura de los mexicas.

Factores de su caída y derrota
La civilización azteca llegó a su fin no solamente por la invasión de los conquistadores españoles, sino por las alianzas que pueblos subyugados por los mexicas formaron con estos. Entre los pueblos súbditos había un gran descontento por el sistema tributario al que estaban sujetos por Tenochtitlan. Entre estas tribus sometidas a ese yugo tributario estaban, por ejemplo, los totonacas, que en 1519 tras el desembarco en Veracruz del conquistador español Hernán Cortes y sus huestes, hicieron patente su inconformidad a los españoles en contra de Moctezuma II, el tlatoani azteca. Esto llevó a la formación de alianzas entre pueblos sometidos y conquistadores, creando un frente común contra los mexicas. De tal modo que no sólo fueron cientos de españoles los que derrotaron el gran poderío de Tenochtitlan, sino los muchos enemigos de los aztecas que habitaban en las regiones aledañas.

Pensamiento revolucionario de Pancho Villa

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En el Museo Nacional de la Revolución, en la Ciudad de México, la figura histórica de Pancho Villa es una de las más populares entre las miles de personas que visitan el museo anualmente. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2016
En el Museo Nacional de la Revolución, en la Ciudad de México, la figura histórica de Pancho Villa es una de las más populares entre las miles de personas que visitan el museo anualmente. Foto: Eduardo Barraza | Barriozona Magazine © 2016

“…el epitafio de Villa fue un suspiro universal de lamento y alivio”.
Anita Brenner / Idols Behind Altars

En los ideales revolucionarios del proyecto democrático que se esbozaba para el México de principios del siglo XX, Pancho Villa encontró una amplia arteria para expresar su intensa inconformidad social. La teoría de la Revolución, enunciada por Francisco I. Madero, se convirtió en la causa para su rebeldía, y en la plataforma para su expresión violenta, la cual ahora percibía como justificada y como una actitud legítima de protesta en contra de las injusticias sociales que le habían empujado al bandolerismo.

Villa era un hombre académicamente inculto, pero poseía una increíble intuición de lucha social, la cual, en su estado más brutal, lo convirtió en un criminal de carrera, y en un elemento antisocial de un sistema desigual y opresor. Villa, el bandolero, comprendió que la naciente revolución era el lenguaje con el que podía expresarse, y así se incorporó con toda la fuerza de su carácter indomable a pelear, transformándose en un agente revolucionario acreditado por su propia condición de marginado.

Villa destacó por su astucia, su sagacidad y por su agresividad sorpresiva, pero este implacable guerrillero mexicano sobresalió más, substancialmente, porque él mismo era un producto nato de la discriminación, del abuso y de la pobreza de su contexto social. Villa evolucionó de ser víctima a vengador de su propia identidad de segregado, razón que explica por qué la clase pobre y explotada se identificaba con él; el caudillo era el pueblo mismo a caballo, voz y expresión colectiva de los desposeídos, quienes anhelaban una emancipación social.

A través de Villa, ya como elemento de la catártica revolución, el clamor por justicia encontraba un portavoz para promover el cambio social. Villa fue una temible descarga emotiva para el grito reprimido del desheredado social, del ciudadano doblegado por la vara desmedida del abuso.

Como fenómeno social, Pancho Villa fue la hoz que recogió la cosecha de las semillas de injusticia sembradas por la elite de ricos. Como manifestación sociológica y antropológica, Villa fue un monstruo social, concebido en el vientre de una sociedad ultrajada. De esa monstruosidad, de ese ente espantoso que era Villa, esa misma minoría selecta se escandalizaba, como el progenitor que se perturba con el producto de su propio incesto, y que tiene que vivir con la pesadilla que él mismo engendró.

En su irracionalidad bandolera, Pancho Villa fue el vómito de una nación hartada en su gula de despotismo, atropello, y dictadura; en su raciocinio revolucionario, en contraste, este ser, mitad hombre y mitad caballo, mitad realidad y mitad leyenda, fue un grito de parto para el nacimiento de un México con facciones de justicia social.

La dualidad de la naturaleza rebelde y revolucionaria del llamado Centauro del Norte, lo mismo le habilitó que le deshabilitó. Cuando cabalgó por la avenida de la causa sociopolítica, bajo la inspiración democrática de Madero, la agenda de Villa fue la reforma social, y su actitud, la de un líder igualitario.

Collage de Pancho Villa
Collage de Pancho Villa
Photo: -Chupacabras- via Visualhunt.com / CC BY-SA

Pero cuando los avatares de la Revolución lo despojaron de esa expresión justiciera, Villa volvió a transitar por sus conocidos atajos de bandolerismo, y a reagruparse en las montañas que atestiguaron su endurecimiento como bandido sanguinario. Villa volvía a comunicarse en el dialecto de la venganza y el odio violento. A causa de esa ambigüedad que caracterizó su vida y su muerte, no es posible encasillarle solamente como bandolero o revolucionario, o como héroe o villano, porque su carácter traspasó no sólo las estructuras sociales, pero también las dimensiones de su propio pensamiento guerrillero y militar, el cual le mitificó y le convirtió en un personaje de leyenda. Villa fue lo uno y lo otro a través de su vida.

Villa fue un hombre recio y de gran arrojo, pero también mostró ser vulnerable a sentimientos de marginalidad, derrota y traición. Tanto en su juventud como en su edad adulta, Villa reaccionó con un instinto que lo transformaba en una fiera social de ira destructora, cuya raíz era su condición de segregado. En los años posteriores a la muerte de Madero y a la dimisión de Victoriano Huerta, y luego de que Venustiano Carranza fuera reconocido oficialmente por el gobierno de Estados Unidos como presidente, Villa quedó al margen del gobierno mexicano y sin el apoyo armamentista que inicialmente había recibido de Estados Unidos.

En su intento de derrocar a Carranza, Villa sufrió humillantes derrotas por el genio militar que fue Álvaro Obregón. Su otrora poderosa División del Norte acabó diezmada y dispersada, y su prestigio como general, desvanecido. Su expresión ya no volvería a ser de justicia social, sino de resentimiento y venganza, actitudes que evocan a Doroteo Arango, el muchacho que se dice vengó el ultraje cometido a su hermana.

A pesar de su eminencia guerrera, la visión revolucionaria de Villa nunca llegó a ser desarrollada plenamente. Su naturaleza indómita y combativa al servicio de la causa lo encumbró como un soldado nato e ideal para la batalla, pero su interés por la reforma social fue esporádico, y su movimiento careció de una clara ideología política. Villa no tuvo la capacidad de establecer un aparato legal para implementar un programa de progreso social a gran escala, debido a que la suya era una conciencia de lucha armada, no de discernimiento político. Su protesta violenta fue un símbolo de redención, pero fue por igual un estigma de penitencia.

En la idiosincrasia del mexicano, sin embargo, Villa constituye no sólo el héroe institucionalizado de la Revolución, sino un ídolo popular que personifica las causas marginadas, un mito cohesivo que proporciona la oportunidad de desagravio simbólico para el alma del mexicano, especialmente en relación con el rencor por las incursiones norteamericanas en suelo mexicano, y en la percepción imperialista que se tiene de Estados Unidos hasta estos días.

En el folklore nacional de México, Villa es un adalid que se vengó impunemente de Estados Unidos, hecho que perpetúo su popularidad y su fama, y dio, asimismo, lugar a una ideología revanchista con la que el mexicano cree restituirse y reivindicarse de la injuria recibida. La astucia, sagacidad, y capacidad de Villa para eludir al poderoso enemigo, actúan así como una válvula sociocultural que canaliza el fluido de rencor y resentimiento de un pueblo despojado y subyugado.

El epílogo de la vida de Villa –el campesino convertido en bandolero, el bandolero transformado en revolucionario, y el revolucionario vuelto en héroe– fue tan violenta y sanguinaria como su misma vocación guerrillera. Su muerte cerró el ciclo de venganza que se abrió cuando Doroteo Arango –epítome del campesino oprimido– comprendió su desfavorable condición social.

Pancho Villa había nacido de esa inconformidad, de ese sentimiento de rechazo, y de la imposibilidad de obtener justicia por medios legales; fue el engendro de un gobierno déspota y dictatorial, un ser anómalo concebido en el sufrimiento y el dolor de una sociedad oprimida. En la postrimería de su convulsionada existencia, el monstruo sería aniquilado por la misma elite que le había parido. En su sepulcro, desprovisto de toda paz, el cadáver de Villa sería decapitado por alguien que quiso asegurarse, quizás, de que el monstruo no volviera a rebelarse.

Bibliografía
– Anita Brenner. Idols Behind Altars, The Story of the Mexican Spirit. 1970
(1929)
– Herbert Molloy Mason, Jr. The Great Pursuit, Pershing’s Expedition to
Destroy Pancho Villa. 1995.
– Jim Tuck. Pancho Villa and John Reed, Two Faces of Romantic Revolution.
First Edition, 1984.
– Judith Adler Hellman. Mexico in Crisis. Second Edition 1988.
– Steven O’Brien. Pancho Villa. Primera Edición, 1995

Reconocen hazaña del “Héroe de Nacozari” en Phoenix, Arizona

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Jesús García fue reconocido por el gobierno de la Ciudad de Phoenix, declarando el 7 de noviembre como su día. Collage: Barriozona Magazine
Jesús García fue reconocido por el gobierno de la Ciudad de Phoenix, declarando el 7 de noviembre como su día. Collage: Barriozona Magazine

(Phoenix, Arizona) – Hoy se cumplen 110 años de una tragedia de serias proporciones ocurrida un poblado minero del estado de Sonora, México.

Lejos de disiparse con el transcurrir del tiempo, aquel suceso histórico que pudo haber causado la muerte a miles de residentes de Nacozari mantiene su vigencia después de que el gobierno de la Ciudad de Phoenix, capital de Arizona, promulgara una declaratoria que reconoce a un hombre que evitó una catástrofe de mayores proporciones.

La semana pasada, el alcalde de Phoenix, Greg Stanton, declaró el 7 de noviembre como el “Día de Jesús García”. La declaratoria del gobierno de Phoenix se promulgó como “homenaje póstumo por su acto sobresaliente de valentía y heroísmo”.

La historia de Jesús García Corona es ampliamente conocida en México, pero no es ajena en Estados Unidos ni en otras partes del mundo, donde el acto de valentía de este maquinista sonorense que forjara una de las acciones más heroicas en la historia del ferrocarril mundial también se reconoce.

La declaratoria emitida por el gobierno de Phoenix no es sino el más reciente homenaje al “Héroe de Nacozari” en una larga cadena de reconocimientos en México y alrededor del mundo realizados a través de las décadas.

García se inició en el ferrocarril a la edad de 17 años. Trabajó como controlador de frenos y posteriormente como bombero, para después llegar a ser ingeniero de máquinas.

Los hechos que cincelaron su nombre en la historia ocurrieron el 7 de noviembre de 1907, cuando un tren que viajaba de Nacozari, Sonora a Douglas, Arizona, fue alcanzado por el fuego.

La rápida acción de García revela que en su mente una fuerte explosión en las cercanías de la zona habitada de Nacozari era tanto inevitable como inminente. Conduciendo el tren en reversa, García buscó alejar del pueblo aquel tren antes que el fuego alcanzara la dinamita que se transportaba. La acción era demasiado riesgosa.

El estallido sucedió a seis kilómetros del poblado, lo que evitó la probable muerte de muchos de los cinco mil habitantes de Nacozari, pero causando la muerte de García, así como la de otras 12 personas.

Muchas tragedias se desvanecen con el paso del tiempo. Sin embargo, aquella explosión ocurrida en Nacozari hace más de un siglo se continúa recordando, como es el caso de ciudades como Phoenix, gracias a la reacción rápida y temeraria de un hombre que perdiendo su vida alcanzó la estatura de un héroe que no se acorta con los años.

Cronología de acontecimientos sociopolíticos en México ― 1968-1988

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Los estudiantes mexicanos llevaron a cabo protestas en la ciudad de México en la que quemaron autobuses de pasajeros. Foto: Marcel·lí Perelló
Los estudiantes mexicanos llevaron a cabo protestas en la ciudad de México en la que quemaron autobuses de pasajeros. Foto: Marcel·lí Perelló

Algunos de los sucesos sociopolíticos que tuvieron mayor impacto y repercusión en la vida de México ocurrieron a partir de 1968 y durante las décadas de 1970 y 1980. En la siguiente lista se incluyen algunos de los más relevantes de 1968 a 1988.

1968 ― Movimiento Estudiantil
En agosto de 1968, 500 mil estudiantes organizan protestas contra el gobierno en la Ciudad de México. Su pliego petitorio encierra varias demandas, entre ellas la libertad de todos los presos políticos, la disolución del cuerpo policial antimotines (conocido como granaderos), y la derogación de las leyes que penalizan actos de subversión, traición y desorden.

Las protestas se llevan a durante los meses previos al inicio de los Juegos Olímpicos de México 1968. El 2 de octubre, el presidente Gustavo Díaz Ordaz decide reprimir el movimiento estudiantil enviando a soldados del ejército armados para disolver una protesta en la que participan unos cinco mil estudiantes reunidos en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, en la ciudad de México. Los soldados abren fuego contra la multitud, matando a cientos de civiles.

1971 ― Masacre de Corpus Christi
La masacre de Corpus Christi, también conocida como “El Halconazo”, fue una matanza de estudiantes que se manifestaban en contra del gobierno en la Ciudad de México el 10 de junio, 1971, día de Corpus Christi.

La represión comenzó tras una marcha rumbo al Zócalo, lo cual fue impedido por la policía y elementos antidisturbios (granaderos). Un grupo de choque entrenado por la Dirección Federal de Seguridad y la CIA, conocido como “los Halcones”, atacaron a estudiantes con palos de bambú y kendo para que los estudiantes los repelieran fácilmente. Los Halcones atacaron de nuevo a los estudiantes con rifles de alto calibre, durante un tiroteo que duró varios minutos. El número de muertos fue de cerca de 120 personas.

1976 ― Devaluación del peso
El presidente de México Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) decide devaluar el peso en respuesta al mal estado de la economía nacional. México no veía una devaluación de su moneda desde 1954.

Echeverría es acusado de ser el causante de un gasto gubernamental irresponsable, lo que provoca un aumento de la inflación que lleva a la devaluación del peso de $12.50 pesos por dólar a $22.69 pesos por dólar a fines de 1976. Bajo el gobierno de Echeverría, la deuda externa de México se disparó de seis mil millones en 1970 a 20 mil millones en 1976.

1982 ―  Más devaluaciones del peso
Al final del sexenio del presidente José López Portillo (1976-1982), la alta inflación y la deuda externa del país, así como la disminución de las reservas internacionales, obligan a una triple devaluación del peso. En septiembre, durante su informe de gobierno, López Portillo anuncia la nacionalización del sistema bancario privado de México. Al final del sexenio de López Portillo, el peso alcanzaría $150.29 pesos por dólar.

1983 ― Victorias electorales del Partido Acción Nacional
Tras los gobiernos del Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, ambos miembros del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN), el principal partido opositor, logra importantes victorias en las elecciones legislativas municipales y estatales de julio.

1985 ― Asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena; terremoto y surgimiento del concepto de sociedad civil
El 5 de marzo de 1985, el cuerpo del agente encubierto de la DEA Enrique Camarena es encontrado en una zona rural en el estado de Michoacán. Camarena había sido secuestrado en plena luz del día el 7 de febrero bajo órdenes del narcotraficante Miguel Ángel Félix Gallardo, líder del Cártel de Guadalajara. El agente mexicoamericano había sido asignado a México en 1981 para detectar y denunciar actividades de narcotraficantes mexicanos. Se cree que Camarena fue muerto el 9 de febrero después de haber sido sujeto a actos de tortura en represalia por su trabajo.

1987 ― Devaluación del peso
Hacia el final del sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), el gobierno impone medidas drásticas de austeridad económica, las cuales incluyen una mayor devaluación del peso frente al dólar. Esto ocurre tras el desplome de la bolsa de México en octubre. Al final del sexenio de de la Madrid, un dólar equivalía a $2,289.58 pesos.

1988 ― Fraude electoral en elecciones presidenciales
Un miembro de una nueva generación de políticos mexicanos es elegido como presidente de México cuando el candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, es declarado ganador de las elecciones de 1988. Salinas, un tecnócrata educado en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, propone amplias reformas los planos políticos y económicos. Salinas obtiene el 50.4 por ciento de los votos, cifra que representa el nivel más bajo para un candidato del PRI.

Los candidatos presidenciales opositores al partido oficial Cuauhtémoc Cárdenas, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Manuel Clouthier, del Partido Acción Nacional (PAN), y Rosario Ibarra de Piedra, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), denuncian un fraude electoral. El Congreso refutaría más tarde, en septiembre, dichas acusaciones.

Años más tarde, en 2004, el ex presidente Miguel de la Madrid admite en su autobiografía titulada Cambio de rumbo, Testimonio de una Presidencia, 1982-1988, que las elecciones presidenciales en efecto fueron manipuladas de tal manera que el PRI resultara ganador, y que tres años después de las elecciones, todas las papeletas electorales fueron quemadas para destruir toda evidencia del fraude.

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